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Cuba en el siglo XXI. Escenarios actuales, cambios inevitables, futuros posibles

El régimen de gobernanza que ha dirigido Cuba por medio siglo ha quedado inmerso en un desequilibrio sistémico al perder su anterior hábitat internacional, que lo sustentó durante la Guerra Fría. Los cambios introducidos hasta ahora no han sido suficientes para lograr un nuevo equilibrio. Si se comprende esa realidad y se rectifica el rumbo, hay una Cuba mejor esperando a sus ciudadanos en el futuro. Pero si se insisteen «actualizar» un sistema agotado y carente de mecenazgos de la magnitud de los que obtuvo del bloque soviético, también es posible que aguarde en el horizonte una Cuba peor.

Cuba en el siglo XXI. Escenarios actuales, cambios inevitables, futuros posibles

Karl Marx hizo dos advertencias generales que los participantes en los debates sobre el rumbo de Cuba deberían tener más en cuenta. Una: no solo las respuestas, sino las preguntas mismas, pueden estar erradas. Otra: la eficacia de un ejercicio intelectual debe medirse por su capacidad de contribuir a transformar el mundo real. La copiosa bibliografía que circula sobre el curso de la sociedad cubana desde que Raúl Castro asumió como jefe de Estado parece alejada de esas premisas. No obstante, marcan una positiva diferencia con esa tendencia las recientes compilaciones Miradas a la economía cubana1 y Cuba: hacia una estrategia de desarrollo para los inicios del siglo XXI2, de las que aquí cito varios datos. En ambos trabajos se evitan las disquisiciones ideológicas para ceder espacio al análisis de la Cuba real, lo cual facilita la aproximación a interrogantes como las siguientes: ¿de qué país hablamos?, ¿a qué país se aspira?, ¿qué fortalezas y debilidades presenta la sociedad cubana al inicio del nuevo siglo?, ¿qué cambios son inevitables?, ¿cuáles son los futuros posibles que aguardan a Cuba?, ¿qué papel puede jugar la diáspora en esta nueva etapa?, ¿qué modelo de distribución de poder y recursos entre los diferentes grupos sociales se viene configurando a partir de las medidas económicas y sociales recientes?, ¿quiénes son los que realmente mandan y quiénes los que gobiernan en la isla?, ¿qué instituciones y libertades se requieren para que los ciudadanos participen en los procesos de decisión y puedan controlar su implementación? Y quizás la más importante y básica de todas: ¿están conformes los cubanos hoy con su situación o reclaman otro régimen de gobernabilidad para, libremente, buscar la felicidad? Si bien este artículo no puede abordar todas esas interrogantes, ensayaremos algunas reflexiones sobre el presente y el futuro de Cuba.

El economista cubano Pedro Monreal resumió con agudeza la situación del país real: «Una economía como la de Cuba debe evaluarse por lo que esencialmente es: una economía subdesarrollada que necesita una reestructuración vasta y profunda que ponga el actual estado de cosas patas arriba. El proceso de desarrollo no es un mero ejercicio de perfeccionismo económico sino un acto perturbador de refundación económica, social y política»3. Y en este contexto, hay ciertas realidades –y procesos de cambio– que resultan ya insoslayables.

Cuba no se ha integrado a la era de la información, pero ya está influida por ella. Sin una conectividad adecuada a internet –y la de Cuba es de las más bajas del planeta–, no es posible avanzar hacia una economía moderna de conocimiento como la que proponen destacados economistas cubanos4. Los pequeños negocios no pueden ser competitivos ni el país será capaz de exportar servicios (outsourcing) sin el traslado físico de sus profesionales. Internet es hoy una herramienta económica insustituible en los países latinoamericanos. Según los datos de Internet World Stats, hay más de 230 millones de internautas en América Latina, lo que representa 39,9% de la población de la región y 10% del total de usuarios de internet en todo el mundo. La situación en Cuba es, sin embargo, muy diferente.En su informe anual sobre el estado de internet correspondiente a 2010, la consultora Akamai Technologies informaba que la velocidad de conexión en Cuba era inferior a 95 Kbps, el segundo peor lugar mundial después del archipiélago Mayotte, con solo 56 Kbps5. Y la situación no ha cambiado desde entonces. El acceso, que está restringido a entidades y personas autorizadas expresamente por el Estado cubano, cuesta por mes unos 222 pesos cubanos, equivalentes a 9,25 dólares estadounidenses (aproximadamente la mitad del salario promedio nacional). Las entidades extranjeras que desean acceder a este servicio deben abonar entre 300 y 400 dólares.

