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En diálogo con "Las armas ideológicas de la muerte. El discernimiento de los fetiches. Capitalismo y cristianismo", de Franz Hinkelammert

Las armas ideológicas de la muerte irrumpió en los debates conceptuales de las izquierdas latinoamericanas a fines de los años 70. Allí, Franz Hinkelammert abordó el análisis de Marx sobre el fetichismo de la mercancía y criticó la interpretación simplista de la relación entre estructura y superestructura como mero reflejo. Si bien el fetichismo se refiere a la forma de percibir los resultados de la división social del trabajo coordinada a través del mercado, también alude a la manera de vivir el sistema institucional de las sociedades modernas. La teoría del fetichismo ayuda a reflexionar sobre los modelos de desarrollo vigentes, la actual crisis global y la falta de ideas alternativas para superarla.

En diálogo con "Las armas ideológicas de la muerte. El discernimiento de los fetiches. Capitalismo y cristianismo", de Franz Hinkelammert

Las cosas aparecen como lo que son (…) pero no aparecen como lo que no son (…) y tampoco aparecen como lo que deberían ser.Franz Hinkelammert1Corría 1980, año de álgidos y vertiginosos cambios en Centroamérica. A partir de julio de 1979, el triunfo de la Revolución Sandinista en Nicaragua había mostrado que los modelos de desarrollo económicos y las estructuras políticas imperantes no solo estaban anquilosados y caducos, sino que tampoco eran capaces de dar respuesta a los procesos de efervescencia social que se multiplicaban por todos los poros y rincones de los países de la región. El golpe militar reformista del 15 octubre de 1979 desataba cambios insospechados en El Salvador; la intensidad de la guerra interna en Guatemala aumentaba notablemente; Honduras aceleraba sus procesos de reforma política para tratar de contener las tensiones y mantenerse al margen de la ebullición de los países vecinos. Las grandes superpotencias antagónicas de aquella época, la Unión Soviética y Estados Unidos –sobre todo después de la llegada de Ronald Reagan al poder–, también habían decidido que Centroamérica era un lugar demasiado importante para sus intereses geopolíticos y que algo más que su prestigio se estaba jugando en ese estrecho pedacito de tierra que unía Norteamérica y Sudamérica. Los conflictos políticos se iban transformando en guerras internas, con sus secuelas de violencia: los asesinatos, las venganzas, los secuestros, pero sobre todo, el lamento de familias enteras buscando por los barrancos a aquellos que eran señalados, torturados y simplemente desaparecidos. Magnicidios como el de monseñor Oscar Arnulfo Romero en El Salvador presagiaban que el costo humano de estos procesos polarizados sería monumental e irreparable.

Todo eso sucedía a principios de 1980, año en el cual tuve la oportunidad de iniciar estudios en Tegucigalpa, en el Posgrado Centroamericano de Economía y Planificación del Desarrollo en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). El posgrado, apoyado en aquel entonces por el Consejo Superior Universitario de Centroamérica (CSUCA) y agencias europeas de cooperación, tenía ciertamente un nombre bastante sugestivo, pues era difícil imaginarse de qué economía y de qué desarrollo estábamos hablando, pero sobre todo, sobre qué entornos debíamos planificar, dada la vorágine de los acontecimientos y los cambios políticos que se sucedían en la región.

El director del posgrado en aquella época era Franz Hinkelammert, economista de nacionalidad alemana pero con el alma profundamente latinoamericana, quien desde finales de los años 60 había hecho de nuestro continente su segunda patria. Hinkelammert se había radicado primero en Chile, donde había contribuido creativa y críticamente a las discusiones sobre las emergentes teorías del subdesarrollo y la dependencia. Después del golpe de Estado que derrocó al gobierno democrático de Salvador Allende y que lanzó al exilio a miles de profesionales, académicos, líderes sindicales y políticos, migró a otras tierras. Para nuestra suerte, Hinkelammert optó por radicarse en Centroamérica, y así los estudiantes del posgrado en Tegucigalpa tuvimos la oportunidad de tenerlo como catedrático y escuchar sus conferencias magistrales sobre temas variados, que iban desde la economía política hasta la epistemología de las ciencias sociales.

