Tribuna global

Girasoles taiwaneses, paraguas hongkoneses Protestas y democratización en Asia del Este

Las recientes elecciones en Taiwán y Hong Kong dan testimonio del impacto profundo y duradero que han tenido los movimientos estudiantiles de 2014. Las reivindicaciones democráticas ganan terreno pero, a diferencia de lo ocurrido en Occidente, en los casos de Taiwán y Hong Kong, los jóvenes luchan por la libertad más que por la igualdad, a la vez que sus reivindicaciones democráticas se hacen eco de los sentimientos «anti-China» de la población. Al mismo tiempo, el contexto cambió en las últimas décadas: poderosos sectores económicos, ayer anticomunistas, hoy buscan vínculos comerciales con la poderosa economía de la República Popular China.

Girasoles taiwaneses, paraguas hongkoneses / Protestas y democratización en Asia del Este

Nota: este artículo fue publicado originalmente en la revista «La Vie des Idées», 22/9/2016, con el título «Tournesols taïwanais, parapluies hongkongais. Occupy en Asie de l’Est». Agradecemos a los editores la autorización para la traducción. Traducción del francés de Lucas Bidon-Chanal.


En 2014, con seis meses de diferencia, estallaron dos movimientos juveniles que ocuparon el espacio público durante varias semanas. Primero en Taiwán, del 18 de marzo al 10 de abril, unos 200 estudiantes ocuparon la cámara del Parlamento para protestar contra el Acuerdo sobre el Comercio de Servicios con la República Popular China. A raíz de la presión social, el gobierno taiwanés se vio obligado a suspender el acuerdo. Más tarde, a fines de septiembre de 2014, cuando las autoridades chinas anunciaron que el jefe del Ejecutivo sería elegido en 2017 por un grupo de 1.200 personas y rechazaron la solicitud de introducción del sufragio universal para los ciudadanos de Hong Kong, miles de estos, en su mayoría estudiantes, ocuparon tres barrios de la ciudad.Ambos movimientos comparten muchas similitudes con los movimientos globales que se han visto desde la «primavera árabe»: una participación mayoritaria de jóvenes menores de 30 años, la omnipresencia de las redes sociales en la convocatoria del movimiento, así como la ocupación no violenta del espacio público utilizando los mecanismos de la desobediencia civil. Sin embargo, a pesar de las similitudes formales en términos de movilización, las ocupaciones de los jóvenes hongkoneses y taiwaneses se diferencian de otras movilizaciones por la ausencia de reivindicaciones socioeconómicas. En Nueva York, Túnez, Madrid y Quebec, las movilizaciones populares de los últimos años nacen de una frustración social. Descontentos con el aumento de la desigualdad social y la corrupción, los jóvenes ponen en cuestión la legitimidad del régimen político y exigen reformas políticas. Por el contrario, en los casos de Taiwán y Hong Kong, los jóvenes insisten en la democracia formal y concentran sus reivindicaciones en el sufragio universal. Al hacerlo, sus reivindicaciones democráticas se hacen eco de los sentimientos «anti-China» de la población.

Este contraste revela no solo las trayectorias singulares del desarrollo político en el Este asiático, sino también una práctica particular de los movimientos colectivos influenciada por la dinámica geopolítica de la región. Dado que muchos de los comentarios ponen el acento en el surgimiento de una nueva generación politizada, este texto se propone examinar ambas movilizaciones para proporcionar un análisis historizado de la evolución de la lucha por la democracia y del savoir-faire insurreccional en Taiwán y Hong Kong. A través de este estudio comparativo y genealógico, se buscará presentar la peculiaridad de esta generación rebelde y sus posibles influencias en el futuro político de las dos sociedades.

La libertad antes que la igualdad

«Primero hay que volver la sociedad más liberal y solo después se podrá volver menos desigual»1. En una entrevista con la revista británica New Left Review, Joshua Wong, líder del Movimiento de los Paraguas y fundador de la asociación de estudiantes Escolarismo (Xuemin Sichao), explica así el objetivo de la protesta. Según él, en una sociedad profundamente capitalista como la de Hong Kong, un movimiento de masas no puede ganar el apoyo social si se ponen de relieve reivindicaciones anticapitalistas:

