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El Brasil reinventado. Notas sobre las manifestaciones durante la Copa de las Confederaciones

En un país «futbolero» como Brasil, resultó sorprendente que en junio de 2013, en medio de la Copa de las Confederaciones, miles de personas salieran a la calle no a festejar resultados, sino a protestar contra los gastos, que consideraban excesivos, destinados al Mundial de 2014, muchos de los cuales se destinan a mejorar los estadios. Para entender estos sucesos, es necesario analizar la importancia de verdaderos rituales como las Copas del Mundo en la construcción de la brasileñidad, momentos especiales en los que la sociedad brasileña se reinventa como totalidad. Y, al mismo tiempo, observar cómo esta vez se intentó construir esa «comunidad imaginada» desde las protestas callejeras.

El Brasil reinventado. Notas sobre las manifestaciones durante la Copa de las Confederaciones

Una sociedad no puede crearse ni recrearse sin, al mismo tiempo, crear el ideal. Esa creación (…) es el acto por el cual se hace y se rehace periódicamente. Émile Durkheim, As formas elementares da vida religiosa (1912)1

En junio de 2012, cuando se inició la Copa de las Confederaciones, el primero de los grandes eventos rituales del ciclo que deberá completarse con la realización del Mundial de Fútbol de 2014, vimos a la población brasileña salir a la calle en un movimiento crecientemente masivo, amplificado por la convocatoria a través de las redes sociales. De norte a sur del país, de este a oeste, de las más grandes metrópolis a las pequeñas ciudades del interior, decenas de miles de personas se movilizaron con una efervescencia sin precedentes en la historia reciente de la sociedad brasileña. Al contrario de los argentinos, que naturalizaron y normalizaron las protestas en la calle, en Brasil estas solían ser muy raras y se constituyen en momentos especiales, recordados por muchos años y registrados por los historiadores como eventos extraordinarios.

Estos movimientos fueron designados como «manifestaciones» o, alternativamente, como «protestas». Ocurrieron a lo largo de toda la Copa de las Confederaciones de 2013 y dejaron una herencia todavía muy difícil de evaluar, con repercusiones aún imprevisibles. Fueron, ante todo, sorprendentes: por la espontaneidad de su surgimiento, por la adhesión de segmentos diversos de la sociedad, por la diferenciación interna de los manifestantes, incluyendo desde personas muy jóvenes hasta muy ancianas, trabajadores de sectores y posiciones diversas, residentes de barrios sofisticados de las ciudades y de las favelas… De cierta forma, era como si cada uno buscara llevar a la calle su protesta particular. En una combinación extraordinaria, todos y cada uno buscaban expresar su protesta al mismo tiempo, juntos en el espacio público.

Muchos intelectuales y académicos produjeron interpretaciones diversas sobre este fenómeno extraordinario en la vida política brasileña, pero hay acuerdo en que se trata de un proceso todavía en curso, por lo que aún no es posible evaluar integralmente sus sentidos y significados ni las direcciones que asumirá y sus posibles impactos en la escena social y política brasileña. Por ejemplo, al momento de escribir este artículo, en octubre de 2013, hay un fuerte movimiento de los profesores de Río de Janeiro, con movilizaciones permanentes, que presenta cierta continuidad con las manifestaciones de junio y suma, inclusive, manifestantes diversos en apoyo de las demandas. Sin embargo, por más difícil que sea evaluar este movimiento en curso –y tenemos dificultad hasta para nombrarlo–, se destacan algunos aspectos. No es casual que las protestas se hayan disparado justamente en ocasión de la Copa de las Confederaciones y que las manifestaciones más contundentes se hayan producido en los alrededores de los estadios en los cuales se realizarían los partidos. Evidentemente, estas manifestaciones tampoco fueron orquestadas por algún tipo de colectivo organizado y se caracterizaron, antes que nada, como un espacio de expresión de diversos tipos de demandas, desde las más específicas hasta las más generales. Es posible conectar, sin dudas, las manifestaciones de junio de 2013 con innumerables movimientos de protesta preexistentes, en especial con las revueltas en diversas ciudades brasileñas relacionadas con el costo excesivo de los pasajes urbanos, protesta acrecentada por las innumerables horas de trabajo perdidas en el tránsito. En Río de Janeiro, la reforma del Maracaná generó movimientos y resistencias a la destrucción de equipamientos existentes desde larga data y se asoció a un amplio movimiento contrario a las innumerables intervenciones urbanas relacionadas con las Olimpíadas de 2016.

La eclosión simultánea y la convergencia de todas las revueltas en las fechas previstas para el inicio de los partidos de la Copa de las Confederaciones indican, así, mucho más que el oportunismo político de algunos, en un momento en que todos los ojos estarían vueltos hacia Brasil, explicación que solo sería única y comprensible, en este caso, si pudiéramos identificar una entidad o institución que hubiera encabezado el movimiento. No quedan muchas dudas en cuanto a la diversificación de los orígenes del movimiento ni en cuanto a su carácter regulador y totalizador. De cierta forma, hizo eclosión en un momento preciso, se esparció como un reguero de pólvora, llegando a todos los rincones brasileños, desde los más grandes hasta los más pequeños, y cubrió el territorio nacional.

Tampoco es casual ni irrelevante que gran parte de las protestas y de las manifestaciones tengan como tema el rechazo de los gastos excesivos relacionados con la realización del Mundial de Fútbol de 2014, en particular expresando un profundo desacuerdo con las carísimas reformas de los estadios, con las acusaciones de desvío de partidas públicas y corrupción, asociadas a las innumerables intervenciones urbanas que generaron como correlato. En este sentido, la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) funcionó como una sustancia catalizadora: sus exigencias en términos de «patrón» han sido tomadas como referencia invertida de las necesidades de la población que, entre otras cosas, comienza a expresar su deseo de una «educación patrón FIFA» o una «salud patrón FIFA». Desde ese punto de vista, los desmanes de esta entidad transnacional, –impuestos a partir del monopolio de una práctica deportiva específica– en la creación de un producto deseado en el mundo entero (el Mundial de Fútbol) actuaron como el cemento que conectó a millones de brasileños diferentes. Las imposiciones de esta entidad transnacional a una nación entera generaron un unísono grito de rebelión.

Pero ¿cómo se produjo esta unidad? ¿Cómo una nación que se caracteriza por una diversidad y diferenciación interna extremas se unió en este momento, al menos? Afirmo, basada en los indicios, que una vez más, por caminos tortuosos, fue el fútbol lo que produjo esta unidad en Brasil. Estoy afirmando que, por más complejo que sea este movimiento –y ciertamente lo es–, hasta el momento solo hay, en Brasil, un idioma que permite construir y elaborar simbólicamente la totalidad, y es el idioma del fútbol, en particular aquel que accionamos en los periodos rituales de las Copas del Mundo.

  • 1. Simoni Lahud Guedes: doctora en Antropología Social por la Universidad Federal de Río de Janeiro (ufrj). Es profesora del departamento de Antropología de la Universidad Federal Fluminense, investigadora del Instituto Nacional de Estudios Comparados en Administración Institucional de Conflictos (inct-ineac) y del Núcleo de Estudios e Investigaciones sobre Fútbol (nepess). Ha escrito varios libros y artículos sobre sociología del deporte.Palabras claves: fútbol, protestas, antropología, deporte, nación, Copa del Mundo, Brasil.Nota: traducción del portugués de Claudia Solans.. Paulinas, San Pablo, 1989, p. 500.