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¿Commodities, bienes comunes o recursos estratégicos? La importancia de un nombre

Ya no es posible concebir los recursos naturales como se lo ha hecho tradicionalmente, y por eso resulta necesario abordar cómo la enunciación de los Estados de los países centrales y de organismos internacionales incide en la construcción de imaginarios y políticas respecto de los «frutos de la tierra». Esto conduce a discutir las diferentes definiciones en juego para nombrar esos recursos: renovables y no renovables, materias primas, commodities, capital natural, recursos naturales estratégicos, críticos, multicríticos, esenciales, bienes comunes. En el nombre que se les asigna están inscriptos a menudo proyectos en tensión respecto al uso que debe dárseles para el desarrollo nacional y regional, en este caso en América del Sur.

¿Commodities, bienes comunes o recursos estratégicos? La importancia de un nombre

Introducción

El escenario global ha mutado en los albores del siglo XXI, lo que trajo consigo una serie de crisis profundamente interrelacionadas que impactaron de manera decisiva en el lugar reservado a lo que históricamente se denominó, sin más, «recursos naturales». En primer lugar, se presentan una serie de riesgos climático-ecológicos que amenazan a cada una de las especies de seres vivos. Según la Red Huella Global, el planeta ya no se reproduce, puesto que no logra reponer lo que se extrae. La visibilización de los peligros ecológicos deja en evidencia la entropía destructora del capital, las sinergias que despierta y su tipo de metabolismo social. En segundo lugar, asistimos a una emergencia de las economías de Asia-Pacífico, particularmente de China y la India, situación que impone una transición del núcleo de poder mundial y una mayor injerencia de los Estados para dominar el «capital natural», fuente de tensiones e incertidumbres. Esta reconfiguración geopolítica redunda en una competencia creciente y desigual por el acceso a los recursos, al tiempo que aumenta exponencialmente su demanda y «tecnificación». En tercer lugar, el consumo ininterrumpido de combustibles fósiles conduce a la crisis del patrón energético actual, cada vez más cerca de su ocaso definitivo («contracción de recursos» que obliga a una transición, que será forzada o inducida, pero que inevitablemente ocurrirá). Así, estamos inmersos en un círculo vicioso y se realiza una extracción cada vez más intensa de insumos energéticos. Por último, la capitalización de la naturaleza la convierte en un activo financiero, que se mercantiliza, a la vez que su consumo acelerado se encuentra al servicio de un nuevo campo de acumulación y valorización, bajo una extendida «privatización de recursos». No es de extrañar entonces que en este paisaje renovado debamos repensar la idea misma de recursos naturales.

En la primera década de 2000 se han instalado –y paulatinamente consolidado– una serie de gobiernos de carácter progresista capaces de exhibir tasas de crecimiento, niveles de inclusión social y apelaciones a la soberanía política mayores que sus antecesores. Empero, el tránsito hacia un horizonte «posneoliberal» convive con una canasta exportadora basada en la explotación intensiva de materias primas –estas conforman el principal rubro incluso del más industrializado Brasil–, con dificultades para sortear el tradicional papel dependiente y «neocolonial» y con obstáculos para desplegar modelos creativos de desarrollo. Que prestemos atención al destino de los recursos naturales en Sudamérica responde, por tanto, a motivos evidentes: la región es una de las mejor dotadas por la naturaleza; la dinámica económica de sus países se sustenta en el mercado de materias primas; y por último, pero no menos importante, la decisión sobre qué hacer con los bienes naturales es un interrogante que está en el centro de cualquier modelo de desarrollo que se procure implementar. Dicho en otros términos, un aspecto positivo es que el subcontinente es dueño de preciadas riquezas como agua, biodiversidad, alimentos, hidrocarburos, tierras raras, tierras fértiles, etc. La contracara negativa es que la canasta exportadora está constituida en una enorme proporción por esas riquezas.