Pese al extendido consenso de que esa anomalía se debe al embargo, lo cierto es que después del ciclón Andrew de agosto de 1992, la ITT (hoy ATT) obtuvo autorización de Estados Unidos para ofrecerle a Cuba la reparación del cable submarino analógico dañado por esa tormenta y la instalación de otro de fibra óptica, pero Fidel Castro solo permitió la reposición del cable analógico, el cual mantuvo por un tiempo sin darle uso alguno. Actualmente parece repetirse la misma historia. Desde hace un año existe un cable submarino de fibra óptica extendido desde Venezuela –cuya instalación fue mucho más costosa que la ofrecida por la empresa estadounidense 20 años atrás–, pero hasta ahora no se ha autorizado su uso para mejorar la conectividad de todo el país6.

Una razón de peso que explica la prosperidad cubana durante la Colonia y la primera mitad del siglo pasado es la temprana asimilación de tecnologías de producción y servicios asociadas a la expansión de la civilización industrial. El central azucarero, el ferrocarril, los teléfonos, la televisión, el sistema de transporte automotor, las ventas a crédito en establecimientos comerciales, la publicidad moderna y muchas otras herramientas de desarrollo aparecieron en Cuba mucho antes que en el resto de la región. Lo curioso es que fue el miedo a una sublevación de esclavos como la ocurrida en Haití lo que impulsó la introducción de tecnologías de producción azucarera que facilitaran la transición de la mano de obra esclava a la asalariada. Hoy, paradójicamente, es el miedo a revueltas como las ocurridas en Túnez o Egipto lo que parece inhibir a la elite cubana de dar pasos para incorporar a la isla a la nueva cultura de la información.

La reticencia a incorporar tempranamente a Cuba al nuevo proceso civilizatorio la condena a ubicarse, empobrecida y no competitiva, en la extrema periferia de los procesos mundiales de globalización. Este hecho es mucho más grave –y tendrá más larga consecuencia– que la timidez mostrada por las nuevas medidas económicas.

Sin embargo, la sociedad cerrada que impuso el socialismo de Estado cubano se resquebraja ante continuas innovaciones de las comunicaciones digitales (teléfonos celulares inteligentes, computadoras, memorias portátiles) que permiten a activistas ciudadanos socializar la información a escala local e internacional, incluso sin tener acceso directo a internet. La ingeniosidad cubana no solo hace funcionar un automóvil de 1958, sino que también logra crear blogs que en la inmensa mayoría de los casos nunca han sido vistos por sus autores. El más conocido es Generación Y, de Yoani Sánchez, que como varios otros circula en todo el planeta y se pasa en memorias flash, de mano en mano, dentro de la isla. Así, el largamente amordazado grito de los excluidos es ahora electrónico.

La pequeña elite de poder que decidió el rumbo del país por medio siglo está abocada a una próxima extinción, recomposición o renovación. Las elites pueden extinguirse, recomponerse con jóvenes de similar pensamiento o renovarse cuando una nueva mentalidad las hegemoniza. El núcleo duro del poder cubano no reside en el gobierno sino en una reducida elite de poder que ahora se está extinguiendo por razones biológicas. En un lustro, si no han fallecido, los miembros de esta elite estarán incapacitados físicamente para tareas de gobierno.

A menudo los observadores atribuyen a un alto dirigente del partido, un ministro o un vicepresidente del Consejo de Estado, una inexistente membresía a la elite de poder, la cual está constituida, sin embargo, por un reducido grupo de líderes históricos. En realidad, esos funcionarios actúan como administradores descartables, al estilo de un CEO corporativo para su Junta de Directores, por eso aquí vale la distinción introducida por la sociología norteamericana entre los que mandan y los que gobiernan (Who rules? Who governs?). La larga aprensión hacia los cuadros más jóvenes –a quienes se les ha permitido gobernar como funcionarios pero no mandar en el país como miembros plenos de la elite de poder– conspira contra un relevo exitoso. Las promociones tienen como primera premisa la lealtad personal en lugar de la eficiencia. La elite histórica –en la que tienen un peso desmesurado los militares– ha envejecido, y la única cantera de reemplazo puede provenir ahora de familiares cercanos (lo que puede crear tensiones en la propia elite) o de los funcionarios gubernamentales y partidarios. Y el tiempo pasa...

