Opinión

Facebook está salvando al mundo

Los nuevos proyectos de Facebook para el Tercer Mundo tienen visos coloniales: cambian acceso por dinero y agrandan la brecha digital.

Facebook está salvando al mundo

Después del nacimiento de un hijo, los padres suelen mirar el mundo con otros ojos. También lo están haciendo, por cierto, el presidente de Facebook, Mark Zuckerberg, y su mujer, Priscilla Chan: unos pocos días después de la llegada al mundo de la hija de ambos, crearon a fines del año pasado la Chan Zuckerberg Initiative1. Uno de sus propósitos es crear una red de personas y dedicarse a la construcción de «sociedades fuertes».2

Un objetivo muy similar tiene el proyecto Internet.org, fundado por Mark Zuckerberg en agosto de 2013. Tiene como meta brindar Internet de forma gratuita a quienes viven en el hemisferio Sur. Allí habita la mayoría de los 4.200 millones de personas que no están siempre online. El servicio, que ya funciona en 38 países, habría conectado a Internet a 19 millones de personas.

Sin embargo, lo que persigue Zuckerberg no son solo objetivos filantrópicos sino, por el contrario y sobre todo, aumentar la cantidad de usuarios de su red social. Y no solamente eso: su estrategia expansionista tiene, además, rasgos de un nuevo colonialismo digital. Es que Zuckerberg quiere imponerles a los habitantes de las regiones más pobres cómo y en qué medida podrán usar Internet.

De este modo destruye también los principios de una Internet libre.


2030: 5.000 millones de usuarios de Facebook

A primera vista, Mark Zuckerberg no debería preocuparse actualmente por el crecimiento de Facebook. Para el consorcio, 2015 fue un año récord: la facturación fue de poco menos de 18.000 millones de dólares, nada más y nada menos que un 44 por ciento superior a la del año anterior. Las ganancias crecieron más del doble.

No obstante, nada asegura que este crecimiento se mantenga. Sucede que el incremento de la cantidad de usuarios es muy inferior al incremento de la facturación de Facebook: La comunidad aumentó el último año solo un 14 por ciento, con lo que llegó a 1.600 millones de usuarios en todo el mundo. La razón de este crecimiento comparativamente bajo es que Facebook ha explotado la mayor parte del mercado de los países industrializados. De todos modos, Zuckerberg anunció a comienzos de febrero, con motivo del 12º cumpleaños de Facebook, su deseo de incrementar para 2030 la cantidad de usuarios de Facebook a nada menos que 5.000 millones. Pero esto solo es posible si Facebook se expande en regiones más pobres del mundo. Es con ese fin que Zuckerberg desea «establecer asociaciones con gobiernos y empresas».3

De hecho, el jefe de Facebook promueve hace tiempo su propósito en foros políticos internacionales.

Es así que el año pasado viajó dos veces a la India. Se calcula que en 2030 este país tendrá 1.500 millones de habitantes, con lo que China dejará de ser el país más poblado del mundo. Por su parte, el primer ministro indio, Narenda Modi, visitó en septiembre la sede central de Facebook en California. Al igual que Zuckerberg, Modi también desea que el unconnected billion de su país, o sea, los 1.000 millones de habitantes que carecen de conexión a Internet, pasen a estar online lo más rápido que sea posible.

La India: los próximos 1.000 millones


En la actualidad, la India ya es, después de los Estados Unidos, el mercado más importante de Facebook: 130 millones de indios e indias están registrados en esta red social. Al mismo tiempo, dos tercios de las personas que viven allí siguen careciendo de acceso a Internet. Hay, en consecuencia, mucho por hacer.

Es por este motivo que Zuckerberg lanzó en abril de 2015 su servicio Internet.org en la India; su socio local fue la empresa de telecomunicaciones Reliance. Para acceder a Internet.org, los usuarios deben, ante todo, descargar desde su smartphone una aplicación gratuita. Esta brinda acceso gratuito a una selección de páginas Web: servicios de noticias y meteorológicos, Wikipedia y, por cierto, Facebook.

Previamente, los proveedores de estos servicios Web tuvieron que postularse ante Facebook, que seleccionó luego 100 de ellos para Internet.org. Sin embargo, hay fundadas sospechas de que esta selección no se hizo de forma imparcial: sucede que los usuarios indios no podían acceder al buscador de Google pero sí a Bing, el competidor perteneciente a Microsoft. Es una mera casualidad que Microsoft sea también accionista de Facebook.

De este modo, el servicio básico prometido por Mark Zuckerberg se vuelve en verdad una red para dos clases: mientras que los usuarios pudientes pueden comprar un acceso a una variedad casi infinita de sitios, los pobres tienen, en la red limosnera de Zuckerberg, apenas acceso a unas pocas páginas Web seleccionadas por Facebook. Así, en vez de cerrar, como se prometió, la brecha digital, Zuckerberg sigue más bien agrandándola.

