Coyuntura

El panorama electoral en Argentina

El probable triunfo de Néstor Kirchner –o de su mujer– en las elecciones presidenciales de octubre de 2007 ubicaría a Argentina en la misma sintonía que países como Venezuela y Brasil, donde líderes de izquierda o centroizquierda han conseguido revalidarse en el poder. Pero el panorama argentino presenta también algunas singularidades, entre las que se destacan la supervivencia del peronismo como dispositivo electoral, la aparición del kirchnerismo como una fuerza difusa, que incluye al peronismo pero que lo excede, y la posibilidad de que una mujer sea elegida por primera vez por el voto popular como jefa de Estado.

El panorama electoral en Argentina

Luego del intenso calendario electoral de 2006 en América Latina –nueve elecciones presidenciales que generaron continuidades (Chile, Colombia, México, Brasil y Venezuela) y cambios de importancia (Bolivia, Perú, Nicaragua y Ecuador)–, los comicios de octubre próximo en Argentina completarán el panorama y terminarán de definir el rumbo que recorrerá la región en la segunda mitad de la primera década del siglo XXI. Se prefigura, en el caso argentino, una combinación de los rasgos y factores que han otorgado contornos definidos a algunos de los procesos más significativos para América Latina. Entre ellos cabe enumerar la reelección presidencial (o los gobiernos revalidados luego de gestiones relativamente exitosas), la ubicación de las coaliciones mayoritarias en el espacio ideológico comúnmente definido como de izquierda o centroizquierda y la debilidad de los partidos políticos. Estos factores se inscriben a menudo en escenarios de competencia electoral volátiles, marcados por la ausencia de oposiciones estructuradas en condiciones de competir por la alternancia y fuertemente influidos por los medios masivos de comunicación y los climas de la opinión pública.

Estas características acercan a Argentina a Brasil y Venezuela y asimilan la probable reelección de Néstor Kirchner –o la elección de su mujer, la senadora Cristina Fernández de Kirchner– a los triunfos de Luiz Inácio Lula da Silva y Hugo Chávez en noviembre y diciembre de 2006. Estos tres mandatarios encarnan y capitalizan, cada uno a su manera, salidas exitosas del negativo legado del neoliberalismo de los años 90.

Sin embargo, Argentina ha presentado siempre algunas notas discordantes y ciertas singularidades en el cuadro regional. Las diferencias se dan, en primer lugar, por la persistencia de un movimiento político central, el peronismo, como una fuerza política fuertemente hegemónica, pero difusa y heterogénea en sus alcances, contenidos, estructura y organización. Tantas veces se pensó que se acercaba a su extinción o dispersión, tantas veces volvió este movimiento a mostrar su vigencia como fuente natural de poder político, como maquinaria electoral y como herramienta de acceso al gobierno. En la última elección presidencial, en abril de 2003, compitieron en los primeros lugares de preferencia tres candidatos peronistas: el ex-presidente Carlos Menem (1989-1999), el ex-gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá, y el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner. Los primeros dos representaban a un peronismo más bien conservador popular y de centroderecha. Pero el triunfador resultó Kirchner, quien ha llevado adelante una gestión de gobierno de perfil progresista, orientada a la centroizquierda y a la reivindicación del llamado «peronismo revolucionario» de la década del 70, dentro de un aggiornado conjunto de ideas básicas de cuño nacionalista y neodesarrollista keynesiano, combinadas con altas dosis de pragmatismo.

En los comicios de 2003, otras opciones no peronistas, como las representadas históricamente por la Unión Cívica Radical, los partidos de centroizquierda y las fuerzas liberales y conservadoras, quedaron reducidas a expresiones menores, en gran parte como resultado del derrumbe del sistema de partidos tradicional precipitado por el fracaso del gobierno de la Alianza, la crisis de fines de 2001 y la renuncia del presidente Fernando de la Rúa.

Kirchner en el gobierno

Mucho ha cambiado en la economía y la sociedad argentina desde la asunción de Kirchner, en mayo de 2003. El gobierno cosecha los logros: cuatro años consecutivos de crecimiento por encima de 8%, reducción de los índices de pobreza de 52% a 25%, caída del desempleo de 22% a 9%. Como contracara, la extrema desigualdad del ingreso muestra una obstinada resistencia. También se produjo una recuperación de la confianza en la política y en las capacidades del gobierno, lo que explica el alto y sostenido índice de apoyo que registra el presidente, de entre 50% y 60%. Algunas circunstancias externas favorables contribuyeron a la recuperación económica argentina, fundamentalmente la suba de los precios internacionales de commodities y la demanda de materias primas por parte de China y la India. Pero es claro que ello no explica los resultados obtenidos. Cuando hace cuatro años nadie daba mayor crédito a un programa de esas características, el gobierno de Kirchner encaró una drástica y exitosa renegociación de la deuda, fijó límites a los aumentos de tarifas y condiciones a las empresas privatizadas, estableció un régimen impositivo más progresivo a través de las retenciones al agro y desplegó políticas tendientes a favorecer a los sectores productivos industriales y agrarios, relanzando la negociación colectiva de salarios así como otras medidas sectoriales de indudable beneficio para los más castigados por la crisis (aun aquellas de carácter más asistencialista).Pero desde el punto de vista de la llamada «calidad institucional» y del sistema político y los partidos, poco es lo que se ha avanzado: la fragmentación existente aproxima en este aspecto a Argentina a la experiencia de otros países de la región, como Perú, Bolivia y Ecuador, que apenas han superado el cuadro de severa crisis de representación política que tanto tuvo que ver con la inestabilidad y la ingobernabilidad vividas entre 1999 y 2005 en las democracias andinas. Aparece, aquí también, la cuestión de la crisis del presidencialismo y los distintos modos de resolver sus disfuncionalidades.

Las elecciones de 2007

El domingo 28 de octubre no solo se elegirá al presidente y el vice, sino también a 24 senadores (un tercio del total) y a 130 diputados (la mitad de la Cámara baja). Para las elecciones legislativas, cada una de las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires son consideradas distritos electorales. Además, elecciones para gobernadores provinciales y el jefe de gobierno de Buenos Aires se llevarán a cabo a lo largo del año en la mayoría de los distritos, en muchos de los cuales se impulsa también la reelección de los actuales mandatarios.