El sistema económico estatizado está agotado: deberá ser sustituido por otro rentable, eficiente y productivo. El crecimiento del PIB en 2011 fue de 2,7% frente al promedio regional de 4,3%. La tasa de formación de capital fijo es de 13%, contra 23% que prevalece en la región7. Los niveles de acumulación actuales (10%-15% del PIB) están cerca del límite inferior necesario para la reposición de capital fijo y lejos del 25%-30% que requiere una economía en crecimiento8.

Un resumen de problemas: a) el crecimiento económico resulta insuficiente y distorsionado en favor de los servicios sociales con escaso impacto en el mejoramiento del nivel de vida de la población; b) la producción industrial y agrícola está estancada; c) existe una escasa capacidad de demanda efectiva; d) las fuentes de acumulación de capital son limitadas y el financiamiento es insuficiente; e) la inserción internacional de Cuba es deficiente; y f) las instituciones tienen una escasa credibilidad frente a la gestión de los negocios9.

El régimen de economía estatizada bloquea el desarrollo de las fuerzas productivas, por lo que no puede reproducirse si no es de manera artificial, con fuertes subvenciones o inyecciones externas de capital. Esas subvenciones son hoy venezolanas. Pero en cuestión de meses podría ocurrir una disminución o corte de la actual transferencia masiva de recursos desde Caracas, mientras que nadie más parece estar dispuesto a sustituir a Hugo Chávez en su papel de mecenas de una economía disfuncional. Por otro lado, el acceso a fuentes de financiamiento seguirá siendo restringido mientras exista el embargo estadounidense y Cuba permanezca fuera de las instituciones financieras internacionales. En ese marco, el país continúa su descapitalización10.

La única respuesta factible en ese marco es levantar el otro embargo, endógeno, que impone el actual sistema al desarrollo de las fuerzas productivas nacionales: las restricciones a las inversiones de la diáspora. Se reconfiguraría así un sector privado capaz de atraer inversiones extranjeras, dinamizar la economía y crear empleos, productos y servicios.

La ineficiencia de la economía estatizada es más transparente aún en la agricultura, donde las cooperativas de créditos y servicios y los campesinos privados, con solo 24% de la tierra cultivable, generan 57% de todos los alimentos de producción nacional11. El país es por ello vulnerable al alza de precios de los alimentos en el mercado mundial, ya que importa algo más de 80% de lo que se consume y, a su vez, 80% de esas importaciones provienen de EEUU, donde deben ser pagadas en efectivo por las regulaciones del embargo.

El sistema social cubano, cemento del consentimiento ciudadano por décadas, es ya insostenible y deberá ser reformado. El debate sobre las políticas económicas no debe marginar el análisis sobre la economía política que ellas instalan. ¿Cómo es que el nuevo régimen de gobernabilidad distribuirá el acceso a recursos y cuotas de poder? ¿Qué sistema político y de clases promueve? Si se ha iniciado una transición, no es extraño que muchos reclamen saber a dónde conduce.

Los sistemas de educación y salud universales, así como la cobertura de seguridad social, se degradan por la crisis fiscal. Muchos servicios y subvenciones estatales se han reducido o suprimido ya en este sexenio. El gobierno planifica dejar desempleados en los próximos tres años (2012-2015) a más de 1.300.000 empleados del sector estatal, quienes deberán procurar el modo de autosostenerse sin ayuda gubernamental.

La inequidad de los ingresos se incrementa con las nuevas medidas económicas, sin que se haya aprobado ningún contrapeso con nuevas políticas sociales. Como afirma la socióloga cubana Mayra Espina Prieto: «En general, los Lineamientos [del Partido Comunista] omiten referencias a la situación de desigualdad y pobreza ya existentes y no se comprometen a actuar sobre ellas con una política social que introduzca elementos de equidad»12. El coeficiente de Gini pasó de 0,24 a mediados de los años 80 a 0,38 en la década de 200013. La entrada de remesas y el acceso a dólares por medio del turismo y las empresas privadas crean nuevas diferencias sociales que –conjugadas con la dualidad monetaria del mercado interno entre pesos cubanos y moneda convertible– presionan el coeficiente de Gini hacia cifras similares a las de países con amplias zonas de pobreza y desigualdad.

