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Derechas locales, ¿tendencias globales? Hungría, Polonia y más allá

La Hungría liderada por Viktor Orbán se transformó en modelo de una supuesta democracia «no liberal» de tinte xenófobo y conservador, que encuentra en Polonia uno de los aliados para encarar la contrarrevolución político-cultural de mayor alcance. Aunque los contextos de Europa central y oriental aparecen como un caldo de cultivo para la articulación de valores tradicionalistas, católicos, euroescépticos y antiinmigración en nuevos imaginarios políticos, el fenómeno está lejos de limitarse a esta región y tiene amplia representación en las principales naciones europeas.

Derechas locales, ¿tendencias globales? / Hungría, Polonia y más allá

El triunfo de Donald J. Trump fue celebrado por los líderes populistas de la derecha europea, pues comparten con el nuevo presidente de Estados Unidos muchas de sus actitudes nacionalistas y antiinmigratorias. Ven además en el estadounidense el crecimiento de una forma muscular de gobierno con un Poder Ejecutivo fuerte, un exacerbado patriotismo y un alejamiento del ideal democrático liberal de tipo occidental, y esto debe ser analizado como parte de una tendencia global. Tanto en Europa como en el continente americano los partidos políticos tradicionales, sean de izquierda o de derecha, no satisfacen a la ciudadanía y se ven superados por demandas que buscan nuevas alternativas. En efecto, varios partidos de la derecha europea, desde el populismo nacionalista hasta el neonazismo, han logrado triunfos electorales en medio de ataques y amenazas terroristas –aunque es más probable morir por un accidente automovilístico que por un atentado–, la crisis de migraciones por los refugiados, el lento crecimiento económico luego de una severa recesión –la peor desde la década de 1930 y que aún continúa en Grecia– y la creciente desilusión con la Unión Europea.

En líneas generales, puede afirmarse que los partidos de derecha se desarrollan bajo dos condiciones: inestabilidad económica y amenazas reales o imaginadas por parte de personas de otra cultura o religión. La persistencia y expansión de la derecha radical es un tema preocupante, y los contextos de Europa central y oriental aparecen como un caldo de cultivo para el crecimiento del extremismo de ultraderecha, aunque el fenómeno no es ajeno a los demás países de Europa. La Hungría de Viktor Orbán y la Polonia bajo el mando del Partido Ley y Justicia de Jarosław Kaczyński forman parte del giro conservador.

El nacionalismo húngaro y la Tercera República

De acuerdo con los resultados de una serie de encuestas sobre discriminación y prejuicios realizadas en diversos países europeos, 69% de los encuestados húngaros creen que los judíos tienen demasiada influencia en su país; Hungría tiene los valores más altos, y por una diferencia significativa, en cuanto a la actitud en contra de los inmigrantes; 88,4% de los húngaros cree que las mujeres deben tomar más seriamente su rol como mujeres y madres. Hungría se destaca por sus altos niveles de prejuicios en comparación con todos los grupos encuestados; finalmente, la homofobia está más extendida en Polonia, luego seguida por Hungría1.

Los orígenes del nacionalismo húngaro se remontan al rechazo del poder absoluto del Imperio Austríaco que dominaba el reino de Hungría a principios del siglo xix; pese al fracaso del levantamiento popular en contra de los Habsburgo en 1848, se mantuvo un fuerte sentimiento patriótico2. El compromiso austrohúngaro (Kiegyezés en húngaro o Ausgleich en alemán) de 1867, que constituyó la monarquía dual para frenar a los nacionalistas, dio mayor autonomía a los húngaros. Hasta la Primera Guerra Mundial, Hungría era un país multinacional, aunque se intentó «hungarizar» a todos los súbditos y, después del Tratado de Trianon de 1920, se convirtió en un Estado nacional homogéneo.

Como parte del bando de los perdedores de la Primera Guerra Mundial, Hungría perdió 65% de su población y las dos terceras partes de su territorio (Croacia, Eslovaquia, Transilvania y Voivodina, entre otros), hecho histórico que hizo surgir el irredentismo –la idea de anexar territorios que se consideran propios– con el objetivo de recuperar lo perdido y reconstruir la «Gran Hungría».

