Entrevista

Los dilemas del MAS boliviano: atrincheramiento o renovación

Fernando Mayorga, sociólogo e investigador boliviano, analiza los procesos de institucionalización que se desarrollaron con los gobiernos nacional-populares a la luz del giro político que vive la región. En breve publicará su libro sobre el referendo boliviano de febrero de este año, que anula la posibilidad de que Evo Morales se postule nuevamente como candidato presidencial en 2019. Nuevas configuraciones políticas y un panorama incierto para Bolivia en un contexto político y económico inestable

Los dilemas del MAS boliviano: atrincheramiento o renovación

Entrevista realizada por Julia Goldenberg


En virtud de la crisis de los gobiernos progresistas ¿considera que se terminó un ciclo político en América Latina y, en tal caso, a qué atribuye este desenlace?

Estamos en un momento de inflexión. El giro a la derecha en Argentina es evidente por el tipo de políticas económicas y sociales que ha adoptado el gobierno de Macri en escasos meses en el ejercicio del poder. Los otros casos, por ahora, presentan procesos políticos abiertos y el desafío central que enfrentan los gobiernos progresistas o nacional-populares es el agotamiento de un ciclo de disponibilidad de excedente económico que le daba centralidad al Estado en la economía. Ese es un primer tema que hay que resolver. En algunos casos, como el boliviano y el ecuatoriano, lo están encarando con cierta flexibilidad y adoptando políticas heterodoxas. Es decir, no manifiestan una postura reduccionista en términos estatales sino que expresan, por el contrario, una búsqueda de acuerdos y cooperación o de convenios con inversión extranjera y poderes económicos locales. En este punto, es posible ver más viabilidad en Bolivia y Ecuador que en Venezuela. Una segunda dimensión es el rol del líder. Todos estos procesos políticos han sido articulados en torno a liderazgos carismáticos muy fuertes. Alcanza, de hecho, con observar y analizar el papel actual de Lula en el Partido de los Trabajadores (PT) en Brasil o lo que sucede en Argentina cuando se buscaba un candidato sustituto de Cristina Kirchner. Esos liderazgos carismáticos fuertes son, justamente, los que permiten articular las fuerzas. En el caso venezolano se ve la debilidad del gobierno de Nicolás Maduro, producto del vacío dejado por Hugo Chávez, mientras que en Bolivia se produjo la apuesta por la modificación constitucional para habilitar a Evo Morales a una nueva gestión, lo cual ha culminado en una derrota del oficialismo. Seguramente el MAS va a optar por un camino al estilo del PT, es decir, buscará un candidato para la siguiente elección con el objetivo de retornar en 2024. Es una forma de rutinización del carisma obligado por una derrota electoral (N. del E.: actualmente en el MAS surgen voces que piden repetir el referéndum y declaraciones de Morales sobre un «segundo tiempo» en el partido por la reelección). Finalmente, en Ecuador, Rafael Correa, que inicialmente optó por el camino de elegir un candidato para la próxima elección y retornar él en una subsiguiente, acabó planteando la posibilidad de un referéndum. Todos estos procesos que menciono exhiben a las claras que los procesos del progresismo y la izquierda nacional-popular latinoamericana han tenido un fuerte grado de dependencia del liderazgo carismático y esto, lógicamente, expresa problemas, ya que estos procesos no se han institucionalizado en movimientos políticos. Si las distintas experiencias no logran resolver esa situación corren el riesgo de debilitarse de manera muy rápida, como ha ocurrido en Venezuela.

¿Qué lugar ocuparon las elites bolivianas en estos últimos años?

En Bolivia, en los últimos diez años, se han producido una serie de transformaciones económicas, políticas y socioculturales. Una de ellas es, justamente, la sustitución de las elites políticas en el manejo del Estado y un mayor protagonismo del Estado en la economía, que se ha traducido en una reducción de la influencia política y económica de las elites tradicionales. En este proceso habría que exceptuar, sin embargo, al sector más poderoso que es el de la agroindustria de la zona oriental de Bolivia, específicamente de Santa Cruz, el cual ha conseguido en los últimos dos años establecer un acuerdo con el Estado para una relación de mutuo beneficio. Cabe destacar, también, que en estos años se han mantenido altas ganancias del sector bancario privado.

Además de un liderazgo carismático que presenta limitaciones, ahora hay una derecha organizada e impulsada por diversos intereses económicos...

Después de una década de repliegue ante un avance político de sectores populares, lo que se observa ahora es una recuperación, por parte de este sector, de la iniciativa política. Ese avance de la derecha se produce aprovechando este debilitamiento de los gobiernos progresistas que no resolvieron el tema de la sucesión o la continuidad política y también, por sus dificultades en la construcción institucional bajo nuevas pautas constitucionales. En el caso boliviano encontramos muchos problemas y limitaciones, lo que provoca una fuerte dependencia del liderazgo de Evo Morales. Ahora hay que ver qué hace el MAS en los próximos años para resolver este tema a partir de una mirada estratégica que implique los tres desafíos fundamentales. El primero es la propia institucionalización del movimiento político. Es decir, cómo esta coalición de actores indígenas campesinos -la coalición nacional-popular- puede permanecer en el tiempo sin que dependa de un liderazgo personalizado. El segundo desafío es mantener la política económica sin que los avatares del mercado internacional afecten de manera decisiva la reproducción de este modelo centrado en el Estado. Y el tercer desafío es construir la nueva institucionalidad del Estado plurinacional que tiene un componente de descentralización a través de autonomías nacionales.

¿Cómo se organiza este panorama en relación con las bases sociales?

En una mirada comparativa con los gobiernos de izquierda de los últimos diez años, el caso boliviano es el único en el que se produce un liderazgo que emerge de la base sindical. Nace a partir de una trayectoria dirigencial de Evo Morales durante más de veinte años. El MAS es una coalición de organizaciones sindicales, campesinas, indígenas. Esto lo distingue de Ecuador, donde Correa organiza Alianza País desde el Estado, o con la revolución bolivariana, donde el movimiento político de apoyo a Chávez se articula también desde el aparato estatal y desde las Fuerzas Armadas. Son, para decirlo figurativamente, experiencias de construcción desde arriba de legitimidad del poder. En el caso boliviano esa construcción se produce desde abajo. A esto se suma el componente identitario, puesto que el liderazgo de Evo Morales tiene un elemento adicional y es que no solo representa intereses objetivos, materiales e instrumentales, sino que también presenta y refuerza las pautas identitarias que en el caso boliviano tuvieron consecuencias en términos de una reinterpretación de la historia. Hay, además, otro grado de democratización social, no solo por la movilidad socioeconómica y por la inclusión política sino también por los aspectos de discriminación y racismo: hoy se perciben mayores grados de tolerancia, de aceptación e inclusión. Esto se vincula directamente con la presencia de Evo Morales y la dirigencia campesina indígena en el ejercicio del poder.