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Derechas locales, ¿tendencias globales? Hungría, Polonia y más allá

La Hungría liderada por Viktor Orbán se transformó en modelo de una supuesta democracia «no liberal» de tinte xenófobo y conservador, que encuentra en Polonia uno de los aliados para encarar la contrarrevolución político-cultural de mayor alcance. Aunque los contextos de Europa central y oriental aparecen como un caldo de cultivo para la articulación de valores tradicionalistas, católicos, euroescépticos y antiinmigración en nuevos imaginarios políticos, el fenómeno está lejos de limitarse a esta región y tiene amplia representación en las principales naciones europeas.

Derechas locales, ¿tendencias globales? / Hungría, Polonia y más allá

El triunfo de Donald J. Trump fue celebrado por los líderes populistas de la derecha europea, pues comparten con el nuevo presidente de Estados Unidos muchas de sus actitudes nacionalistas y antiinmigratorias. Ven además en el estadounidense el crecimiento de una forma muscular de gobierno con un Poder Ejecutivo fuerte, un exacerbado patriotismo y un alejamiento del ideal democrático liberal de tipo occidental, y esto debe ser analizado como parte de una tendencia global. Tanto en Europa como en el continente americano los partidos políticos tradicionales, sean de izquierda o de derecha, no satisfacen a la ciudadanía y se ven superados por demandas que buscan nuevas alternativas. En efecto, varios partidos de la derecha europea, desde el populismo nacionalista hasta el neonazismo, han logrado triunfos electorales en medio de ataques y amenazas terroristas –aunque es más probable morir por un accidente automovilístico que por un atentado–, la crisis de migraciones por los refugiados, el lento crecimiento económico luego de una severa recesión –la peor desde la década de 1930 y que aún continúa en Grecia– y la creciente desilusión con la Unión Europea.

En líneas generales, puede afirmarse que los partidos de derecha se desarrollan bajo dos condiciones: inestabilidad económica y amenazas reales o imaginadas por parte de personas de otra cultura o religión. La persistencia y expansión de la derecha radical es un tema preocupante, y los contextos de Europa central y oriental aparecen como un caldo de cultivo para el crecimiento del extremismo de ultraderecha, aunque el fenómeno no es ajeno a los demás países de Europa. La Hungría de Viktor Orbán y la Polonia bajo el mando del Partido Ley y Justicia de Jarosław Kaczyński forman parte del giro conservador.

El nacionalismo húngaro y la Tercera República

De acuerdo con los resultados de una serie de encuestas sobre discriminación y prejuicios realizadas en diversos países europeos, 69% de los encuestados húngaros creen que los judíos tienen demasiada influencia en su país; Hungría tiene los valores más altos, y por una diferencia significativa, en cuanto a la actitud en contra de los inmigrantes; 88,4% de los húngaros cree que las mujeres deben tomar más seriamente su rol como mujeres y madres. Hungría se destaca por sus altos niveles de prejuicios en comparación con todos los grupos encuestados; finalmente, la homofobia está más extendida en Polonia, luego seguida por Hungría1.

Los orígenes del nacionalismo húngaro se remontan al rechazo del poder absoluto del Imperio Austríaco que dominaba el reino de Hungría a principios del siglo xix; pese al fracaso del levantamiento popular en contra de los Habsburgo en 1848, se mantuvo un fuerte sentimiento patriótico2. El compromiso austrohúngaro (Kiegyezés en húngaro o Ausgleich en alemán) de 1867, que constituyó la monarquía dual para frenar a los nacionalistas, dio mayor autonomía a los húngaros. Hasta la Primera Guerra Mundial, Hungría era un país multinacional, aunque se intentó «hungarizar» a todos los súbditos y, después del Tratado de Trianon de 1920, se convirtió en un Estado nacional homogéneo.

Como parte del bando de los perdedores de la Primera Guerra Mundial, Hungría perdió 65% de su población y las dos terceras partes de su territorio (Croacia, Eslovaquia, Transilvania y Voivodina, entre otros), hecho histórico que hizo surgir el irredentismo –la idea de anexar territorios que se consideran propios– con el objetivo de recuperar lo perdido y reconstruir la «Gran Hungría».

