Coyuntura

El Acuerdo de Asociación Centroamérica - Unión Europea

Las negociaciones entre la Unión Europea y Centroamérica para la firma de un Acuerdo de Asociación generan temores y esperanzas en ambos bloques. El proyecto se presenta como algo más que un TLC tradicional: incluye componentes de diálogo político y cooperación que exceden el aspecto económico, será negociado por los dos bloques (y no país por país) y posiblemente incluya una participación importante de la sociedad civil. Pero todavía persisten muchas dudas. Para superarlas, los países centroamericanos deben avanzar en una integración más efectiva, única forma de que el Acuerdo de Asociación contribuya a una inserción internacional en términos más justos y competitivos.

El Acuerdo de Asociación Centroamérica - Unión Europea

El inicio de las negociaciones para la firma de un Acuerdo de Asociación entre los países de América Central y la Unión Europea (UE) genera tanto expectativas como preguntas y temores en los actores económicos, sociales y políticos de ambas regiones. En particular, las dudas giran en torno de si será una repetición o una alternativa a los clásicos Tratados de Libre Comercio (TLC), como el Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos de Norteamérica (TLC RD-Causa o Cafta, por sus siglas en inglés).

La UE insiste en que el proyectado acuerdo no será un simple TLC con el argumento de que, junto al componente de liberalización comercial, se incluirán temas vinculados al diálogo político y la cooperación, a los que se les asigna la misma importancia en la negociación. Más aún, repetidamente ha manifestado que los tres componentes son interdependientes y que su tratamiento dependerá de la voluntad política de ambas partes.

En ese sentido, la UE insiste en que no tiene un interés real desde el punto de vista económico en la negociación, ya que su intercambio comercial con Centroamérica no es relevante en volumen. Del mismo modo, Europa no es el principal socio comercial de Centroamérica: entre 2001 y 2005, las exportaciones centroamericanas hacia ese destino representaron, en promedio, apenas 10,8% del total, mientras que las importaciones solo significaron 9,4% del total. Sin embargo las relaciones económicas entre ambos bloques van mucho más allá del intercambio comercial, en especial si se tiene en cuenta la creciente importancia de las inversiones europeas en Centroamérica. Por otro lado, la vigencia del Cafta como trampolín para acceder al mercado estadounidense posiblemente tienda a incrementar el interés de Centroamérica para las inversiones europeas.

De todo esto se infiere que, pese al exiguo intercambio comercial, los resultados de un eventual Acuerdo de Asociación no son desdeñables. Es que, como todo acuerdo de libre comercio, aun cuando incorpore la cooperación y el diálogo político como partes sustantivas, abarcará también un amplio campo de relaciones económicas entre ambas regiones que excede los temas de acceso a mercados: derechos de propiedad intelectual, normativas laborales y ambientales, compras de gobierno, medidas sanitarias y fitosanitarias, entre otras cuestiones. Entonces, si bien Centroamérica puede no ser comercialmente relevante para la UE, adquiere relevancia si se consideran otros posibles componentes de un eventual acuerdo, sobre todo si la UE impone incorporar dentro la negociación los temas incluidos en la Agenda de Singapur.

Las dudas

Una de las preocupaciones centrales es cómo un eventual Acuerdo de Asociación se hará cargo, o ignorará, las asimetrías, y si incluirá mecanismos que contribuyan a equilibrar o compensar las desigualdades entre ambas regiones. Es decir, si pondrá el énfasis, por ejemplo, en la necesidad de Centroamérica de atraer inversiones que favorezcan los encadenamientos verticales, faciliten la introducción de mejoras productivas y transfieran tecnología a las empresas locales. O si contemplará un trato especial y diferenciado para productos sensibles de Centroamérica y la definición de salvaguardas temporales para su tratamiento.

Otro elemento a tener en cuenta es la importancia asignada a la integración regional como uno de los prerrequisitos planteados por la UE para iniciar las negociaciones. Supuestamente, un eventual Acuerdo de Asociación contribuirá a fortalecer el todavía incipiente, y por momentos excesivamente declarativo, Sistema de Integración Centroamericana (SICA). Según los negociadores europeos, será necesario concretar algunas de las tareas pendientes más importantes relacionadas con la integración centroamericana antes de que entre en vigencia el acuerdo. Por cierto, no se nos escapa el interés de la UE en que Centroamérica fortalezca su integración como una forma de facilitar su comercio con la región. Sin embargo, también es evidente que es necesario construir una serie de mecanismos que permitan el funcionamiento efectivo del sistema de integración, algo que, más allá de cualquier interés foráneo, redundará en beneficio del desarrollo centroamericano. Justamente, la posibilidad de que un Acuerdo de Asociación contribuya a profundizar la integración es uno de los argumentos que se utilizan para diferenciarlo de un TLC tradicional, aunque este punto merece ser analizado con mayor atención.

Es cierto que la UE apoya políticamente y ha aportado recursos económicos para fortalecer la integración económica regional, además de haber convertido el avance del SICA en una condición para comenzar las negociaciones. Sin embargo, su actitud a la hora de evaluar la concreción de dichos avances no ha sido todo lo exigente que podría haberse esperado. Desde luego, la UE no puede obligar a los países centroamericanos a integrarse. Por obvias razones de respeto a la soberanía, estamos lejos de defender cualquier forma de injerencia, aun si se funda en la buena intención de promover la integración regional como factor de desarrollo para la región. Lo que sí observamos con cierta preocupación es que se han extendido los plazos para el cumplimiento de los compromisos asumidos por los gobiernos centroamericanos, incluso en los aspectos comerciales de la integración. Un ejemplo es el demorado funcionamiento efectivo de la unión aduanera, cuya realización se ha postergado dentro del periodo que duren las negociaciones aceptado por la UE.

Más aún, algunas señales emitidas por importantes funcionarios centroamericanos son muy preocupantes. El ministro de Comercio Exterior de Costa Rica, Marco Vinicio Ruiz, ha dicho que «la unión aduanera centroamericana no se acelerará como requisito para el acercamiento con los europeos». Este punto es relevante porque, más allá de su importancia para facilitar el comercio con la UE, la construcción de una unión aduanera centroamericana es un logro en sí mismo, una demostración de que los países del istmo anteponen el proyecto regional a la diversidad de criterios y prioridades de sus agendas y la competencia por la inserción internacional.