Opinión

Crisis, interdependencia y responsabilidad social empresaria

El colapso de la industria, el comercio y las finanzas puso en evidencia la fragilidad del sistema económico y la indefensión de la sociedad global frente a la prevalencia de intereses de unos pocos sobre los intereses colectivos pero, sobre todo, contribuyó a mostrar que la sostenibilidad social y ambiental del mundo está comprometida y que es una expresión inequívoca de la interdependencia. La respuesta se ha estructurado desde tres frentes de acción que se complementan entre sí y que convergen en la idea central de una economía responsable.

Crisis, interdependencia y responsabilidad social empresaria

La crisis financiera de 2008 y su devastadora repercusión sobre la economía real aceleraron el proceso de transformación del funcionamiento económico global que se venía gestando desde hace dos décadas con el impulso del movimiento de la responsabilidad social. El colapso de la industria, el comercio y las finanzas puso en evidencia la fragilidad del sistema económico y la indefensión de la sociedad global frente a la prevalencia de los intereses de unos pocos sobre los intereses colectivos. Pero sobre todo, contribuyó a mostrar que la sostenibilidad social y ambiental del mundo está comprometida y que es una expresión inequívoca de la interdependencia. La respuesta se ha estructurado desde tres frentes de acción complementarios que convergen en la idea central de una economía responsable. En primer lugar, los gobiernos proponen incrementar la regulación de los mercados y, en general, ejercer mayor supervisión e incidencia sobre las empresas, con el objeto de asegurar el cumplimiento de marcos normativos más estrictos y de alcance global. En segundo lugar, las empresas, y en especial los sectores de la producción a escala global, buscan establecer marcos de comportamiento y desempeño que aseguren un autocontrol y garanticen su contribución estructural al equilibrio entre lo económico, lo social y lo ambiental. Ejemplos de esto son la Mesa de Sostenibilidad de la industria del aceite de palma (en los países andinos), los Principios de Minería Responsable y los Principios de Inversión Responsable de las Naciones Unidas, entre muchos otros. Y por último, los movimientos ciudadanos de control social de la economía, y en especial de control a las empresas, han incrementado su capacidad de acción e incidencia a través de estructuras globales de grupos de interés. Estos movimientos han logrado establecer escenarios de observación y concertación del desarrollo, desde la perspectiva de los consumidores, las comunidades o simplemente como defensores de los derechos humanos o el medio ambiente. Un ejemplo de ello es el movimiento de consumo responsable en Europa, que ha instalado observatorios de las compras públicas realizadas por los gobiernos nacionales, para asegurar que toda empresa que haga negocios con el Estado sea líder en el ejercicio de la responsabilidad social. En síntesis, se ha configurado un escenario complejo para las operaciones económicas que se despliega en la convergencia entre la regulación estatal, la autorregulación empresarial y el control por parte de la sociedad, y que se fundamenta en la responsabilidad social. Pero más allá de un cambio de modelo económico, esta tendencia nos pone frente a una transformación de los principios rectores de la economía: la propuesta es pasar del egoísmo clásico y generalizado a la responsabilidad global como argumento de toda interacción económica. Sin duda, este cambio en la economía y en las empresas tiene raíces en la transformación general de la sociedad, y sobre todo, en el cambio de percepción y conciencia del individuo frente a la situación del mundo, a los tiempos en que le corresponde vivir y a su responsabilidad para con el futuro. Esto significa que no se trata solo de una adaptación instrumental de las prácticas empresariales para atender las exigencias de responsabilidad social de los mercados, sino principalmente de la necesidad de reformular el sentido, la finalidad y la visión de la empresa en la sociedad, y por tanto, de aproximarse a un nuevo concepto de desarrollo. En la medida en que seamos conscientes de la interdependencia en la que se desenvuelve nuestra vida y de que todas nuestras acciones generan un impacto sobre los demás, podremos establecer un comportamiento más responsable y, por consiguiente, más ético. La economía responsable se basa en la comprensión y gestión de las interdependencias, y su finalidad es construir, desde la dimensión económica del funcionamiento social, las capacidades y condiciones para el desarrollo humano. Para que toda persona, sin distingo alguno, pueda alcanzar la vida que valora, en acuerdo con las necesidades y los intereses de la sociedad en su conjunto y en su relación con el entorno, es indispensable que toda transacción económica sea un intercambio de valor que se extienda entre los grupos de interés a través de las interdependencias. Una transacción no es solo una compraventa: es un intercambio de valores y es la convalidación de un acuerdo tácito de responsabilidad. Cuando el consumidor final adquiere un producto, adquiere un valor para su bienestar y debe tener la confianza de que la retribución de cambio que le entrega al vendedor se distribuye y se transforma en otros valores en la cadena de producción. Pero esta confianza hace cada vez más imperativo que las empresas sean transparentes. Es decir, que hagan visibles sus políticas, programas y prácticas de redistribución de valor. Cuanto más clara y precisa sea la información que las empresas entregan a la sociedad sobre sus actuaciones, más fácil será para los grupos de interés orientar sus decisiones. Y a su vez, cuanto más interconectada valorativa y funcionalmente esté la empresa con sus grupos de interés, más fácilmente podrá concertar propósitos comunes, resolver controversias y generar impactos concretos sobre el crecimiento y el bienestar mutuos, tanto de la sociedad como de la empresa misma. La interdependencia es una característica de la sociedad y de nuestra vida en el planeta, pero también es un propósito de acción y un modelo de trabajo. Es por esto que el instrumento de la responsabilidad es la acción colectiva, las alianzas público-privadas y, en general, la movilización de todos los actores de la sociedad para avanzar hacia el desarrollo humano. Ninguna empresa podrá ser responsable si no logra que sus grupos de interés sean responsables. De ahí que las dos estrategias más exitosas de responsabilidad social en el mundo son aquellas de propósito colectivo, ya sea en los sectores de la producción o en las regiones de operación, las regiones responsables. Este planteamiento se basa en la idea de que la empresa (a pesar de lo que piensan y sostienen muchos economistas) es una institución con capacidad de moldear el entorno en el cual realiza sus actividades, y estas últimas tienen a su vez un impacto positivo o negativo en los grupos de interés, y viceversa. Por esta razón, el Pacto Mundial de Naciones Unidas propone una nueva manera de concebir a la empresa y su rol en la sociedad actual, en la cual la responsabilidad social empresaria es una estrategia vital para el relacionamiento de la empresa con sus grupos de interés. Esta propuesta se aleja, en consecuencia, de las teorías más utilitaristas sobre el papel de la empresa, que incluso los principales medios de la derecha neoliberal de los años 90, como el Financial Times, han comenzado a aceptar e impulsar ante las evidencias de la más reciente crisis financiera internacional. En varios países de América Latina las redes locales del Pacto Mundial de las Naciones Unidas están invitando a los empresarios y a sus grupos de interés a unirse al proceso social global de transformación de la economía, a diseñar y poner en marcha una nueva economía, la economía responsable, a encontrar modelos empresariales que a través de la redistribución de valor contribuyan de manera estructural al desarrollo de sus países. Ya hay más de 10 zonas en Colombia y Argentina, por ejemplo, donde se ha iniciado el proceso de lo que denominamos Regiones Responsables, que no es otra cosa que la activación de un escenario colectivo e interdependiente para el ejercicio de la responsabilidad social y, por tanto, para la búsqueda del desarrollo. Es nuestro propósito que en el corto plazo otras regiones del continente se unan a esta iniciativa, y que la sociedad pueda encontrar en la responsabilidad social un argumento y un instrumento para su desarrollo.

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