Opinión

El limbo automático de Kuczynski

El presidente peruano no enfrenta con claridad a un fujimorismo que forzó la salida del ministro mejor valorado del gabinete. Una marcha pidió menos cortesía de Kuczynski con quienes quieren arrinconar a su gobierno.

El limbo automático de Kuczynski

Lima es una plaza fría para la política en las calles. En los mítines de la campaña electoral de este año, si los oradores eran solo los candidatos, el público llegaba hasta a 500 personas. Si los eventos hubiesen sido, en cambio, conciertos de cumbia con camisetas, gorras, globos y movilidad gratis, la cantidad de gente se habría contado de a miles. Afortunadamente, el lunes 12 de diciembre, sin cumbia ni regalos de por medio, unas 10.000 personas marcharon en Lima y Cuzco para respaldar la política educativa del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski contra la bancada parlamentaria de Fuerza Popular, la mayoría fujimorista, que acaba de censurar al ministro de Educación, justamente el que gozaba de la mayor aprobación en el gabinete. Parecía una de las marchas antifujimoristas de las elecciones generales, encabezada por estudiantes y con casi nula presencia partidaria. ¿Por qué los ciudadanos salieron a la calle cuando no se cumplen ni cinco meses de mandato del economista y ex-banquero de inversión?

Kuczynski llegó al poder con solo 18 congresistas y el fujimorismo con 72, de un total de 130 parlamentarios. Cada partido, además, ha expulsado a un miembro. Pero el partido oficialista Peruanos por el Kambio (PPK) está dividido en sus posiciones: el expulsado fue un político que se declaró abiertamente simpatizante del fujimorismo y que llegó a insultar a la vicepresidenta Mercedes Aráoz. Sin embargo, por lo menos otros tres congresistas muy activos en los medios suelen defender posiciones de Fuerza Popular y no las de su propio partido.

Por ello, el lunes 12, días antes de que el Congreso votara la censura del ministro Jaime Saavedra, miles de ciudadanos marcharon durante dos horas y media en el centro de Lima en un desplazamiento que ocupó dos kilómetros. La movilización tenía dos lemas principales: #laEducaciónSeRespeta y #TomaLaCalle. Más que respaldar a un funcionario, la marcha evidenció los intereses ocultos en la interpelación y la censura promovidas por Fuerza Popular y por el APRA.

Congresistas de ambos partidos se muestran en contra de la reforma universitaria que emprendió Saavedra hace tres años y que amenaza la continuidad de las «universidades garage» o «universidades bamba», entidades privadas de poca calidad educativa y nula infraestructura, de las que algunos parlamentarios son socios o dueños. Uno de los principales aportantes a la campaña presidencial de Keiko Fujimori es el rector y fundador de una de estas universidades, tío del defenestrado secretario general de Fuerza Popular.

Sin embargo, las bancadas que interpelaron a Saavedra lo convocaron al Congreso para que respondiera sobre irregularidades en una compra millonaria de computadoras. Además, lo interrogaron sobre la demora de las gestiones y obras para los Juegos Panamericanos de 2019. El ministro respondió satisfactoriamente las preguntas, pero los grupos políticos aliados no cambiaron su objetivo inicial y presentaron una moción de censura que acabaron ganando.

La interpelación duró cerca de 11 horas y se realizó el 7 de diciembre, día en que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) divulgó los resultados de la prueba PISA. Perú progresó algunos puntos en comprensión de lectura y habilidades matemáticas –se ubicó mejor que Brasil–, a la vez que abandonó el último lugar que ocupaba en 2012. Entre las expresiones más manipuladoras en la sesión de interpelación, el vocero de Fuerza Popular, Luis Galarreta, dijo que los resultados de las pruebas PISA eran «un psicosocial», es decir, una operación para distraer a la opinión pública. Además, su correligionario Bienvenido Ramírez calificó la prueba como una «cortina de humo». «Es un negocio más que una evaluación. Es una vergüenza que algunas personas educadas crean que las puntuaciones de la prueba muestran la calidad de sus sistemas educativos y la eficacia del profesorado», afirmó. Por último, el experimentado parlamentario del APRA Mauricio Mulder argumentó que la prueba PISA «es bamba», una expresión coloquial para afirmar que fue fraguada. La congresista expulsada por el fujimorismo Yeni Vilcatoma le preguntó al funcionario por su vinculación con la «organización criminal» que compró las computadoras para el ministerio.

Por fin, el 13 de diciembre, el presidente Kuczynski hizo reclamos al fujimorismo: «Durante la interpelación, el ministro no recibió un trato correcto y respetuoso de la bancada mayoritaria». Y para «evitar un escenario de más enfrentamiento», desestimó plantear una cuestión de confianza al Congreso en torno de la política educativa, un mecanismo que si es rechazado por el Legislativo dos veces, lleva a la disolución del Parlamento. Es una figura constitucional y a la vez una herramienta de presión política que la semana anterior dijo que evaluaría. Sin embargo, la mayoría de los analistas y líderes de opinión en los medios tradicionales comentaron que el gobierno de Kuczynski debería buscar el diálogo con el fujimorismo, porque si el Congreso no le daba la confianza quedaría más vulnerable y, en la eventualidad de nuevas elecciones legislativas, el fujimorismo lograría nuevamente la mayoría.

«Invoco a la bancada mayoritaria a decidir con responsabilidad su intención de censurar al ministro Jaime Saavedra. Queremos dialogar con todas las fuerzas políticas pero solo en un ambiente de respeto mutuo», añadió el presidente peruano en su mensaje televisado. Usó el mismo formato breve, al lado de la bandera nacional, como en su segunda crisis política: cuando los medios revelaron que uno de sus asesores (y ex-médico) estaba haciendo negocios ilegales aprovechando su posición de consejero presidencial.

Desde el inicio de la gestión de Kuczynski, el fujimorismo ha aprovechado todas las ocasiones para convocar a los ministros a sesiones de preguntas en comisiones o el pleno del Congreso, por cada denuncia, grande o pequeña, que aparece en los medios. Entre los que han asistido más veces están el ministro de Interior, la ministra de Salud y el primer ministro, Fernando Zavala.

Por ello, a un sector de la opinión pública, especialmente a los académicos y los líderes de izquierda, les sorprende la actitud del presidente de ofrecer diálogo cuando el fujimorismo no lo ha querido desde junio, fecha en la que perdió las elecciones. Keiko Fujimori nunca saludó al presidente como se estila.

La situación del gobierno es compleja. La presión del fujimorismo ha sido potente. Finalmente, Kuczynski debió nombrar a una nueva ministra de Educación. Se trata de Marilú Martens, una especialista de amplia experiencia en gestión educativa que ha pasado por el sector público y también por el privado. Pero lo más trascendente ha sido la reunión del presidente con su oponente más frontal: Keiko Fujimori. La reunión se realizó por mediación del arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, miembro del Opus Dei y reconocido operador del fujimorismo.

La oposición avanzó fuertemente. De lo que se trata ahora es de ver que hará el gobierno.


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