Tribuna global

Compartir la responsabilidad global. El papel de las clases medias para alcanzar una economía mundial más justa y sostenible

En las últimas décadas asistimos a profundas transformaciones globales, marcadas por un ascenso de las clases medias en los nuevos países industrializados. La superación de los límites ecológicos del crecimiento mediante la tecnología y la exploración es puesta hoy en duda. ¿Hay que contar, pues, con un juego de suma cero entre las viejas y las nuevas clases medias? El gran desafío de los años venideros será recordarles a los estratos medios que todos ellos zumban por el espacio en la misma pequeña nave espacial llamada Tierra y que contribuirán a su naufragio definitivo si no logran ajustar sus estilos de vida y sus pretensiones de consumo a los límites del ecosistema global.

Compartir la responsabilidad global. El papel de las clases medias para alcanzar una economía mundial más justa y sostenible

El mundo está en plena transformación. En la década de 1970, los «tigres asiáticos» –Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur, seguidos por Tailandia, Malasia e Indonesia– dieron el «gran salto hacia adelante». A partir de la década de 1980, también otros países grandes en vías de desarrollo, incluso los más grandes –China y la India–, continuaron por esa misma senda. Mediante diversas mezclas de políticas, que incluían la apertura a los mercados internacionales, inversiones extranjeras directas y una promoción activa de la industria y de las exportaciones, aceleraron el proceso de industrialización y alcanzaron tasas de crecimiento sin precedentes durante dos y en algunos casos hasta tres décadas.

En cambio, el crecimiento económico en los «viejos países industrializados» se desaceleró, y llegó, incluso, a tasas negativas a partir de 2008, cuando se desató la crisis financiera y económica mundial. De ese modo, los dinámicos países emergentes lograron acortar la distancia respecto de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Si en las próximas décadas este proceso continúa desarrollándose a la misma velocidad, en un futuro no demasiado lejano los países emergentes podrían alcanzar a los viejos países industrializados: «convergencia» se ha convertido en la nueva palabra mágica utilizada para designar este fenómeno.

En el marco de este proceso, en China, la India, Indonesia, Brasil, México, Sudáfrica y el resto de los países emergentes más pequeños crecen las clases medias: actualmente, su número total asciende a cientos de millones y en un futuro próximo probablemente superarán en dimensión a las clases medias de los viejos países industrializados. La expansión y el ascenso económico de las clases medias se refuerzan mutuamente. La clase media, que crece en número y en poder adquisitivo, promueve el desarrollo de las industrias locales con su demanda previsible y de crecimiento constante de bienes de consumo duraderos, como heladeras, lavarropas, acondicionadores de aire, televisores y automóviles, e impulsa también el desarrollo del sector de la construcción que satisface la demanda de vivienda. De este modo, el aumento de la demanda interna de bienes de consumo duraderos se convierte en el motor autónomo del proceso de crecimiento. Esa demanda permite a los «nuevos países industrializados» reducir su dependencia de las exportaciones y desacoplar su desarrollo económico de la coyuntura de los países de la OCDE, que ha perdido dinamismo.

Otro factor que en el mediano y largo plazos tendrá un efecto positivo sobre la economía nacional es la tendencia general de las clases medias a alcanzar mayores niveles de educación. Las familias de clase media invierten mucho para que sus hijos puedan obtener al menos el mismo grado de educación que sus padres. De ese modo se crean las condiciones necesarias para que la transición de la sociedad agraria hacia la sociedad industrial –y posteriormente hacia la sociedad de servicios– pueda llevarse a cabo con recursos educativos y de capacitación locales. El aumento del nivel educativo y de capacitación profesional permite adoptar y continuar desarrollando tecnologías cada vez más complejas, y así se fortalece la competitividad de las industrias basadas en ellas. Las crecientes demandas de calidad por parte de los consumidores de clase media, asociadas a sus mayores ingresos y a su nivel educativo, producen un efecto en el mismo sentido.

La importancia cada vez mayor de las clases medias asiáticas como motor de sus economías nacionales lleva a que el centro de gravedad de la economía mundial se traslade desde Europa y Estados Unidos hacia Asia oriental y meridional. Pero la clase media también está creciendo en número y en importancia en otras regiones. Un informe del Banco Mundial (BM) sobre la movilidad económica y la expansión de la clase media en América Latina y el Caribe constata que esta ha crecido al menos 50% entre 2003 y 2009, pasando de 103 a 152 millones de personas. Los autores del informe ubican el umbral inferior de ingresos «de clase media» en 10 dólares estadounidenses por día y per cápita (por paridades de poder adquisitivo, PPA), es decir, por encima de una línea de pobreza «moderada» de 4 dólares por día y per cápita, y fijan el límite superior en 50 dólares. Por lo tanto, la clase media definida de ese modo no comprende a todas las personas que se encuentran entre los «ricos» y los «pobres»: el grupo que percibe ingresos entre 4 dólares y 10 dólares per cápita se denomina «clase vulnerable» (vulnerable class) y abarca a aquellas personas que han logrado salir de la zona de pobreza, pero cuyos niveles de ingreso y condiciones de vida siguen siendo demasiado precarios como para poder incluirlas dentro de la clase media.

El ascenso económico de las nuevas clases medias constituye una megatendencia histórica cuyas repercusiones para el futuro de la humanidad aún no pueden preverse plenamente.

El revés de la trama: las viejas clases medias, bajo presión

Como contrapartida de ese ascenso de las nuevas clases medias, las viejas clases medias en los países de la OCDE se encuentran bajo presión. Su porcentaje dentro de la población total desciende y sus ingresos se estancan o incluso disminuyen luego de la crisis financiera de 2008. El avance de la globalización y la racionalización tecnológica incrementa la presión de competitividad sobre ciertos sectores de las «viejas» clases medias. Esos sectores corren el peligro de perder sus puestos de trabajo y de experimentar un descenso social. El ascenso social posibilitado por la educación y un empleo acorde está también cada vez menos garantizado para la próxima generación. Simultáneamente, los ingresos de las categorías salariales superiores, favorecidas por la globalización, continúan subiendo de manera exponencial. En todos los países de la OCDE aumenta la desigualdad de bienes e ingresos, aunque hay diferencias considerables en cuanto a la dimensión y la gravedad del estrangulamiento de esa clase media (middle class squeeze).