Fue el primer país europeo que, en el siglo xx, promulgó legislación antisemita con el Numerus Clausus («número limitado») de 1920, por el cual se apuntaba a restringir el porcentaje de judíos en el nivel educativo superior de 15% a 6% (que era el porcentaje de judíos en Hungría). Durante la Segunda Guerra Mundial, las leyes antijudías se extremaron debido a la presión de los nazis y con la esperanza de revisar el Tratado de Trianon con la ayuda de Alemania. En medio de la conflagración bélica, se recuperaron algunos territorios gracias a la alianza con la Alemania de Adolf Hitler. En 1944 tomó el poder el Partido de la Cruz Flechada (Nyilaskeresztes Párt), un movimiento filonazi, extremista y antisemita que promovía el «hungarismo». Fue un gobierno corto, pero brutal. Al finalizar la guerra, Hungría volvió a las fronteras de 1920 y fue parte del bloque soviético hasta 1989. A partir de ese año, se conformó la Tercera República, con un régimen de democracia parlamentaria que se inclinó cada vez más hacia el conservadurismo, debido al desempleo y a un cierto resentimiento hacia «Occidente» que favoreció el ascenso al poder de partidos de derecha3.

Las primeras elecciones parlamentarias libres realizadas en Hungría en mayo de 1990 fueron, de hecho, un plebiscito sobre el «socialismo realmente existente». Los ex-comunistas, devenidos socialdemócratas, tuvieron un pobre desempeño en contraste con las posturas de centroderecha y liberales. El Foro Democrático Húngaro (mdf, por sus siglas en húngaro) logró 43% de los votos, mientras que la Alianza de los Demócratas Libres (szdsz) capturó el 24%. La oposición incluía al szdsz, el Partido Socialista Húngaro (mszp) y la Alianza de los Jóvenes Demócratas (Fidesz), creada en 1988 por estudiantes liberales perseguidos por el régimen comunista.

No obstante, en las elecciones de mayo de 1994, los socialistas lograron la mayoría parlamentaria con 54% de los escaños, luego de una campaña enfocada en temas económicos y en la sustancial baja del nivel de vida registrada desde 1990. Estos resultados demostraron la nostalgia respecto de la relativa seguridad y estabilidad de la era socialista, aunque los votantes rechazaron las soluciones extremistas tanto de derecha como de izquierda. Se iniciaron grandes reformas y privatizaciones y en 1995 el gobierno adoptó un programa de austeridad fiscal que tuvo dramáticas consecuencias en la estabilidad social y la calidad de vida.

Estas medidas impopulares, en un país sumido en una crisis económica, con gran incertidumbre, crecimiento de las tasas de delincuencia y la percepción de grandes niveles de corrupción en el gobierno, provocaron que los votantes se inclinaran hacia la centroderecha en mayo de 1998. El nuevo gobierno de Fidesz, con Viktor Orbán como primer ministro (1998-2002), prometió estimular el crecimiento, bajar los impuestos y frenar la inflación creciente. Se buscó crear buenas condiciones de mercado para las pequeñas y medianas empresas y se alentó la producción local con recursos del país. En política exterior, continuó la búsqueda de integración euroatlántica y la defensa de las minorías étnicas húngaras fuera del país. Hungría se unió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (otan) en 1999.

En las elecciones de 2002, la coalición de los socialdemócratas (mszp) y liberales (szdsz) le ganó por 41,5% de los votos a la coalición Fidesz/mdf en una intensa lucha política, con un número récord de votantes que alcanzó el 73%. Con el nuevo primer ministro Péter Medgyessy, líder de un gobierno socialista-liberal, comenzó la caída libre de la economía húngara. En 2003, 83% de los húngaros votaron a favor de entrar en la Unión Europea y el país fue admitido al año siguiente junto con otras nueve naciones. En 2004, Medgyessy renunció, en un marco de estancamiento económico, aumento de la inflación y disminución del poder adquisitivo de la población, y el Parlamento eligió a Ferenc Gyurcsány (del mszp) como primer ministro.

A pesar de las dificultades, en las elecciones de abril de 2006 Gyurcsány reforzó las posturas de izquierda en la coalición de los socialdemócratas y liberales y consiguió 54% de los votos y 210 escaños. Pero en una reunión que se suponía confidencial, se filtró un discurso en el que el primer ministro admitía que el mszp le había mentido al electorado y confesaba actos de corrupción. Esto provocó protestas masivas en contra del gobierno; los manifestantes exigieron su renuncia, aunque Gyurcsány logró mantenerse en el poder por tres años más. En 2008, Hungría declaró la bancarrota estatal y fue rescatada gracias a una ayuda de la ue de 20.000 millones de euros.

Entre tanto, Orbán iba girando hacia posiciones cada vez más duras. Luego de las elecciones de 1994, el Fidesz –bajo su liderazgo– abandonó la Internacional Liberal y comenzó a inclinarse a posiciones derechistas, nacionalistas y conservadoras. En las elecciones de 2010, Orbán logró un triunfo electoral aplastante y su coalición obtuvo dos tercios del Congreso. En las elecciones municipales de ese mismo año, el Fidesz logró la mayoría en casi todas las jurisdicciones locales, incluso en los tradicionales baluartes de izquierda y liberales.

