Tema central

​El «gran reemplazo» o las formas de la islamofobia en la Francia actual

Siguiendo los pasos del escritor Renaud Camus, el conocido periodista Éric Zemmour asegura que el pueblo francés está sufriendo un «gran reemplazo» del que debería defenderse expulsando a los musulmanes de su territorio. Este pensamiento, traspuesto a la ficción por Michel Houellebecq en su reciente novela Sumisión, no es una opinión que habría que debatir, sino una ideología potencialmente criminal. En palabras de una madre musulmana, lo peor «no es el sonido de las botas, sino el silencio de las pantuflas». Nuestro silencio. Si no logramos colectivamente evitar la catástrofe que desean Camus, Zemmour y Houellebecq, vamos a recordar con vergüenza esta alarma.

​El «gran reemplazo» o las formas de la islamofobia  en la Francia actual

La reciente cancelación del programa de iTélé en el que el conocido periodista Éric Zemmour se desempeñaba como panelista desde hacía una década fue provocada por la entrevista que este concedió al Corriere della Sera sobre su libro Le suicide français [El suicidio francés]1. Esta decisión de la cadena de información evidentemente no podría ser calificada como censura porque, lejos de ser privado de la palabra, el interesado seguirá acumulando crónicas quincenales en RTL, programas semanales en Paris Première, participaciones en el foro abierto de Le Figaro y su revista e invitaciones a otros medios de comunicación (próximamente en France Culture), sin contar sus obras en las librerías.

Lo más sorprendente, sin embargo, es que no se haya planteado antes la cuestión del amplio espacio concedido, en el campo mediático dominante, a un discurso explícitamente xenófobo y racista que estigmatiza a los individuos debido a su origen o su credo y que contraviene con ello los derechos humanos fundamentales tal como han sido proclamados en la Declaración Universal de 1948. En la entrevista con el diario italiano, Zemmour volvió a decir de manera abrupta lo que ha venido enunciando o sugiriendo estos últimos años, incluso en iTélé (por ejemplo, en abril de 2014), a saber: que «los musulmanes» no tienen lugar en Francia, formulación general que excluye de nuestro pueblo a varios millones de personas a causa de su origen, su cultura o su religión.

El dirigente de izquierda Jean-Luc Mélenchon fue quien, el 15 de diciembre de 2014, sacó a la luz en su blog esta entrevista aparecida en Italia un mes y medio antes, el 30 de octubre. La polémica entablada alrededor de la palabra «deportar» es una grosera distracción que no resiste un examen de los hechos, ya que no cambia en nada los dichos del propio Zemmour2. «Los musulmanes tienen su código civil, que es el Corán. Ellos viven entre ellos, en la periferia. Los franceses se vieron obligados a irse de allí», declara Zemmour a lo largo de esta entrevista con Stefano Montefiori. «Pero, entonces, ¿qué sugiere usted que se haga? ¿Deportar a cinco millones de musulmanes franceses?», le pregunta el periodista.

Posteriormente, por pedido de Zemmour, Montefiori modificó esta formulación en la que él resumía su interpelación. La pregunta se convirtió en: «Pero entonces, ¿qué sugiere usted que se haga? ¿No piensa que es poco realista poner en aviones [‘o en barcos’, agrega Zemmour] a cinco millones de musulmanes franceses para expulsarlos?». Más específico, el enunciado no es menos abrumador, a punto tal que amerita una contribución del propio Zemmour. De hecho, el periodista del Corriere acompaña su rectificación con este comentario: «No estoy seguro de que, ni en francés ni en italiano, ‘poner a cinco millones de musulmanes en aviones o en barcos para expulsarlos’ sea más suave o, de cualquier manera, diferente de ‘deportar a cinco millones de musulmanes’. Pero recibo evidentemente la aclaración de la persona entrevistada».