Fue el primer país europeo que, en el siglo xx, promulgó legislación antisemita con el Numerus Clausus («número limitado») de 1920, por el cual se apuntaba a restringir el porcentaje de judíos en el nivel educativo superior de 15% a 6% (que era el porcentaje de judíos en Hungría). Durante la Segunda Guerra Mundial, las leyes antijudías se extremaron debido a la presión de los nazis y con la esperanza de revisar el Tratado de Trianon con la ayuda de Alemania. En medio de la conflagración bélica, se recuperaron algunos territorios gracias a la alianza con la Alemania de Adolf Hitler. En 1944 tomó el poder el Partido de la Cruz Flechada (Nyilaskeresztes Párt), un movimiento filonazi, extremista y antisemita que promovía el «hungarismo». Fue un gobierno corto, pero brutal. Al finalizar la guerra, Hungría volvió a las fronteras de 1920 y fue parte del bloque soviético hasta 1989. A partir de ese año, se conformó la Tercera República, con un régimen de democracia parlamentaria que se inclinó cada vez más hacia el conservadurismo, debido al desempleo y a un cierto resentimiento hacia «Occidente» que favoreció el ascenso al poder de partidos de derecha3.

Las primeras elecciones parlamentarias libres realizadas en Hungría en mayo de 1990 fueron, de hecho, un plebiscito sobre el «socialismo realmente existente». Los ex-comunistas, devenidos socialdemócratas, tuvieron un pobre desempeño en contraste con las posturas de centroderecha y liberales. El Foro Democrático Húngaro (mdf, por sus siglas en húngaro) logró 43% de los votos, mientras que la Alianza de los Demócratas Libres (szdsz) capturó el 24%. La oposición incluía al szdsz, el Partido Socialista Húngaro (mszp) y la Alianza de los Jóvenes Demócratas (Fidesz), creada en 1988 por estudiantes liberales perseguidos por el régimen comunista.

No obstante, en las elecciones de mayo de 1994, los socialistas lograron la mayoría parlamentaria con 54% de los escaños, luego de una campaña enfocada en temas económicos y en la sustancial baja del nivel de vida registrada desde 1990. Estos resultados demostraron la nostalgia respecto de la relativa seguridad y estabilidad de la era socialista, aunque los votantes rechazaron las soluciones extremistas tanto de derecha como de izquierda. Se iniciaron grandes reformas y privatizaciones y en 1995 el gobierno adoptó un programa de austeridad fiscal que tuvo dramáticas consecuencias en la estabilidad social y la calidad de vida.

Estas medidas impopulares, en un país sumido en una crisis económica, con gran incertidumbre, crecimiento de las tasas de delincuencia y la percepción de grandes niveles de corrupción en el gobierno, provocaron que los votantes se inclinaran hacia la centroderecha en mayo de 1998. El nuevo gobierno de Fidesz, con Viktor Orbán como primer ministro (1998-2002), prometió estimular el crecimiento, bajar los impuestos y frenar la inflación creciente. Se buscó crear buenas condiciones de mercado para las pequeñas y medianas empresas y se alentó la producción local con recursos del país. En política exterior, continuó la búsqueda de integración euroatlántica y la defensa de las minorías étnicas húngaras fuera del país. Hungría se unió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (otan) en 1999.

  • 1.

    Andreas Zick, Beate Küpper y Andreas Hövermann: Intolerance, Prejudice and Discrimination. A European Report, Friedrich-Ebert-Stiftung, Berlín, 2011, disponible en www.fes.de.

  • 2.

    Este tema puede ampliarse en András Bíró Nagy, Tamás Boros y Áron Varga: «Right-Wing Extremism in Hungary», Friedrich-Ebert-Stiftung, Berlín, diciembre de 2012, disponible en www.fes.de.

  • 3.

    Para los aspectos históricos, v. Ignác Romsics: Magyarország története a xx. században [Historia de Hungría en el siglo xx], Osiris Kiadó, Budapest, 1999.