Orbán descartó la idea de un Estado de Bienestar y afirmó que la economía debe estar basada en el trabajo. En 2014, el desempleo decreció y se verificó un importante crecimiento económico (3,5%), el mayor entre los integrantes de la ue, pero este crecimiento fue muy desigual: la riqueza del 20% de mayores ingresos creció significativamente, mientras que el porcentaje de gente que vivía por debajo del nivel de pobreza aumentó de 33% en 2010 a 40% en 20144.

En las elecciones parlamentarias de 2014, el Fidesz ganó nuevamente la mayoría y en el verano boreal de 2015 comenzó una vehemente campaña en contra de los inmigrantes y por la construcción de un cerco en sus fronteras. Orbán lo celebró afirmando que trabajará cada día para convertir a Hungría en un «lugar maravilloso»5. Al mismo tiempo, imprimió un carácter autoritario a su gobierno.En 2011 se aprobó una controvertida ley de prensa (calificada de «ley mordaza») y diversas instituciones acusaron a Orbán de tener un amplio control sobre los medios de comunicación masiva (incluso internet), de terminar con la libertad de prensa y de llevar el país en camino a la dictadura. Al mismo tiempo, la nueva Constitución6, promulgada en abril de 2011, abre con un verso patriótico de 1823 –«Dios, bendice a los húngaros»–, glorifica la tradición cristiana y establece que la familia es una «unión entre hombre y mujer». Se la ha criticado por limitar la separación de poderes, consolidar al Ejecutivo frente a los poderes Legislativo y Judicial, remover algunos pesos y contrapesos, restringir el poder de la Corte Constitucional, frenar la libertad de expresión y socavar la gobernabilidad democrática. Los críticos acusaron a Orbán de sentar las vías para perpetuarse en el poder, en lo que han denominado «Orbanistán», y ni siquiera la ultraderecha de Jobbik apoyó esta Carta Magna. Además, diversas instituciones del exterior –tanto europeas como estadounidenses, además de organismos de derechos humanos como Amnistía Internacional– mostraron preocupación por los cambios.

El referéndum antiinmigración

Hungría fue uno de los países afectados por la crisis migratoria europea de 2015. El 17 de junio de 2015, el gobierno húngaro anunció la construcción de un cerco de 175 kilómetros en su frontera con Serbia. En septiembre del mismo año, la ue aprobó un plan para reubicar a 120.000 refugiados en toda Europa; de ellos, Hungría solo recibiría 1.294 en los siguientes dos años. El 24 de febrero de 2016, el primer ministro Orbán anunció un referéndum para promover el rechazo a la propuesta de las cuotas obligatorias para reubicar migrantes. Argumentó que el sistema de cuotas «trazaría nuevos límites a la identidad étnica, cultural y religiosa de Hungría y Europa, algo que ningún órgano de la ue tiene derecho a realizar»7.

De acuerdo con encuestas anuales llevadas a cabo por Tárki, un instituto de investigación de ciencias sociales, el porcentaje de personas con una fuerte actitud antiinmigratoria en Hungría creció de 24% a 34% entre 2002 y 2011. Entre quienes aceptarían refugiados, de 62% a 79% no les daría asilo a poblaciones roma8, árabe, rumana, africana o china. Más de 60% de los encuestados tampoco aceptaría refugiados «piresios», un grupo étnico inventado a los fines de la encuesta9.

Desde la ue hubo varias reacciones y diversos voceros expresaron sus opiniones: el referéndum «es un asunto interno de Hungría», «todo país tiene derecho a realizar consultas», es una «decisión ideológica», un «plan absurdo», una «idea despreciable». Un asesor del Ministerio de Economía de Finlandia reaccionó irónicamente: «¿No habría que realizar un referéndum en Finlandia? ¿Está de acuerdo en que Finlandia y otros países le paguen a Hungría 22.000 millones de euros en fondos estructurales y 3.000 millones por desarrollo rural?». Más terminante fue el ministro de Finanzas de España, quien consideró que el uso indiscriminado de referendos puede llevar a la muerte de la ue10.

Por otro lado, pese a que la Corte Suprema de Hungría aprobó la decisión de realizar el referéndum, este era ilegal, ya que el artículo 8 (inciso 3) de la Constitución afirma que «No se pueden realizar referendos nacionales sobre (…) cualquier obligación que surja de tratados internacionales». En este caso es clara la primacía de una ley de la ue sobre la ley húngara, por lo cual resulta claro que un referéndum nacional no puede invalidar una decisión de la ue.