La sociedad hongkonesa es profundamente conservadora e incluso las actitudes de las clases menos favorecidas son de derechas. Entre los pobres no hay apoyo hacia la seguridad social. Cualquier cosa de «izquierdas» se asocia con el pcch [Partido Comunista de China], incluso una demanda tan elemental como la jornada de trabajo de ocho horas, que no es en absoluto algo exclusivo de la izquierda. La idea entre la gente es que si trabajas duro tendrás éxito y te harás rico tú también. Si no lo eres, es porque no hiciste bien las cosas en la escuela o en el trabajo. La pobreza se considera como un fracaso individual, no un problema estructural. Los estudiantes de secundaria, especialmente, no tienen ningún interés por las cuestiones sociales. Simplemente quieren más democracia. Su mentalidad es que la sociedad debería volverse más liberal, no más igualitaria. En general, la carrera más popular es Económicas, donde los cursos machacan el mantra de que el mercado libre siempre es mejor y que el cambio social no representa otra cosa que un cambio en una curva de la demanda. Es otra clase de lavado de cerebro, aunque menos drástico que el del pcch, pero no se percibe como tal. La única manera de construir [la asociación] Escolarismo es concentrarse en demandas políticas.

Esta visión dicotómica del movimiento social es producto del complejo anticomunista de la sociedad hongkonesa. En Hong Kong como en Taiwán, la relación amor-odio hacia China domina la agenda política, a punto tal que ha definido el marco de los movimientos sociales por varias generaciones de intelectuales. Esto entraña una consecuencia paradójica para el discurso crítico en Taiwán y Hong Kong. Por un lado, durante mucho tiempo, en el contexto de la Guerra Fría, la hostilidad hacia el pcch debilitó la legitimidad de las críticas anticapitalistas. Por otro lado, al estar ambos regímenes profundamente estructurados por el pensamiento del liberalismo económico, una posición puramente identitaria en defensa de la independencia de Taiwán y de Hong Kong se volvió también imposible después del final de la Guerra Fría, cuando aumentó la influencia del mercado chino. Por tanto, en el marco de un complejo anticomunista heredado de la historia moderna de la región y de una dependencia económica respecto del mercado chino, los movimientos de protesta se ven limitados en sus discursos, y las críticas dirigidas al gobierno chino solo pueden tomar la forma de reivindicaciones democráticas.

Democratización e independentismo en Taiwán

Comencemos con Taiwán. En esta democracia, entre asociaciones mayoritariamente compuestas por diásporas chinas, la lucha por la democratización ha formado parte integral de la búsqueda de identidad colectiva de los taiwaneses. De 1945 a 1973, durante casi tres décadas, la idea de derrocar el régimen de Mao Zedong y recuperar el territorio chino sirvió de pretexto para una política autoritaria y un tratamiento privilegiado de la población proveniente de China continental. Solo después de 1970, cuando la Organización de las Naciones Unidas (onu) excluyó a la República de China (Taiwán), el régimen de Chiang Kai-shek se vio obligado a abandonar cualquier pretensión de recuperar la China continental. Esto condujo a la génesis de una identidad que ubicó la singularidad de la sociedad taiwanesa y la necesidad de su población en el centro de la esfera política. Según Hsiao A-chin, historiador taiwanés especialista en la historia intelectual del Taiwán de posguerra, los estudiantes de la década de 1970, ya fueran de origen taiwanés o continental, pertenecen a una generación que se volvió realista (huigui xianshi shidai)2. Luego de reconocer la imposibilidad de recuperar el continente, los jóvenes intelectuales abandonan gradualmente su conciencia de exiliados, forjada en el contexto del nacionalismo chino impuesto por el Kuomintang. Este realismo se revela claramente a través de la génesis del movimiento literario de xiangtu wenxue (literatura nativista), dedicado a describir las condiciones de vida de la clase popular. También contribuye al surgimiento de una serie de movimientos sociales, acompañado de una apertura política hacia el multipartidismo. La expresión dangwai (fuera del Kuomintang) se convierte en una categoría que reúne un abanico de movimientos de protesta (feminista, obrero, ecologista, etc.), que cuestionan la ideología desarrollista del Kuomintang y convocan a construir alternativas políticas.

  • 1.

    Joshua Wong: «Escolarismo en marcha» en New Left Review No 92, 5-6/2015.

  • 2.

    Hsiao A-chin: Return to Reality: Political and Cultural Change in 1970’s Taiwan and the Postwar Generation, Academic Sinica, Taipei, 2008.