Opinión

Entrevista a Noam Chomsky: «Las chispas encendidas por la “primavera árabe” pueden volver a estallar en llamas»

El lingüista, filósofo y activista estadounidense admite que la "revolución árabe" ya no es un “work in progress” sino, más bien, un “work in regress”. No descarta que las llamas vuelvan a encenderse pero cree que nunca debió haber habido esperanzas de una trayectoria lineal hacia la liberación del dominio imperial.

Entrevista a Noam Chomsky: «Las chispas encendidas por la “primavera árabe” pueden volver a estallar en llamas»

Bröning: A tres años del inicio de las revueltas en algunos países árabes, la región ha sido testigo de un caleidoscopio de acontecimientos dramáticos que van desde la celebración de elecciones libres hasta la supresión violenta de los cambios. ¿Cómo describiría hoy la “primavera árabe”?

Chomsky: En pasado la he descrito como un “work in progress”. En la actualidad, lamentablemente, la frase “work in regress” podría ser más apropiada. Las dictaduras petroleras han sido capaces de reprimir la mayoría de los esfuerzos hechos para lograr hasta la reforma más pequeña; Siria se está precipitando al suicidio y probablemente a la partición; Yemen está sometido a la campaña global de terror de los drones de Obama; Túnez es una especie de limbo; Libia carece de un gobierno que pueda controlar las milicias; y en Egipto, el principal país del mundo árabe, los militares han actuado con extrema brutalidad —y, en mi opinión, no tienen el respaldo popular que deberían tener—, en lo que parece ser un esfuerzo para restaurar su riguroso control político y mantener su imperio económico mientras se retrocede en algunos de los logros más significativos de la primera etapa, como la libertad y la independencia de la prensa. Estas señales no parecen ser buenas.

Además, el conflicto entre sunnitas y chiitas instigado por la agresión de Estados Unidos y el Reino Unido en Iraq está desgarrando el país y expandiéndose ominosamente por toda la región. Hay dos partes del mundo árabe que siguen siendo efectivamente colonias: el Sahara occidental, donde las manifestaciones democráticas de fines de 2010 fueron duramente reprimidas y la lucha de los habitantes del Sahara por su libertad ha sido casi olvidada, y obviamente Palestina, donde hay en marcha negociaciones conforme a las dos condiciones esenciales impuestas por Estados Unidos e Israel: que no haya barreras a la expansión de los asentamientos ilegales, y que las negociaciones sean dirigidas por Estados Unidos, que participa en el conflicto (del lado de Israel) y ha estado bloqueando el abrumador consenso internacional en torno de una solución diplomática desde 1976, cuando votó una resolución del Consejo de Seguridad que exigía sus términos básicos, con escasas y temporales excepciones.

Bajo estas dos condiciones previas, las negociaciones serán poco más que un pretexto para que Israel lleve adelante sus programas para integrar a ese país lo que considera valioso de Cisjordania, incluyendo unos pocos árabes, con el fin de evitar el “problema demográfico”, con continuo apoyo estadounidense, y de separar Cisjordania de Gaza, en violación de los Acuerdos de Oslo, al tiempo que mantiene el brutal sitio. No es un momento brillante, pero es probable que las chispas encendidas por la “primavera árabe” estallen en llamas nuevamente.

B: Las esperanzas iniciales de una trayectoria lineal hacia el empoderamiento y la democracia han desaparecido hace tiempo. ¿La euforia no tenía razón de ser? ¿Dónde y cuándo fue que las cosas salieron mal?

C: Nunca debió haber habido esperanzas de una trayectoria lineal. La “primavera árabe” fue un acontecimiento de importancia histórica que amenazó muchos intereses poderosos. El poder no dice “Gracias por desmantelarnos” para luego irse caminando tranquilamente.

B: Las reacciones de Occidente han ido desde una intervención militar hasta un enfoque de no intervención, como el que se vio en los países del Golfo. ¿Ve usted aquí un patrón subyacente?