Finalmente, el 2 de octubre de 2016 se llevó a cabo la consulta. La pregunta quedó redactada así: «¿Quiere que la ue, sin la aprobación del Parlamento [húngaro], pueda imponer reubicaciones obligatorias de ciudadanos no húngaros en Hungría?». Para que el referéndum fuera válido, se requería que votara un mínimo de 50% de la población habilitada, pero solamente concurrió 44,4%. No obstante la invalidación de la consulta, cabe destacar que más de 98% de quienes votaron lo hicieron por el «No», la consigna del gobierno11.

Algunos especialistas húngaros y extranjeros creían que el gobierno de Orbán consideraba el referéndum como un primer paso para la retirada de Hungría de la ue («Huxit»): la consulta sería un desafío a la autoridad de Bruselas y al liderazgo alemán de Angela Merkel, quien defiende el esquema de reubicación de migrantes12. De esta manera, se estaría en camino de una «revolución contracultural» que llevaría al «fin de la Europa liberal». La campaña del gobierno por el «No» inundó los espacios públicos y los medios de comunicación masiva con gigantescos carteles con mensajes tales como: «¿Sabía usted? Más de 300 personas fueron asesinadas en ataques terroristas en Europa desde el comienzo de la crisis migratoria»; «¿Sabía usted? Bruselas quiere la reubicación forzada de migrantes en Hungría del equivalente a una ciudad»; «¿Sabía usted? Los ataques terroristas de París fueron llevados a cabo por inmigrantes»; «¿Sabía usted? 1.500.000 inmigrantes ilegales llegaron a Europa en 2015»; «¿Sabía usted? Casi un millón de inmigrantes quieren venir a Europa solamente desde Libia»; «¿Sabía usted? Desde el comienzo de la crisis migratoria, el acoso sexual a mujeres ha aumentado en Europa».

Los críticos calificaron estos eslóganes como xenófobos y racistas, y el director de Amnistía Internacional para Europa, John Dalhuisen, afirmó que «el primer ministro Orbán ha sustituido el Estado de derecho por el Estado del miedo»13. La desconfianza hacia quienes piden asilo y hacia los refugiados aumentó geométricamente debido a esta campaña del gobierno. El sociólogo húngaro Endre Sik declaró que «el racismo y la xenofobia han alcanzado su pico máximo». Una encuesta de septiembre de 2016 mostró que 70% de los consultados considera que «el influjo de los refugiados aumentó los riesgos de terrorismo» y que 80% de los húngaros estaba de acuerdo en el rechazo de refugiados o inmigrantes14.

Durante los últimos días de la campaña, Orbán dio numerosas entrevistas a medios progubernamentales para convencer a la población de la importancia de votar. En una entrevista del 27 de septiembre afirmó: «No vamos a permitirles [a las instituciones de la ue] que nos quiten el derecho del control exclusivo de con quién queremos vivir en Hungría y con quién no queremos hacerlo»15. Y en un largo ensayo publicado el 1o de octubre, afirmaba que los migrantes «ganarán la batalla silenciosa si no hacemos nada» y que Hungría es el único país miembro de la ue en donde se le pregunta a la gente sobre el tema de la inmigración16. Pero no se trata solo de Orbán: parte de la oposición está a su derecha.

«Mejor y a la derecha»

El Movimiento por una Hungría Mejor fue fundado en 2003 y su nombre abreviado –Jobbik– puede traducirse no solo como «mejor» sino como «más a la derecha». Y en efecto, se trata de un partido de ultraderecha, proteccionista y antiinmigración. En su plataforma política, afirma: «Vamos a dejar de acallar esos temas tabú en la política exterior como las prácticas imperiales de la ue, las guerras injustas llevadas a cabo por Estados Unidos, así como los esfuerzos de la sionista Israel para dominar a Hungría y el mundo»17. Jobbik busca la «esencia húngara» y se define como un partido conservador, tradicionalista, patriota y cristiano, cuya meta es defender los «intereses y valores magiares» dentro y fuera de las fronteras de ese país. Varios millones viven fuera de Hungría, y la política de Jobbik gira en torno de la supuesta discriminación y violación de los derechos de las minorías húngaras en los países lindantes, lo cual creó numerosas fricciones entre el gobierno de Budapest y sus vecinos. El irredentismo de Jobbik dedica un importante apoyo a los húngaros fuera del país, con peticiones de autodeterminación y solicitudes de «autonomía territorial» para aquellos que viven en los territorios contiguos como Rumania, Eslovaquia y la ex-Yugoslavia.En las elecciones de 2006, el partido obtuvo solo 2,2% de los votos, pero en 2009 logró tres parlamentarios europeos; del 36% de húngaros que acudieron a votar en estas elecciones, casi 15% le dio su voto. En 2010, tuvo un impresionante ascenso al conseguir 47 de los 386 puestos parlamentarios; en 2014, captó 20,5% de los votos y se convirtió en el tercer partido más importante de Hungría. Aunque Jobbik rechaza que se lo denomine de «extrema derecha» y se autocalifica como «patriótico», declara estar contra el capitalismo, la globalización y la influencia de los inversores extranjeros. En efecto, en 2013, Jobbik organizó una manifestación contra el Congreso Judío Mundial que se celebró en Budapest y Gábor Vona –líder del partido– dijo durante la protesta que «los conquistadores israelíes, esos inversores, deberían buscar otro país en el mundo porque Hungría no está en venta»18.