Este artículo aborda el problema de los recursos naturales con especial atención en el lugar que ocupan en Sudamérica y se enfoca en dos facetas: da cuenta brevemente del modo en que los discursos emitidos desde los países dominantes y los organismos internacionales consideran hoy estos «frutos de la tierra» y, tras ello, se concentra en las discusiones sobre la forma de denominar esos recursos: renovables/no renovables, materias primas, commodities, capital natural, recursos naturales estratégicos, críticos, multicríticos, esenciales, bienes comunes y demás.

Geopolítica de un nombre: el ansia de naturaleza a escala mundial

Sudamérica ocupa en nuestros días una nueva posición. Una mirada histórica permite observar un debilitamiento de la capacidad de injerencia estadounidense, faceta imperial dominante durante todo el siglo XX, debilitamiento que ha quedado plasmado en la constitución de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), organización de naturaleza netamente política. Paralelamente, más allá del tradicional vínculo de la región –casi siempre subordinado– con las economías atlánticas, en los últimos años ha aumentado de manera sustancial la presencia de la República Popular China, hasta el punto de instituirse nítidamente en el socio comercial más dinámico de la región. Asimismo, América Latina se presenta inusualmente unida, pero también parcelada. Si por un lado se despliegan las economías que, bajo el influjo estadounidense, miran hacia el nuevo núcleo de poder mundial, el área del Pacífico, por el otro se yergue el Mercado Común del Sur (Mercosur), en procura de niveles de autonomía mayores que los de sus vecinos, aunque aún dependiente del mercado global. En efecto, resulta evidente que el control del comercio de productos no elaborados sudamericanos corre por cuenta de empresas multinacionales amparadas en la libre dinámica mercantil, pero nos interesa aquí la mirada que sobre la naturaleza promueven gobiernos centrales y comunidades políticas.

Estados Unidos posee a todas luces una política agresiva a fin de contar con los recursos que considera indispensables para su concepto de «seguridad nacional». Por esta vía, la expansión norteamericana hacia el sur –incluyendo sus bases militares en América Latina– es tradicional y no requiere mayor dilucidación. Concretamente, la Estrategia Nacional de Seguridad de EEUU de 2010 afirmaba: «Nuestras Fuerzas Armadas deben mantener su superioridad convencional [y] preservar el acceso a los bienes comunes»1. Se trata de una «estrategia multidimensional de dominación», propia de un pensamiento general que orienta la política de «seguridad nacional», científica, comercial, las acciones «humanitarias», la producción de propaganda y, ciertamente, la estrategia militar2. Actualmente, la «novedad» radica en que a pesar de haber mermado la influencia de EEUU sobre la región, no ha disminuido su presencia militar3.

  • 1. «us National Security Strategy», citado en Monica Bruckmann: «Recursos naturais e a geopolítica da integração sul-americana» en André Rego Viana, Pedro Silva Barros y André Bojikian Calixtre (eds.): Governança global e integração da América do Sul, Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (ipea), Brasilia, 2011, p. 14.
  • 2. M. Bruckmann: ob. cit.
  • 3. Hemos logrado identificar dos escritos interesantes que poseen cierta vecindad con el nuestro. Uno de ellos es, precisamente, el ya citado artículo de Brukmann, «Recursos naturais e a geopolítica da integração sul-americana», que se diferencia de nuestra postura en que no contiene una definición de recursos naturales como la que aquí queremos elaborar. Otro es el «Borrador sobre los términos de referencia para el estudio de recursos estratégicos», documento del área de defensa de la Unasur, del cual nos distingue la definición que elaboramos de recursos naturales, la importancia que aquel le otorga a la «criticidad de los recursos» (a semejanza del modelo de la Unión Europea) y la relativa atención que le presta a la problemática ambiental, aunque subrayamos que representa la voz de una organización regional que avanza en el intento de brindar un marco para indagar la dinámica efectiva de las materias primas en Sudamérica, que ciertamente excede con mucho el ámbito de la «defensa». V. Centro de Estudios Estratégicos de Defensa: «Borrador sobre los términos de referencia para el estudio de recursos estratégicos. Suramérica 2025», Centro de Estudios Estratégicos de Defensa, Consejo de Defensa Suramericano, Unasur, 2012.