Tema central

Estados Unidos o el último Estado hegemónico. El poder en la era del ascenso y la consolidación del resto del mundo

Hace una década, se hablaba de la consolidación del poder estadounidense y de un mundo unipolar controlado desde Washington. Pero pocos años después, la narrativa del declive de Estados Unidos se ha difundido y fortalecido. Hoy, en el sistema internacional, los debates entre declinistas y antideclinistas tienen un tono más político que académico; se recoge evidencia de manera selectiva para sostener una posición o la otra, y en ambos casos prima una versión poco sofisticada de lo que es el poder y de cómo este evoluciona en el orden internacional. Vivimos en un sistema en transición, que está lejos aún de constituir un tablero de juego claro y estable.

Estados Unidos o el último Estado hegemónico. El poder en la era del ascenso y la consolidación del resto del mundo

El debate sobre el declive (o no) del poder estadounidense no es nuevo: a finales de la década de 1950 parecía haber evidencia firme de que la Unión Soviética le estaba ganando la Guerra Fría a Estados Unidos y, en los años 80, las sospechas de un mundo dominado por Japón también provocaron angustias a la potencia del Norte1. Por el contrario, hace apenas una década varios observadores hablaban de la consolidación de la primacía estadounidense y de un mundo unipolar controlado por EEUU2: Paul Kennedy insistía en que nunca antes en la historia había habido semejante nivel de disparidad entre un hegemón y el resto del mundo; varios analistas aseveraban que ninguna potencia había acumulado semejante cantidad de poder militar, económico, tecnológico, cultural y político. Fareed Zakaria hablaba de un nivel comprehensivo de unipolaridad solo comparable al de Roma en la época del Imperio3.

Pero hoy la narrativa del declive de EEUU se ha fortalecido y en algunos ámbitos se ha hecho prácticamente dominante. Se ha vuelto un lugar común empezar los escritos y análisis sobre la naturaleza del sistema internacional con una sentencia sobre el debilitamiento de la potencia del Norte. Sin embargo, es inevitable preguntarse si tiene sentido hablar de una transición tan drástica –de la primacía al declive– en menos de una década. Probablemente no. Y, de hecho, en este ensayo intentaré demostrar que el debate sobre la posición de poder de EEUU hoy, en el orden internacional, es más una discusión política que académica, en la que se recoge evidencia selectivamente para apoyar a un bando o al otro –los que denomino «declinistas» y los «antideclinistas», y prima una versión poco sofisticada de lo que es el poder y de cómo evoluciona en el sistema internacional.

Es claro que la crisis económica iniciada en 2008 y las dificultades que ha tenido el gobierno estadounidense en su intento por articular un proceso de recuperación rápido y sostenible incrementan la percepción del declive entre la opinión pública y los analistas. La prueba fehaciente de esta percepción es que entre 60% y 70% de los estadounidenses creen que su país, en efecto, está en declive4. Sin embargo, un análisis del papel de EEUU en el mundo debe ir más allá de las percepciones y la intuición. Como demuestro a continuación, la tarea de quienes han participado en este debate hasta ahora ha sido la de proveer evidencia selectiva para alimentar estas percepciones de declive o las versiones que se resisten a esta lectura, pero no están (ni podrían estarlo) en condiciones de sacar conclusiones rigurosas sobre la distribución de poder global y el estatus estadounidense sobre la marcha de la coyuntura. El actual es un sistema en transición y lejos está de constituir un tablero de juego claro y estable.

Comenzaré el texto con una reseña breve y que no constituye una síntesis exhaustiva de lo que han dicho todos aquellos que han participado en este debate, en la que organizo los argumentos de acuerdo con los ejes centrales de la conversación: económico, educativo, cultural, militar y político; luego, reseño la discusión entre las causas internas y externas del declive. Por último, intento contribuir con algunas herramientas de análisis que pueden ser útiles para llevar a cabo esta discusión en una forma más ordenada y rigurosa, cuando finalmente sea posible entender y analizar una configuración más estable del sistema internacional.

n n n Aquellos que debaten la tesis del declive económico estadounidense sugieren que la recuperación de EEUU después de la crisis económica de 2008 ha sido mejor, más rápida y más consistente de lo que muchos esperaban5. Daniel Gross sugiere que el mercado bursátil estadounidense se ha duplicado desde marzo de 2009, que la economía ha retornado a su pico más alto en 2007 y que actualmente está creciendo a una tasa de 3% anual, mucho más rápido que en cualquier otro país desarrollado. El sector privado también emergió de la crisis, según este mismo analista, más equipado para cumplir con sus obligaciones, para ahorrar, invertir, gastar y crecer. De hecho, las ganancias antes de impuestos crecieron de 1,25 billones de dólares en 2008 a 1,8 billones en 2010, y a 1,94 billones en 2011. Adicionalmente, del último trimestre de 2008 al último trimestre de 2009 la productividad creció 5,4%, y 4,1% en 2010. La inversión extranjera directa creció de 135.000 millones de dólares en 2009 a 194.000 millones en 2010, y se mantuvo en 155.000 millones de dólares durante los primeros tres trimestres de 2011. Finalmente, en materia de empleo, desde febrero de 2010 el sector privado, que provee 83% de los puestos de trabajo en ese país, ha añadido cerca de 4,1 millones de empleos, a un promedio de 160.000 al mes.

Otros afirman que la economía estadounidense sigue siendo la más grande del mundo, con un PIB de casi 16 billones de dólares y un PIB per cápita de 50.000 dólares, solo superado por 10 países, en su mayoría pequeños. Los recursos naturales estadounidenses también superan de lejos los de otros países grandes de todo el mundo: la superficie de tierra arable es cinco veces la de China y el doble de la de Brasil; los avances en fracking y excavación horizontal han habilitado la explotación de grandes reservas de petróleo y gas natural; la Agencia Internacional de Energía (AIE) predice que EEUU será el productor más grande de petróleo en 20206. Adicionalmente, en pocas partes del mundo tres factores claves para el avance de la economía se conjugan como lo hacen en EEUU: allí hay garantías para la propiedad privada de los individuos, el sistema financiero es viable en su forma actual, y la deuda –pública y privada– sigue un camino de sostenibilidad7.

Sin embargo, los argumentos de los declinistas en el campo económico también son fuertes: EEUU es la economía más grande del mundo, pero también la más endeudada8. Como si esto fuera poco, varios sectores de la economía de ese país se encuentran en un estado preocupante: el sector manufacturero representa menos de 11% del PIB (mientras que representaba cerca de 30% durante el gobierno de Richard Nixon, 1969-1974), el sector servicios no constituye una parte significativa de las exportaciones y el déficit es de entre 3% y 5% del PBI, mientras que constituía menos de 0,5% al inicio de la década de 1970.