La periodista alemana Anna-María Hollain considera que en Hungría se encuentra la «derecha más ‘ultra’ de Europa», la más activa y amenazante»19; su colega israelí Rachel Hirshfeld define a Jobbik como un partido neonazi20; para el estadounidense Noam Chomsky, profesor emérito de Lingüística del Instituto Tecnológico de Massachusetts, se trata de neofascistas21; y, finalmente, para el reportero británico de la bbc Laurence Knight, son racistas, antisemitas y antirroma22. Jobbik contaba incluso con un brazo paramilitar, la Guardia Húngara (Magyar Gárda), fundada en 2007, pero el Tribunal Metropolitano de Budapest ordenó disolverla por considerar que atentaba contra los derechos de las minorías y los derechos humanos en general. En 2009 fue prohibida por la justicia por incitar al odio, ya que sus más de 1.300 miembros acostumbraban a patrullar barrios romas cantando eslóganes racistas, vistiendo botas militares, pantalones negros y una insignia similar a la de los miembros del Partido de la Cruz Flechada de la época nazi.

Las caras públicas de Jobbik son Krisztina Morvai (catedrática de derecho) y Gábor Vona (historiador) y sus discursos se nutren de ideas tales como la delincuencia de los roma y la conspiración judía mundial. Ambos niegan que su partido sea antisemita, homofóbico o racista y consideran que tales críticas provienen de una ue «ignorante y engañada». Para György Dalos, historiador húngaro afincado en Berlín, esta derecha «se encuentra en el nivel más bajo que ha producido la política húngara desde la caída del Telón de Acero. Es gente que luce una ignorancia primitiva, que con su lenguaje sexista y racista convence sobre todo a la población más desencantada»23.

Aunque Jobbik boicoteó, junto con la mayoría de la izquierda, la sesión plenaria de la Asamblea Nacional que viabilizó el plebiscito antiinmigración, finalmente aprobó el voto por el «No». No obstante, consideraba que si el referéndum fallaba causaría un serio daño a los intereses húngaros y sería utilizado como un «arma en manos de Bruselas». Habitualmente se considera al gobierno de Orbán y su partido Fidesz como «conservadores» y a Jobbik como un partido ultranacionalista, xenófobo y de extrema derecha. En realidad, para el periodista y escritor Paul Lendvai, que ya lo había notado en 2012, la única diferencia es la forma de decir las cosas, pues Orbán habría cumplido con todo el programa de Jobbik de 201024. La diferencia entre ambos es mínima y los votantes de los dos partidos se superponen, además de compartir las mismas ideas sobre la historia húngara, la ue y el capital extranjero.

Humor y política: el Perro de Dos Colas

El Partido Húngaro del Perro de Dos Colas (mkkp, por sus siglas en húngaro) es un partido político satírico fundado en 2006 y registrado oficialmente en 2014. Entre sus principales actividades, se dedica a parodiar –mediante arte callejero, grafitis y afiches– a la elite política y sus respectivos partidos25. Todos sus candidatos se llaman István Nagy (Esteban Grande, cuyo equivalente en español sería Juan Pérez) y las promesas electorales incluyen: vida eterna, paz mundial, una jornada laboral por semana, dos puestas del sol al día en varios colores, cerveza gratis y bajos impuestos. István Nagy es un perro de dos colas y aparece en los carteles con inscripciones tales como: «Es tan adorable, seguro que no quiere robar». Se burla de las frases y los mensajes antiinmigrantes del gobierno en afiches con eslóganes satíricos tales como:

¿Sabía usted que hay una guerra en Siria?¿Sabía usted que un millón de húngaros quieren emigrar a Europa?¿Sabía usted que la mayoría de los acusados en casos de corrupción son políticos?¿Sabía usted que le puede caer un árbol en la cabeza?¿Sabía usted que es más probable que el húngaro promedio vea un ovni antes que a un refugiado?¿Sabía usted que durante las Olimpíadas, el mayor peligro para los participantes húngaros provenía de competidores extranjeros?¿Sabía usted que en el siglo xvi en el condado de Somogy, 42 personas fueron atacadas por osos?

