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Cuba en el siglo XXI. Escenarios actuales, cambios inevitables, futuros posibles

El régimen de gobernanza que ha dirigido Cuba por medio siglo ha quedado inmerso en un desequilibrio sistémico al perder su anterior hábitat internacional, que lo sustentó durante la Guerra Fría. Los cambios introducidos hasta ahora no han sido suficientes para lograr un nuevo equilibrio. Si se comprende esa realidad y se rectifica el rumbo, hay una Cuba mejor esperando a sus ciudadanos en el futuro. Pero si se insisteen «actualizar» un sistema agotado y carente de mecenazgos de la magnitud de los que obtuvo del bloque soviético, también es posible que aguarde en el horizonte una Cuba peor.

Cuba en el siglo XXI. Escenarios actuales, cambios inevitables, futuros posibles

Karl Marx hizo dos advertencias generales que los participantes en los debates sobre el rumbo de Cuba deberían tener más en cuenta. Una: no solo las respuestas, sino las preguntas mismas, pueden estar erradas. Otra: la eficacia de un ejercicio intelectual debe medirse por su capacidad de contribuir a transformar el mundo real. La copiosa bibliografía que circula sobre el curso de la sociedad cubana desde que Raúl Castro asumió como jefe de Estado parece alejada de esas premisas. No obstante, marcan una positiva diferencia con esa tendencia las recientes compilaciones Miradas a la economía cubana1 y Cuba: hacia una estrategia de desarrollo para los inicios del siglo XXI2, de las que aquí cito varios datos. En ambos trabajos se evitan las disquisiciones ideológicas para ceder espacio al análisis de la Cuba real, lo cual facilita la aproximación a interrogantes como las siguientes: ¿de qué país hablamos?, ¿a qué país se aspira?, ¿qué fortalezas y debilidades presenta la sociedad cubana al inicio del nuevo siglo?, ¿qué cambios son inevitables?, ¿cuáles son los futuros posibles que aguardan a Cuba?, ¿qué papel puede jugar la diáspora en esta nueva etapa?, ¿qué modelo de distribución de poder y recursos entre los diferentes grupos sociales se viene configurando a partir de las medidas económicas y sociales recientes?, ¿quiénes son los que realmente mandan y quiénes los que gobiernan en la isla?, ¿qué instituciones y libertades se requieren para que los ciudadanos participen en los procesos de decisión y puedan controlar su implementación? Y quizás la más importante y básica de todas: ¿están conformes los cubanos hoy con su situación o reclaman otro régimen de gobernabilidad para, libremente, buscar la felicidad? Si bien este artículo no puede abordar todas esas interrogantes, ensayaremos algunas reflexiones sobre el presente y el futuro de Cuba.

El economista cubano Pedro Monreal resumió con agudeza la situación del país real: «Una economía como la de Cuba debe evaluarse por lo que esencialmente es: una economía subdesarrollada que necesita una reestructuración vasta y profunda que ponga el actual estado de cosas patas arriba. El proceso de desarrollo no es un mero ejercicio de perfeccionismo económico sino un acto perturbador de refundación económica, social y política»3. Y en este contexto, hay ciertas realidades –y procesos de cambio– que resultan ya insoslayables.

Cuba no se ha integrado a la era de la información, pero ya está influida por ella. Sin una conectividad adecuada a internet –y la de Cuba es de las más bajas del planeta–, no es posible avanzar hacia una economía moderna de conocimiento como la que proponen destacados economistas cubanos4. Los pequeños negocios no pueden ser competitivos ni el país será capaz de exportar servicios (outsourcing) sin el traslado físico de sus profesionales. Internet es hoy una herramienta económica insustituible en los países latinoamericanos. Según los datos de Internet World Stats, hay más de 230 millones de internautas en América Latina, lo que representa 39,9% de la población de la región y 10% del total de usuarios de internet en todo el mundo. La situación en Cuba es, sin embargo, muy diferente.En su informe anual sobre el estado de internet correspondiente a 2010, la consultora Akamai Technologies informaba que la velocidad de conexión en Cuba era inferior a 95 Kbps, el segundo peor lugar mundial después del archipiélago Mayotte, con solo 56 Kbps5. Y la situación no ha cambiado desde entonces. El acceso, que está restringido a entidades y personas autorizadas expresamente por el Estado cubano, cuesta por mes unos 222 pesos cubanos, equivalentes a 9,25 dólares estadounidenses (aproximadamente la mitad del salario promedio nacional). Las entidades extranjeras que desean acceder a este servicio deben abonar entre 300 y 400 dólares.

