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¿Es posible avanzar hacia la igualdad en la educación? El dilema de las pespectivas educativas de la izquierda en América Latina

Si durante el siglo xx vastas capas de la sociedad no tenían acceso al sistema educativo, hoy pueden observarse dentro de los sistemas educativos latinoamericanos las diversas calidades y la mayor fragmentación jerárquica, que aseguran la cotinuidad de la injusticia. Las reformas aplicadas tras el «giro a la izquierda» no lograron cambiar la tendencia. Estos ejemplos muestran un dilema general de la política educativa progresista: para atacar con éxito las desigualdades en este campo, es necesario crear amplios acuerdos políticos, pero esos mismos acuerdos implican concesiones a los sectores privilegiados y, por ende, dificultan la eliminación de las desigualdades históricas.

¿Es posible avanzar hacia la igualdad en la educación? El dilema de las pespectivas educativas de la izquierda en América Latina

En América Latina existe una enorme desigualdad en materia de educación, que es ampliamente reconocida y está muy documentada1. A pesar de las numerosas investigaciones efectuadas en torno de la relación entre el sistema educativo y las desigualdades sociales, este vínculo de carácter recíproco se ha mantenido invariable (no solo a escala latinoamericana) durante los últimos tiempos. El fracaso en crear un marco de equidad educativa no debe atribuirse únicamente a las deficientes políticas educativas o a una falta general de recursos. La situación requiere, ante todo, un análisis relacional, que dirija su mirada a las luchas sociales que enfrentan a quienes defienden los privilegios y a quienes intentan eliminarlos2.

Los gobiernos del «giro a la izquierda» de la región muestran diferencias en cuanto a su base social, sus posiciones políticas y los contextos donde se desenvuelven. Sin embargo, tienen algo en común: buscan impulsar un cambio en la relación de fuerzas. Su política socioeconómica apunta a eliminar privilegios históricos y a reducir el nivel de las desigualdades sociales. Dentro del escenario de las reformas regionales, la política educativa juega un papel preponderante, aunque las medidas concretas adoptadas por los respectivos gobiernos se diferencian claramente, habida cuenta de las situaciones heterogéneas y las constelaciones políticas específicas de cada país. Si se hace un primer balance de las transformaciones y se evalúa su impacto en términos de reducción de las disparidades sociales, cabe afirmar –más allá de las características individuales– que los resultados son bastante desalentadores. Esto puede atribuirse a un dilema general de la política educativa progresista: por un lado, existe el riesgo de que las reformas radicales terminen desprestigiando la educación pública y promuevan, sobre todo en las capas medias, una huida hacia el sector privado; a su vez, la búsqueda de un apoyo social amplio disminuye la posibilidad de introducir cambios demasiado profundos. Así se frena el proceso de reformas y se mantienen las concesiones otorgadas a actores privilegiados en el plano social y político.

Tres factores de la desigualdad educativa

El desarrollo de la educación en América Latina trajo consigo una paradoja. Durante el periodo expansivo de la segunda mitad del siglo XX, el nivel medio de instrucción de la población aumentó claramente en todos los países de la región y la tasa de analfabetismo experimentó una notable reducción gracias a la mayor escolarización. Además, la lucha contra la discriminación femenina logró que, en promedio, hoy las mujeres cuenten con un mayor nivel educativo que sus congéneres masculinos3.

A pesar de este desarrollo positivo, hay coincidencia en que desde hace tiempo la educación en América Latina se encuentra en crisis. Los progresos se limitan a aspectos cuantitativos y, si se comparan con los de otras regiones (por ejemplo, con Asia oriental), resultan bastante magros4. En los distintos países, la política del sector se ve confrontada principalmente con altas tasas de repitencia y deserción, así como con enormes desigualdades.

Al poner el énfasis en lo cuantitativo, la mayoría de los análisis dejan de lado la escasa calidad y la creciente fragmentación jerárquica. No obstante, en América Latina, la desigualdad social se reproduce a través de las generaciones debido a la combinación de tres factores: el acceso a la educación, la calidad educativa y la fragmentación jerárquica del sistema. A su vez, estas categorías constituyen parámetros que permiten analizar el potencial y los límites de los actuales procesos de reformas5.