A ello se suma el hecho de que Facebook vigila, en su artificialmente reducido mundo digital, cada cosa que hacen sus usuarios. Todos los datos pasan por los servidores de la empresa, donde son guardados por 90 días. Como la empresa prohíbe el encriptado, durante ese tiempo puede observar sin limitaciones los valiosos contenidos.

De esta manera, Zuckerberg hace recordar los tiempos del colonialismo más abusador: cuando los conquistadores descubrieron el continente americano, obsequiaban a los indígenas simples cuentas de vidrio con la esperanza de que, a cambio, estos les dieran su valioso oro. Los actuales conquistadores provenientes del Silicon Valley llevan consigo una Internet de trocha angosta para acceder, de este modo, a la información de los pobres.

Es por ello que, después del lanzamiento de este servicio en la India, se alzó justificadamente una fuerte protesta. Sesenta grupos por los derechos civiles de más de 30 países criticaron enérgicamente la oferta de Facebook: argumentaron que violaba el principio de neutralidad de la red4, la libertad de expresión y la esfera privada. El inversor indio Mahesh Murthy condenó el proceder de Facebook tildándolo de «racismo económico»: el consorcio les quita precisamente a los más pobres la posibilidad de decidir cómo desean usar Internet, con lo cual influye en su conducta futura.

La creciente crítica llevó finalmente a la Trai, la autoridad india de regulación, a prohibir dicho servicio temporalmente en diciembre de 2015.


¡Menos es más!

Para evitar una prohibición permanente, Facebook cambió de inmediato el nombre de su servicio por el de Free Basics. Pensó, de este modo, que sería más claro que los usuarios podían acceder solo a «servicios seleccionados». Al mismo tiempo, Zuckerberg defendía su propósito en un artículo para el «Times of India», el diario en inglés más grande de la India: Sostenía allí que la poca Internet que él ofrecía era, con todo, mejor que nada de Internet. Tampoco las bibliotecas públicas disponen —argumentaba— de todos los libros.

Una comparación por demás errada: simplemente por motivos de espacio, las bibliotecas necesitan hacer una selección de libros. Por el contrario, en el espacio digital puede alojarse la mismísima legendaria biblioteca de Babel mentada por Jorge Luis Borges, la cual contenía todos los libros imaginables.5 Pero ante todo, las bibliotecas públicas no persiguen ningún interés económico: exactamente lo contrario de lo que hace el guardián de Facebook, el cual, en su guerra mediática, además de publicar artículos en diarios apostó tanto a gigantografías publicitarias en la vía pública y avisos a doble página, como al ejército virtual de usuarios indios de Facebook: sin haberles pedido su expreso consentimiento, la red social envió más de 17 millones de mensajes a la autoridad india de regulación en los que los usuarios se expresaban supuestamente a favor de Free Basics.

La autoridad, por su parte, no se dejó impresionar por el agresivo lobbismo de Zuckerberg: a comienzos de febrero decidió definitivamente que no se permitiría ninguna excepción en el acceso a la red. Quien en el futuro privilegie a determinados servicios online deberá afrontar gravosas penalidades.

La cúpula directiva de Facebook se mostró ostensiblemente fastidiada. Solo unos pocos días después de la decisión de la autoridad de regulación, Marc Andreessen, miembro del consejo de administración, tuiteó disgustado: «El anticolonialismo fue, durante décadas, una catástrofe económica para el pueblo indio. ¿Por qué abandonarlo ahora?» El comentario desató inmediatamente una ola de indignación. Zuckerberg aclaró que las expresiones de Andreessen no representaban el punto de vista de Facebook ni el suyo personal; Andreessen se disculpó y aseguró estar «100 por ciento contra el colonialismo».


Facebook desde el aire

Pero no fue, por cierto, esta razón la que hizo dar marcha atrás a Facebook: A mediados de febrero, el consorcio hizo saber que ya no iba seguir ofreciendo Free Basics en la India. Una amarga derrota, especialmente para Mark Zuckerberg.

A pesar de ello continúa con sus planes colonialistas de expansión: Free Basics sigue estando disponible en otros países. Y en el futuro, el hemisferio Sur será conquistado también desde el aire.

En marzo de 2014, Facebook adquirió por 20 millones de dólares la empresa británica Ascenta, especializada en desarrollo de drones. Su robot volador Aquila ya ha pasado la fase de planificación: cuenta con la envergadura de un Airbus 737 pero pesa apenas unos 500 kilogramos. Como este dron funciona con energía solar, puede permanecer en el aire siete meses seguidos. Próximamente decenas de miles de ellos abastecerán con redes inalámbricas de Facebook regiones apartadas de todo el mundo.6

Pero tan pronto como Zuckerberg cuente con una infraestructura tecnológica propia, se independizaría de los operadores de telecomunicaciones.