La situación es grave si se tiene en cuenta que el Banco Mundial (BM) considera que los ingresos por debajo de 70 dólares mensuales son indicadores de pobreza, y el promedio de los cubanos no alcanza esa cifra. Se estima que el salario real en 2011 fue 26% del de 198914. Si a ello se suma que la cartilla de racionamiento ha ido perdiendo peso y cada vez más productos de la canasta básica deben adquirirse en moneda convertible (con una tasa cambiaria aproximada de 1 CUC por 20 pesos nacionales), es fácil entender que la degradación del poder adquisitivo del salario no puede continuar sin crear tensiones sociales considerables. 51% de la población la considera el principal problema del país15.

Las nuevas medidas tienden también a afectar especialmente a grupos vulnerables de la población, como las mujeres solteras, los ancianos y los afrodescendientes, cuya situación se deterioró aún más desde el inicio del nuevo milenio. Un estudio realizado en 2004 comprobó la sobrerrepresentación de estudiantes blancos en los niveles de educación superior, mientras que los afrodescendientes se veían sobrerrepresentados en la población penal. Un ejemplo: en 2004 ingresaron en la universidad, mediante un examen de ingreso, 13.301 estudiantes, de los cuales 68% era blanco, 9% era negro y 23% era mestizo16; esto, en un país donde más de la mitad de la población es mestiza o negra.

La seguridad social se torna también insostenible dada la tendencia demográfica cubana, con escasas tasas de crecimiento y evidente envejecimiento poblacional. En el periodo 2006-2010 la población decreció en comparación con 2009. Los cubanos con más de 60 años eran 18% del total en 201117. De 2002 a 2012 la población solo se incrementó en 70.182 personas.

Existe una tensión creciente entre el actual transnacionalismo de la sociedad cubana y las políticas excluyentes hacia su diáspora. La coyuntura nacional, conjugada con la actual política migratoria, expulsa masivamente capital humano y bloquea el potencial de inversiones de la diáspora (más de dos millones de personas) en la economía nacional, por lo que tendrán que hacerse más cambios. Por medio siglo, además de imponerse permisos de entrada y salida para controlar el movimiento de los cubanos, se ha impedido el retorno –salvo como turistas– de quienes optaron por radicarse fuera del país. Sin embargo, los cubanos siguen emigrando por diversas vías y hacia diferentes países. Solo hacia EEUU emigran legalmente 20.000 personas por año. A esa cifra se suman las que lo hacen de forma ilegal y quienes optan por otros destinos. La actual política no incentiva la cooperación de los que están fuera ni es capaz de desincentivar la salida de quienes residen en la isla. Las reformas introducidas en octubre de 2012 no alcanzan a revertir esta situación, además de que se sigue abordando el tema en términos de permisos y tasas de impuestos y no de derechos. Por eso la «actualización» de la política migratoria es tan insuficiente como la llevada adelante en la economía.

El disfuncional régimen económico desperdicia los talentos formados por el sistema de educación y genera frustración entre profesionales mal pagados y peor aprovechados. Pese a que 8,1% de la población cubana (y 15% de los trabajadores) tiene nivel universitario, ello no redunda en una mayor productividad del sistema18.

La migración es actualmente una de las causas principales de la limitada tasa de crecimiento demográfico. La Universidad Internacional de La Florida produjo un informe especial –«La diáspora cubana en el siglo XXI»– sobre el potencial de la diáspora para el desarrollo nacional en el nuevo siglo. Su elaboración fue coordinada por el autor de este artículo, y fue redactado por un grupo de especialistas de alto nivel que incluyó al laico Orlando Márquez, vocero de la Arquidiócesis de La Habana. Ese informe concluyó que si Cuba espera recibir los beneficios que puede aportar su diáspora en capital humano, económico y social, tendrá no solo que otorgar libertad económica al sector privado emergente, sino también alinear su legislación migratoria con los estándares internacionales en ese campo19.

