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Ciudadanía y desarrollo humano en América Latina (reseña de Ciudadanía y desarrollo humano, de Fernando Calderón, coord.)

Ciudadanía y desarrollo humano en América Latina (reseña de Ciudadanía y desarrollo humano, de Fernando Calderón, coord.)

Ciudadanía y desarrollo humano en América Latina

María Clelia Guiñazú

El auge político y cultural del así llamado «Consenso de Washington» durante los 90 restringió la riqueza y diversidad de las reflexiones sobre desarrollo, política y sociedad que, de manera característica, han formado parte constitutiva tanto de la práctica política como de la tradición intelectual de las ciencias sociales en América Latina. Entre las voces alternativas, el enfoque de «desarrollo humano» –creado por los economistas Amartya Sen y Mahbub ul Haq y adoptado oficialmente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) durante esa década– fue

probablemente uno de los productosmás osados e institucionalmente exitosos en revitalizar el debate y aglutinar formas de disenso en los ámbitos global y regional.

En efecto, justamente en aquella coyuntura, el nuevo enfoque se arriesgó a abandonar la visión estrictamente económica y centrada en el mercado sobre el desarrollo, para enraizarla en un ideal normativo mucho más abarcador y ambicioso. El desarrollo, desde este punto de vista, es un proceso que busca promover y expandir los derechos y las capacidades humanas, el bienestar personal y colectivo y las posibilidades de autorrealización de las personas entendidas como agentes autónomos y socialmente situados.

Así, la cuestión del desarrollo adquiere un fuerte acento humanista, ancladoen las reflexiones contemporáneas de la filosofía política sobre justicia y orden político y abordando, simultáneamente, áreas de controversia social y política concretas, tales como la distribución del ingreso, los derechos de ciudadanía, la igualdad de oportunidades, los sistemas de exclusión y discriminación de mayorías y minorías, el rol del Estado y el mercado, y la vinculación entre desarrollo y democracia.

En esta línea de pensamiento, la publicación Ciudadanía y desarrollo humano muestra que, luego de más de una década de cimentar ideas y prácticas, el enfoque del desarrollo humano continúa nutriéndose de contribuciones diversas e invitándonos a repensar los problemas del desarrollo desde una perspectiva que pone el acento en los sujetos del proceso, así como en sus prácticas, carencias y oportunidades, todas ellas social, política y culturalmente enraizadas.

Esta compilación de artículos –anunciada como el primero de una serie de cuadernos sobre gobernabilidad democrática promovida por la Dirección Regional para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)– aborda los vínculos todavía poco explorados entre ciudadanía y desarrollo y utiliza para ello el efervescente laboratorio latinoamericano contemporáneo. Tal propósito parece más que nunca oportuno si se piensa que, como señala el prólogo de Rebeca Grynspan, nuestra región se encuentra en un punto de inflexión, «al término de un ciclo de reformas económicas y transición hacia la democracia», dejando atrás los ensayos más ortodoxos de las reformas pro mercado, con una elevada tasa promedio de crecimiento económico, evitando las viejas tentaciones dictatoriales e intentando adaptarse, aún espasmódicamente, a los desafíos nacionales e internacionales planteados por la globalización.

¿Qué dilemas enfrentan la ciudadanía y el desarrollo humano hoy? ¿Existe una matriz común de problemas? ¿Cuáles son las claves analíticas para desentrañar dichos procesos? En las dos primeras secciones del libro, los autores abordan estos interrogantes desde un punto de vista conceptuale históricamente enmarcado, haciendo un esfuerzo sistemático para incluir propuestas y sugerencias tanto pragmáticas como normativas para la agenda pública regional. En la tercera sección, se analiza la relación entre ciudadanía y desarrollo a partir de la selección de casos nacionales que, más allá de sus contrastes y eventuales afinidades, son singularmente atractivos: Bolivia, Brasil, Chile, Colombia y Guatemala.

En la primera sección conceptual, Fernando Calderón introduce un marco interpretativo para pensar las nuevas condiciones sociales de la ciudadanía y el desarrollo humano en América Latina en el contexto del actual proceso de globalización. Sin perder el anclaje en los problemas concretos que enfrenta la región, la reflexión teórica invita a indagar el problema desde la óptica de la inclusión y exclusión social, por dos razones principales. En primer lugar, porque es en la arena fluctuante e históricamente definida de los derechos individuales y colectivos –tanto a la igualdad como al respeto por las diferencias– donde se produce la intersección explícita entre ciudadanía y modelos de desarrollo. Por ende, desde su óptica, ese resulta el prisma más adecuado para evaluar el grado de aproximación o distancia de las experiencias y los procesos particulares al núcleo normativo del enfoque del desarrollo humano. En segundo lugar, porque los patrones históricos de exclusión e inclusión social suponen también un cruce ineludible entre ciudadanía, desarrollo y cohesión social, es decir, entre la institucionalidad concreta de los derechos civiles, políticos, sociales y culturales de personas y grupos y el sentido deinclusión y pertenencia experimentado por diferentes actores en la convivencia social.

En sintonía con lo anterior, Calderón sostiene que, como producto de las transformaciones de las últimas tres décadas, la región atraviesa una verdadera transición societal, signada no solo por los efectos de las llamadas «reformas estructurales», sino también por los cambios producidos en los campos de la «tecnoeconomía, la comunicación y el informacionalismo». En su diagnóstico, el autor indica cuatro aspectos claves: las asimetrías simbólicas y materiales verificables en los patrones de inclusión y exclusión social –por ejemplo, mayor acceso a bienes culturales e inflexibilidad en la distribución del ingreso–; la mayor complejidad y fragmentación de los actores sociales así como de los propios sistemas de inclusión y exclusión social; el creciente aumento de los movimientos poblacionales, las migraciones y la interculturalidad; y las nuevas especificidades de la dinámica entre incluidos y excluidos. En un tono cautamente optimista, Calderón sugiere que algunas de estas condiciones podrían favorecer la renovación de los derechos de ciudadanía con mayor desarrollo humano. Sin embargo, en cada uno de los planos mencionados coexisten tanto factores potencialmente liberadores como asimetrías sociales, culturales y políticas que, de hecho, favorecen la reproducción de patrones excluyentes.