Opinión

Economía política de la pelota Fútbol para Todos y el factor Tinelli

Fútbol, televisión y política viven tortuosas metamorfosis, cuyos efectos alterarán el equilibrio construido hasta la fecha. ¿Cuáles son los planes de Marcelo Tinelli para dirigir la Asociación del Fútbol Argentino?

Economía política de la pelota / Fútbol para Todos y el factor Tinelli

El fútbol es espectáculo y burocracia, pasión de multitudes y estrellato individual, ocio y negocio (que es la negación del ocio), talento y tecnología, política local y globalización. Su matrimonio con la televisión comenzó temprano para ambos (de hecho, la segunda transmisión televisiva realizada en Argentina fue un partido de primera división)1, conoció turbulentas pero provisionales separaciones y ahora que los oráculos de la tecnología anuncian la muerte de la televisión, el fútbol en el mundo entero ensaya nuevas fórmulas para mantener uno de sus principales ingresos.

Analizado desde una de las industrias culturales más emblemáticas como es la televisión, el fútbol es uno de los pocos contenidos que asegura niveles de audiencia altos y previsibles, ofrece un material que se renueva periódicamente, organiza un star system global-regional-local, instituye mitos, origina subgéneros en distintos soportes mediáticos que en muchos casos son eficaces al reciclar los viejos contenidos con nuevos formatos y forja vínculos identitarios variopintos.

Cuando todo el negocio audiovisual tambalea frente a la emergencia de depredadores digitales con bits en las venas, estas características del fútbol permiten seguir negociando millones por publicidad y auspicios, entre otros ingresos. Si el futuro de la televisión es la apuesta por acontecimientos en vivo que captan el interés masivo, el fútbol representa, en buena parte de Occidente, una de las pocas esperanzas de supervivencia para el medio. Como señala Pablo Alabarces, «el deporte es hoy la principal mercancía masmediática, el género de mayor facturación de la industria cultural, el espectáculo de mayor audiencia de la historia de la televisión galáctica»2. A su vez, para el fútbol la televisión ha sido un dispositivo pedagógico que no sólo lo proveyó de recursos económicos sino, también, de cronogramas, disciplina y leyendas.

La negociación por la posesión de derechos de transmisión del fútbol es ardua y, en todos lados, presenta dos rasgos comunes: tiende a la concentración por el volumen económico comprometido y al reforzamiento de vínculos para obtener esos derechos de forma irregular o ilegal. El sistema de comercialización del fútbol incentiva la manipulación y el tráfico de influencias. Es más: hasta ahora el fútbol mundial en manos de la FIFA ligó su eficacia a la concentración, a la manipulación y al tráfico de influencias, como lo revela el llamado FIFAgate desatado en mayo de 2015 a partir de una investigación judicial en Estados Unidos por prácticas de corrupción en el organismo.

En efecto, es muy difícil que la exclusividad de los derechos que concitan máxima atracción y mueven millones de dólares no esté soportada por una porosa red de relaciones entre directivos de clubes y federaciones, empresas intermediarias de los derechos de televisación, consultorías, emisoras de televisión y gobiernos que con muy poco esfuerzo y escasa inversión definen casi toda la suerte del negocio de las transmisiones. La lógica indica que los beneficiarios de las decisiones de esa red de relaciones retribuyan los favores recibidos. Con buenos contactos se puede pasar de mendigo a millonario en corto plazo.

Economía política del fútbol argentino

Si las federaciones y confederaciones de fútbol pesan a la hora de definir derechos de televisación y su intervención, copiosamente regada con sobornos, genera su mayor fuente de ingresos, la perspectiva de los clubes es ligeramente distinta. Para los clubes de fútbol, el dinero por derechos de televisación es crítico pero no sería la mayor fuente de ingresos, según un estudio sobre la economía del sector realizado por Ariel Coremberg, Juan Sanguinetti y Marisa Wierny3. De acuerdo con estos investigadores, que consideraron como universo la Primera A, el Nacional B y la Primera B hasta 2014 incluido, en el fútbol argentino la venta de entradas y cuotas sociales representa un tercio de los ingresos de los clubes (30%), mientras que la televisión aporta solo un quinto (20%). En Brasil, por ejemplo, la televisión representa casi el 50% de la economía del fútbol y en Europa el 36%. En el Viejo Continente, además, la publicidad y el esponsoreo alcanza el 42% de los ingresos del fútbol contra un magro 22% en Argentina. Los autores indican que la estructura de ingresos de los clubes profesionales es bastante diversificada y heterogénea en relación al tamaño de los mismos y a la división en la que compiten.

