Tribuna global

¿Existe un Estado de Bienestar asiático?

El giro a la izquierda que ha tenido lugar en América Latina desde finales de la década de 1990 no debe inducir a la falsa impresión de que la derecha se ha vuelto irrelevante. Para comprender mejor el rol y el actual estado de sus fuerzas en la región, es necesario avanzar en una aclaración conceptual en torno de lo que significa ser de derecha o de izquierda, explicar el difícil momento por el cual están atravesando las ideas y los actores de derecha en Latinoamérica y, por último, analizar las actuales estrategias de acción política de la derecha en la región.

¿Existe un Estado de Bienestar asiático?

Reconsiderar el papel del Estado

En la actualidad tiene lugar un intenso debate sobre la próxima agenda de desarrollo, que plantea mejorar o sustituir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y combinarlos con objetivos de desarrollo sostenible. Estas discusiones giran en torno de las áreas más importantes y apremiantes de interés local y global: pobreza, inequidad de ingresos, violencia de género, exclusión social y destrucción del medio ambiente. Las discusiones recurren al lenguaje de los derechos e intentan ser integrales, transformadoras y establecidas de manera verdaderamente participativa. Todo esto es un avance cualitativo sobre el contenido y los procesos en que se basaron las décadas anteriores de desarrollo, incluyendo los de los ODM. Pero en estas discusiones falta un elemento fundamental: el papel del Estado.

Hay también una creciente preocupación en el público en general y en los diseñadores de políticas por el hecho de que la injusticia social y económica se ha extendido y se intensifica. Por ejemplo, en el curso de la década de 2000, 40 países de todo el mundo experimentaron muy elevados niveles de vulnerabilidad, definida como una inseguridad relacionada con los ingresos y el empleo. Cada vez se asocia más la agenda neoliberal de reemplazo de las funciones del Estado por el mercado y el sector privado con estas divisiones sociales y económicas, y se señala la necesidad de un Estado que funcione bien, que sea responsable y que tenga suficientes recursos para corregir las desigualdades.

Tanto en términos de la búsqueda de una agenda de desarrollo más progresista e implementada de manera efectiva, como en respuesta a la preo-cupación por el aumento de las desi-gualdades, es necesario revivir un debate aparentemente pasado de moda: es decir, volver a evaluar analíticamente el papel del Estado. Este artículo pone en consideración diversas hipótesis referidas a Estados de Bienestar y luego se enfoca en la experiencia del Estado de Bienestar asiático. Utiliza la noción de Estado de Bienestar como un punto de partida explícitamente normativo en las dos secciones siguientes. Luego, en las dos últimas secciones, el resumen analiza enfoques actuales del Estado de Bienestar desarrollados en Asia y los intentos de clasificarlos y evaluarlos.

Una breve historia de «el» Estado de Bienestar

Tanto en las discusiones cotidianas como en el discurso político y la literatura académica, existe la idea de que los Estados de Bienestar fueron inventados en Europa. Esta percepción está moldeada por la historia del Estado de Bienestar escrita en los países del Norte. Por ejemplo, en Alemania, las reformas en política social hechas por el canciller Otto von Bismarck en la década de 1870 son frecuentemente señaladas como fundantes del primer Estado de Bienestar, a pesar de que tales reformas fueron antidemocráticas y guiadas enteramente por la construcción del Estado nacional y los problemas de desarrollo económico, y estuvieron acompañadas por el desmantelamiento de los sindicatos y un debilitamiento del movimiento socialdemócrata. En Estados Unidos también suele identificarse el New Deal como un temprano Estado de Bienestar. Como es sabido, en respuesta al Crac y la Gran Depresión económica de 1929 y los años que siguieron, el gobierno estadounidense introdujo en la década de 1930 una variada gama de políticas sociales para atacar el desempleo y la pobreza.

Japón, por su parte, representa un Estado de Bienestar intervencionista en la fase que siguió inmediatamente a la Segunda Guerra Mundial, cuando se tomaron medidas en favor de la seguridad social y la educación gratuita, así como de un sistema de salud organizado. También en la posguerra, al comienzo de la década de 1950, el Reino Unido presentó el Plan Beveridge, en el que se ponía el acento en el fortalecimiento de los ingresos y en el acceso gratuito y universal a los servicios de salud. Como se sabe, el modelo británico fue fuertemente influido por el trabajo del economista John Maynard Keynes, cuyas ideas también permearon la política social en el norte y el sur de Europa, donde se implementaron diferentes formas de Estados de Bienestar durante la década de 1950. Esto, a su vez, motivó a Gøsta Esping-Andersen a analizar las políticas del Estado de Bienestar en Europa y sistematizarlas en tres tipos: liberal, conservador y socialdemócrata.

Para los ciudadanos de Europa y América del Norte, estos fueron acontecimientos importantes. Sin embargo, los Estados de Bienestar existieron de hecho en los así llamados «países del Sur» mucho antes o paralelamente a su introducción en los países del Norte. América Latina tuvo elementos del Estado de Bienestar ya desde la década de 1910 en Uruguay, Argentina, Chile, Brasil y Costa Rica, entre otros. En Sri Lanka, se puso en marcha en la década de 1930 un Estado de Bienestar cuyos tres pilares eran la educación, la salud y el bienestar, en el sentido de alivio de la pobreza. En el Asia del Sur recientemente independizada, el Zeitgeist predominante influyó en la formulación de políticas de Estado de Bienestar en la India, Nepal y Pakistán a fines de la década de 1940 y comienzos de la década de 1950.

El concepto de Estado de Bienestar tiene fuertes connotaciones normativas. Está conceptualmente asociado al compromiso con la democracia y la justicia social. La democracia –que abarca los derechos humanos, la voz de los ciudadanos y el poder de toma de decisiones participativo, la libertad de información y muchos otros factores– es un requisito para luchar por la justicia social y aceptarla genuinamente. También es preciso crear las coaliciones sociales y políticas necesarias para lograr por lo menos niveles aceptables de justicia social y, en el nivel práctico, para financiar y adoptar las instituciones, las políticas y las pautas que permiten el funcionamiento de un Estado de Bienestar.

En cuanto a su compromiso con la justicia social, el Estado de Bienestar se puede definir como garante del acceso universal a los servicios sociales, proveedor de lo necesario para lograr el empleo y el trabajo decente, oferente de un conjunto de disposiciones de asistencia social y de seguridad social, así como supervisor de los sistemas de regulación para salvaguardar el medio ambiente. En esta mezcla, la protección social asume un papel de reguladora de los ingresos, además de servir como herramienta redistributiva –mediante mecanismos de política fiscal– y de hacerse responsable por el funcionamiento sostenible del sistema.