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«El intelectual crítico no ha muerto» Entrevista de Régis Meyran

«El intelectual crítico no ha muerto» Entrevista de Régis Meyran

Enzo Traverso nació en Italia, donde se formó política e intelectualmente en la escuela del marxismo autonomista, una corriente original del comunismo que fue el semillero de una productiva intelectualidad crítica. Residió más de dos décadas en Francia, donde fue profesor de la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Participó también de la izquierda trotskista junto con otros destacados intelectuales marxistas como Michael Löwy y Daniel Bensaïd. Como ha señalado el sociólogo e historiador Massimo Modonesi, Traverso logró seguir y articular dos dimensiones fundamentales del oficio del historiador: rescatar aspectos olvidados o negados, y revisitar y reinterpretar procesos históricos decisivos para la comprensión de las sociedades actuales. Y en ese marco, ha investigado y reflexionado en torno del totalitarismo, la violencia nazi, el Holocausto y los intelectuales y, más recientemente, sobre el conjunto de la historia europea entre las dos guerras mundiales. Actualmente es profesor en la Universidad de Cornell. Entre sus libros se incluyen La violencia nazi. Una genealogía europea (FCE, Buenos Aires, 2003); Los judíos y Alemania. Ensayo sobre la simbiosis judío-alemana (Pre-Textos, Valencia, 2005); El pasado. Instrucciones de uso. Historia, memoria, política (Marcial Pons, Madrid, 2007); A sangre y fuego. De la guerra civil europea 1914-1945 (Prometeo, Buenos Aires, 2009) y La historia como campo de batalla. Interpretar las violencias del siglo XX (FCE, Buenos Aires, 2012). En esta entrevista, repasa las mutaciones del papel de los intelectuales en el mundo actual, tanto en Europa como en Estados Unidos y el mundo árabe, y sostiene, con Bensaïd, que quizás haya que pensar la revolución hoy como una «apuesta melancólica». Las utopías seguirán existiendo pero ya no serán, sin duda, las mismas que movilizaron el imaginario y la práctica de las izquierdas de los siglos XIX y XX.¿El futuro pertenece a los intelectuales específicos, de acuerdo con la definición de Michel Foucault?

Es en la década de 1970, cuando se ocupa de las prisiones, cuando Foucault empieza a hablar del intelectual «especialista» o «específico», no en los textos teóricos, sino en artículos y entrevistas1. Sin oponerse abiertamente a ella, considera necesario superar la postura de [Jean-Paul] Sartre. El intelectual nacido con el caso Dreyfus, que alcanzó su apogeo en la época de la Guerra Civil española, la Resistencia y la Guerra de Argelia, esa figura que Sartre encarnara después de la guerra, es la traducción al siglo XX de un ideal universalista que se remonta a la Ilustración. Ahora bien, Foucault critica el humanismo, el universalismo y, en cierto momento de su itinerario filosófico, postula la muerte del sujeto. Esto lo llevó a definir, en oposición al intelectual «universal», al intelectual «específico» como un erudito [savant], un universitario que interviene en la vida pública, no en nombre de los grandes valores que lo superan, sino movilizando su saber, lo cual implica una nueva forma de posicionarse en una sociedad cada vez más compleja para analizar.

El sociólogo Zygmunt Bauman ha ido más lejos al distinguir al legislador, el intelectual universal que fija un horizonte ético-político a partir del cual se puede pensar la sociedad, figura hoy en decadencia, del intérprete, que puede conectar los segmentos de una sociedad compleja y atomizada, una sociedad «líquida», como él la llama2.

El intelectual específico ¿es el experto que interviene hoy en los medios de comunicación?

No realmente, pues el intelectual específico del que habla Foucault ejerce una función crítica de la que carece el «experto» de hoy. Pero, casi 40 años después de su nacimiento, la noción de intelectual específico debe ser problematizada. En efecto, es preciso tomar nota de una mutación histórica. Por un lado, en la era de la universidad de masas, el erudito se ha convertido en un actor social entre otros. Por otro lado, los saberes sobre el mundo y la sociedad se encuentran tan especializados y diversificados que nadie puede tener un juicio avezado sobre todo... Sería muy difícil tomar una postura al estilo de Diderot o de Voltaire hoy en día. Desde este punto de vista, el intelectual específico es resultado de tal mutación histórica. El conocimiento experto, por el contrario, es un medio eficaz para eliminar el pensamiento crítico. Cada elección, los canales de televisión son invadidos por politólogos que comentan las encuestas con gráficos, explican las variaciones porcentuales y la transferencia de votos de un partido a otro; nos revelan los misterios de la vida política. Sin embargo, esta apariencia de neutralidad analítica, puramente técnica y estadística, apunta en realidad a neutralizar el pensamiento crítico y a naturalizar el orden político. Podemos descifrarlo, pero no debemos discutirlo. El papel del experto no consiste en cuestionar el carácter democrático de la V República, sino en explicarnos cómo cambian las fortalezas específicas y qué posibilidades tienen los diferentes candidatos de acceder al poder en el marco de sus instituciones.

Por otro lado, el experto tiende a convertirse en un técnico de gobierno. En otras palabras, corre el riesgo de convertirse en un intelectual orgánico de las clases dominantes. La dominación transformada en pura gestión técnica ha encontrado su encarnación en Mario Monti, director de la Universidad Bocconi de Milán, convertido en jefe del Gobierno italiano. Sus ministros son todos «expertos» y «técnicos» que no pertenecen a ningún partido político. Sus políticas de austeridad, dice él, están por encima de los intereses particulares. No están inspiradas ni por la ideología ni por el interés partidario, sino que surgen de sus conocimientos técnicos y se formulan a partir de capacidades indiscutibles. Criticarlas es dar pruebas de sectarismo. He aquí los nuevos «reyes filósofos» de la era postotalitaria y postideológica. Y esa es la razón por la cual no me gusta demasiado la noción de intelectual específico.

  • 1. M. Foucault: «Les intellectuels et le pouvoir» [1972] en Dits et Écrits 2, Gallimard, París, 1994, pp. 306-315.
  • 2. Z. Bauman: La décadence des intellectuels. Des législateurs aux interprètes, París, Jacqueline Chambon, 2007.