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Bollywood en Perú. Culturas populares y globalización de las emociones

En las décadas de 1970 y 1980 varias salas limeñas se llenaban de familias que iban a ver las largas y melodramáticas producciones de cine que llegaban desde la India. Hoy esas salas ya no existen, pero eso no impide que la incidencia del cine indio se hayamantenido –dvd piratas mediante– ni que este atraiga a nuevos fans. Ya no se trata únicamente de espectadores pasivos: además de mirar y escuchar, muchos jóvenes de origen popular se han decidido a bailar y cantar, imitar y reinventar. Esta breve etnografía propone algunas claves de lectura para la nueva dirección que el cine de Bollywood está tomando en Perú.

Bollywood en Perú. Culturas populares y globalización de las emociones

Traspasar el umbral

En estos días en que los asuntos del «patio trasero de la cultura»1 atraen más atención de los estudiosos, lo primero que me viene a la mente cuando pienso en cómo abordar el tema «Bollywood en Perú» es el recuerdo visual de unos adolescentes que aparecieron hace pocos años en varios programas de televisión bailando frenéticamente. Su vestuario y su música eran una simpática copia de lo que muchos llaman, con un tono algo burlón, «Bollywood». De hecho, en la India, a casi nadie le agrada que su industria cinematográfica reciba ese nombre, incomodidad que también expresan los estadounidenses cuando se arroja todo lo que se produce en su país en el gran saco de papas que para muchos constituye Hollywood.

En cualquier caso, impresionan los números que maneja la industria del cine en la India, que produce desde hace décadas enormes cantidades de películas: mas de 800 al año2, a las que se añaden cada vez más superproducciones, como por ejemplo Kabhi Khushi Kabhie Gham (Karan Johar, 2001), que se proyectó en Sudamérica bajo el nombre La familia hindú, o Enthiran [Robot] (S. Shankar, 2010), que rompió los récords de Bollywood con un presupuesto que bordeó los US$ 24 millones. El periodista John Boudreau señala que el costo de producción en la industria cinematográfica de la India es relativamente bajo, entre US$ 1 millón y US$ 4 millones en promedio, una bicoca si se compara con la industria californiana del cine, donde una película de US$ 20 millones es considerada low budget3. Otros apuntan que el sistema de producción del cine indio es una solución inteligente para ofrecer espectáculo de manera accesible a mucha gente; de hecho, el bajo costo de las entradas en la India así lo demuestra.

El cine popular indio es glamoroso y colorido y tiene una enorme fuerza visual que se expresa en una alegría desbordante a través de sus historias románticas, acompañadas de música y baile pop. Tanto en sus escenarios como en los vestuarios, los filmes exhalan una barroca alegría por la vida. Esa «esencia», como la llama Soniya, una limeña de 27 años, es lo que la sedujo y la hizo convertirse en una fanática de estas películas, sus canciones y estrellas, tanto que pasa sus domingos ensayando pasos y movimientos de manera casi profesional.

Muchos dicen haber identificado la fórmula de trabajo de Bollywood: se trataría simplemente de sumar comedia, drama, engaño, sensualidad, música, baile y un all-star cast, es decir un elenco de estrellas de cine, para asegurarse de que la nueva película, así producida, llene la sala como sus antecesoras. Como lo define de manera muy precisa René Weber,

La exitosa industria del cine de la India, el mayor productor a nivel mundial con un volumen anual que bordea los 800 largometrajes, se ha construido sobre la base de un sólido star-system e historias de amor que incorporan en cada cinta –de tres horas de duración en promedio– un par de estrellas, alrededor de seis canciones y algunas danzas. Esta fórmula comercial que ha llevado el melodrama al paroxismo, opacando a cineastas tan importantes como Khwaja Ahmad y Satyajit Ray, y provocando la risa despectiva en el Occidente desarrollado, tiene un público cautivo inmenso.4

Tribulaciones de un robot

Lo que sí parece causar querella es si esta fórmula es «buena» o «mala». Para algunos, es la muestra de un cine que funciona, que cumple con sus objetivos. De hecho, millones de personas en el mundo lo consumen. Para otros, es un cine que hace décadas se encuentra en un estado de sobreaceleración, lo que le hace cada vez más difícil llevar a su público contenidos de calidad5. En ese sentido, no llegaría a cumplir con la tarea encomendada por Sergei Eisenstein, para quien «la labor del cine es hacer que la audiencia ‘se beneficie’, no se trata de ‘entretenerla’. Asirse, no distraerse. Dotar a la audiencia con cartuchos, no derrochar las energías que la trajeron a la sala. ‘Entretenimiento’ no es realmente un término inocuo: por debajo ocurre un proceso bastante concreto y activo»6.Por supuesto que hay mucho de razón en este reproche. La propia subjetividad del etnógrafo en el acercamiento a su objeto funge de barrera o de puente hacia el mundo del objeto estudiado, y en ese sentido mi aproximación al cine de Bollywood fue difícil y a menudo irritante. Lo que más me molestó en las películas que me recomendaron, como Enthiran y La familia hindú, fue la falta de reflexión y su propuesta para un goce superficial sin una segunda mirada. Es una fórmula básica, que puede llegar a ser difícil de aguantar o de resistir sin dormirse. Mientras buscaba acomodar mi cuerpo en el sofá frente al televisor para contrarrestar mi incomodidad psicológica con lo repetitivo y superficial de las tramas, trataba de recordar las escenas que me habían sorprendido gratamente, para superar el trance siguiendo los consejos irónicos de Derek Malcolm7.

