Opinión

Breaking Bien Bad: cuando los latinos no son más que pandilleros, traficantes o asesinos a sueldo

Los narcos viven aquí nomás en los suburbios de San Antonio, Texas. Me pregunto si ellos vieron Breaking Bad, la última obsesión de los Estados Unidos, esa alegoría moralista sobre un profesor de química que entra en el negocio del crystal meth o metanfetamina.

Breaking Bien Bad: cuando los latinos no son más que pandilleros, traficantes o asesinos a sueldo

Tengo miedo. Los narcos viven next door aquí en los suburbios de San Antonio, Texas. ¿Qué cómo sé que son narcos? Pues que andan en carros Jaguar y Lexus bien brillantes. No hay paisaje para el zacate, no hay nada en el garaje y hacen fiestas que comienzan a la media noche. Es una pareja latina que no tiene horarios fijos ni trabajo evidente, niños, perro, algo de platica. ¿Se entiende? Nada de lo necesario en el suburbio norteamericano... Me pregunto si ellos vieron Breaking Bad, la última obsesión de los Estados Unidos, esa alegoría moralista sobre un profesor de química que entra en el negocio del crystal meth o metanfetamina. Hace una blue meth super pura y también hace millones de dólares. Pobrecito, se está muriendo de cáncer y quiere dejar a su familia bien asentada a costa de matar personas y algo más. Pero nunca entendí esta serie. En Estados Unidos, los maestros reciben muy buenas pensiones, inclusive seguro de salud y otros beneficios. Pero esto no era suficiente para Walter White, el protagonista. Él y su esposa Skylar tenían una casa bastante moderna con alberca en Albuquerque, la capital rústica, templada e indígena de New Mexico, en el suroeste españolizado del estado, rodeados de montañas y de bellezas naturales. En otras palabras, vivían el American Dream que muchos millones desean, anhelan y por el que sacrifican incluso sus vidas cruzando la frontera. Albuquerque es la capital indígena de mi país, Estados Unidos, y es alucinante pero en Breaking Bad no la reconozco. En este Albuquerque no existen los latinos más que como pandilleros, traficantes, asesinos a sueldo o policías narco. Casi no hay familias, ni maestros, ni abogados, ni doctores, ni sacerdotes ni jóvenes como mi hermano, que sufrió 26 años de condena por sus adicciones. Hay pocas familias destruidas, niños sin padres y barrios acabados. La metanfetamina es una realidad de los gringos pero la venden a la gente pobre. Es una adicción nueva, voraz, afiebrada. Hoy la crystal meth, artificial y blanca, no azul como la de Walter, se cocina tan fácil como un plato de frijoles y ya no es necesario importarla. Pero los efectos de la blue crystal meth, las tormentas psicológicas, las mentiras y el miedo a la muerte están expresados en los términos de vida de los gringos. Walt quiere vivir. Pero quiere ser un rey. Porque los gringos tienen mucho miedo de morirse –no olviden esto- y por eso necesitan dominar a los demás. Tener todo es la única seguridad. La tierra, la plata, las mujeres… nomás pregúntenle a Cuba. Todo lo que ocurre en el último episodio de la serie, titulado “Felina”, está en la canción popular “El Paso” del mito cowboy-pop Marty Robbins. En la canción, un gringo que se enamora de una mujer mata a un pretendiente y luego escapa a las Badlands, las tierras malas de New Mexico al ritmo de la letra "my love is stronger than my fear of death". Walter-Heisenberg primero dice que hizo todo por su familia, luego que lo hizo por él. Yo digo que el miedo a la muerte gana en Estados Unidos, y que ya es tiempo de enfrentarlo.

* Escritora y ensayista mexicana. Vive en San Antonio, Texas. Su libro Golondrina, why did you leave me? es la primera novela chicana publicada por la Universidad de Texas. Obtuvo un premio de la Asociación Interamericana de Prensa.

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