Vemos aquí la utilización del humor como un medio para luchar contra la nueva ola de nacionalismo xenófobo y cómo el mkkp se ríe abiertamente del autoritario líder de Hungría. El Perro de Dos Colas ridiculizó los planes de Orbán de construir un muro: «Por supuesto que nosotros, el pueblo húngaro, amábamos el Telón de Acero y lo echamos mucho de menos, y es evidente que los ciudadanos han estado pidiendo a gritos durante años que se construyera un muro similar». Y seguía: «Sin embargo, en vez de tener una longitud de 175 kilómetros y una altura de cuatro metros podría tener una altura de 175 kilómetros y una longitud de cuatro metros. ¡Los turistas estarían encantados!26». En cuanto al antisemitismo, se preguntaba: «¿Quién es el responsable de que la deuda nacional sea tan elevada? Hay quienes culpan a los masones, otros a los judíos o a los extraterrestres, y las respuestas posibles son: los judíos, los extraterrestres, o los jodidos extraterrestres judíos». István Rév, historiador húngaro, señala que el Perro de Dos Colas es un soplo de aire fresco en un país deprimido que ha perdido el sentido del humor. El tono y el mensaje del mkkp sigue la tradición del humor absurdo centroeuropeo, por ejemplo, del checo Jaroslav Hasek, autor de la novela cómica El buen soldado Svejk (1923) y fundador, en 1911, del Partido del Progreso Moderado dentro de los Límites de la Ley, que prometió volver a instaurar la esclavitud y la corrupción.

Bertolt Brecht escribió que no se debe combatir a los dictadores, hay que ridiculizarlos; y en la comedia El inspector, Nikolai Gogol satiriza la estupidez, la codicia y la corrupción política de Rusia en su época y considera que «incluso aquel que no le teme a nada le teme a la risa». En tiempos de la Unión Soviética, el humor y los chistes políticos clandestinos fueron una herramienta de cuestionamiento e impugnación del orden establecido pues, como planteaba George Orwell, un chiste es una «diminuta revolución»27.

Polacos, húngaros y europeos

En la cercana Polonia, el conservadurismo también encontró un buen caldo de cultivo. Allí los gemelos Lech y Jarosław Kaczyński fundaron el partido tradicionalista, católico, euroescéptico y antiinmigración Ley y Justicia (pis, por sus siglas en polaco), ganaron las elecciones de 2005 y se convirtieron, respectivamente, en presidente y primer ministro. Lech y varios de los principales líderes políticos de Polonia fallecieron en un accidente de aviación en 2010, pero Jarosław no viajaba en el avión y lidera actualmente el partido. En las elecciones parlamentarias de 2015, Ley y Justicia alcanzó la mayoría absoluta tanto en el Senado como en el Sejm (235 escaños)28. Además, existe una relación estrecha entre el gobierno y los sectores más conservadores de la Iglesia polaca, al punto que Jesucristo se ha convertido en el rey de Polonia en una ceremonia que los obispos describieron como «un acto de aceptación nacional del reino de Cristo y de sumisión a su poder divino»29.

Orbán y Kaczyński se encontraron a principios de 2016 para dialogar sobre las presiones de la ue sobre Polonia30. Ambos se admiran mutuamente y están cerca de convertirse en aliados políticos, pues tienen narrativas ideológicas similares acerca de la «reconstrucción nacional» de sus respectivos países. A ninguno de los dos le gustan los valores democráticos occidentales, que denominan despectivamente «liberales», y ambos explotan las sensibilidades históricas para reforzar el disgusto hacia Bruselas. Desde el ascenso al poder de Orbán, Hungría se ha convertido en el modelo para la derecha de Polonia31 y, cuando perdió las elecciones parlamentarias en 2011, Kaczyński prometió «construir una Budapest en Varsovia»32.