Los gobiernos de países menos desarrollados podrían entonces —por ejemplo, para recortar gastos— renunciar a manejar sus propias redes de telefonía móvil y confiarle enteramente a Facebook el supuesto servicio básico. Las consecuencias serían fatales. Es que cada vez más personas equiparan ya los servicios de Facebook con los de Internet, y no solo en el hemisferio Sur. A fines de enero, Sheryl Sandberg, gerenta de Facebook, anunciaba orgullosamente en el Foro Económico de Davos: «La gente entra en las tiendas de telefonía y dice Quiero Facebook


Manipulación bien calculada

El reemplazo global de Internet pretendido por Facebook tendría consecuencias dramáticas en la esfera política. Las manipulaciones que la red permite en este aspecto ya han quedado expuestas a la luz en el hemisferio Norte, precisamente en la patria de Facebook: los Estados Unidos.

El 63 por ciento de los usuarios de Facebook que viven allí califican esta red social como su principal fuente de noticias. Simultáneamente, Facebook debió reconocer por primera vez en 2014 que manipuló sistemáticamente las noticias que brindaba a varios centenares de miles de usuarios. A lo largo de una semana, la mitad de ellos recibió noticias más positivas mientras que la otra mitad recibió noticias más negativas. Los sociólogos de la empresa deseaban averiguar de ese modo qué efectos tenían las emociones en los distintos usuarios.7

También la política se interesa hace tiempo por este tipo de efectos. Así, el equipo de Ted Cruz, actual precandidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, compró y analizó los perfiles de Facebook de millones de usuarios: en la mayoría de los casos, sin que estos lo supieran.

Para acceder a dicha información, los científicos usaron el servicio de Amazon llamado «Mechanical Turk». Este mercado brinda, a cambio de poco dinero, miniservicios de todo tipo. En este caso, decenas de miles de usuarios les permitían a los científicos, cada uno a cambio de un dólar, acceder a sus perfiles de Facebook y, con ello, también a los datos de sus ingenuos amigos. Como cada usuario de Facebook tiene, en promedio, unos 340 amigos, los investigadores pudieron recolectar un volumen de datos enorme, que incluía nombres, domicilios, fechas de nacimiento, sexo y gustos personales de cada usuario. Los «perfiles psicográficos» que luego generaban eran asociados a diferentes grupos de votantes a los que el equipo de Cruz posteriormente cortejaba.8

Los gobiernos autocráticos del hemisferio Sur, que desean asegurar su poder y reprimir protestas democráticas, podrían interesarse por esta esfera pública tan accesible e influenciable. Es por ello que resta esperar que los ciudadanos y ciudadanas de estos países también actúen contra las ofertas de Facebook y, en lugar de ellas, reclamen a sus gobiernos un libre acceso a la red, tal como lo exige la activista nigeriana Nnenna Nwakanma: «Toda Internet. Para todos. Siempre.»9 Este objetivo refiere —al contrario del colonialismo digital de Zuckerberg— realmente a una utopía filantrópica y, ante todo, democrática.


Traducción: Carlos Díaz Rocca

Fuente: https://www.blaetter.de/archiv/jahrgaenge/2016/mae...


  • 1.

    Causó bastante revuelo el anuncio hecho por los recientes padres de donar a la Iniciativa el 99 por ciento de sus acciones de Facebook. Su valor actual es de unos 45.000 millones de dólares. Cf. John Cassidy, Mark Zuckerberg and the Rise of Philantrocapitalism, www.newyorker.com, 2-12-2015.

  • 2.

    De todos modos, la Iniciativa se diferencia en varios aspectos de una fundación común y ofrece a sus creadores numerosas ventajas: cf. Jesse Eisinger, How Mark Zuckerberg’s Altruism HelpsHimself, en: “The New York Times”, 4-12-2015.

  • 3.

    Cf. Marco della Cava, ¿Facebook en 2030? 5.000 millones de usuarios, dice Zuck, www.usatoday.com, 4-2-2016

  • 4.

    Por neutralidad de la red se entiende el tratamiento por igual de datos en la transmisión vía Internet y el acceso no discriminado al uso de redes de datos.

  • 5.

      Cf. www.libraryofbabel.info.

  • 6.

    Cf. Jessi Hempel, Inside Facebook’s Ambi- tious Plan to Connect the Whole World, en: “Wired”, 12/2015.

  • 7.

      Pew Research Center, The Evolving Role of News on Twitter and Facebook, www.journalism.org, 14-7-2015.

  • 8.

      Cf. Harry Davies, Ted Cruz using firm that harvested data on millions of unwitting Facebook users, www.theguardian.com, 11-12-2015.

  • 9.

      Cf. RNW Media, “Your digital divide is your divide”, entrevista a Nnenna Nwakanma, www.rnw.org,