Los niveles de disenso y tensión social se incrementan: el país carece de una cultura de paz y de instituciones democráticas para administrar y resolver conflictos. Sin una reforma política, no será exitosa una reforma económica. Para actuar sobre la realidad, es necesario nombrar los problemas y conceptualizar los desafíos20. Un régimen de valores e instituciones democráticas, conjugado con las libertades de expresión, prensa, reunión y organización, facilitaría esa labor. Las sociedades cerradas como la cubana excluyen y reprimen las zonas de disenso, lo cual impide la retroalimentación del sistema para reconocer sus fallas y trascenderlas. Si bien el sistema ha cedido espacios acotados para el debate entre académicos que acepten sus premisas básicas, la conexión entre expertos y funcionarios dista de ser funcional.

Por otra parte, el diálogo y la búsqueda de consenso con las posturas disidentes son descartados (incluso si provienen del marxismo). Se opta por una cultura política que privilegia la imposición y valora las actitudes intolerantes por encima de la búsqueda de soluciones negociadas. En ese contexto, es interesante analizar el índice de Estados fallidos que aplica la organización The Fund for Peace. Esa organización otorga en 2012 a Cuba un puntaje de 2 (calificación de «débil») en una puntuación que va de 1 («pobre» capacidad de manejo de conflictos, como Somalia) hasta 5 («buena» capacidad para administrar conflictos, como Canadá); pese a que, de forma optimista, se estima que ha mejorado considerablemente de 2007 a 201121.

Una Cuba mejor es posible... una peor, también

Un chiste circula hace décadas en la isla: un periodista extranjero le pregunta a un cubano cuáles considera que son los tres logros más importantes del país desde 1959, a lo que este responde: la salud, la educación y el deporte. Luego le pregunta cuáles considera que serían los tres principales fracasos y, sin titubear, el cubano contesta: el desayuno, el almuerzo y la cena.

A mi juicio, las tres principales fortalezas de la sociedad cubana están asociadas a sus tres principales debilidades, que impiden que la isla se beneficie en plenitud del potencial de las primeras.

- La existencia de un cable submarino de fibra óptica que conecta Cuba con Venezuela, además del analógico que ya conecta la isla con EEUU, permite desarrollar con relativa rapidez la infraestructura digital de la civilización de la información; pero la insistencia en sostener un régimen político que niega libertades universales básicas bloquea el acceso a ese imprescindible pilar del desarrollo y la prosperidad futuros de Cuba.

- Los cubanos residentes en la isla y en el exterior forman una sola nación con considerable capital humano, social y económico; pero se requiere cambiar radicalmente el régimen de gobernabilidad actual y las leyes de exclusión y destierro para que ambos puedan colaborar en insertar competitivamente al país en los procesos de globalización.

- La privilegiada localización geográfica de Cuba la convierte en un lugar atractivo para producciones cooperadas con inversionistas extranjeros con vista al mercado del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Pero sacar provecho de esa posibilidad supone avanzar hacia la normalización de relaciones con EEUU. Ella se facilitaría en gran medida si la llamada «actualización» del viejo modelo cediera el paso a una genuina transición hacia un paradigma de desarrollo democrático y si Raúl Castro decidiera jubilarse en 2013 al concluir su primer periodo presidencial formal y más de medio siglo en ejercicio del poder real.Ante el desafío que presenta el país real, las medidas que ha adoptado el gobierno cubano son bienvenidas pero insuficientes y carecen de un carácter sistémico. En los debates sobre la llamada «actualización» del modelo socialista, algunos autores se vuelcan a enumerar las decisiones adoptadas bajo el mando de Raúl Castro y a subrayar sus beneficios para la población. Sin duda puede argüirse, como Galileo, que pese a todo algo «se mueve» en Cuba. Pero eso no impide también afirmar que el proceso, después de un sexenio, ha mostrado excesiva lentitud e insuficiente calado. Hacer un largo inventario de todas las medidas adoptadas no escabulle el dato de su demostrada ineficacia para abordar exitosamente los problemas.

Una Cuba mejor es posible, pero requiere descartar las argucias de la propaganda oficial para abordar con honestidad los desafíos reales y las medidas –radicales, oportunas y sistémicas– que ellos demandan:

- Cuba está llamada a deshacerse de las trabas políticas, económicas y tecnológicas que hoy obstaculizan su despegue y a incorporarse lo más rápidamente posible al nuevo proceso civilizatorio de la información y a sus múltiples expresiones en los procesos de globalización de las relaciones entre naciones.