El hecho de que Polonia gire hacia la derecha es un tema mucho más serio para la ue, pues el país tiene cuatro veces más habitantes que Hungría y es un actor significativo, con una creciente economía y una importante voz que confronta a Rusia desde el comienzo de la guerra en Ucrania. La ue expresó en varias ocasiones su preocupación por los procesos políticos tanto en Hungría como en Polonia, donde las instituciones democráticas y republicanas sufren un constante avasallamiento, hay un debilitamiento de los pesos y contrapesos y un crecimiento de las medidas autoritarias y del antisemitismo, la xenofobia e ideas radicalizadas que ponen en peligro el equilibrio y la estabilidad. Estos países de Europa central se sienten víctimas de varias décadas de dominio soviético y están convencidos de que Europa les debe una retribución, y por eso se enfrenta a muchas medidas de Bruselas; por el momento, no parece fácil una armoniosa unión entre la Europa liberal y la ultraconservadora.

Lo contradictorio es que muchos húngaros (se calcula que 5% de la población) se vieron obligados a emigrar en los últimos años para encontrar trabajo en otros países. El mkkp instaló carteles con la siguiente inscripción: «No dudes en venir a Hungría. Nosotros trabajamos en Londres». Por otro lado, resulta paradójico verificar que uno de los blancos principales de ataques xenófobos tras el Brexit en Gran Bretaña es la comunidad polaca, que pasó de 81.000 integrantes en 2004 a 831.000 en 2015 y se convirtió en la principal comunidad de inmigrantes en Gran Bretaña33.

La cumbre de Bratislava de septiembre de 2016, con la presencia de 27 Estados miembros, se propuso restablecer la esperanza y la estabilidad de la ue debilitada y sacudida por numerosas crisis y una progresiva falta de confianza entre los ciudadanos. Se trata, como señalara el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker ante el Parlamento Europeo, de una «crisis existencial» que amenaza la supervivencia del propio proyecto europeo34. En los cuatro países del Grupo de Visegrado (también conocido como v4) se consolidó la idea de la defensa de su soberanía contra los planes de «reparto de refugiados» diseñado por Bruselas. Hungría, Polonia, Eslovaquia y República Checa presentaron un documento en el que plantean establecer un mecanismo de respuesta conjunto a la crisis migratoria para la defensa de las fronteras, rechazar la acogida de cuotas obligatorias de refugiados y, principalmente, limitar el poder de la ue en los asuntos internos de cada Estado35.Europa en su conjunto está viviendo una gran crisis de confianza, visible en graves temas como el Brexit, el terrorismo, la economía y las migraciones. Lo que está sucediendo en los países del centro de Europa no tiene que ver solamente con la crisis global de refugiados y sus consecuencias, sino también con las luchas políticas internas, en el marco de la campaña electoral en Hungría y otros países europeos. Y nos advierte de lo que puede suceder –no solamente en el Viejo Continente– cuando tomen el poder los demagogos y la ultraderecha, cuya fuerza principal es el miedo a los inmigrantes.

  • 1.

    Andreas Zick, Beate Küpper y Andreas Hövermann: Intolerance, Prejudice and Discrimination. A European Report, Friedrich-Ebert-Stiftung, Berlín, 2011, disponible en www.fes.de.

  • 2.

    Este tema puede ampliarse en András Bíró Nagy, Tamás Boros y Áron Varga: «Right-Wing Extremism in Hungary», Friedrich-Ebert-Stiftung, Berlín, diciembre de 2012, disponible en www.fes.de.

  • 3.

    Para los aspectos históricos, v. Ignác Romsics: Magyarország története a xx. században [Historia de Hungría en el siglo xx], Osiris Kiadó, Budapest, 1999.

  • 4.

    «Poverty in Hungary Skyrockets – Government to Stop Publishing Statistics» en Hungarian Free Press, 25/6/2015; «The Frightening Reality of Poverty in Hungary» en Daily News Hungary, 8/1/2016.

  • 5.

    «Orbán kimondta, hogy milyen demokráciát akar» [Orbán declaró qué tipo de democracia quiere] en Portfolio, 15/8/2014.

  • 6.

    El texto completo en húngaro puede consultarse en www.parlament.hu/irom39/02627/02627-0187.pdf.

  • 7.

    «Orbán: Népszavazás lesz a betelepítési kvótárol» [Orbán: el referéndum será la cuota de reasentamiento] en Magyar Nemzet, 24/2/2016.

  • 8.

    Utilizamos el término «roma» en lugar de «gitano», ya que esta última palabra es calificada como despectiva debido a sus asociaciones negativas y estereotipadas. El Consejo de Europa considera que el uso de «gitano» y sus equivalentes (gipsy en inglés, gitan en francés, cigány en húngaro, etc.) no es recomendable y que el término correcto es «roma»; recomienda también que «romaní» se restrinja al lenguaje y la cultura: lengua romaní, cultura romaní.

  • 9.

