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Brasil: la caída del PT y el ascenso conservador

La caída del pt supone el colapso de gran parte de la izquierda brasileña. El impeachment fue el final de una etapa de desconexión con los sectores sociales que dieron origen al partido y de desgaste entre la ciudadanía, en medio de escándalos de corrupción que involucran a todos los partidos, pero que afectaron en particular al pt. En este marco, la izquierda brasileña deberá pasar por un árido periodo de refundación, en medio de la contraofensiva de sectores conservadores que incluyen a las poderosas iglesias pentecostales.

Brasil: la caída del PT y el ascenso conservador

Meses después del proceso de impeachment de la presidenta Dilma Rousseff, ya hay elementos suficientes para entender las verdaderas razones que sumieron a Brasil en este proceso tan traumático que alteró la normalidad democrática del país. El primer conjunto de razones se vincula al propio gobierno del Partido de los Trabajadores (pt). Los malos resultados económicos y la falta de habilidad del gabinete de Dilma para gestionar la crisis fueron fundamentales para aumentar el descontento con el gobierno. En un sistema hipercapitalista, el desempeño económico contamina la confianza democrática hasta el punto en que, en tiempos de convulsiones económicas, ganan fuerza los llamados «demócratas ambivalentes», que defienden soluciones autoritarias o antidemocráticas para salir de la crisis. Es por todos conocida la incapacidad de diálogo de la presidenta Rousseff, quien siempre priorizó la tecnocracia. Esta incapacidad supone un problema particularmente grave en un sistema de presidencialismo de coalición con una altísima fragmentación partidaria como el brasileño1, en el que la única posibilidad de mantener la gobernabilidad es un continuo diálogo con el propio partido, la base aliada y la oposición. Ninguno de estos diálogos fue llevado a cabo por la ex-presidenta, quien logró la proeza de irritar, al mismo tiempo, al pt, a la base y a la oposición.

El segundo conjunto de elementos se vincula a las decisiones políticas del pt. Recordemos que el partido que asumió el proceso de impeachment –el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (pmdb)– siempre fue aliado de los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Rousseff (de esa alianza salió Michel Temer como vicepresidente, y de allí saltó al Planalto). El lulismo optó por la conciliación en lugar de provocar rupturas y enfrentamientos con las oligarquías económicas, políticas y mediáticas. Esta decisión posibilitó su gestión de gobierno, pero tuvo a la postre un precio muy alto. Alianzas y aproximaciones a los grupos que representaban lo peor de la vieja política acabaron convirtiendo al pt en un partido más, que se «perdió» en la lógica del poder de Brasilia. El petismo de los últimos años se apartó de la base social de la que surgió. No conseguía ya representar la lucha por los valores progresistas frente al avance conservador, punitivo y de grupos fundamentalistas religiosos. Mujeres, jóvenes negros periféricos, grupos lgbt e indígenas se sienten frecuentemente traicionados por las políticas de los gobiernos petistas.

Finalmente, la cuestión más importante para entender el proceso de impeachment es el deseo de ciertos grupos políticos y económicos beneficiados por las políticas del pt, pero que nunca se sintieron representados por este. En este sentido, existe un componente de clase fundamental. La política petista de inclusión de millones de ciudadanos pobres a través del consumo e instrumentos de redistribución de renta (como el programa Bolsa Familia) incomodó a aquellos que querían mantener sus privilegios en una sociedad desigual, conservadora y punitiva como es la brasileña.

En una investigación llevada a cabo junto con Pablo Ortellado durante las manifestaciones en favor del impeachment, notamos que las tonalidades clasistas y racistas de las protestas eran muy relevantes. La inclusión de millones de brasileños en el periodo petista creó en Brasil un clima de tensión de clases y de discursos de odio que está muy presente en las rutinas políticas y sociales: 70,9% de los manifestantes afirmó que la discriminación positiva en las universidades fomenta el racismo; 60,4%, que el programa de redistribución de renta Bolsa Familia «financia a perezosos»; 86,40%, que la mejor manera de conseguir una sociedad en paz es aumentar los castigos a los criminales y 70,40% dijo creer en el discurso de la meritocracia2. Con una izquierda frágil, el conservadurismo fundamentalista, punitivo y retrógrado gana más espacio. Propuestas de ley como la de flexibilización de la portación de armas o la de reducción de la edad de imputabilidad penal o proyectos como el polémico «Escuela sin partido», que prohíbe las manifestaciones políticas de profesores y alumnos dentro de los colegios, avanzan rápidamente en medio de protestas estudiantiles.

Las primeras medidas adoptadas por el gobierno de Temer dejan claro que su intención es introducir una gestión privatista, recortar el gasto público y reformar la legislación laboral brasileña para «flexibilizar» el mercado de trabajo. Por otro lado, los retrocesos conservadores que ya aparecieron en el gobierno de Rousseff están tomando mucha más fuerza, dado que los grupos parlamentarios que representan a empresarios, agribusiness y evangélicos fundamentalistas fueron aliados de Temer en el impeachment. Todos sabemos que en política no existen alianzas gratis, que los apoyos tienen un precio y que este será alto. Una vez pasado el proceso de ruptura democrática, Brasil tiene hoy un gabinete de ministros varones blancos y ricos, que representan a fuerzas conservadoras y regresivas, cuyo objetivo es introducir recortes presupuestarios en los servicios públicos –que ya son muy deficientes– sin tocar las estructuras que mantienen los privilegios en el país, como la carga tributaria altamente desigual que sobrecarga a los pobres y libera a los ricos. Con la fragilidad del pt, el Congreso está cada vez más en manos de las elites que siempre gobernaron Brasil.

El impeachment nunca podría haberse llevado a cabo con éxito sin el apoyo fundamental del Poder Judicial con la operación «Lava Jato»3, cuya prioridad siempre fueron sobre todo los líderes petistas, a pesar de que hoy sabemos que en el esquema de corrupción de Petrobras también participaron el pmdb y el Partido de la Social Democracia Brasileña (psdb, de centroderecha). Otro apoyo esencial fue la prensa hegemónica, altamente oligopolizada y que responde a intereses de poder de una forma muy evidente. La espectacularización de las denuncias por corrupción contra líderes petistas, las continuas filtraciones selectivas a la prensa y la manipulación de la opinión pública en torno de la idea de que el pt sería «el partido más corrupto de Brasil» son factores que explican la adhesión de gran parte de la población al proceso de impeachment. La lucha contra la corrupción (y, por tanto, contra el petismo) se transformó en una bandera muy poderosa.

  • 1.

    Sobre este tema, v. Germán Lodola: «Brasil abre una peligrosa caja de Pandora» en La Nación, 26/4/2016.

  • 2.

    Los datos completos de la investigación llevada a cabo durante las manifestaciones a favor y en contra del impeachment pueden consultarse en «Pesquisa sobre os manifestantes pró e anti impeachment», https://gpopai.usp.br/pesquisa/.

  • 3.

    Se refiere a la megainvestigación judicial por el desvío de millones de dólares de la petrolera estatal Petrobras.