Entrevista

Entre los evangelios y la política Entrevista a William Mauricio Beltrán

Las iglesias evangélicas ganan terreno en la política latinoamericana. Muchas de ellas se oponen a los avances en materia de género y manifiestan posturas netamente conservadoras. Sin embargo, tanto entre los pastores como entre la feligresía, también hay sectores liberales y progresistas. William Mauricio Beltrán, un destacado investigador en esta materia, analiza las formas en las que el evangelismo toma partido en la política de la región.

Entre los evangelios y la política / Entrevista a William Mauricio Beltrán

En los últimos años se ha evidenciado el crecimiento del evangelismo en América Latina. Esto ha sucedido en detrimento de la religión católica y de otras religiones también asentadas en la región. ¿A qué obedece el fenómeno? ¿Qué les aporta el evangelismo a los nuevos fieles?

Las causas el crecimiento evangélico en América Latina son diversas pero podemos destacar tres aspectos centrales. En primer lugar, deben considerarse los factores macrosociales, como la urbanización acelerada de América Latina, el cambio demográfico, la globalización y la influencia creciente de los medios masivos de comunicación. Todos estos fenómenos han facilitado el acceso de los ciudadanos a nuevas ideas y creencias. Frente a estos fenómenos, las iglesias evangélicas han mostrado una mejor capacidad de adaptación que la Iglesia católica. Tanto en su mensaje como en sus ritos, las iglesias evangélicas han consolidado una oferta religiosa que para muchos latinoamericanos resulta más satisfactoria y atractiva que la oferta católica. Por otro lado, el movimiento evangélico ofrece un culto más participativo y emotivo que el culto católico. Además, en las comunidades evangélicas se tejen redes de solidaridad especialmente útiles en aquellas situaciones en las que los fieles atraviesan crisis. Este tipo de redes son, en cambio, escasas en las parroquias católicas.Por último, las comunidades pentecostales ofrecen a sus fieles milagros, especialmente curaciones y prosperidad económica. Estos milagros representan una esperanza mágica a problemas propios de las sociedades latinoamericanas, sociedades pobres y desiguales, donde el Estado no ofrece protección ni garantiza los servicios básicos a los sectores más vulnerables.

Uno de los procesos más característicos que se ha hecho notorio es el de la participación política activa de las Iglesias evangélicas. La llegada de un pastor a la segunda vuelta electoral en Costa Rica o la participación de sectores del evangelismo en favor de la «línea dura» de Álvaro Uribe en el proceso de paz en Colombia muestran a las claras este fenómeno. ¿Cómo se ha desarrollado esto? ¿Cuáles son las líneas políticas que manejan los sectores evangélicos latinoamericanos y por qué parecen estar tan unidos a los sectores conservadores?

En América Latina, la agenda política de las comunidades evangélicas también ha sido amplia y diversa. Sin embargo, vale destacar dos aspectos que resaltan por su frecuencia. El primero se relaciona con la búsqueda de unas condiciones legales de libertad religiosa. Esta agenda que dominó las últimas décadas del siglo XX. Más que luchar por un Estado laico y una completa separación iglesia-Estado, se concentró en exigirle al Estado que los privilegios que este le había otorgado a la Iglesia católica se extendieran a las iglesias evangélicas.

De manera más reciente, y en cierta medida como reacción a los movimientos sociales que lucha por el reconocimiento de los derechos a la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI), los evangélicos han priorizado lo que algunos especialistas han conceptualizado como «la agenda moral». Esta agenda se opone a lo que los evangélicos denominan «la ideología de género». Según la perspectiva evangélica, el único matrimonio legitimo es el constituido por una pareja heterosexual, por lo cual se oponen al reconocimiento de los matrimonios entre parejas del mismo sexo, a la legalización de la adopción de hijos por parte de parejas homosexuales, y a toda iniciativa de «educación sexual» que incluya la tolerancia y el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTI. Esta agenda moral ha aglutinado a corrientes evangélicas muy diversas, y se ha constituido en una bandera electoral que, entre otras cosas, le otorgó el triunfo a quienes se oponían a la refrendación del Acuerdo de paz en Colombia en 2016. Fue muy claro y evidente que quienes lideraban la oposición a la refrendación del Acuerdo basaron parte de su estrategia de campaña en divulgar la idea de que el Acuerdo promovía los derechos de la comunidad LGBTI.

