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El control del futuro. Edward Snowden y la nueva era

Las revelaciones de Edward Snowden pusieron de relieve las dimensiones de la «recolección» de datos por parte de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Ese espionaje masivo está asociado a una «administración planetaria» que busca dar respuesta a las crisis fortaleciendo al mismo tiempo el capitalismo «de desposesión» actual y enfrentando las resistencias. Aunque las perspectivas no son muy alentadoras, el artículo sostiene que aún queda un cierto tiempo para evitar los proyectos de geoingeniería global como respuesta al cambio climático y la crisis energética, pero esto requiere de un esclarecimiento eficaz acerca de sus consecuencias y de una resistencia política adecuada.

El control del futuro. Edward Snowden y la nueva era

Cuando hace poco menos de un año Edward Snowden reveló las prácticas que llevaban a cabo la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos y el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ, por sus siglas en inglés) de Reino Unido, generó un debate mundial sobre la fuerte amenaza de los servicios de inteligencia. Snowden puso de manifiesto el accionar de los «Cinco Ojos», compuestos por las agencias de EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda: dejó en claro en qué medida espían a los ciudadanos de todo el mundo, cómo roban datos a escala planetaria, los almacenan y los utilizan para sus propios fines. Demostró que estos servicios de inteligencia no solo violan la privacidad de todas las personas, amparada por el Artículo 8 de la Carta de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sino que además representan una profunda amenaza para la libertad de opinión –base de las actividades políticas y de la resistencia contra el poder dominante– y, en consecuencia, para la democracia.

Para justificar sus temerarias prácticas –la obtención de información desde la «nube planetaria», a partir de los celulares codificados de jefes de Estado como Angela Merkel o Dilma Rousseff y de una enorme masa de correos electrónicos (no) codificados enviados por ciudadanos comunes–, los servicios de inteligencia recurren a un argumento poco convincente: dicen que es necesario detectar tempranamente las actividades terroristas para proteger el orden y la seguridad en el nivel público. Sin embargo, el espionaje del mundo no es simplemente una gigantesca pesca de datos realizada en la world wide web para promover la seguridad. En realidad, se ajusta con exactitud a los modelos de pensamiento y acción que determinan la geoingeniería de una nueva época para la humanidad. Con medios técnicos sofisticados, se instituye una «administración planetaria»1, una gestión eficiente con poder general sobre el planeta Tierra para controlar no solo el flujo de información, sino también los múltiples procesos de crisis de nuestros tiempos, manteniendo el sistema capitalista imperante.

El gobierno estadounidense ya ha admitido que el robo de datos estaba organizado sistemáticamente a escala planetaria en todos los lugares con posible acceso a discos duros y a la «nube». Por cierto, se trata de algo relativamente sin consecuencias, porque el mundo entero sabía que eso ocurría y solo esperaba una confirmación oficial. Incluso se le puede creer a Barack Obama cuando dice que en el futuro no se seguirá espiando de forma secreta y silenciosa a la canciller alemana y que es necesario racionalizar, pulir y reducir el robo global de datos. Sin embargo, la cuestión dista de estar cerrada y se ajusta muy bien a otros proyectos de «geoingeniería» planetaria. Ya no se trata del desarrollo lineal de la ciencia y la tecnología, que subyace en Alemania a la «aceleración del crecimiento» dispuesta dentro del marco legal.El robo mundial de datos revelado por Snowden parece ser la primera manifestación de una nueva era. Encaja perfectamente con los demás proyectos de la «administración planetaria», que apunta a proteger los sistemas terrestres para afrontar no solo la amenaza del colapso, sino también los levantamientos, los conflictos y los disturbios políticos resultantes. Como señaló el presidente Obama al canal de televisión alemán ZDF en una entrevista concedida el 18 de enero de 2014, su país debe «averiguar qué piensa y qué hace la gente». ¿Pero por qué se realiza semejante esfuerzo para espiar a una gran parte de la población mundial? Para mantenerla bajo control, para poder eliminar a tiempo cualquier atisbo de resistencia política y para llegar incluso a manipular «interactivamente» la información, como ya se hace hoy a través de sofisticados algoritmos en internet.

La manipulación mediática global

En 1968, hace casi 50 años, la crítica a la manipulación mediática dominante y la lucha contra ese mal eran un signo del resurgimiento democrático. La campaña dirigida a expropiar el grupo editorial Springer se oponía al poder concentrado de la prensa y a una masa de acoso, como diría Elias Canetti2. Por entonces, ya se veía la manipulación mediática como un componente imprescindible para asegurar la hegemonía a escala global. En 1964, hace exactamente medio siglo, los militares brasileños imponían una feroz dictadura en su país; en 1973 aparecía Augusto Pinochet en Chile, y luego se producía el golpe en Argentina. Los regímenes asesinos fueron apoyados política y materialmente por la Agencia Central de Inteligencia de EEUU (CIA). Este negocio de la muerte contó con la especial colaboración de importantes figuras políticas, como Henry Kissinger. Se reprimió, persiguió y asesinó a opositores, sindicalistas y políticos de izquierda, así como a artistas y miembros del clero. Las tareas eran coordinadas por los servicios de inteligencia de las dictaduras militares latinoamericanas en el marco del Plan Cóndor, con una activa intervención de EEUU en Chile. En aquellos tiempos, la brutal represión se justificaba de la misma manera: había que defenderse del terrorismo.

Por lo tanto, dejar que los servicios de inteligencia defiendan la democracia es una enorme negligencia. En aquellos años hubo decenas de miles de desaparecidos, y los crímenes aún no han podido resolverse en su totalidad. Después de casi medio siglo, sería absurdo exigir o esperar que el «affaire de la NSA» genere un comportamiento autoesclarecedor por parte de las agencias secretas de EEUU y Reino Unido; indicaría que no se ha aprendido nada de la historia y que no se llega a comprender la situación dramática vinculada a la actual violación de los derechos humanos.

Con las tecnologías informáticas de la nueva era, los servicios de inteligencia acceden al conocimiento digitalizado que les permite controlar los destinos de la humanidad. Hoy estas agencias secretas pueden desarrollar su tarea con un poder muy superior al de hace 50 años. En una entrevista concedida desde su exilio en Rusia, Snowden explicó lo siguiente: «El mayor problema es la nueva tecnología de vigilancia masiva general, con la cual cada día los gobiernos recogen miles y miles de millones de datos que forman parte de la comunicación de personas inocentes»3. Sin embargo, muchos ven la recolección de datos como un teatro absurdo, que no provoca en la izquierda una campaña para expropiar a los ladrones, sino apenas un comentario desganado: con semejante marea de datos dirigida hacia sus discos duros, los responsables podrían ahogarse. Este cinismo (ingenuo) no dimensiona correctamente los actuales intentos tendientes a controlar todo el conocimiento mundial. En definitiva, la furia de acumulación de datos se ajusta muy bien a las estrategias de la «geoingeniería» global, que desde hace tiempo están sobre el tapete, no solo para combatir el terrorismo, sino también para superar la crisis energética mundial, el cambio climático o la amenaza de déficit alimentario generada por el constante crecimiento de la población planetaria.

  • 1. Ver Will Steffen et al.: «The Anthropocene: From Global Change to Planetary Stewardship» en Ambio vol. 40 No 7, 2011, pp. 739-761.
  • 2. E. Canetti: Masa y poder, Muchnik, Barcelona, 1977.
  • 3. Declaraciones reproducidas en varios medios; v. por ejemplo «Hay que limitar los programas de vigilancia de eu: Snowden» en La Jornada, 23/1/2014.