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De la crítica a la apología. La izquierda latinoamericana entre el neoliberalismo y el neopopulismo

Este artículo intenta captar algunas mutaciones de la esfera pública y el campo intelectual latinoamericano en las dos últimas décadas. El eje articulador de esas mutaciones es eltránsito, dentro de algunas sociedades y algunos gobiernos de la región, de la hegemonía neoliberal de la década de 1990 a la hegemonía neopopulista actual. Dichas hegemonías no se entienden únicamente como predominio de ciertas políticas económicas y sociales, sino también como estilos del lenguaje público, en los que el concepto de crítica, heredado de las tradiciones liberales y marxistas, es desplazado por la noción de apología, lo que pone en entredicho la identidad ilustrada de la izquierda.

De la crítica a la apología. La izquierda latinoamericana entre el neoliberalismo y el neopopulismo

Las transiciones a la democracia desde diversos regímenes autoritarios en América Latina, durante las dos últimas décadas del siglo XX, produjeron alteraciones poco reconocidas en el funcionamiento del campo intelectual y la esfera pública de la región. La vertiginosa modernización tecnológica de los medios de comunicación producida en los últimos años ha venido a acelerar aún más el cambio de roles en la vida pública, por el cual los viejos letrados vanguardistas de la modernidad latinoamericana son desplazados por expertos, blogueros o tuiteros del siglo XXI.Ya a fines de la década de 1980 el historiador Russell Jacoby se percataba de la mutación del rol intelectual en Estados Unidos. En The Last Intellectuals (1987), Jacoby observaba una decadencia de la figura del intelectual público de mediados del siglo XX, de estirpe neoyorkina (Lionel Trilling, Irving Howe, Edmund Wilson, C. Wright Mills, etc.), por efecto del desplazamiento de ideólogos y escritores a las universidades, los periódicos y los partidos1. Una publicación universitaria, un discurso presidencial o una serie televisiva comenzaban a ser medios de expresión más ambicionados por los intelectuales que revistas como Partisan Review o Dissent.

La fuga de los intelectuales hacia la academia o los medios buscaba el contacto con un público menos circunscrito a la bohemia vanguardista de los años 60 y 70, que involucrara a la juventud universitaria y a los sectores populares y de clase media articulados en torno de la radio y la televisión. Ese desbordamiento social del público en los últimos años de la Guerra Fría y la primera etapa postsoviética atenuó la polarización ideológica generada por el giro conservador de muchos intelectuales de izquierda de aquellas décadas.

Lo que Jacoby afirmaba para EEUU en los 80 es también aplicable a América Latina, sobre todo, en la década siguiente. Las transiciones democráticas, la apertura de la esfera pública y la modernización estatal y privada del campo de las ciencias sociales produjeron, en América Latina, la desaparición o el debilitamiento de la influencia de publicaciones y foros que en la época de las dictaduras y las guerrillas protagonizaban el debate ideológico. La ideología misma, en la izquierda o la derecha, comenzó a ser relegada entonces por símbolos o íconos del discurso mediático.

En las páginas que siguen intentaré explorar ese proceso por medio de dos refuncionalizaciones de la ideología en las últimas décadas. La primera, relacionada con la dogmatización de la tradición liberal operada por las políticas y los relatos del neoliberalismo en los años 90. La segunda, claramente ubicada en la pasada década, donde puede advertirse una vulgarización del marxismo y el comunitarismo de la izquierda, dentro del lenguaje de los poderes adscritos al «socialismo del siglo XXI» y la «Revolución Bolivariana». En ambos casos, es notable el empobrecimiento discursivo y práctico de la noción de «crítica».

La vulgata neoliberal

En la última década del siglo XX, mientras caía el Muro de Berlín y se iniciaban las transiciones al mercado y la democracia en Europa del Este, varios gobiernos latinoamericanos emprendieron reformas estructurales en sus economías, encaminadas a estabilizar las finanzas. Bajo las presidencias de Fernando Collor de Mello (1990-1992) e Itamar Franco (1992-1995) en Brasil, Carlos Saúl Menem en Argentina (1989-1999), Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) en México y Alberto Fujimori en Perú (1990-2000), se reprodujo una misma agenda de política monetaria, basada en la privatización y la desregulación, alentada por instituciones globales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).

En el campo intelectual, el neoliberalismo produjo una confusión sintomática entre democracia y mercado. Destacados intelectuales de la región, como el mexicano Octavio Paz, el peruano Mario Vargas Llosa, el chileno Jorge Edwards o el argentino Ernesto Sabato, a pesar de haber sostenido ideas socialistas en los 60 y 70 –o precisamente por eso–, celebraron la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética. 1989 y, sobre todo, 1992 fueron para ellos la constatación de que sus críticas al socialismo real, sostenidas a contrapelo de los sectores más ortodoxos de la izquierda latinoamericana, eran acertadas.

Paz dedicó un volumen al tema, titulado Pequeña crónica de grandes días (1990). A su juicio, «el fin de las burocracias comunistas en Europa del Este» implicaba el «gozo de libertades desconocidas en la historia de esos países»2. Pero el poeta mexicano no dejaba de estar consciente de que la caída del totalitarismo no suponía un salto a la modernidad, desprovisto de posibles regresiones autoritarias. Las transiciones, alertaba, podían producir una «verdadera resurrección de culturas tradicionales». América Latina, concluía Paz, no debía «cerrar los ojos» a la «significación ambivalente de la reaparición de sentimientos religiosos y nacionalistas; su violencia puede desbordarse y, libres de freno, ahogar a los movimientos democráticos en un mar de agitaciones y, quizás, de sangre»3.El historiador mexicano Carlos Illades ha sostenido recientemente que aquellos liberales latinoamericanos exageraban el respaldo de la izquierda regional al comunismo soviético4. Para 1989, la crítica al socialismo real dentro del marxismo latinoamericano había avanzado bastante. Buena prueba es que Enrique Semo, uno de los más importantes intelectuales comunistas mexicanos, escribió otra «crónica» sobre la caída del Muro de Berlín en la que llegó a conclusiones muy parecidas a las del liberal Paz. Sin celebrar el «derrumbe», Semo alertaba sobre la necesidad de repensar los conceptos de «revolución» y «transición» y de incorporar plenamente a la izquierda las enseñanzas del fracaso económico y político del socialismo real5. Semo no vacilaba al hablar de las «monstruosidades a lo Stalin, Pol Pot y Ceaucescu» y al impugnar el «voluntarismo», la «burocracia» y el «culto a la personalidad»6.

  • 1. R. Jacoby: The Last Intellectuals: American Culture in the Age of Academe, Basic Books, Nueva York, 2000, pp. 140-190.
  • 2. O. Paz: Pequeña crónica de grandes días, fce, México, df, 1990, pp. 28 y 34.
  • 3. Ibíd., p. 24.
  • 4. C. Illades: La inteligencia rebelde. La izquierda en el debate público en México. 1968-1989, Océano, México, df, 2011, pp. 15-19, 66-73 y 166-174.
  • 5. Ibíd., p. 171.
  • 6. E. Semo: Crónica de un derrumbe. Las revoluciones inconclusas del Este, Grijalbo / Proceso, México, df, 1991, p. 234.