Opinión

El secreto del éxito de Donald Trump

Aunque las últimas semanas no han sido buenas para Trump, el fenómeno sigue vigente. ¿Cuáles son las verdaderas razones de su éxito?

El secreto del éxito de Donald Trump

Donald Trump se está imponiendo en las primarias presidenciales republicanas a un paso tal que parece probable que se convierta en el próximo candidato republicano a la Presidencia, y tal vez en el próximo presidente. Los demócratas no entienden muy bien por qué gana y con tanta comodidad, y muchos republicanos no lo ven como uno de los suyos y están tratando de detenerlo, pero no saben cómo. Hay varias teorías: la gente está enojada y él le habla a su enojo. La gente no tiene una buena opinión del Congreso y quiere a alguien que no provenga de la política. Ambas ideas pueden ser válidas. Pero ¿por qué? ¿Cuáles son los detalles? ¿Y por qué Trump?

Mucha gente está desconcertada. Trump parece haber salido de la nada. Sus opiniones sobre diversas cuestiones no se ajustan al molde común.

Le gusta Planned Parenthood, el seguro social y Medicare, y esas no son posturas republicanas estándar. Los republicanos odian la doctrina del dominio eminente (la expropiación de propiedad privada por parte del Estado) y aman el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), pero Trump sostiene la opinión opuesta en ambas cuestiones. No es un hombre religioso y desprecia las prácticas religiosas, sin embargo los evangélicos (mejor dicho, los evangélicos blancos) lo aman. Piensa que el seguro de salud y las empresas farmacéuticas, así como los contratistas militares, obtienen demasiadas ganancias y quiere cambiar eso. Insulta a los principales grupos de votantes, por ejemplo a los latinos, mientras la mayoría de los republicanos trata de seducirlos. Quiere deportar a 11 millones de inmigrantes indocumentados y piensa que puede hacerlo. Quiere impedir el ingreso de musulmanes al país. ¿Qué está pasando?

La respuesta requiere la explicación de algunos antecedentes que no se han discutido en los medios hasta ahora.

Algunos antecedentes…

Trabajo en ciencias cognitivas y en el estudio del cerebro. En la década de 1990, me dediqué a buscar la respuesta a una pregunta de mi campo: ¿cómo encajan entre sí las diferentes posturas políticas de los conservadores y los progresistas? Tomemos el conservadurismo: ¿qué tiene que ver estar en contra del aborto con estar a favor de la posesión de armas? ¿Qué tiene que ver la posesión de armas con negar la realidad del calentamiento global? ¿Cómo encaja ser anti-Estado con querer un ejército más fuerte? ¿Cómo se puede ser provida y estar a favor de la pena de muerte? Los progresistas sostienen las ideas opuestas. ¿Cómo se armonizan sus puntos de vista?

La respuesta provino de la comprensión de que tendemos a entender la nación metafóricamente en términos familiares: tenemos padres fundadores. Enviamos a nuestros hijos e hijas a la guerra. Tenemos seguridad doméstica. Las visiones conservadoras y progresistas, que dividen a nuestro país, pueden entenderse con mucha facilidad en términos de visiones morales que se encuentran encapsuladas en dos modelos diferentes de vida familiar: el de los padres protectores (visión progresista) y el del padre estricto (visión conservadora).

¿Qué tienen que ver los temas sociales y la política con la familia? Somos gobernados en primer lugar dentro de nuestras familias, y por lo tanto crecemos entendiendo las instituciones de gobierno en términos de los sistemas de gobierno familiar.

En el caso de la familia de padre estricto, el padre sabe qué es lo mejor para sus hijos. Puede distinguir lo bueno de lo malo y tiene la autoridad definitiva para asegurarse de que su esposa y sus hijos hagan lo que dice, que se considera lo correcto. Muchas esposas conservadoras aceptan esta visión, sostienen la autoridad del padre y son estrictas en los dominios de la vida familiar de los que están a cargo. Cuando los hijos desobedecen, es obligación moral del padre castigarlos causando el suficiente dolor como para que en el futuro, para evitar el castigo, le obedezcan (hagan lo que está bien) y para que no hagan solo aquello que les dé placer. Mediante la disciplina física, se supone que los hijos se vuelven disciplinados y capaces de prosperar en el mundo exterior. ¿Y qué pasa si no prosperan? Eso significa que no son disciplinados y que por lo tanto no pueden ser morales y merecen su pobreza. Este razonamiento aparece en la política conservadora en la que los pobres son percibidos como vagos que no merecen nada y los ricos, como merecedores de su riqueza. La responsabilidad se toma entonces como responsabilidad personal y no como responsabilidad social. Aquello en lo que uno se convierte depende de uno mismo; la sociedad no tiene nada que ver con eso. Uno es responsable de sí, no de los demás, y los demás son responsables de sí mismos.

Ganar e insultar

Como decía Vince Lombardi,el legendario entrenador de los Green Bay Packers, «Ganar no es todo. Es lo único». En un mundo gobernado por la responsabilidad personal y la disciplina, quienes ganan merecen ganar. ¿Por qué Donald Trump insulta públicamente y sin piedad a los demás candidatos y líderes políticos? Muy sencillo: porque sabe que puede ganar en un juego de insultos para la televisión. A los ojos de un conservador, eso lo convierte en un formidable candidato ganador que merece serlo. La competencia electoral se percibe como una batalla. Los insultos que «prenden» son considerados victorias, y victorias merecidas.

Veamos por ejemplo la declaración de Trump en la que niega que John McCain sea un héroe de guerra. El razonamiento: McCain recibió un disparo. Los héroes son ganadores. Derrotan a los tipos malos. No los bajan de un disparo. Quienes son heridos, molidos a golpes y encerrados en una celda son perdedores, no ganadores.

La jerarquía moral

La lógica del padre estricto va más allá. La idea básica es que la autoridad se justifica por la moralidad (la versión del padre estricto), y que en un mundo bien ordenado debería haber (y tradicionalmente ha habido) una jerarquía moral en la que aquellos que han dominado debían dominar. La jerarquía es: Dios por encima del Hombre, el Hombre por encima de la Naturaleza, los Disciplinados (los Fuertes) por encima de los Indisciplinados (los Débiles), los Ricos por encima de los Pobres, los Empleadores por encima de los Empleados, los Adultos por encima de los Niños, la Cultura Occidental por encima de las otras. Nuestro País por encima de los demás. La jerarquía se extiende a los Hombres por encima de las Mujeres, los Blancos por encima de los No Blancos, los Cristianos por encima de los No Cristianos, los Heterosexuales por encima de los Homosexuales.