Tema central

En diálogo con "Los sertones", de Euclides da Cunha

A fines del siglo xix, las áridas y paupérrimas tierras del sertão brasileño fueron el escenario de una compleja rebelión mesiánica, que fue interpretada por el flamante régimen republicano como un movimiento de restauración monárquica. La expedición punitiva destinada a Canudos constituyó un acto de violencia fundante del Brasil del orden y el progreso. La complejidad de la obra de Euclides da Cunha, quien cubrió aquellas batallas como cronista, está constituida por esa ambivalencia de la civilización que contiene a la barbarie –y viceversa–. Esto es lo que vuelve sus reflexiones universales y siempre actuales a la hora de pensar la conformación de los Estados modernos.

En diálogo con "Los sertones", de Euclides da Cunha

Ausencia

Alguna vez leí: «Es el Facundo de Brasil». Se referían, claro está, al libro que origina este ensayo: Los sertones, de Euclides da Cunha1. Y no lo es. No lo es porque lleva al extremo aquello frente a lo cual Domingo F. Sarmiento se detiene: la develación ensayística de la ambigüedad profunda de lo real, esa condición por la cual la nitidez que nombran las palabras «civilización» y «barbarie» y que organiza la confrontación bélica o la pretensión disciplinaria es solo una bandera ilusoria para que tales hechos sean posibles. Porque en el Facundo, el reconocimiento de lo ambivalente o del valor de la cultura que se condena como bárbara restalla en algunas páginas, pero para ser rápidamente acallado en nombre de una guerra necesaria que continúa: la guerra que confronta al escritor con el gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas, en un duelo que imagina entre individuos pero en el que ellos encarnan sociabilidades y destinos diferentes. Y así, Sarmiento podrá decir que el combate con el Restaurador de las Leyes le da el sentido a su vida:

Para mí no hay más que una época histórica que me conmueva, afecte e interese, y es la de Rosas. Este será mi estudio único, en adelante, como fue combatirlo mi solo estimulante al trabajo, mi solo sostén en los días malos. Si alguna vez hubiera querido suicidarme, esta sola consideración me hubiera detenido, como a las madres que se conservan para sus hijos. Si yo le falto, ¿quién hará lo que yo hago por él?2

Basta esa cita para comprender que no hay campos nítidos, sino más bien una compleja estructuración de deseos y de juegos escénicos en los que no cumple un papel menor la dramaturgia sarmientina. Pero si Sarmiento va desde el tembladeral ensayístico que impide fijar los campos dicotómicos –en el Facundo hacia la nitidez falaz de un positivismo raciológico, Da Cunha hace el camino inverso y va desde la apología positivista de la civilización y los sacrificios necesarios –en los artículos periodísticos que escribe desde el campo de guerra– hasta la denuncia del crimen –en Los sertones–.

No es el Facundo entonces. Y vale insistir en ello porque es otro el subrayado que nos interesa: Los sertones no tiene paralelo en la ensayística y la literatura argentinas. Ese vacío hay que pensarlo. Porque es la oquedad de un testimonio que no se produjo acerca de los crímenes sobre los que se fundan los Estados nacientes. ¿O acaso el arrasamiento de ese poblado de la frontera nordestina, en 1897, por parte del Ejército de la joven República brasileña, no tiene un paralelo profundo en las avanzadas militares que corren la frontera argentina hacia el Río Negro por el sur y hacia el Chaco por el norte aniquilando a las poblaciones indígenas? La masacre de Canudos se inscribió, por la vía del ensayo de Da Cunha, en el centro mismo de una historia nacional. O, más bien, en las memorias populares y en las apuestas políticas y estéticas que encontrarían en ese pueblo sacrificado la piedra de toque de las injusticias incesantes.Los sertones es lo que nos falta en Argentina, si vemos en él la constatación de un crimen fundacional y la puesta en crisis de la categorización positivista, pero también la del maniqueísmo inscripto en la dicotomía «civilización y barbarie». Solo que en el libro de Euclides da Cunha hay que correr mucha maleza, limpiar las imágenes que arrastra una lengua forjada por la ciencia positiva vuelta ideología de la República, para encontrar el movimiento fundamental, aquel que lleva a denunciar como criminal lo que se presentaba como épica civilizatoria. Pero Da Cunha va más allá, porque no denuncia el crimen solo en nombre de sus víctimas, sino como destrucción de las bases mismas de la nacionalidad.