- Cuba necesita refundarse bajo un nuevo paradigma de desarrollo democrático y sustentable –bajo fuerte control ciudadano–, que le permita sacar provecho de los procesos de globalización.

- Cuba no debe encomendar su futuro a un sistema autoritario y corrupto como el ruso ni a un «estalinismo de mercado» –dictadura política con capitalismo económico– como el chino o el vietnamita. Sin libertad de expresión, sindicalización y asociación, el sistema genera crecimiento pero también fomenta trabajo semiesclavo y degradación ambiental.

- Hay más de un modo de entrar en el nuevo milenio y de insertarse en la globalización de la civilización cibernética. Hay, por ello, más de un futuro posible –próspero o miserable– para Cuba.

- Nada es hoy más urgente que garantizar la irrestricta libertad política que se necesita para poder gestar, sin violencia, el futuro al que se aspira. La posibilidad de estallidos sociales es alta y la idea de que podrán ser aplastados por la fuerza –esa fue la hipótesis del ejercicio militar «Bastión 2009»– es una ilusión peligrosa22.

Las salidas consensuadas son siempre preferibles. Pero sin espacio para una sociedad civil autónoma con vocación participativa, el porvenir no será promisorio. Las libertades de expresión y organización no son un lujo, sino condición de desarrollo, y solo pueden existir si las ejercen quienes disienten. El gobierno debería ratificar e implementar los pactos internacionales de derechos humanos que ya ha firmado y abolir la pena de muerte. En la política, cerrar los caminos del diálogo y la construcción de consensos equivale a abrir los de la violencia.

No parece que las medidas más urgentes puedan ser ya impulsadas por una elite que carece de tiempo para cambiar hábitos mentales y rehúye renovarse. ¿Qué sociedad dejaría entonces tras su desaparición?

Un país ubicado en la periferia de los nuevos procesos civilizatorios, con una infraestructura y parque productivo obsoletos, descapitalizado, con índices de crecimiento que hacen insostenible cualquier estrategia de desarrollo, descreído de viejas utopías colectivas, empobrecido, carente de cultura e instituciones adecuadas para el manejo y la solución de conflictos, con tradiciones legales débiles, infestado por la corrupción en todos los niveles sociales, con miles de ex-militares carentes de otro oficio que no sea el del uso de armas y técnicas conspirativas, segregado del potencial de capital humano, económico y social de su diáspora, localizado a 90 millas del principal mercado consumidor de drogas del mundo, no parece ser una buena receta para la búsqueda de la felicidad.

La elite cubana intenta presentarse como la mejor opción para evitar que haya un Estado fallido en Cuba. Pero allí conduce la lógica que emana del obsoleto statu quo actual. Ayudar a gestar hoy una transformación –oportuna y no violenta– hacia un paradigma de desarrollo democrático es contribuir a la paz y estabilidad regional de mañana.

Para concluir...

Las probabilidades de materialización de un oscuro escenario, o de otro más promisorio, se decidirán en este quinquenio. Ambas representan, entre otros, dos futuros posibles de la sociedad cubana. En una reciente encuesta realizada por el IRI a 787 cubanos de 14 provincias de la isla, se les preguntó: «¿Cuál considera usted que es el mayor problema de Cuba?»; solo 4% señaló el embargo estadounidense. Algo nada sorprendente después de que el propio Raúl Castro se mofara en varias ocasiones de la tendencia burocrática a justificar sus propios fracasos a partir de la política de EEUU. Las respuestas mayoritarias se referían a desafíos internos como salarios depreciados, escasez de alimentos y otros. Ante la pregunta «¿Cree usted que el gobierno actual logrará resolver ese problema (definido como ‘principal’) en los próximos años?», 70% respondió negativamente; 19% todavía lo cree posible. El autor de este artículo se identifica con la opinión mayoritaria en ambas cuestiones.

