Ensayo

El «caso Zamyatin»: una advertencia censurada. Ciencia ficción, taylorismo y despotismo estatal

El escritor ruso Yevgeny Zamyatin, cuya obra emblemática es la novela de ciencia ficción Nosotros (1921), apuntó muy tempranamente en sus críticas a la deriva totalitaria de la revolución soviética. El propio George Orwell reconoció su influencia en su libro 1984, texto cumbre de la literatura distópica. Pero la perspectiva de Zamyatin no se agotó allí: puso también en cuestión la deshumanización del trabajo promovida por el taylorismo, tanto en el capitalismo como en su versión comunista. Por eso sus preocupaciones tuvieron un poder profético y nos incumben en este tiempo de vigilancia masiva, ingeniería genética y degradación ambiental bajo los modos actuales del capitalismo. Su mirada satírica y crítica es quizás más necesaria hoy que entonces para quienes se interesan en transformar la sociedad.

El «caso Zamyatin»: una advertencia censurada. Ciencia ficción, taylorismo y despotismo estatal

En febrero de 1917, el escritor ruso Yevgeny Zamyatin (1884-1937) trabajaba en la ciudad inglesa de Newcastle, construyendo barcos rompehielos para la Primera Guerra Mundial, pero cuando se enteró de que la Revolución se había desencadenado, se apresuró a regresar a San Petersburgo. Como ex-bolchevique, Zamyatin aún se entusiasmaba con el estallido revolucionario y en 1918 tenía la esperanza de que «el siguiente estadio de desarrollo, quizás en un futuro lejano, daría lugar a un orden social bajo el cual no fuese necesario el poder coercitivo del Estado». Con esa convicción, Zamyatin se sumergió en la vida literaria del nuevo sistema, dando lecciones de escritura experimental y publicando cuentos y ensayos. No obstante, el escritor, que entonces tenía 33 años, fue agudamente crítico hacia lo que ya percibía como tendencias cada vez más autoritarias en la nueva sociedad soviética, las cuales se intensificaron con la guerra civil que siguió a la gran revolución de octubre. Zamyatin pensaba que la penetrante violencia causada por la decisión de los bolcheviques de gobernar en soledad (sin el resto de la izquierda) estaba conduciendo a un regreso a la barbarie. La brutal Edad Media estaba regresando, el valor de la vida humana caía estrepitosamente, se estaba desarrollando una nueva ola de pogroms europeos.

Zamyatin empezó a escribir comedias satíricas sobre la burocracia y sus decretos ineficientes. En ellas, Lenin aparece como el honorable, calvo y absurdo de nombre Fita que ha cobrado vida bajo una pila de reportes en el sótano del Departamento de Policía. Zamyatin también publicó artículos en los que condenaba a los bolcheviques por las masacres de trabajadores opositores y por la represión de levantamientos campesinos contra el comunismo de guerra. Formó parte de un grupo conocido como «Escitas», compuesto por escritores vinculados al Partido Socialista Revolucionario, y también de la Hermandad de Serapión, un grupo heterogéneo de escritores críticos.

En «Escitas», un ensayo de 1918, queda expresada la idea de Zamyatin sobre el «jinete solitario», el revolucionario romántico, y se anticipa la ruta filosófica que lo enfrentará con el régimen bolchevique que se estaba consolidando en el poder. Dos elementos marcan su posición crítica frente a la Revolución: el primero es un radicalismo filosófico que predica un proceso revolucionario y cambio permanentes y es hostil a cualquier consolidación o resultado final; para Zamyatin, la glorificación de cualquier estado dado de las cosas marca el deterioro de la Revolución hacia el «filisteísmo». El segundo es una feroz hostilidad contra el conformismo, la censura o la transformación del arte en un canto servil hacia el poder, sea este del signo que fuere.

Zamyatin estaba comprometido con una literatura entendida como «un combate contra la calcificación, la esclerosis, el encapsulamiento, el enmohecimiento y la aquiescencia». Sin duda, semejante literatura estaba destinada a ser suprimida y aniquilada, y sus autores, a ser quemados en la hoguera junto con sus escritos. En 1919, Zamyatin fue arrestado por las autoridades como parte de una investigación sobre un supuesto complot «izquierdista» contra el régimen. De acuerdo con un testigo, el escritor respondió con un alegre sarcasmo a los alegatos de sus interrogadores.

Riéndose estrepitosamente ante la acusación levantada contra él, llenó el inevitable cuestionario, y en respuesta a la pregunta «¿Ha pertenecido usted a algún partido político?» respondió sobriamente: «Pertenecí». Después de eso, tuvo lugar el siguiente diálogo entre él y su interrogador:

—¿A qué partido perteneció? —preguntó el interrogador, anticipando la posibilidad de una acusación política.—¡Al partido bolchevique!El interrogador estaba completamente perplejo.—¡Cómo!, ¿al partido bolchevique?—Sí.—¿Y es usted miembro todavía?—No.—¿Cuándo y por qué dejó el partido?—Hace mucho tiempo, por razones ideológicas.—¿Y ahora que el partido ha triunfado, no está arrepentido de haberlo dejado?No, no estoy arrepentido.

Unas horas más tarde, fue liberado. En 1921, Zamyatin publicó un ensayo titulado «Tengo miedo», contra el creciente clima de servilismo y censura, atacando a los «ágiles autores (…) que sabían cuándo cantar alabanzas al zar y cuándo a la hoz y el martillo». Allí, criticaba a los futuristas rusos por tratar de convertirse en la «escuela de la corte» de la Rusia soviética. En el mismo ensayo, Zamyatin lanzó su famoso desafío a los escritores del nuevo régimen, enfatizando que «una literatura genuina puede existir solo donde la hacen, no unos plumíferos laboriosos y serviles, sino los locos, los herejes, los anacoretas, los soñadores, los sediciosos, los escépticos». En 1920 Zamyatin comenzó a trabajar en su novela más importante, Nosotros, que terminó en el verano de 1921.

Nosotros: una profecía desoída

Nosotros se desarrolla en el siglo XXVI, en un Estado totalitario y estandarizado del futuro. El hambre y la guerra han sido eliminadas, la mayor parte de la humanidad vive en una sola ciudad de cristal rodeada por una inmensa «pared verde», bajo un sistema climático ampliamente controlado. En sus apartamentos y lugares de trabajo transparentes, todo es visible, y sus habitantes están sometidos a una constante vigilancia de micrófonos y «guardianes» omnipresentes. La vida está regulada por el «horario», y la privacidad se ha restringido a los breves momentos de «la hora sexual». El taylorismo ha triunfado y la humanidad ha aprendido a apreciar la gracia mecánica de la vida dentro de la máquina.

El héroe de Nosotros es D-503, un ingeniero comprometido con la construcción de una gigantesca nave espacial que llevará los beneficios del Estado Único a la gente de otros planetas. El líder del Estado Único es el todopoderoso Benefactor (el poco disfrazado Lenin), quien ofrece a los ciudadanos, llamados Números, seguridad y bienestar material pero no libertad. D-503 se enamora de I-330, miembro de un grupo revolucionario que trata de destruir el Estado Único, pero su amor es impedido eficazmente por el Benefactor. Finalmente, D-503 se vuelve nuevamente un sirviente fiel al sistema cuando su imaginación es extirpada mediante una operación quirúrgica, aunque la resistencia continúa en las calles y fuera de la ciudad.