C: El patrón subyacente es familiar: apoya a tu dictador favorito todo el tiempo que se pueda. Si esto se torna imposible debido a los militares o porque los estamentos económicamente poderosos se vuelven contra él por alguna otra razón, sácalo y llévalo a algún lugar, publica declaraciones rimbombantes acerca de tu amor por la democracia e intenta restaurar el viejo orden lo más que puedas. Esto pasa una y otra vez. Por mencionar solo unos pocos: Somoza, Marcos, Duvalier, Suharto, Mobutu...

Es una política natural para una potencia imperial y, por lo tanto, completamente familiar. También es natural que la figura sea ignorada o suprimida. La tarea de la comunidad intelectual es apoyar el poder y justificarlo, no socavarlo, aunque algunos rompen las reglas.

B: Una de las varias líneas divisorias en la región parece ser el enfrentamiento entre las fuerzas laicas y las religiosas. ¿Ve usted alguna manera de que esta dicotomía pueda encararse de forma constructiva? ¿Qué rol deberían cumplir los gobiernos occidentales?

C: Ni la historia, ni la lógica, ni el análisis político, ni ninguna otra fuente aparte de la propaganda nos dan razón alguna para esperar que los sistemas de poder desempeñen un rol constructivo, a menos que resulte ser de su interés. Eso es cierto en los sistemas occidentales, como un caso especial. En Oriente Medio y África del Norte, las principales potencias —Gran Bretaña en primer lugar, luego Estados Unidos— han apoyado de manera constante el Islam radical para contrarrestar el nacionalismo secular. El favorito ha sido Arabia Saudita, el Estado islámico radical más extremo, y Estado misionero, que difunde sus doctrinas wahabistas salafistas en toda la región.

Hay excelentes y cuidadosos estudios académicos sobre la “promoción de la democracia” que hace Estados Unidos, realizados por sus defensores más destacados, que conceden, a regañadientes, que el gobierno apoya la democracia si y solo si se ajusta a los intereses económicos y estratégicos, tal como sería de esperar para cualquier persona racional.

¿Qué rol tendrían que tener? Es fácil. Deben apoyar la libertad, la justicia, los derechos humanos, la democracia. Podemos decir lo mismo de Rusia y China. Hasta cierto punto, las fuerzas populares organizadas pueden impulsar a los gobiernos en esta dirección, pero hay pocos indicios de ello hoy en día, por muchas razones.

B: En otro nivel, las tensiones entre confesiones religiosas parecen estar en aumento. Ya en 2004, el rey de Jordania, Abdullah, habló de un “chiismo en cuarto creciente”. ¿Es esta noción de una guerra subsidiaria entre sunnitas y chiitas la lente adecuada para comprender los conflictos actuales en la región?

C: Una de las consecuencias nefastas de la agresión por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña en Iraq fue que se encendieron conflictos entre sunnitas y chiitas que habían estado previamente contenidos, lo que ha producido una historia de horror que está desgarrando Iraq y se ha propagado por la región con efectos horribles y ominosos.

Y la honestidad nos impulsaría a recordar los Juicios de Nuremberg, una de las bases del derecho internacional moderno. Allí se estableció que la agresión era “el crimen internacional supremo, que solo difiere de otros crímenes de guerra en que contiene en sí el mal acumulado del conjunto”, en este caso, incluyendo los conflictos sectarios entre muchos otros delitos. La honestidad también nos impulsaría a recordar el requerimiento que el fiscal Robert Jackson entregó al Tribunal: estamos entregando a estos acusados un “cáliz envenenado”, y si perpetramos crímenes similares debemos sufrir las mismas consecuencias, de lo contrario este Tribunal será una farsa, y lo que se hará será meramente justicia del vencedor. Una medida de la brecha entre la cultura moral-intelectual de Occidente y la civilización es qué tan bien han sido escuchadas estas palabras.

* Michael Bröning es editor responsable de Internationale Politik und Gesellschaft (IPG Journal).

Traducción: Carlos Díaz Rocca