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Entre gritos y silencios. La narrativa de la prensa salvadoreña sobre la tregua entre pandillas

El 14 de abril de 2012, en un discurso en la Cumbre de las Américas, el presidente Mauricio Funes anunció que su país estaba experimentando un día clave en su historia: El Salvador había tenido su primer día sin homicidios en casi tres años. Esto fue atribuido a la llamada «tregua» entre las pandillas ms-13 y Barrio 18. La drástica reducción de los asesinatos en el mes siguiente posicionó la tregua como una estrategia exitosa. Pero todo esto operó sobre un discurso de la prensa escrita que contribuyó a reforzar la representación de las pandillas como el único enemigo de la paz y la seguridad en El Salvador y que justificó la presencia de la Fuerza Armada en la seguridad interna.

Entre gritos y silencios. La narrativa de la prensa salvadoreña sobre la tregua entre pandillas

El 14 de marzo de 2012, el periódico El Faro informó del traslado de 30 líderes pandilleros de la cárcel de máxima seguridad a otros centros penitenciarios, una medida que, según el medio, obedecía a una negociación del gobierno con las pandillas a cambio de la reducción de los homicidios, más concretamente, la tregua entre las pandillas Mara Salvatrucha 13 (MS-13) y Barrio 18. La noticia dio lugar a una serie de explicaciones particularmente contradictorias por parte de las autoridades, pero un dato se confirmaba como cierto: el descenso de los homicidios en 53% a partir del traslado de los reos. El 14 de abril de 2012, el presidente Mauricio Funes anunció en un discurso en la Cumbre de las Américas que su país estaba experimentando una jornada clave en su historia: El Salvador tenía su primer día sin homicidios en casi tres años.

David Munguía Payés, ministro de Justicia y Seguridad1, había venido afirmando que la guerra entre pandillas era la causante de 90% de los homicidios registrados en el país durante los últimos diez años. La drástica reducción de homicidios experimentada desde la entrada en vigencia de la tregua parecía confirmar su tesis. Sin embargo, la credibilidad de la tregua fue objeto de debate en varios sectores de la sociedad. Algunos señalaban que el proceso era un «milagro», una verdadera «conversión», una «intervención divina». Otros denunciaban que la negociación había sido indebida e interpelaban al ministro para esclarecer la verdad de los hechos.

Pero el debate sobre pandillas y seguridad pública no comenzó con la tregua. El discurso periodístico ha mantenido la tesis de que estos grupos constituyen el principal enemigo de la seguridad en el país. Ante esta amenaza, los medios han señalado a la Fuerza Armada como la única capaz de hacerles frente. El objetivo de este texto es mostrar cómo se ha construido ese discurso. Interesa identificar las tendencias e ideas que la prensa escrita posicionó en la opinión pública respecto a este tema y las implicaciones que esto tiene para la sociedad salvadoreña. Para el estudio, se revisaron 322 artículos publicados desde junio de 2009 hasta mayo de 2012 en los periódicos impresos El Mundo, La Prensa Gráfica, El Diario de Hoy y Diario Co Latino; y los periódicos digitales Contrapunto y El Faro.

El enemigo único

El 1 junio de 2009, en el discurso de toma de posesión, el recién elegido presidente Mauricio Funes hizo referencia a un circuito de «terror y de miedo» que era generado no solo por el narcotráfico, sino también por «las pandillas y bandas menores, no por eso menos sádicas y peligrosas»2. Ante la impunidad de las pandillas, que transformaban barrios y comunidades en territorios libres para sus delitos, el presidente ofreció «luchar día tras día, para imponer la ley y el orden en este submundo de antiley e inhumano»3. Horas después, anunció que el general Munguía Payés sería el titular del Ministerio de la Defensa y Manuel Melgar, del Ministerio de Justicia y Seguridad.

A partir de ese momento, la prensa escrita posicionó la preocupación por el papel que jugaba la Policía Nacional Civil y por la necesidad de reforzar la seguridad con la presencia del Ejército. El 10 de junio de 2009, La Prensa Gráfica publicó una entrevista en la que el general afirmaba que «ninguna policía puede investigar 300 muertes al mes»4. Según Munguía Payés, las capacidades de los organismos de seguridad pública en El Salvador habían sido sobrepasadas por la delincuencia y, en una situación de tal crisis, la colaboración de la Fuerza Armada en tareas de seguridad pública estaba más que justificada: «No es una misión de la Fuerza Armada, pero nosotros lo vamos a cumplir con eficiencia y con empeño en la medida de que el presidente de la República y comandante general de la Fuerza Armada lo ordene»5. Según señaló el ministro, la Constitución facultaba al presidente para «utilizar la Fuerza Armada en actividades de seguridad pública cuando hay una crisis, o las capacidades de los organismos de seguridad pública han sido sobrepasados por la delincuencia»6. La nota de La Prensa Gráfica se dedicó a reproducir el discurso de la fuente oficial sin contrastar con alguna voz crítica en torno de las medidas que se señalaban.

A partir de junio de 2009, varias de las notas publicadas por La Prensa Gráfica se ocuparon del discurso del general Munguía Payés sobre la incapacidad de la policía para controlar la delincuencia, que se expresaba en el alto índice de homicidios y extorsiones7. Si bien algunas notas mostraban voces disonantes respecto a la participación de la Fuerza Armada en tareas de seguridad pública, la cobertura se caracterizó por visibilizar las propuestas planteadas por el general: elaborar un plan a fin de reducir los índices delincuenciales y de narcotráfico en el país con acciones que irían más allá de patrullajes conjuntos entre el Ejército y la Policía.

El 16 de septiembre de 2009, dos periódicos, La Prensa Gráfica y Diario Co Latino, publicaron las declaraciones del director de la Policía Nacional Civil, Carlos Ascencio, en donde sostenía la hipótesis de que el incremento de la delincuencia se explicaba a partir del vínculo entre el narcotráfico y las pandillas. El énfasis del discurso periodístico fue visibilizar el crimen organizado, no mediante una investigación periodística, sino a través de las declaraciones de las fuentes oficiales. La nota de ese día del Diario Co Latino destacó que «los pandilleros son contratados por el crimen organizado para realizar sus actividades»8.

En octubre de 2009, las notas periodísticas de La Prensa Gráfica difundieron las propuestas del general Munguía en torno de la posible ampliación de las facultades de la Fuerza Armada para el combate de la delincuencia. Aunque de nuevo se dio espacio a algunas voces críticas, la constante fue que tanto la Policía Nacional como la Fiscalía estaban «rebasadas en la capacidad de investigar los principales delitos en el país: homicidios y extorsiones»9.

La cooperación de la Fuerza Armada en tareas de seguridad se extendió incluso hasta programas como el de protección a cultivos contra el robo y contrabando. Según los medios, los planes de seguridad del Ejecutivo evaluaban la posibilidad de utilizar a 6.500 militares para tareas de disuasión junto a la policía.