Acceso a la educación

En América Latina, el acceso a la educación se ha ido ampliando sucesivamente hasta alcanzar a (casi) todos los sectores y el nivel medio de instrucción de la población ha aumentado de manera continua. Sin embargo, el ingreso al sistema y el tiempo de permanencia siguen mostrando un alto grado de selectividad en función de criterios tales como origen social (especialmente, nivel de ingresos y de instrucción), adscripción étnica, estado de salud, lugar de residencia o edad. Los grupos sociales más desfavorecidos sufren un fracaso desproporcionado dentro del ámbito educativo latinoamericano. El problema se refleja, sobre todo, en el marcado aumento de la deserción producida durante la transición entre la escuela primaria y la secundaria. Esta articulación del sistema actúa como una bisagra selectiva, condiciona la continuidad y, en muchos países de la región, significa el fin de la etapa escolar para gran parte de los sectores sociales más vulnerables. Las causas están relacionadas –aunque no exclusivamente– con el origen social. La deserción prematura de tantos niños provenientes de hogares vulnerables se debe, por un lado, al aumento de los costos directos e indirectos de concurrir a clases, es decir, al gasto que implican los materiales de estudio, el transporte y el uniforme; por el otro, se explica por la creciente presión para integrarse al mercado laboral y ayudar así a la economía del hogar, o para realizar actividades diversas que contribuyan a la organización familiar. Estas condiciones sociales escapan en gran medida a la influencia de las políticas específicas del área educativa, aun cuando el acceso de los grupos poblacionales más desfavorecidos se ha visto facilitado claramente a través de transferencias monetarias condicionadas, programas de alimentación escolar, subsidios para materiales de estudio, transporte, uniforme, etc.6

Sin embargo, estas medidas por sí solas no son suficientes para mejorar de manera sustancial el acceso de los sectores vulnerables. Las altísimas tasas de repitencia y deserción que se registran al inicio de la escuela secundaria muestran que el problema no solo se origina en las condiciones del contexto, sino también en otros factores inherentes al sistema educativo. En muchos países de la región existe una buena oferta de nivel primario, mientras que la enseñanza secundaria resulta insuficiente y está fuera del alcance de amplias capas de la sociedad. En parte, esto es consecuencia de las políticas focalizadas dirigidas específicamente al campo de la educación primaria e implementadas para combatir la pobreza. De acuerdo con el modelo del universalismo básico, el gasto público debe promover sobre todo la instrucción primaria para apoyar directamente a los sectores más desprotegidos. Pero la política en cuestión no amplía la oferta en los niveles siguientes y dificulta la articulación: cuando finaliza la enseñanza primaria, el acceso a la escuela secundaria suele tornarse inalcanzable para gran parte de la población rural y las capas urbanas de escasos ingresos.

  • 1. Stefan Peters: politólogo. Es colaborador científico y doctorando en Relaciones Internacionales e Intersociales de la Universidad de Kassel. Palabras claves: educación, desigualdad social, giro a la izquierda, Uruguay, Venezuela.Nota: traducción del alemán de Mariano Grynszpan.. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal): La hora de la igualdad, Cepal, Santiago de Chile, 2010, pp. 223-229. V. tb. Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (Siteal): «Atlas de las desigualdades educativas en América Latina», http://atlas.siteal.org/indice.
  • 2. Agnès van Zanten: «New Modes of Reproducing Social Inequalities in Education: The Changing Role of Parents, Teachers, Schools and Educational Policies» en European Educational Research Journal vol. 4 No 3, 2005, pp. 155-169; Ben W. Ansell: From the Ballot to the Blackboard. The Redistributive Political Economy of Education, Cambridge University Press, Cambridge, 2010.
  • 3. La equiparación estadística de estos resultados entre géneros cubre también la interseccionalidad de la desigualdad educativa, originada en la discriminación que aún siguen sufriendo parcialmente algunas mujeres de edad avanzada, de áreas rurales y de poblaciones indígenas.
  • 4. Stephen Haggard y Robert R. Kaufman: Development, Democracy and Welfare States. Latin America, East Asia and Eastern Europe, Princeton University Press, Princeton, 2008.
  • 5. S. Peters: «Bildung als Privileg: Bildungspolitik in Lateinamerika» en Ingrid Wehr y Hans-Jürgen Burchardt: Soziale Ungleichheiten in Lateinamerika. Neue Perspektiven auf Wirtschaft, Politik und Umwelt, Nomos, Baden-Baden, 2011, pp. 201-225.
  • 6. José Antonio Ocampo: «Las concepciones de la política social: universalismo versus focalización» en Nueva Sociedad No 215, 5-6/2008, p. 49 y ss., disponible en www.nuso.org/upload/articulos/3521_1.pdf.