Pero mientras Malcolm le reconoce valor a este cine, René Weber, desde el Perú, resalta la otra cara de Bollywood: la gran mayoría de las producciones son casi siempre ingenuas y aburridas en su trama, los números musicales insertados ofrecen coreografías de una precisión asombrosa pero no tienen prácticamente nada que ver con el argumento. Lo que exporta el cine indio bajo la marca Bollywood termina por lo general siendo, a sus ojos de crítico de cine, un «bodrio for export»8.

En ese sentido, las escenas y tramas no solamente están sobrecargadas de lastre innecesario para un cinéfilo, sino que a veces caen en un relativismo cultural peligroso. En una de las escenas claves de la mencionada Enthiran, el personaje principal, un androide que es una réplica perfecta de su creador, defrauda a su mentor cuando este intenta venderlo al ejército de la India como un arma supersecreta y luego fracasa al rescatar a una joven de un incendio dantesco. Al sacarla de la bañera donde la joven mujer fue sorprendida por el fuego y llevarla de apuro a un lugar seguro, pero infestado de periodistas que esperan registrar el acto heroico, el androide olvida cubrirle el cuerpo desnudo. Por la vergüenza que siente al haber sido expuesta su desnudez frente a todos y ante el horror que ve en los ojos de su madre y de sus familiares, la joven sale corriendo y termina atropellada y muerta a unos metros del lugar.De este modo, lo más dramático de esta escena no es la muerte de la doncella rescatada, sino la vergüenza de la exposición; en la película, el culpable es el robot, que no supo adecuarse a las costumbres. El hecho de que en muchos círculos culturales de la India la vergüenza siga siendo más importante que la propia vida no se pone en tela de juicio en ningún momento. Es más, debemos ser tolerantes, como me explican algunos de los fanáticos peruanos del cine indio. El argumento culturalista «ellos son así, es su cultura» es incorporado sin mayor reflexión.

  • 1. Martin León Geyer: Magister Artium de la Universidad de Tubinga, con mención en Estudios Culturales y Ciencias Políticas. Es colaborador del Centro de Estudios Orientales de la Pontificia Universidad Católica del Perú (pucp) y docente de Sociología Urbana en la Universidad Científica del Sur. Trabaja en el área cultural del Goethe-Institut de Lima. Palabras claves: cultura popular, cine, redes sociales, Bollywood, India, Perú.. Orvar Löfgren: «In the Backyards of Modernity: On the Power of the Inconspicuous», ponencia presentada en Re-Vision: die Kultur(en) der Gesellschaft. Horizonte und Perspektiven der Europäischen Ethnologie, simposio internacional, Jacob-und-Wilhelm-Grimm-Zentrum, Universidad Humboldt, Berlín, 21 al 23 de enero de 2010.
  • 2. René Weber: «Reencuentro con el destino. Bodrio for export» en Butaca Sanmarquina No 21-22, 2004.
  • 3. Boudreau señala que entre 80% y 90% de los filmes producidos en la India son un fracaso financiero. «Es como el mundo del capital de riesgo», apuntó el empresario Anil Godhwani. «Si uno hace una sola inversión, las posibilidades de perder ese dinero son altas. Pero si uno hace una docena, las probabilidades indican que una o dos serán un éxito». J. Boudreau: «Interest Grows for Indian Film Industry» en The Mercury News, 18/4/2004.
  • 4. Ob. cit.
  • 5. Chidananda Das Gubta: «Cinema: The Unstoppable Chariot» en Hiranmay Karlekar (ed.): Independent India - The First Fifty Years, Oxford University Press, Delhi, 1998.
  • 6. S. Eisenstein y Jay Leyda (ed.): Film Form - Essays in Film Theory, Meridian Books, Nueva York, 1957, p. 84, citado en Alfredo Aguilar: «Elementos de entretenimiento», material de trabajo, Facultad de Comunicaciones, Universidad de Lima, Lima, 2007.
  • 7. «Foreword» en Lalit Mohan Joshi (ed.): Bollywood: Popular Indian Cinema, Dakini, Londres, 2002.
  • 8. R. Weber: ob. cit.