Opinión

¿Demasiado bien interconectados?

El especialista en redes James B. Glattfelder investiga cuán propensa a las crisis es la interconexión global de las empresas transnacionales

¿Demasiado bien interconectados?

La crisis financiera ha mostrado una cosa: los actores del mercado financiero no están aislados. El fracaso de una empresa, una institución, puede tener consecuencias para todo un país, incluso para la economía mundial. Lehman Brothers le dio un rostro al concepto de riesgo sistémico. Desde entonces ha comenzado en la economía, si bien lentamente, un cambio de paradigma. El criterio básico para observar científicamente el mercado financiero se puede resumir de la siguiente manera: en lugar de enfocar un solo actor —una empresa, un banco, un inversor— y estudiar el comportamiento de un gran número de ellos, ahora el objeto que debe analizarse es el sistema en su conjunto. Tampoco puede entenderse el cerebro humano si se investiga una neurona y, a continuación, se tratar de extrapolar los hallazgos a 100 millones de neuronas. La red de neuronas es crucial. Este cambio de perspectiva puede parecer trivial, pero implica un cambio metodológico fundamental y hace que pueda analizarse una variedad de sistemas complejos.

Un área interdisciplinaria está intentando plasmar esta idea en su investigación. La Investigación de Sistemas Complejos evalúa la materia prima de los datos empíricos dentro de una cosmovisión basada en la interacción. El término clave «Big Data» describe la cantidad sin precedentes de datos utilizables que provienen de todas las actividades humanas. La recolección y el almacenamiento de estos datos es cada vez más fácil y económica. Pero para obtener información significativa de este volumen de datos también se necesita una nueva forma de pensar. Lo más importante ya no son las abstracciones matemáticas sino las interacciones reales en el sistema.

Esta es la filosofía seguida por mí y los demás autores de «The Network of Global Corporate Control» («La Red de Control Corporativo Global»), un estudio que publicamos en 2011. A partir de un volumen de datos de aproximadamente 30 millones de actores económicos, creamos una red con aproximadamente 600.000 nodos. Los vínculos entre los actores estaban dados por las relaciones de participación accionaria en 2007. Por ejemplo, el accionista A posee el x por ciento de las acciones de la empresa B. B tiene, a su vez, el y por ciento de las acciones de la empresa C. Así surge la red. La participación en una empresa conlleva la posibilidad de controlar. Dimos, así, una respuesta cuantitativa al interrogante sobre cuál es el impacto potencial que podría tener un accionista.

El estudio concitó una gran atención. Por un lado, este enfoque era algo todavía nuevo en aquel entonces para los sistemas económicos. Por otro lado, nuestros resultados sorprendieron. Descubrimos en la red global un núcleo minúsculo, pero dominante, de unos 150 actores poderosos, los cuales tienen un alto grado de interconexión mutua y un control masivo sobre todo el sistema. Estos eran, sobre todo, instituciones financieras anglosajonas como Goldman Sachs y Barclay's, pero también Deutsche Bank y —en aquel momento todavía— Lehman Brothers.

El tema de la estabilidad del sistema económico global es analizado, así, con una nueva óptica, que tiene una fundamentación empírica y es de naturaleza no ideológica. Los nuevos conocimientos de la investigación de sistemas complejos han mostrado la siguiente situación paradójica: si se aumenta la interconexión en un sistema económico, este se vuelve más estable al principio. Sin embargo, a partir de un determinado valor crítico, cada nuevo enlace comienza a aumentar el riesgo sistémico. En este contexto, el grado de interconexión que medíamos parecía ser una amenaza permanente para la estabilidad financiera global. Por otra parte, el grado de control sobre las empresas en el sistema de la economía mundial que hemos comprobado exhibía una distribución muy desigual: otro ejemplo demostrativo de estructuras económicas mundiales de desigualdad.

Pero además de estos nuevos enfoques, en la economía predomina todavía un pensamiento orientado a ideas y métodos muy específicos. Si bien los elaborados modelos se jactan de su corrección matemática, a menudo no utilizan datos empíricos que están disponibles en una cantidad cada vez mayor. La perspectiva de la economía dominante está distorsionada. Por ejemplo, se conserva obstinadamente la construcción teórica de una persona racional y orientada a las ganancias. Sin embargo, los hallazgos psicológicos y neurocientíficos difundidos, que conciernen, por ejemplo, al comportamiento de rebaño, distorsiones cognitivas o energía criminal, son completamente ignorados. Incluso hoy muchos economistas parten de la premisa, al observar la economía global, de un mercado eficiente.

No obstante, los enfoques alternativos de investigación, como la investigación de redes, están ganando aceptación paulatinamente. Han surgido nuevos grupos de investigación que examinan la interconexión global de empresas entre sí. Además, las autoridades de supervisión y los responsables políticos han reconocido la importancia general de las interacciones en red: tal es el caso del Consejo Europeo de Riesgo Sistémico, creado en 2011 con el objetivo de hacer detección temprana, prevención y control de estos riesgos en el mercado financiero. Enfocarse en los componentes sistémicos de la economía significa pasar de la problemática del «too big to fail» («demasiado grande para fracasar») a un debate del «demasiado interconectados para fracasar». Solo aquel que conoce la red de interacciones puede detectar los puntos neurálgicos del sistema.

¿Cuál es la situación actual, diez años después de la recolección de datos para nuestro estudio? Actualmente estamos trabajando en una ampliación del estudio de 2011. Esta vez analizamos toda la red global de participación y su evolución de 2007 a 2012. Si bien algunos de los jugadores líderes tuvieron que renunciar a su estatus de poder, la crisis financiera no perjudicó las estructuras de poder en la red global. Pareciera que esas estructuras, una vez creadas, no pueden ser rotas por influencias externas. También observamos una transferencia de poder de los bancos universales europeos a los gestores estadounidenses de activos, con BlackRock a la cabeza. Estos actores financieros han ampliado enormemente sus participaciones accionarias. Por ejemplo, los tres mayores administradores de activos (BlackRock, Vanguard y State Street) tienen, tomados juntos, participación accionaria mayoritaria en casi el 90 por ciento de las compañías más grandes de los Estados Unidos.

Todos estos son indicios que hablan a favor de una reevaluación de diversos problemas en la red global de poder económico. Estos incluyen una competencia cada vez más restringida a expensas de los consumidores, nuevas posibilidades de evasión fiscal y, por supuesto, la cuestión de la estabilidad financiera global en sí. Diez años después de la crisis financiera, nuestros sistemas económicos no parecen más robustos, más adaptables o más sostenibles que antes.


Traducción: Carlos Díaz Rocca

Fuente: http://www.ipg-journal.de/schwerpunkt-des-monats/k...