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En Cuba todo sigue distinto

La normalización de las relaciones entre Washington y La Habana marcó un punto de inflexión en medio siglo de tensiones y enfrentamientos en el marco de la Guerra Fría. En estos años, muchas cosas están cambiando en la isla; sin embargo, el descongelamiento de los vínculos con el vecino del Norte ha tenido como efecto, en apariencia paradójico, una ralentización del proceso de reforma en el interior de la isla. Son variados los temores de la elite política frente a una aceleración descontrolada de los cambios, pero, al mismo tiempo, la reforma no parece tener vuelta atrás.

En Cuba todo sigue distinto

Desde el 17 de diciembre de 2014, cuando se anunció una normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, todo y nada ha cambiado en la isla. Ese paso histórico fue seguido por la apertura de embajadas en La Habana y en Washington, junto con otras medidas dirigidas a ratificar el deshielo. En marzo de 2016, Barack Obama visitó finalmente la capital cubana y se convirtió así en el primer presidente estadounidense en ejercicio que lo hacía después de casi nueve décadas. El comienzo de la normalización trajo a la isla una avalancha de visitantes jamás vista. Las cifras de turismo se dispararon, incluida la llegada de estadounidenses. Surgió así un continuo ir y venir de invitados de primera línea, con numerosos jefes de Estado y ministros acompañados por delegaciones de empresarios. También visitó el país el papa Francisco, quien desempeñó un importante papel de mediador en las negociaciones secretas con eeuu; y cada vez son más las estrellas internacionales del arte y la cultura que se presentan en los escenarios de La Habana. El acercamiento de estos dos vecinos tan diferentes ha despertado grandes expectativas en Cuba y en el extranjero, y el presidente Obama aprovechó sus plenos poderes presidenciales para atenuar las sanciones económicas contra el histórico enemigo socialista. No obstante, más allá de toda la euforia por el descongelamiento de las relaciones, la esperanza de poner fin rápidamente a las sanciones y de acelerar el proceso de reformas y los desarrollos internos a partir de los cambios en la política exterior se ha visto defraudada. Incluso después de la histórica visita de Obama, el bloqueo económico estadounidense continúa vigente, y con Donald Trump en la Casa Blanca, el cierre de la cárcel de Guantánamo está más lejos que nunca. El proceso de reformas iniciado por Raúl Castro ha mostrado un estancamiento. El vii Congreso del Partido Comunista de Cuba (pcc), celebrado en abril de 2016, estuvo marcado, en la esfera política, por la continuidad personalista y la falta de transparencia durante la preparación; así, no logró dar respuesta a las urgentes cuestiones vinculadas a una configuración a largo plazo del sistema político y el modelo de desarrollo.

En 2018 Raúl Castro traspasará el bastón de mando y hasta entonces se debe poner en marcha una reforma constitucional con el fin de tener en cuenta los cambios producidos en el país. Pero mientras un proceso de consulta nacional debate sobre la reforma del modelo socialista hasta 2030, se va expandiendo una especie de «resaca». Crece visiblemente la brecha social y se reducen las esperanzas de mejorar las precarias condiciones de vida de gran parte de la población en un futuro más o menos próximo. Pese al auge del sector turístico, se prevé una economía con crecimiento negativo para 2016. La crisis de la «hermana» Venezuela, pero también el inicio del pago regular de la deuda externa cubana, agudizan la falta de liquidez y dificultan las inversiones que se requieren de manera urgente en las áreas de infraestructura e innovación económica. La racionalización del suministro de energía adoptada en el verano de 2016 despertó amargos recuerdos del «Periodo Especial», como se denominó oficialmente la traumática crisis económica ocurrida tras la caída de la Unión Soviética. Debido al estancamiento político y económico, muchos cubanos apuestan a proyectos privados o aprovechan la libertad de viaje introducida en 2014 para ir a vivir a otros países.

¿Qué bola, Trump?

