Tribuna global

Demasiado en juego como para fracasar Tres cumbres que deben guiar al mundo, con final incierto

Está claro que las cumbres internacionales no gozan de buena reputación. Pero 2015 es el año en que la comunidad internacional debe demostrar que es capaz de actuar de forma colectiva frente a los grandes desafíos del futuro. Entre julio y diciembre tendrán lugar tres cumbres en el marco de la onu: la III Conferencia Internacional sobre Financiamiento para el Desarrollo en Addis Abeba, la cumbre sobre la Agenda de Desarrollo Post-2015 en Nueva York y la XXI Conferencia sobre Cambio Climático (cop 21) en París, tres grandes acontecimientos en los que deberían lograrse resultados sustanciales para guiar al mundo en los años que siguen por una senda de desarrollo sostenible, tanto en lo social como en lo ecológico.

Demasiado en juego como para fracasar / Tres cumbres que deben guiar al mundo, con final incierto

La política exterior está deviniendo actualmente en una diplomacia de crisis agudas. Ucrania, Siria, Iraq, Sudán del Sur, Somalia, Gaza y la República Centroafricana: la potencia y la abundancia de los conflictos políticos se ciernen como un grillete alrededor de la política internacional. Requieren la máxima atención política, comprometen una gran parte de los recursos diplomáticos y políticos, y dominan las discusiones públicas. Es fácil entonces perder de vista que 2015 es el año en que la comunidad internacional debe demostrar precisamente que es capaz de actuar de forma colectiva frente a los grandes desafíos del futuro y de dar respuestas con anticipación. Entre julio y diciembre tienen lugar, junto con la III Conferencia Internacional sobre Financiamiento para el Desarrollo en Addis Abeba, la cumbre sobre la Agenda de Desarrollo Post-2015 en Nueva York y la Conferencia sobre Cambio Climático en París (COP 21), tres grandes acontecimientos organizados en el marco de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en los que deben lograrse resultados sustanciales para guiar al mundo en los años que siguen por una senda de desarrollo sostenible, tanto en el terreno social como en el ecológico.

Está claro que las cumbres internacionales no gozan de buena reputación. Con demasiada frecuencia la escalada no ha logrado ir más allá del campamento base. Por haber ido de más a menos, por su ineficiencia, su aislamiento y sus pocos resultados concretos, en los últimos años el desencanto ha primado tanto dentro como fuera de las sedes de dichas cumbres. Pero los únicos foros en los que participan todos los países son las grandes conferencias de la ONU. Es allí donde deben ponerse las cartas sobre la mesa y donde se puede luchar por lograr un amplio consenso internacional. Sin movilización pública, es prácticamente imposible alcanzar ese consenso y más aún mantenerlo. Es por ello que se necesitan tanto un acuerdo marco internacional como movimientos políticos y sociales, además de trabajo en los parlamentos para mantener la presión desde el plano local hasta el plano mundial. La disposición de Alemania para asumir una responsabilidad internacional podrá cuantificarse en la medida en que se comprometa en favor de una nueva agenda de sostenibilidad; por ejemplo, actuando como iniciadora en el plano internacional, como anfitriona de la Cumbre del G-7, como motor dentro de la Unión Europea y como precursora en relación con su política nacional.

Más abarcadora, más política y global: la nueva agenda de sostenibilidad

En 2015 vence el plazo para alcanzar los Objetivos del Milenio. El balance es variado: por un lado, hay que destacar algunos éxitos, por ejemplo en la lucha contra la pobreza, contra la malaria y la tuberculosis, en el acceso al agua potable o en la escolaridad básica de las niñas. Los progresos, no obstante, varían mucho según las regiones. Los mayores déficits se hallan en la cuestión de la sostenibilidad ecológica y la lucha contra el hambre y también en la tarea de encarar una asociación esencial de desarrollo por parte de los países industrializados y de crear un contexto internacional favorable al desarrollo. En general, los avances en materia de cambio climático y en relación con la crisis económica y financiera de 2008 se han hecho más lentos en los últimos años.

Esto significa que muchos objetivos deberán volver a incluirse en una nueva agenda. A diferencia de los Objetivos del Milenio, los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (Sustainable Development Goals) que se decidirán en septiembre en Nueva York apuntan también a temas globales que hasta el momento no han sido considerados. Entre ellos figuran patrones sostenibles de producción y consumo, la eliminación de desigualdades entre países y dentro de cada uno de ellos, trabajo digno, cambio climático, derechos humanos, paz y seguridad. Estos temas no solamente amplían el sistema de objetivos en cuanto a contenidos, sino que definen el desarrollo también como desafío para los países industrializados. Así, no se trata ya de una agenda exclusiva de desarrollo sostenible referida al Sur, sino de una agenda global en la que los objetivos universales de desarrollo sostenible valdrán para todos los países.

El objetivo nada modesto es compatibilizar el derecho a una vida digna y al desarrollo social con los límites ambientales del planeta. Esto solo se logrará si en Nueva York se aprueban todos los objetivos propuestos, también aquellos supuestamente más incómodos desde el punto de vista político, como la reducción de la desigualdad. Otros requisitos para el éxito del proceso post 2015 son que se establezca un mecanismo independiente para evaluar los progresos, que se tome en serio la nueva asociación global y el principio de justicia de una responsabilidad general pero diferenciada y que se logre una justa compensación de cargas entre los países industrializados, emergentes y en desarrollo.

En paralelo a la elaboración de la agenda global está la necesidad de pensar cómo podrían ser los objetivos de desarrollo para Alemania. Esto incluye la cuestión de cómo puede ajustarse y elaborarse la política nacional de forma tal que, con vistas a la cooperación para el desarrollo y la conservación de bienes globales como el medio ambiente y el clima, se logre armonizar la justicia social con la estabilidad de los mercados financieros. Un informe de cohesión periódico que deje en claro la interacción entre los objetivos de sostenibilidad y las diversas políticas de los ministerios sería un primer paso para trabajar en una nueva agenda, pero también una posibilidad de ampliar en un futuro la política de desarrollo/política internacional.

¿Un nuevo acuerdo en la Conferencia sobre Cambio Climático en París?

El cambio climático es tangible y, a la vez, un desafío global tan claro como quizá ningún otro campo de la política. Los diversos ámbitos políticos afectados y los actores estatales, no estatales y privados que participan están convirtiendo la política sobre cambio climático en un banco de pruebas del estado y el progreso de formas eficientes y justas de gobernanza global.