Pese al extendido consenso de que esa anomalía se debe al embargo, lo cierto es que después del ciclón Andrew de agosto de 1992, la ITT (hoy ATT) obtuvo autorización de Estados Unidos para ofrecerle a Cuba la reparación del cable submarino analógico dañado por esa tormenta y la instalación de otro de fibra óptica, pero Fidel Castro solo permitió la reposición del cable analógico, el cual mantuvo por un tiempo sin darle uso alguno. Actualmente parece repetirse la misma historia. Desde hace un año existe un cable submarino de fibra óptica extendido desde Venezuela –cuya instalación fue mucho más costosa que la ofrecida por la empresa estadounidense 20 años atrás–, pero hasta ahora no se ha autorizado su uso para mejorar la conectividad de todo el país6.

Una razón de peso que explica la prosperidad cubana durante la Colonia y la primera mitad del siglo pasado es la temprana asimilación de tecnologías de producción y servicios asociadas a la expansión de la civilización industrial. El central azucarero, el ferrocarril, los teléfonos, la televisión, el sistema de transporte automotor, las ventas a crédito en establecimientos comerciales, la publicidad moderna y muchas otras herramientas de desarrollo aparecieron en Cuba mucho antes que en el resto de la región. Lo curioso es que fue el miedo a una sublevación de esclavos como la ocurrida en Haití lo que impulsó la introducción de tecnologías de producción azucarera que facilitaran la transición de la mano de obra esclava a la asalariada. Hoy, paradójicamente, es el miedo a revueltas como las ocurridas en Túnez o Egipto lo que parece inhibir a la elite cubana de dar pasos para incorporar a la isla a la nueva cultura de la información.

La reticencia a incorporar tempranamente a Cuba al nuevo proceso civilizatorio la condena a ubicarse, empobrecida y no competitiva, en la extrema periferia de los procesos mundiales de globalización. Este hecho es mucho más grave –y tendrá más larga consecuencia– que la timidez mostrada por las nuevas medidas económicas.

Sin embargo, la sociedad cerrada que impuso el socialismo de Estado cubano se resquebraja ante continuas innovaciones de las comunicaciones digitales (teléfonos celulares inteligentes, computadoras, memorias portátiles) que permiten a activistas ciudadanos socializar la información a escala local e internacional, incluso sin tener acceso directo a internet. La ingeniosidad cubana no solo hace funcionar un automóvil de 1958, sino que también logra crear blogs que en la inmensa mayoría de los casos nunca han sido vistos por sus autores. El más conocido es Generación Y, de Yoani Sánchez, que como varios otros circula en todo el planeta y se pasa en memorias flash, de mano en mano, dentro de la isla. Así, el largamente amordazado grito de los excluidos es ahora electrónico.

  • 1. Juan Antonio Blanco: doctor en Ciencias Históricas. Actualmente es analista político y director ejecutivo del Centro para Iniciativas hacia América Latina y el Caribe del Miami Dade College. Palabras claves: reforma económica, sistema político, era de la información, Raúl Castro, Cuba.. Pavel Vidal Alejandro y Omar Everleny Pérez Villanueva (comps.): Miradas a la economía cubana: el proceso de actualización, Caminos, La Habana, 2012.
  • 2. Mauricio de Miranda Parrondo (comp.): Cuba. Hacia una estrategia de desarrollo para los inicios del siglo xxi, Universidad Javeriana, Bogotá, 2012, disponible en formato digital en www.espaciolaical.org/contens/ind_publicacion.html.
  • 3. Juan O. Tamayo: «Economist Pedro Monreal Back in the News» en Cuban Colada, blog de The Miami Herald, 2008, http://miamiherald.typepad.com/cuban_colada/2008/04/economist-pedro.html.
  • 4. Juan Triana Cordoví: «La economía del conocimiento y el desarrollo» en M. de Miranda Parrondo (comp.): ob. cit.
  • 5. Akamai: The State of the Internet vol. 3 No 4, 2010, p. 9, disponible en http://i.zdnet.com/blogs/akamai042611a.pdf.
  • 6. «Cable óptico Venezuela y Cuba: operativo pero no funciona» en Hoybolivia.com, 25/5/2012, www.hoybolivia.com/Noticia.php?IdNoticia=61241.