Con más de dos metros de altura, este corpulento teutón de sonrisa bonachona y contagiosa, barba espesa y español martillado, nos iba introduciendo paso a paso en la lógica de los autores de la economía política clásica, al igual que en los textos de los principales exponentes de las teorías neoclásicas y neoliberales. Pensadores como Adam Smith, David Ricardo, Karl Marx, Max Weber, Alfred Marshall, Vilfredo Pareto, Piero Sraffa, Joan Robinson, Karl Popper, Friedrich Hayek y Milton Friedman iban desfilando uno a uno y eran analizados críticamente desde sus fuentes originales y su coherencia, o incoherencia lógica interna, y no a través de la lógica y la explicación de terceros, o de los infaltables «manuales de economía política» reduccionistas de aquellos años. Recuerdo también la «competencia desleal» que a veces tenía que enfrentar Hinkelammert en sus clases cada vez que empezaban a sonar en el campus universitario los parlantes de diversos grupos políticos, posiblemente convencidos de que lanzando sus mensajes y música de protesta a todo volumen a las 10 de la mañana a través de los recintos universitarios iban a ser capaces no solo de argumentar y convencer, sino de transformar la realidad. Su paciencia para retomar los argumentos una vez que los parlantes callaban era bastante notable.

Algunos de los alumnos de aquella promoción del posgrado formamos junto con Hinkelammert un círculo de discusiones que se reunía los viernes por la noche a conversar en forma amena sobre literatura, así como sobre películas muy variadas que habíamos visto recientemente. Los libros analizados iban más allá de los textos obligados que leíamos como parte del pensum del posgrado. Al grupo lo denominamos «viernes-metafísicos», y en el momento culminante de las discusiones siempre teníamos una cerveza o una pequeña botella de ron a mano para que nos «ayudara» a hacer más placenteras, profundas y llevaderas esas conversaciones sin igual. Con varios de sus integrantes, incluyendo a Hinkelammert, por supuesto, hemos conservado una amistad entrañable que ha perdurado ya por más de tres décadas. Y, no solo por esa amistad, sino por la validez y profundidad del análisis y los mensajes que ellos contienen, los libros de Hinkelammert me han acompañado por más de diez países en varios continentes en los cuales por razones de trabajo me ha tocado vivir. Siempre me han servido como un punto de referencia para volver a entender los complejos procesos actuales de desarrollo socioeconómico en el mundo. Pero sobre todo, lo que siempre me ha impresionado cuando vuelvo a releer sus libros, es la capacidad de Hinkelammert para referirse a la cambiante realidad mundial, entendida hoy día como «globalización», desde núcleos metodológicos que le permiten a uno discernir, siguiendo una coherencia lógica interna impecable y una secuencia crítica en apariencia simple, pero sólidamente argumentada, los marcos categoriales que forman el andamiaje básico de las distintas corrientes que han dominado las ciencias sociales y económicas, al igual que sus representaciones más ideologizadas de nuestra época en las últimas décadas.

  • 1. Alfredo Stein: economista guatemalteco y doctor en Filosofía de la Ingeniería por la Universidad de Lund (Suecia). Es catedrático en Planificación del Desarrollo Urbano en la Universidad de Manchester (Reino Unido). Ha trabajado en temas de pobreza urbana, adaptación al cambio climático y vivienda popular en países de África, Asia y América Latina. Palabras claves: modelos de desarrollo, fetichismo de la mercancía, capitalismo, globalización, división social del trabajo, epistemología, ciencias sociales, Franz Hinkelammert, Las armas ideológicas de la muerte. El discernimiento de los fetiches. Capitalismo y cristianismo.Nota del autor: Agradezco a Augusto Serrano López y a Salvador Martí i Puig por el apoyo que me dieron para que pudiera concluir este artículo en medio del calor y los zancudos, así como los variados olores y colores que impregnaban y adornaban el ambiente en los barrios pobres de la ciudad de Pondicherry, India, donde estuve haciendo un trabajo de investigación en febrero de 2012. . Las armas ideológicas de la muerte, Educa, San José de Costa Rica, 1977, p. 56.