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El mercado laboral en América Latina: pasado, presente y futuro

América Latina vivió varias décadas de grave deterioro de las condiciones de salario y empleo, que se revirtió parcialmente a partir de 2000. No obstante, los avances de la llamada «década ganada» se enfrentaron a la ausencia de transformaciones en la base productiva de los países de la región. Pese al cambio del ciclo económico –sobre todo, la baja de los precios internacionales de las materias primas–, queda margen para la defensa de los intereses de los trabajadores si existe voluntad política. No obstante, los retrocesos parecen una amenaza tanto en los países donde pasó a gobernar la derecha como donde lo sigue haciendo la izquierda.

El mercado laboral en América Latina: pasado, presente y futuro

Antecedentes

Una mirada hacia las perspectivas del trabajo en la región debe partir del momento actual. En ese sentido, debemos remarcar el quiebre de un proceso de grave deterioro de las condiciones de salario y empleo en la región registrado durante el periodo que va desde fines de la década de 1960 hasta comienzos del siglo xxi. Tomando como base el llamado «Consenso de Washington», en América Latina se emprendieron fuertes procesos de apertura y desregulación, que debilitaron las lógicas nacionales que habían imperado hasta entonces. Las reformas económicas que se iniciaron en la década de 1970 –en muchos casos, bajo dictaduras militares– y que se consolidaron en los años 90 tuvieron como eje principal la apertura externa y la liberalización de los mercados internos; así, se redujo al mínimo la intervención del Estado y se puso el acento en la mercantilización de los bienes sociales, la apertura y desregulación de las condiciones de ingreso de la inversión extranjera directa y de los flujos financieros y la privatización de las empresas públicas1. Para el caso del mercado laboral, esta política se materializó en la flexibilización y desregulación de las condiciones de trabajo y generó una fuerte desprotección a la clase trabajadora.

¿Cuáles han sido los resultados de este modelo de liberalización, desregulación y apertura externa? Podemos afirmar que en el periodo considerado se produce un crecimiento del desempleo, un aumento de la precarización del trabajo, un estancamiento y en algunos casos una reducción de los niveles de salario real, junto con procesos de segregación social y habitacional de las familias trabajadoras. Es decir, los años 90 representaron un gran retroceso de las condiciones de vida de la clase trabajadora en América Latina.

Es importante subrayar que en la misma década América Latina vivió procesos de crecimiento de su pib. Es decir que el crecimiento económico no es sinónimo de mejora de salarios ni de la cantidad y calidad del empleo; es tan solo una condición para que ello suceda. En términos matemáticos, diríamos que es condición necesaria, pero no suficiente. Para transformar el crecimiento económico en un crecimiento incluyente y distributivo –por oposición al excluyente y concentrador–, se requiere de políticas específicas. La transformación del crecimiento económico en mejoras para la clase trabajadora depende de la voluntad política de los hacedores de las políticas públicas y de la lucha y organización de los propios trabajadores.

Los años 2000

A partir de la profunda crisis que generó el modelo liberal aperturista, concentrador y excluyente, se fueron produciendo en la región transformaciones políticas que propiciaron, en un marco de desarrollo de las luchas sociales y sindicales, un cambio en las políticas públicas que impactó de manera importante en la clase trabajadora. Los cambios tuvieron una dimensión cuantitativa así como cualitativa e impulsaron ciertas modificaciones estructurales en las sociedades. Si analizamos lo que ocurrió con las principales variables, veremos que en grandes líneas puede percibirse:

- un crecimiento del nivel de empleo, con una tasa de empleo promedio que pasó de 56% a 58%2 entre 2000 y 2014, lo que implica que un 2% adicional de las personas en edad de trabajar consiguieron trabajo en este periodo; - una mejora en la calidad del empleo, expresada en el crecimiento de empleos con seguridad social, lo que ha significado una reducción de la informalidad, con los impactos que esta tiene en la estabilidad laboral, en el ingreso de los trabajadores y en la jubilación al momento del retiro;- una mejora en el acceso de los trabajadores a los bienes sociales, en especial en el sistema de salud y, en menor medida pero igualmente importante, en el sistema educativo. Si bien esta situación no es la misma en todos los países, la región en su conjunto registró una mayor accesibilidad al sistema de salud –producto de las reformas sanitarias y de la formalización del trabajo–, así como un crecimiento de la inclusión en el sistema educativo, con el consiguiente aumento de la escolaridad promedio de la fuerza de trabajo;- un crecimiento del salario real medio;- un aumento más importante de los salarios mínimos, lo cual permitió una reducción de las brechas salariales.

Las causas de los cambios

¿Cuáles fueron las razones que permitieron estos cambios, que implicaron un avance general en las condiciones de vida de la clase trabajadora? Sin duda, las transformaciones no se produjeron en la actividad económica, ya que las economías crecieron en ambos periodos, pero mientras que bajo el modelo liberal el crecimiento fue acompañado de concentración del ingreso y empeoramiento de las condiciones de trabajo y de vida de la clase trabajadora, en los años 2000 tuvo como contrapartida mejoras distributivas y en la calidad de vida. Nuestra tesis es que las causas de estos cambios de tendencia estuvieron en la superestructura de la sociedad, es decir, en las definiciones de política pública que los sustentaron y en las correlaciones de fuerzas entre el capital y el trabajo. Si bien las realidades nacionales son diferentes, en líneas generales podemos resumir las transformaciones de carácter estructural e institucional en un conjunto de políticas que involucraron:

- negociación colectiva de las condiciones salariales y de trabajo;- reformas universales en el acceso a bienes sociales, en especial salud y educación;- importante aumento del nivel educativo medio de los trabajadores;- políticas de mayor control de la informalidad en el trabajo;- mejoras de salarios mínimos, que sirvieron de base a las negociaciones por rama de actividad e impulsaron mejoras en los salarios de las ramas con menores niveles de ingreso, como el trabajo rural y doméstico o sectores del comercio y los servicios.

Estos cambios institucionales, que posibilitaron las mejoras antes mencionadas, se plasmaron en reformas estructurales que modificaron la forma de regular la actividad económica y social desde el Estado en el plano social y laboral. Estas reformas habilitaron, al mismo tiempo y en la mayor parte de los países, un crecimiento de la actividad sindical, que tuvo como correlato leyes de negociación y de libertad sindical que generaron una nueva correlación de fuerzas entre el capital y el trabajo muy distinta de la prevaleciente durante los años 90 y, en la mayor parte de los países, amparada en un cambio en la concepción del Estado.

  • 1.

    Para el caso uruguayo, he teorizado este modelo denominándolo «modelo lace» (liberal, aperturista, concentrador y excluyente). Ver D. Olesker: Crecimiento y exclusión: nacimiento, consolidación y crisis del modelo de acumulación capitalista en Uruguay (1968-2000), Trilce, Montevideo, 2001.

  • 2.

    La tasa de empleo mide el número de ocupados en relación con la población en edad de trabajar.