  • 1. Juan Antonio Blanco: doctor en Ciencias Históricas. Actualmente es analista político y director ejecutivo del Centro para Iniciativas hacia América Latina y el Caribe del Miami Dade College. Palabras claves: reforma económica, sistema político, era de la información, Raúl Castro, Cuba.. Pavel Vidal Alejandro y Omar Everleny Pérez Villanueva (comps.): Miradas a la economía cubana: el proceso de actualización, Caminos, La Habana, 2012.
  • 2. Mauricio de Miranda Parrondo (comp.): Cuba. Hacia una estrategia de desarrollo para los inicios del siglo xxi, Universidad Javeriana, Bogotá, 2012, disponible en formato digital en www.espaciolaical.org/contens/ind_publicacion.html.
  • 3. Juan O. Tamayo: «Economist Pedro Monreal Back in the News» en Cuban Colada, blog de The Miami Herald, 2008, http://miamiherald.typepad.com/cuban_colada/2008/04/economist-pedro.html.
  • 4. Juan Triana Cordoví: «La economía del conocimiento y el desarrollo» en M. de Miranda Parrondo (comp.): ob. cit.
  • 5. Akamai: The State of the Internet vol. 3 No 4, 2010, p. 9, disponible en http://i.zdnet.com/blogs/akamai042611a.pdf.
  • 6. «Cable óptico Venezuela y Cuba: operativo pero no funciona» en Hoybolivia.com, 25/5/2012, www.hoybolivia.com/Noticia.php?IdNoticia=61241.
  • 7. P. Vidal y O. Everleny (comps.): ob. cit., p. 14.
  • 8. Ileana Díaz Fernández y Ricardo Torres Pérez: «Los encadenamientos productivos: un análisis para Cuba» en P. Vidal y O. Everleny (comps.): ob. cit., p. 30.
  • 9. M. Miranda Parrondo: «Los problemas actuales de la economía cubana y las reformas necesarias» en M. Miranda Parrondo (comp.): ob. cit., p. 192.
  • 10. «Cuba ve ‘volar’ el dinero extranjero» en Americaeconomica.com, 25/5/2012, www.americaeconomica.com/index.php?noticia=13126&name=mercados%20y%20finanzas.
  • 11. Armando Novoa González: «La propiedad en la economía cubana. Recientes cambios en las formas de propiedad y su impacto en el sector agrícola cubano» en P. Vidal y O. Everleny (comps.): ob. cit., p. 136.
  • 12. «Retos y cambios en la política social» en M. Miranda Parrondo (comp.): ob. cit., p. 160.
  • 13. Ibíd., p. 165.
  • 14. O. Everleny y P. Vidal (comps.): ob. cit., p. 9.
  • 15. Instituto Internacional Republicano (iri): «Encuesta de opinión pública cubana, 29 febrero-14 marzo, 2012», www.iri.org. La opinión pública cubana es difícil de medir, ya que el único autorizado a realizar encuestas y publicarlas es el Partido Comunista de Cuba (pcc). Por su parte, el iri realiza estos sondeos de opinión en circunstancias no legales dentro de la isla, por lo que es aconsejable tomar las cifras que ofrece a título de referencia. Sin embargo, los estados de opinión que reflejan sus encuestas parecen coincidir notablemente con las opiniones de aquellos residentes en Cuba que escriben a sus familiares o salen a visitarlos, así como con los estados de ánimo que detectan en Cuba los visitantes cubanos que residen en el exterior.
  • 16. N. González: «Familia, racialidad y educación», trabajo de diploma, Departamento de Sociología, Universidad de La Habana, 2006, citado por M. Espina: ob. cit., p. 169.
  • 17. Fuente: Oficina Nacional de Estadísticas, 2011.
  • 18. I. Díaz Fernández y R. Torres Pérez: ob. cit., p. 30.
  • 19. Cuban Research Institute, Florida International University: «La diáspora cubana en el siglo xxi», julio de 2011, http://diasporaydesarrollo.com/index.cfm/files/serve?File_id=7f8c0225-7d1c-4f2d-a47f-27d682d0142d.
  • 20. M. Espina: ob. cit, p. 160.
  • 21. The Fund for Peace: «Failed States Index 2012», Washington, dc, 2012, p. 43, disponible en www.fundforpeace.org/global/library/cfsir1210-failedstatesindex2012-06p.pdf.
  • 22. Gerardo Arreola: «Bastión 2009, los juegos de guerra de mayor envergadura en Cuba» en La Jornada, 26/11/2009, p. 24, disponible en www.jornada.unam.mx/2009/11/26/index.php?section=mundo&article=024n1mun.