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Cuba: ¿de la «actualización» del modelo económico al desarrollo?

En este artículo se examinan las transformaciones producidas en los últimos años en Cuba y conocidas como «actualización del modelo de funcionamiento económico y social». Son muchas las interrogantes que ese proceso plantea a la sociedad cubana por su carácter sui géneris. El trabajo intenta explicar la lógica de esas transformaciones, propone una periodización de los cambios y establece las diferencias entre la primera etapa, comenzada en 1990, y esta última, que arranca en el verano de 2007.Adelanta, además, algunas ideas sobre la relación entre desarrollo económico y construcción del socialismo en Cuba.

Cuba: ¿de la «actualización» del modelo económico al desarrollo?

Un poco de historia: la transformación no comenzó en 2007

No es la primera vez que Cuba enfrenta un proceso de transformaciones. En realidad, el proceso iniciado desde el verano de 2007 tiene su precedente en los cambios que el país se vio obligado a introducir a raíz de la crisis vivida a finales de los años 80 y principios de los 90, luego de la caída del bloque socialista. De hecho, el actual proceso debe verse como continuación y ruptura de aquel otro, en el cual el país no tuvo otra alternativa que cambiar para sobrevivir y tratar de reinsertarse en la economía mundial con las reglas de juego de esa economía.Vista desde esa perspectiva, la actual sería la tercera etapa de la transformación. La primera etapa, iniciada en los 90, abarca hasta entrada la primera década del siglo XXI; la segunda está asociada al inicio de la Batalla de Ideas y el reforzamiento de los vínculos económicos con Venezuela, mientras que la tercera fase –la actual– está directamente asociada al periodo de la presidencia de Raúl Castro. Se trata, en todo caso, de un proceso no lineal.

Si se atiende a la forma de regulación de la economía, la primera fase de reformas podría ser definida como un avance hacia la descentralización y el inicio de la apertura a formas económicas no estatales (asociaciones con capital extranjero, compañías comerciales extranjeras operando en la economía nacional y, fundamentalmente, el relanzamiento del trabajo por cuenta propia); el segundo momento está asociado a la vuelta a formas de manejo de la economía altamente centralizada (cuenta única, reducción de las asociaciones con capital extranjero, fuerte control sobre el sector cuentapropista), mientras que la etapa actual consiste nuevamente en un regreso a formas descentralizadas.

Desde la perspectiva del comportamiento económico, la primera de las etapas es una combinación de crisis y crecimiento, con transformaciones estructurales importantes a partir del surgimiento y la consolidación de nuevos sectores económicos y la reactivación de otros (turismo, biotecnología, níquel, telecomunicaciones y extracción de petróleo) en los cuales los cambios regulatorios propiciaron espacios de eficiencia y crecimiento y se lograron nuevos encadenamientos productivos, a partir de los sectores generadores de divisas que fueron convenientemente aprovechados por una parte de las empresas estatales. La economía recupera en parte su capacidad de crecimiento y se produce una relativa mejora del consumo individual.

La segunda etapa, también desde la perspectiva económica, fue la más dinámica en términos de tasas de crecimiento, a partir de inversiones masivas en el sector de la educación, la salud y, posteriormente, en la transformación del sector energético. Al mismo tiempo, conllevó la ruptura de algunas de las cadenas productivas creadas, la descapitalización de una parte significativa del sector industrial cubano (no solo la industria azucarera) y el rompimiento de la disciplina monetaria en torno de la relación dólar-peso cubano convertible, lo que llevó en 2008 a enfrentar una crisis de pagos con un impacto altamente negativo en el desempeño de la economía en los años posteriores. Significó también la recomposición de las relaciones económicas internacionales con fuerte sesgo hacia dos países, Venezuela y China, lo que de una u otra forma recuerda la vulnerabilidad de la dependencia unilateral ya vivida por Cuba en años anteriores a 1990. Una característica importante de esta segunda etapa de reformas es la desvinculación de los buenos resultados macroeconómicos en términos de crecimiento respecto del mejoramiento del nivel de vida de la población, medido en capacidad adquisitiva e incremento del consumo individual.

La actual etapa de la transformación se ha caracterizado, hasta el momento, por tasas relativamente bajas de crecimiento junto con la recomposición de las cuentas externas del país.

A diferencia de la primera fase de transformaciones, cuando la desaparición de los apoyos internacionales provenientes del campo socialista no dejó otra alternativa, la actual coyuntura tiene en las restricciones internas su principal detonante. «Desatar los nudos que entorpecen el desarrollo de las fuerzas productivas» es una de las frases más repetidas en la actualidad. Surge del convencimiento de que consolidar el socialismo en Cuba solo es posible sobre la base de elevar sustancialmente la productividad y la eficiencia de la economía en su conjunto, y del convencimiento de que el Estado debe concentrarse en lo que es decisivo para conservar y consolidar el socialismo. Pero también existe la convicción de que el socialismo que Cuba conoció y se empeñó en llevar adelante hasta finales de los 90, y que después fuera nuevamente «rescatado», es inviable, no solo desde el punto de vista económico sino también social y político.

Otra diferencia esencial entre la etapa actual y el periodo que siguió a la caída del bloque socialista está asociada al cambio de presupuestos ideopolíticos que sustentan las reformas económicas. Mientras que entre 1990 y 1999 se aceptaron las formas no estatales como un «mal necesario» que podría ser eliminado cuando la situación mejorara (algo que pareció ocurrir en el periodo 2001-2007), hoy, desde la más alta dirección del Partido Comunista de Cuba (PCC) y desde el Estado se busca legitimar, no solo en el ámbito legal sino también en el comportamiento cotidiano, esas diferentes formas de propiedad, y en consecuencia se establece una política para su fomento1 y un marco legal, aun imperfecto e incompleto, que le da apoyo y establece límites relativamente claros.

La tercera etapa de transformaciones: de los parches a una nueva concepción del desarrollo y el socialismo

En esta tercera etapa de transformaciones que comienza en 2007 pueden distinguirse al menos cuatro grandes momentos: el primero de ellos abarca desde el verano de 2007 hasta la divulgación y discusión de los «Lineamientos de la Política Económica y Social»; el segundo tiene por eje el propio proceso de discusión del documento original y su aprobación por el VI Congreso del PCC; el tercero comienza con la aplicación de los Lineamientos para ir «actualizando» el modelo económico-social, y el cuarto se inicia con la declaración pública de los más altos niveles del Partido y del gobierno en que se manifiesta la convicción de que no solo se trata de sobrevivir (arreglar lo que ha estado mal y modernizar el funcionamiento del modelo), sino que se requiere una concepción integral sobre el futuro del país. Es decir, una concepción del desarrollo futuro que integre a la vez el propósito de consolidar el socialismo con el de lograr una inserción exitosa de Cuba en la economía mundial y eliminar las fallas estructurales y funcionales del proceso experimentado hasta la actualidad.

  • 1. Una de las polémicas más agudas tanto en la teoría como en la ideología está asociada a las diferentes posiciones respecto de estos tipos socioeconómicos no estatales. Lo provechoso de esa polémica es su carácter abierto y franco. Lo otro que resulta interesante es que desde el Estado y desde el Partido, si bien se han reconocido las formas cooperativas como más afines al propósito de las transformaciones, se impulsa la diversificación de los actores, con un pragmatismo nunca antes visto en la conducción de la economía.