En suma, los cambios en las relaciones no han alcanzado las expectativas y no se sabe qué rumbo tomará eeuu cuando finalice el mandato de Obama. El proceso de normalización incluyó un intercambio inicial de presos políticos, entre ellos los «cinco héroes» idolatrados en Cuba (que habían sido condenados a muchos años de prisión en eeuu bajo supuestos cargos de espionaje) y el ciudadano estadounidense Alan Gross (a su vez encarcelado por espionaje en la isla). Adicionalmente, Cuba fue borrada de la lista de «países patrocinadores del terrorismo». Y finalmente se abrieron embajadas en Washington y La Habana, aunque aún no hay embajador en la capital cubana debido a la resistencia del Senado estadounidense.

Paulatinamente, eeuu ha ido levantando las restricciones impuestas a sus propios ciudadanos, que ahora ya pueden viajar a la isla de manera particular. Además, aumentó considerablemente el monto permitido anualmente de las remesas enviadas a familiares en Cuba, se redujeron las limitaciones al tráfico marítimo y se reanudaron los vuelos directos entre ambos países, que de acuerdo con el convenio firmado podrían ascender a 110 por día (aunque desde hace tiempo los aeropuertos cubanos operan por encima de su capacidad y requieren una ampliación, lo que presupone importantes inversiones). En el marco de la visita de Obama, también se restableció el servicio postal directo entre ambos países, aunque hasta la fecha no se materializó el anuncio simultáneo de utilizar el dólar estadounidense para las transacciones internacionales con Cuba.

La Casa Blanca ha impulsado decididamente un cambio a través del acercamiento y ha puesto el futuro del país en manos del pueblo cubano, aunque inicialmente dejó en claro que su reorientación política no implicará renunciar al objetivo de un cambio de régimen1. Ante este panorama, la ofensiva de seducción de Obama ha renovado el recelo y la desconfianza en las autoridades cubanas2. Se temía que la nueva estrategia de brazos abiertos pudiera ser en realidad solo un medio más efectivo para lograr el viejo objetivo del «Imperio». Para el socialismo tropical, la intensificación del intercambio entre los cubanos de eeuu y los de la isla podría ser más desestabilizadora que las acciones confrontativas y represivas de los anteriores gobiernos estadounidenses. Después de que se haya cerrado el histórico periodo de la presidencia de Obama, habrá que ver qué prioridad tendrá Cuba en la futura agenda de eeuu y si se producirá el anunciado levantamiento del bloqueo, lo cual requiere aprobación del Congreso. Donald Trump señaló su intención de dar marcha atrás con la normalización, aunque en la década de 1990 él mismo había explorado la posibilidad del mercado cubano para su cadena hotelera. El gobierno cubano reaccionó a las elecciones estadounidenses con una serie de ejercicios militares para estar preparado frente a virtuales «acciones del enemigo», medida que se tomó por primera vez como reacción a la elección de Ronald Reagan. Podría desarrollarse una dinámica que lleve a un nuevo congelamiento de las relaciones.

  • 1.

    Recién en octubre de 2016, a través de la «Directiva Presidencial de Políticas para la Normalización entre eeuu y Cuba», la Casa Blanca declaró explícitamente que no busca un cambio de régimen y que eeuu no puede imponer un modelo diferente contra la voluntad del pueblo cubano, pero que el gobierno estadounidense seguirá trabajando en favor de la democracia junto con sus socios de la sociedad civil cubana. El documento está disponible en https://cu.usembassy.gov/es/directiva-presidencial-de-politicas-para-la-normalizacion-entre-los-ee-uu-y-cuba/. Ver Carlos Alzugaray Treto: «La Directiva Política Presidencial 43 y la política hacia Cuba» en Cuba Posible, 17/10/2016.

  • 2.

    V. por ejemplo las movilizaciones en contra del programa «World Learning» en Lauren Céspedes Hernández: «Todo por Cuba y la voluntad de conquistar un mismo sueño» en Granma, 24/9/2016.