Tema central

Empresarios e izquierda: dos mundos que se acercan

La reconfiguración del sistema económico mundial, la hegemonía del neoliberalismo y la democratización de América Latina han generado una profunda transformación en los empresarios, quienes ocupan hoy un lugar central en la economía y la sociedad. La izquierda, por su parte, se vio obligada a moderar su discurso y a correrse hacia el centro del escenario político. Se trata, en ambos casos, de un pragmatismo con sentido positivo, que flexibiliza y ensancha el horizonte de convivencia y resulta fundamental para la gobernanza de los sistemas políticos de la región. Como demuestra el caso de Chile, la cooperación entre empresarios e izquierda, antes impensable, es hoy crucial para enfrentar los desafíos de los acuerdos comerciales, mejorar la competitividad internacional e insertarse exitosamente en el mundo globalizado.

Empresarios e izquierda: dos mundos que se acercan

Introducción

A pesar de lo que la mayoría de la gente piensa, no siempre los empresarios adscriben a la derecha. Podemos, en efecto, encontrar grupos significativos vinculados al centroizquierda. Los empresarios, ya no digamos entre las diferentes naciones de América Latina sino incluso dentro de un mismo país, revisten profundas diferencias en lo político y en lo económico. Sus intereses son heterogéneos y atraviesan distintas díadas: grandes-pequeños; agricultores-industriales; industriales-financieros; abiertos-proteccionistas; nacionales-locales, etc. Por lo tanto, no se puede hablar genéricamente de «los empresarios» o «el empresariado» si lo que se pretende es determinar pautas de comportamiento ante algún problema, situación o tema en particular. No obstante lo anterior, puede afirmarse que la mayoría de los empresarios comparten una idea de sí mismos (una ideología) que les da unidad y los aglutina. Además, existe una representación legalmente reconocida y políticamente legitimada (tanto por los propios empresarios como por el gobierno y los actores fundamentales del sistema político), lo que nos permite hablar, en forma genérica, de «los empresarios». Es a esos líderes empresariales a los que nos referiremos en este trabajo, y a la cúpula de la organización empresarial como actor principal.

En términos generales, podemos identificar dos características del empresariado latinoamericano: por una parte, su diversidad y heterogeneidad, que se expresan cuando se instrumentan políticas económicas concretas (por ejemplo, la política industrial); y por la otra, su cohesión y unidad, que dependen del tipo y grado de amenaza a los elementos fundamentales del statu quo, ante lo cual desarrollan acciones políticas concretas y efectivas. Así, en la historia latinoamericana podemos observar que, cuando los aspectos básicos del orden establecido han sido puestos en cuestión, los empresarios han respaldado regímenes autoritarios, incluso militares, debido a que garantizaban los derechos de propiedad, el orden y la autoridad. Los casos de Perú durante el fujimorismo, Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet y México durante gran parte de los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) son ejemplos de la variedad de modos de convivencia entre el actor empresarial y el gobierno en un contexto no democrático (Flores Andrade 2000 y 2004). Pero también son ejemplos de cómo, independientemente del régimen político, los empresarios han redefinido su relación con los gobiernos de turno para conseguir sus propósitos individuales o corporativos (Acuña; Durand; Flores Andrade 2004; Mancilla 1995).

En este proceso, el empresariado comenzó a ubicarse como un sujeto económico y político de suma importancia dentro de los sistemas políticos de la región (Garrido). Los procesos de transición a la democracia, la «escasa» representación del sector empresarial en el sistema político, la mala imagen que la sociedad tenía del empresariado y, fundamentalmente, los procesos de ajuste económico estructural provocaron una fuerte reacción por parte de los empresarios. En efecto, la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, la Confederación de la Producción y el Comercio de Chile, el Consejo Coordinador Empresarial de México, la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela, la Unión Industrial Argentina y la Cámara Industrial de Uruguay, entre otras, se implicaron de diversas maneras en los procesos políticos y económicos de sus respectivos países.

En las líneas que siguen, argumentamos que la reconfiguración del sistema económico mundial, la hegemonía ideológica del neoliberalismo y la generalización de la democracia política han generado una profunda transformación, tanto en los empresarios como en la izquierda latinoamericana. Esto ha sido fundamental para, por un lado, atenuar la fobia tradicional del empresariado frente a los gobiernos de izquierda; y, por otro, para que la propuesta de cambios revolucionarios o sistémicos enarbolados durante mucho tiempo por la izquierda se sustituyera por iniciativas de reformas dentro del modelo de economía de mercado y democracia pluralista. Como ilustración de lo anterior, se expone brevemente la experiencia de los gobiernos de la Concertación chilena y su relación con los empresarios.

Las transformaciones del empresariado

El papel de los empresarios y sus organizaciones en los sistemas políticos de la región se ha modificado en las últimas dos décadas. La reconfiguración del sistema económico mundial, la transición a la democracia y la consolidación de la economía de mercado han modificado las pautas tradicionales de la relación empresarios-gobierno. La tradicional «subordinación al Estado» y la «apatía» frente a la política se revirtieron a partir de las décadas del 70 y 80, cuando se inició una paulatina e irreversible politización del empresariado. En naciones tan disímiles como México, Brasil, Perú, Bolivia, Argentina y Chile, éste comenzó a experimentar cambios en su estructura organizativa, en su mentalidad e ideología, así como en sus relaciones con el Estado, los partidos políticos y la sociedad. La transición a la democracia y, posteriormente, la ola neoliberal no se limitaron a sustituir a los militares por civiles, ni a una serie de medidas económicas: incluyeron un movimiento económico, político e ideológico destinado a enterrar el modelo de crecimiento por sustitución de importaciones y el Estado benefactor.

En estos procesos de reformas, los empresarios jugaron un papel fundamental: no solo las promovieron e impulsaron, sino que se constituyeron en el actor privilegiado del modelo económico. De forma individual o colectiva, apoyaron las estrategias de política económica de los gobiernos y, en muchos casos, cumplieron funciones de asesoría institucional, como ocurrió en México y Chile. En ese sentido, la relación entre los empresarios (en especial, los más poderosos) y los gobiernos tendió más a la colaboración que al conflicto.