Esta aclaración no concierne entonces en nada al propósito de Zemmour, quien, lejos de rechazar la hipotética expulsión de su propio país de «cinco millones de musulmanes franceses», responde: «Lo sé, es poco realista pero la Historia es sorprendente. ¿Quién hubiera dicho en 1940 que un millón de pieds-noir3, 20 años más tarde, partirían de Argelia para volver a Francia? ¿O bien, que después de la guerra cinco o seis millones de alemanes abandonarían Europa central y oriental donde vivían desde hace siglos?». «Usted habla de éxodos provocados por inmensas tragedias», le replica el periodista italiano. Ahora bien, la respuesta de Zemmour es simplemente una apelación a la repetición de esas tragedias: «Pienso que nos dirigimos hacia el caos. Esta situación de un pueblo dentro del pueblo, de musulmanes dentro del pueblo francés, nos conducirá a un caos y a la guerra civil. Millones de personas viven acá, en Francia, y no quieren vivir ‘a la francesa’».

No estamos aquí en presencia de una opinión que haya que discutir o refutar, sino de una ideología criminal cuyos mecanismos son los mismos que, mediante la construcción ilusoria de una cuestión judía, han arrastrado en el pasado a Europa a un abismo del crimen contra la humanidad. Antes de organizar, a partir de 1941, su destrucción por medio de la «solución final», la ideología nazi construyó a los judíos como un pueblo aparte, peligroso y amenazador, cuya sola presencia arruinaba y corrompía una supuesta identidad inmutable que había que defender y restaurar a través de la expulsión de ese cuerpo alógeno y extraño.

Antes del genocidio, cuyo programa se mantuvo en secreto, el antisemitismo europeo, que no se limitaba a Alemania ni mucho menos, afirmaba fuerte y claro su proyecto de exclusión y expulsión de los judíos. Tanto es así que la isla de Madagascar, entonces colonia francesa, fue considerada como destino último para los judíos europeos, previamente estigmatizados y discriminados, o dicho de otra manera, excluidos de pueblos nacionales que eran los suyos.Las palabras de Zemmour instalan un imaginario similar, mediante la construcción arbitraria de una «cuestión musulmana»: la de un «pueblo dentro del pueblo», alógenos que amenazan a los nativos, individuos extranjeros por esencia, nacimiento y naturaleza, que viven separados y son mantenidos a la distancia, a los que es preciso hacer invisibles excluyéndolos de la ciudad, luego expulsándolos del país. En suma, a los que es preciso hacer desaparecer. Que estos delirios criminales, en Francia, ya no sean pensamientos marginales sino que sirvan de opinión aceptable en el debate mediático es la problemática planteada a raíz del caso Zemmour. La de una gran regresión francesa que progresivamente ha vuelto aceptable, bajo nuevas máscaras, la ideología no igualitaria e identitaria que la derrota del nazismo había relegado a los márgenes del espacio público desde 1945. Y la de las cegueras que, sobre todo en la derecha pero también en la izquierda, han permitido esta derrota intelectual.

  • 1. Edwy Plenel: periodista francés especializado en temas políticos. Es cofundador del periódico digital Mediapart.Palabras claves: derecha, «gran reemplazo», islamofobia, Renaud Camus, Éric Zemmour, Francia.Nota: este artículo fue publicado originalmente con el título «L’idéologie meurtrière promue par Zemmour» en Mediapart, 4/1/2015. Agradecemos a la revista y al autor la autorización para traducirlo. El artículo fue escrito antes del ataque contra la revista Charlie Hebdo; sobre la posición del autor frente a ese hecho, v. «Lettre à la France» en Mediapart, 20/1/2015. Traducción del francés de Leticia Devincenzi y Lucas Bidon-Chanal.. Albin Michel, París, 2014.
  • 2. Puede encontrarse la entrevista en italiano en el blog titulado con ironía Superdupont: Stefano Montefiori: «Zemmour e la rabbia anti-élite», 31/10/2014, en http://superdupont.corriere.it/2014/10/31/zemmour-e-la-rabbia-anti-elite/. Superdupont es una tira de historietas cuyo protagonista fusiona paródicamente a Superman con un francés caricaturesco y estereotipado [N. del T.].
  • 3. Literalmente «pies negros»; se llamaba así a los ciudadanos franceses que habitaban en la Argelia colonizada por Francia [N. del T.].