Tribuna global

Esperanza y muerte Éxodo y murallas en tiempos de crisis global

En los últimos tiempos, se volvieron habituales las fotos de barcos llenos de refugiados o de crisis fronterizas en su tránsito por tierra rumbo a Europa. Pero detrás de esas imágenes existen complejas realidades locales que no se reducen a las guerras. La pérdida de fuentes de subsistencia, por diversas razones que incluyen las climáticas, provocan masivas aunque menos visibles migraciones internas o a otros países del Sur. Solamente revisando las persistentes políticas neoliberales y renovando el derecho internacional podrá avanzarse hacia el doble derecho: el derecho a irse y el derechoa quedarse, sin que eso signifique poner en juego la propia vida.

Esperanza y muerte / Éxodo y murallas en tiempos de crisis global

Nota: este artículo se publicó originalmente en Blätter für deutsche und internationale Politik No 6/2015, con el título «Hoffen und Sterben. Flucht und Abschottung in Zeiten globaler Krisen». Traducción del alemán de Mariano Grynszpan.

En estos tiempos, casi todas las semanas aparecen frágiles embarcaciones con cientos de refugiados rescatados del mar Mediterráneo. Pero para muchos la ayuda llega demasiado tarde. Con las noticias escalofriantes, regresa un problema que en la opinión pública suele quedar al margen: la miseria de millones de personas que escapan de la guerra y la violencia, o que son obligadas a emigrar debido a los cambios climáticos y a la pérdida de sus medios de subsistencia. Poco de esto llega a Alemania: el endurecimiento de las leyes de asilo y residencia y el bloqueo militar de las fronteras exteriores europeas han impedido ver la magnitud de los desplazamientos y movimientos migratorios mundiales.De los 200-300 millones de personas que viven actualmente lejos de su patria, 16,7 millones son refugiados políticos y de guerra según lo definido por la Convención de Ginebra, mientras que otros 33 millones son desplazados internos1. Dado que ante los conflictos armados cada vez resulta más difícil encontrar refugio seguro en un país extranjero, la cifra de desplazados internos aumenta de manera constante. Aunque estas personas oficialmente no quedan bajo la órbita del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (acnur), las autoridades de la Organización de las Naciones Unidas (onu) pueden apoyar a los desplazados internos en el marco de acuerdos bilaterales.

En cambio, los refugiados que se han visto privados de sus medios de subsistencia por crisis ecológicas, como sequías o inundaciones, están desprotegidos legalmente. A partir del nuevo milenio, según la Organización Internacional para las Migraciones (oim), el número de refugiados por razones climáticas y ambientales se ha duplicado de 25 a 50 millones; para 2050, se pronostica una cifra de 200 millones2. El escenario se complica aún más porque el estatus de este grupo de refugiados dentro del derecho internacional es totalmente indefinido. La Convención de Ginebra de 1951 solo regula la situación jurídica de personas que deben huir a causa de la persecución y la guerra, pero no de quienes se ven obligados a abandonar su país por los cambios climáticos.

Sin embargo, gran parte de la migración global actual corresponde a personas que están buscando una vida mejor. Por lo general, lo que las lleva a escapar es una mezcla de pobreza, explotación, catástrofes ambientales y falta de oportunidades. Se trata de personas que intentan sobrevivir y ser partícipes, que no se resignan al papel insignificante que les han asignado ni a la exclusión social. El artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos garantiza el derecho a salir de cualquier país, pero no establece un deber estatal para la acogida.

Muy pocos llegan a Europa

Desde hace tiempo, el derecho de asilo europeo no encuentra una respuesta adecuada frente a las nuevas causas del éxodo. Sus raíces se remontan a épocas marcadas por enfrentamientos en torno de la instauración de democracias burguesas. Por entonces, era en primer término la pujante burguesía la que se concedía asilo mutuo. Obtenían ese derecho los intelectuales que se oponían a regímenes represivos, los docentes esclarecidos, los periodistas perseguidos, los artistas y los literatos. Hoy sigue habiendo personas que buscan asilo debido a persecuciones políticas. Pero la mayoría de los refugiados no emprende ese camino por un conflicto con las autoridades locales, sino simplemente porque tuvo la mala suerte de haber nacido en un lugar equivocado del mundo. Su único «pecado» es que se toman en serio la búsqueda de la felicidad (pursuit of happiness) pregonada en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y reclaman una vida digna para ellos y sus familias.

Así como aumenta el fenómeno actual de éxodo y migración en el mundo, también crecen los temores infundados (y fogoneados políticamente), que sugieren que las olas de refugiados podrían inundar Europa de «extranjerización» y violencia. En 2013, 86% de las personas desplazadas por la guerra y la persecución encontraron amparo en los países del Sur global; en 2003 el porcentaje había sido de 70%. El Líbano por sí solo recibió a 1,2 millones de refugiados registrados de Siria, y otros 500.000 seguirían el mismo rumbo a través de la frontera3. Uno de cada tres habitantes del Líbano tiene ese estatus. Solo para comparar, la rica Alemania decidió acoger (mediante programas oficiales) a 20.000 refugiados sirios.

Por otra parte, la mayoría de los refugiados por razones climáticas y de pobreza no se alejan demasiado de su lugar de origen para buscar mejores condiciones. Se desplazan hacia las áreas marginales de las grandes ciudades o permanecen en la región. Muy pocos llegan a Europa. Solamente en Sudáfrica hay alrededor de 7 millones de inmigrantes africanos indocumentados. En la ue, mientras tanto, se estima la presencia de entre 2,8 y 6 millones de personas sin papeles. Es decir, 7 millones en Sudáfrica, un país con una población de 50 millones, y ni siquiera esa cantidad en la ue, donde residen 500 millones de habitantes. El miedo europeo a la inmigración no se basa en experiencias concretas, sino que expresa algo sobre el estado de sus propias sociedades.

La globalización como causa del éxodo

La globalización, indudablemente, ha acercado al mundo, aunque este hoy aparece más dividido que nunca. Por un lado, el Norte rico, con su predominio económico, político y cultural; por el otro, el Sur, con zonas de miseria, falta de oportunidades y exclusión. Para los habitantes del Norte global, la movilidad mundial no solo es natural, sino que constituye precisamente la base para la gran flexibilidad alcanzada. En cambio, si hay algo que no pueden hacer los habitantes del Sur es circular libremente, aunque su desarraigo impide que haya un lugar donde vuelvan a sentirse como en casa.

  • 1.

    V. las cifras actuales de la ONU y del ACNUR en Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU 2013: Population Facts, 2013/2. Informe de ACNUR 2014.

  • 2.

    V. OIM: «Migration and Climate Change» No 31, oim, Ginebra, 2008.

  • 3.

    «Libanon braucht Unterstützung durch die Europäische Union», Volker Türk en conversación con Nana Brink en Deutschlandradio Kultur, 24/3/2015.