¿Cómo fue construyéndose y cimentándose el diálogo entre estos actores religiosos evangélicos y los sectores de poder? ¿En qué período comenzó a evidenciarse este proceso de acercamiento del evangelismo a la arena política?

Ya a finales de la década de 1980 se hizo notorio que las comunidades evangélicas podían desempeñar un papel protagónico en las contiendas electorales. En el caso de Colombia, que coincide con el de otros países de la región, el ingreso de los evangélicos a la arena electoral se explica fundamentalmente por tres factores. El primero de ellos fue el rápido crecimiento de este movimiento religioso en número de fieles, que hizo del voto evangélico un voto codiciable para todos aquellos que aspiran a cargos de elección popular.El segundo elemento consistió en un cambio en la doctrina evangélica que les permitió a los líderes de este movimiento religioso des-satanizar la política y legitimar su actividad electoral. El tercer factor fue la flexibilización de los marcos jurídicos para facilitar la participación de nuevos partidos en el campo electoral. En Colombia, esta flexibilización estuvo relacionada con la instalación de Asamblea Nacional Constituyente en 1991.

¿Qué sucede hoy en la relación entre los sectores evangélicos y las demandas sociales por la ampliación de derechos sexuales? ¿Cuál ha sido la reacción de los grupos evangélicos vinculados al poder frente a la nueva oleada de luchas feministas que tiene lugar en el continente?

El movimiento evangélico es antifeminista. Considera que, en el orden establecido por Dios, el hombre está llamado a ser el líder natural tanto en la familia como en los diversos cargos de poder (aunque paradójicamente en el seno del movimiento evangélico muchas mujeres se empoderan y logran acceder a cargos de liderazgo). Por otro lado, como decía anteriormente, el movimiento evangélico se opone al reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTI. Considera incluso que la promoción de estos derechos a través de programas educativos implica un riesgo para la sociedad: el riesgo del contagio o de la «homosexualización» de las nuevas generaciones. Esta oposición beligerante a la promoción de los derechos de las minorías sexuales entronca con la de diversos espacios conservadores de la sociedad, que además de los evangélicos incluye a amplios sectores dentro del catolicismo.

Diversos medios de comunicación han mostrado este proceso de alianza entre el evangelismo y los sectores conservadores. ¿Existen, sin embargo, iglesias evangélicas más afines al progresismo? Dentro de la propia expresión religiosa, ¿hay otras modalidades de acercamiento a la política?

Evidentemente existen sectores progresistas dentro del movimiento evangélico. Y debe diferenciarse el movimiento evangélico de lo que suele denominarse el «protestantismo histórico». Este último incluiría iglesias luteranas, presbiterianas y menonitas, entre otras. En todas estas iglesias hay vertientes conservadoras y liberales. Estas últimas simpatizan con movimientos sociales progresistas, incluso algunas de estas iglesias apoyan el reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales y aceptan líderes homosexuales dentro su organización. Sin embargo, debe subrayarse que, en general, el protestantismo histórico es infra-minoritario en América Latina y, a diferencia del movimiento evangélico (pentecostal y fundamentalista), no muestra una tendencia hacia el crecimiento. Por esta razón el impacto de estas iglesias en el campo electoral es casi insignificante si se lo compara con el del movimiento evangélico conservador.


William Mauricio Beltrán es sociólogo y máster en Sociología de la Universidad Nacional de Colombia y doctor en Estudios sobre América Latina de la Universidad París III Sorbonne Nouvelle. Actualmente se desempeña como profesor asociado del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, y como investigador del Centro de Estudios Sociales (CES) de la misma Universidad. Entre las diversas problemáticas que han copado su interés se destacan la pluralización religiosa y su impacto en los campos cultural y político, los procesos de secularización y laicidad y la emergencia de nuevas identidades y creencias. Ha publicado diversos libros y artículos sobre estos temas.

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