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Familia, mercado y Estado: servicios de cuidado para los ancianos en Brasil

El cuidado refiere a un conjunto de labores relacionadas directamente con el bienestar físico y emocional de individuos dependientes. En ese marco, es importante analizar la demanda de servicios de cuidado derivados de los cambios demográficos y sociales registrados en la población tanto en países industrializados como en aquellos en vías de desarrollo, con el acento puesto en Brasil. Hay aspectos de género por destacar en el envejecimiento debido a la mayor longevidad de las mujeres, la probabilidad de que estas envejezcan solas y los roles tradicionales de las mujeres como cuidadoras, que son abordados en este artículo.

Familia, mercado y Estado: servicios de cuidado para los ancianos en Brasil

Introducción

La literatura sobre el cuidado se ocupa de sus aspectos morales, sociales, económicos y políticos. El cuidado incluye todas las actividades, los trabajos y los procesos que son esenciales para la vida y el bienestar de las personas, los animales y la naturaleza. Una gran parte del cuidado es provisto por mujeres y niñas bajo la forma de trabajo no remunerado en el hogar. Aunque este trabajo no remunerado realizado por mujeres y niñas ha estado en primer plano en las investigaciones feministas y en los movimientos sociales de mujeres por más de un siglo, el enfoque del cuidado es una invención más reciente1. Durante los dos últimos siglos, una serie de cambios sociales incrementales, que están en la raíz de la actual sociedad de consumo masivo global, transformó el cuidado en tema de preocupación pública2. El cuidado se extendió más allá de las fronteras familiares, sin que cambiaran fundamentalmente las responsabilidades del suministro de los cuidados. Las mujeres y las niñas continúan siendo las principales cuidadoras ya sea en los hogares o como trabajadoras remuneradas cuando los Estados o los mercados son proveedores de prestaciones de cuidado. Las familias (definidas en términos amplios), las comunidades, los mercados y los Estados son las principales instituciones en la división social del cuidado3.

La literatura feminista ha subrayado la naturaleza multidimensional, compleja y contradictoria del cuidado, que refiere tanto a un conjunto ideal de valores como a un despliegue de actividades concretas. Por un lado, los economistas y sociólogos feministas han enfatizado que en la prestación del cuidado se manifiesta la preocupación por el bienestar de los demás4. Por el otro, el cuidado es un conjunto de tareas concretas para atender necesidades humanas que consumen tiempo, energía y emociones, lo que conduce al agotamiento físico y emocional de los cuidadores. En el proceso de dar y recibir cuidado, los hombres y las mujeres establecen vínculos que involucran jerarquías y relaciones de poder, lo que plantea problemas de abuso de autoridad, dependencia y autonomía de los receptores del cuidado. Nunca resultan más evidentes y severos estos problemas que cuando se trata de personas discapacitadas o de ancianos y ancianas vulnerables que demandan apoyo constante o intermitente.

Hay evidencia suficiente de que la población mundial está envejeciendo, tanto en términos de una mayor proporción de gente anciana en el total de la población como de una mayor edad promedio. Mientras que los textos generales sobre el envejecimiento de la población tienden a ser pesimistas, casi catastróficos, la información empírica muestra que los adultos mayores viven más años y tienen vidas más activas que nunca antes en el pasado. En otras palabras, no toda la población de personas mayores demanda o demandará cuidados. La situación de los hombres y mujeres mayores ha mejorado en general considerablemente, aunque a un ritmo y con profundidad diferentes en países ricos y pobres, y dentro de cada país, con grandes diferencias entre los distintos grupos de ingreso y raciales.

El envejecimiento tiene importantes aspectos relacionados con el género. En primer lugar, las mujeres son más longevas en comparación con los hombres. En segundo lugar, hay altas probabilidades de que las mujeres envejezcan solas, dado que tienden a sobrevivir a sus cónyuges o compañeros, y en consecuencia enfrentan más probabilidades de caer en la pobreza si carecen de fuentes de ingreso personales. En tercer lugar, las mujeres asumen los roles tradicionales de cuidado tanto de los ancianos de su familia (cuidadoras informales) como de desconocidos (cuidadoras formales). Finalmente, mientras que las mujeres predominan entre los proveedores de cuidados de largo plazo en todos los países, también tienden a ser las principales consumidoras de servicios de cuidado de la salud de largo plazo. Las mujeres muy ancianas presentan una más alta propensión a sufrir enfermedades neurológicas e incapacitantes que conducen a limitaciones funcionales. Algunos autores han hablado de la «feminización del envejecimiento», o de que el envejecimiento global es un «problema de la mujer»5.

Los países en desarrollo también están atravesando la transición demográfica que deriva de la creciente longevidad de hombres y mujeres, junto con una reducción drástica de las tasas de fertilidad. Estos cambios se están produciendo antes de que las condiciones económicas y sociales para facilitar y asegurar los ahorros privados, los planes de seguridad social y la provisión de cuidado de la salud se hayan podido materializar, desarrollar y consolidar. De ahí que el envejecimiento y los índices más altos de supervivencia de hombres y mujeres no hayan sido acompañados por redes sociales de seguridad fuertes provistas por el Estado. La familia sigue siendo la estrategia básica de supervivencia para asistir tanto a hombres como a mujeres de la tercera edad en esos países. En otras palabras, las mujeres siguen siendo la fuente básica de cuidado de la ancianidad en las familias y en la comunidad.En Brasil, fue solo en las últimas dos décadas cuando se implementó una política nacional para crear sistemas públicos de apoyo y transferencias sociales para los adultos mayores. Documentos oficiales brasileños reconocen que los programas de cuidado a los mayores están formulados en un marco de inequidades sociales y de género6. En consecuencia, las consideraciones sobre su bienestar cuando son atendidos en los hogares tienen que ser contrapesadas con el bienestar de los cuidadores informales en la familia, que muy probablemente son mujeres en su condición de esposas e hijas.

En este trabajo, presento una breve revisión de la legislación y la política brasileñas que apuntan al bienestar de los ancianos en un contexto de inequidad social y de género. El artículo está dividido en cuatro apartados, incluyendo esta introducción. El segundo apartado presenta datos empíricos sobre arreglos en materia de vivienda para hombres y mujeres mayores en Brasil. Estos arreglos son factores importantes para determinar el bienestar de los adultos mayores. El tercer apartado resume la legislación brasileña, así como la política social y de salud para esta parte de la población. El último apartado presenta algunas consideraciones finales.

  • 1. Ver Susan Himmelweit (ed.): Inside the Household: From Labour to Care, Palgrave Macmillan, Basingstoke, 2000.
  • 2. Michael D. Fine: A Caring Society? Care and the Dilemmas of Human Service in the 21st Century, Palgrave Macmillan, Nueva York, 2007.
  • 3. M.D. Fine: «The Social Division of Care» en Australian Journal of Social Issues vol. 42 No 2, invierno de 2007.
  • 4. Joan C. Tronto: Moral Boundaries: A Political Argument for an Ethic of Care, Routledge, Nueva York, 1993.
  • 5. Lois B. Shaw (2006): «Differing Prospects for Women and Men: Young Old-Age, Old Old-Age, and Elder Care», The Levy Economics Institute Working Paper No 464, 2006, disponible en www.levyinstitute.org/pubs/wp_464.pdf.
  • 6. Ley Administrativa del Ministerio de Salud No 2.528, 19 de octubre de 2006.