El aporte de la televisión sufrió espasmos desde que la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) firmó el contrato de exclusividad de televisación con Torneos4 en 1991, con vigencia hasta 2009, cuando se dio por finalizado ese contrato a instancias del primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, quien impulsó el programa Fútbol para Todos. Esta fue una de las numerosas iniciativas que mostraron en el terreno de la política de medios la filiación transgresora del kirchnerismo luego de la ruptura de los buenos lazos que había anudado con el Grupo Clarín (el principal multimedios del país) hasta 20085. Entre esas iniciativas se cuentan la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (2009), la elección de la norma nipo-brasileña de televisión digital terrestre (TDT, 2009), la impugnación de la sociedad entre el Estado, Clarín y La Nación en la productora de papel Papel Prensa S.A. (2009-2010-2011)6, el incremento de la participación estatal en el financiamiento de medios privados oficialistas y estatales (2009-2015) y la más reciente ley de TIC [tecnología de la información y las comunicaciones] «Argentina Digital» (2014). A diferencia de varias de esas políticas de comunicación, cuya concreción fue incompleta, sesgada o careció de impacto social, Fútbol para Todos tuvo un alcance masivo y enorme eficacia.

En 2009, el gobierno dispuso una partida de 600 millones de pesos (unos 60 millones de dólares) para inducir la ruptura del contrato de televisación entre la AFA y Torneos (que sigue operando los derechos internacionales). El incremento de presupuesto fue constante y superó a la inflación del período. En 2015 el presupuesto nacional previó 1.664 millones de pesos (más de 160 millones de dólares) para Fútbol para Todos, de los cuales tenía previsto destinar 1.440 millones a la AFA que, a diferencia de los clubes, depende, en un 75% de sus ingresos, de los derechos de televisación. Esta dependencia supera el plano económico e implica una subordinación de la AFA al gobierno, sobre todo a partir de la muerte del expresidente de AFA, Julio Grondona, en julio de 2014. Diversificar la fuente de ingresos no solo dará mayor oxígeno económico a la conducción del fútbol sino que, además, atenuará la influencia hoy decisiva del gobierno.

  • 1. Mirta Varela: La televisión criolla. Desde sus inicios hasta la llegada del hombre a la Luna 1951-1969, Edhasa, Buenos Aires, 2005.
  • 2. Pablo Alabarces: «¿De qué hablamos cuando hablamos de deporte?», en Nueva Sociedad nº154, Marzo-Abril 1998.
  • 3. A. Coremberg, J. Sanguinetti y M. Wierny: La contribución del fútbol a la economía argentina, 2015. Disponible en <http://home.econ.uba.ar/economicas/sites/default/files/AFAFCE-Informe-Final060415.pdf>
  • 4. Hasta 2012 su nombre era Torneos y Competencias.
  • 5. Cuando Cristina Fernández de Kirchner lanzó Fútbol para Todos, uno de sus objetivos fue dañar una de las fuentes de ingresos del Grupo Clarín, ya que éste es copropietario de TyCSports, una de las señales de tv paga que emitían los partidos, en sociedad con la empresa Torneos (cuyo accionariado lo componen DirecTV, Nofal, Galarza y DLJ Merchant Banking Partners).
  • 6. V. Martín Sivak: Clarín, la era Magnetto, Planeta, Buenos Aires, 2015; Graciela Mochkofsky: Pecado original. Clarín, los Kirchner y la lucha por el poder, Planeta, Buenos Aires, 2011; Martín Becerra: De la concentración a la convergencia: políticas de medios en Argentina y América Latina, Paidós, Buenos Aires, 2015.