Inversión de papeles

¿Quién ve en la guerra un crimen? Los sertones es un libro extraño3. Su autor no parece haberlo sido menos. Euclides da Cunha fue un ingeniero militar republicano y positivista. Discutió el Imperio, se retiró del Ejército, volvió con los fervores de la República. Mientras tanto se había convertido en periodista y escribía para el diario O Estado de São Paulo. En la otra punta del extenso país, en el Nordeste, un místico, Antônio Vicente Mendes Maciel, conocido como el Conselheiro, despertaba creencias y discipulados. Peregrinaba por el sertão desde mediados de la década de 1870, pero ante el triunfo republicano la peregrinación religiosa pareció derivar en rebelión. La anécdota es conocida: los peregrinos se asientan en Canudos –los números oscilan entre 25.000 y 35.000– y resisten tres expediciones punitivas. Solo la cuarta los vence y extermina a toda la población. No es fácil explicar lo que sucedió, tampoco para el extraordinario ensayo de Da Cunha.

¿Por qué el gobierno republicano tomó a su cargo, con tanta virulencia, la tarea de reprimir a un conjunto de campesinos religiosos? Hay quienes ven allí una tensión que proviene del orden de los conflictos de clase: la creación de una comunidad de creyentes que se daba su propia ley y su propia lógica de producción amenazaba la sumisa disciplina de los peones de las haciendas, del mismo modo en que la existencia del quilombo implicaba una posibilidad de rebelión para los esclavos. Era un lugar a donde fugar. En esta secuencia interpretativa se inscriben las recuperaciones posteriores de Canudos como una lucha campesina, desatada contra el coronelismo como lógica de dominación nordestina que había sido reforzada por el nuevo régimen político republicano. Precisamente, el sector de los coroneles habría solicitado la represión.

Pero no era este el argumento que se arrojaba a la opinión pública. La interpretación dominante en el momento era que el movimiento del Conselheiro –en actitud rebelde ya desde 1893– expresaba la reacción monárquica contra la República, y se veía en el campesinado, como había ocurrido durante la Revolución Francesa, el conservadurismo clerical. Y si la elite triunfante no podía dejar de imaginarse como émula de lo ocurrido en el país de los jacobinos ni de buscar allí las imágenes y los símbolos de su propia identidad4, no era fácil de evitar el desplazamiento interpretativo que hacía de los desharrapados nordestinos un grupo de rebeldes monárquicos. Esta narración es también la de los primeros artículos de Euclides da Cunha, que remite a Canudos como nuestra Vendeé y que comprende la lucha como una necesaria instancia civilizatoria.

  • 1. María Pía López: ensayista y doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (uba). Sus últimos libros son Hacia la vida intensa. Una historia de la sensibilidad vitalista (Eudeba, Buenos Aires, 2010) y la novela No tengo tiempo (Paradiso, Buenos Aires, 2010). Actualmente dirige en Buenos Aires el Museo del Libro y de la Lengua (Biblioteca Nacional).Palabras claves: civilización, barbarie, guerra, transfiguración, laberinto, barroco, ruinas, mestizaje, Euclides Da Cunha, Los sertones, Brasil.Nota de la autora: este artículo está dedicado a Horacio González, quien dio clases memorables sobre el libro de Da Cunha.. Las citas incluidas en este artículo pertenecen a la edición de Jackson, Buenos Aires, 1946, con traducción de Benjamín de Garay.
  • 2. Carta a Bartolomé Mitre, Río de Janeiro, 13 de abril de 1852 en D.F. Sarmiento: Campaña en el Ejército Grande, fce, México, df, 1958, p. 72.
  • 3. El libro tuvo herencias literarias como La guerra del fin del mundo de Mario Vargas Llosa y Un místico brasileño de R. B. Cunningham Graham, y presencias a lo largo de la cultura y la política de Brasil: desde los folhetos hasta el cine de Glauber Rocha, desde el mundo de los cangaceiros hasta las luchas campesinas contemporáneas.
  • 4. Cf. José Murilo de Carvalho: La formación de las almas. El imaginario de la República en el Brasil, Universidad Nacional de Quilmes, Bernal, 1997.