    Ver Eunsun Cho: «Hungary’s Blame Game About Xenophobia» en World Policy Blog, 20/8/2015. Es cierto también que muchos húngaros no adhieren a estas posturas y las encuentran repugnantes; por otra parte, hay que considerar el clivaje entre la elite progresista de las ciudades, principalmente Budapest, y el interior profundo de Hungría.

  • 10.

    «Európai Bizottság: nem értjük, hogyan illik bele a népszavazás as ue-s döntéshozatalba» [Comisión Europea: no entendemos cómo se integra el referéndum en la toma de decisiones de la ue] en Index.hu, 25/2/2016.

  • 11.

    Los resultados pueden encontrarse en la página web de la Oficina Nacional Electoral, www.valasztas.hu/en/ref2016/481/481_0_index.html, fecha de consulta: 11/6/2016.

  • 12.

    «Boundary Issues» en The Economist, 10/1/2016.

  • 13.

    Amnistía Internacional: «Hungría: el espantoso trato a los solicitantes de asilo, una táctica populista deliberada», comunicado de prensa, 27/9/2016, www.amnesty.org/es/press-releases/2016/09/hungary-appalling-treatment-of-asylum-seekers-a-deliberate-populist-ploy/, fecha de consulta: 21/10/2016.

  • 14.

    Balint Bardi: «Xenophobia Running High Before Hungary’s Migrant Referendum» en Eurobserver, 18/7/2016.

  • 15.

    «Lesz lelki felívelés, ha lesznek keresztények» [Habrá un crecimiento espiritual si se convierten en cristianos] en Gobierno de Hungría, 27/9/2016, www.kormany.hu/hu/a-miniszterelnok/beszedek-publikaciok-interjuk/lesz-lelki-feliveles-ha-lesznek-keresztenyek.

  • 16.

    «Minden harminc évben egyszer a fösodorba kerülünk» [Una vez cada 30 años nos encontramos en los medios de comunicación más importantes] en Magyar Idök, 1/10/2016.

  • 17.

    V. página web de Jobbik, http://jobbik.com/policies.

  • 18.

    «Jobbik Rally against World Jewish Congress in Budapest» en bbc News, 4/5/2013.

  • 19.

    A. Hollain: «La derecho más ‘ultra’ de Europa» en El País, 27/8/2009.

  • 20.

    R. Hirshfeld: «Neo-Nazi Hungarian Deputy Calls for Resignation of ‘Israeli’ mp» en Arutz Sheva/Israel National News, 30/11/2012.

  • 21.

    N. Chomsky: «Is the World Too Big to Fail?» en Salon, 21/4/2011.

  • 22.

    L. Knight: «Hungarians Despair of Political Class» en bbc News, 8/1/2012.

  • 23.

    A. Hollain: ob. cit.

  • 24.

    «Fidesz Versus Jobbik: Not Much Difference» en Hungarian Spectrum, 24/5/2015.

  • 25.

    V. su página web, http://ketfarkukutya.com/.

  • 26.

    Holly Case y John Palattella: «Is Humour the Best Weapon against Europe’s New Wave of Xenophobic Nationalism?» en The Guardian, 13/1/2016.

  • 27.

    Sobre este tema, v. T. Várnagy: Proletarios de todos los países… ¡Perdonadnos! O sobre el humor político clandestino en los regímenes de tipo soviético y el papel deslegitimador del chiste en Europa central y oriental (1917-1991), Eudeba, Buenos Aires, 2016.

  • 28.

    Marcin Goettig y Agnieszka Barteczko: «Poland’s Eurosceptics Win Outright Majority in Parliament» en Reuters, 27/10/2015.

  • 29.

    Juan Robles: «Polonia reconoce a Jesucristo como ‘Rey’ del país» en Actuall, 22/11/2016.

  • 30.

    Henry Foy y Neil Buckley: «Orban and Kaczynski Vow ‘Cultural Counter-Revolution to Reform eu» en Financial Times, 7/9/2016.

  • 31.

    Agata Gostyńska-Jakubowska: «Poland: Europe’s New Enfant Terrible?» en cer Bulletin No 101, 2-3/2016.

  • 32.

    Ola Cichowlas: «Poland’s Right-Wing Government Scares Europe by Going After the Media» en Vice News, 9/1/2016.

  • 33.

    Luisa Corradini: «Inquieta a Gran Bretaña la ola de ataques racistas y xenófobos tras el Brexit» en La Nación, 11/9/2016.

  • 34.

    «Juncker: ‘La Unión Europea atraviesa una crisis existencial’» en dw, 14/9/2016.

  • 35.

    Ministerio del Interior de la República de Polonia: «Joint Statement of v4 Interior Ministers on the Establishment of the Migration Crisis Response Mechanism», 21/11/2016.