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Asian noodle bowl: la integración económica en el Este asiático y sus implicaciones para América Latina

La integración panasiática, que algunos imaginan como la reconstrucción de la antigua «Ruta de la Seda», parece imposible de lograr en el mediano plazo, pues los países de Asia Central no están demasiado involucrados en esta regionalización y miran con más interés hacia Europa y Rusia. Pero el proceso se encuentra mucho más avanzado en el Este asiático. Esta región llegó tarde a los acuerdos formales, pero luego avanzó a gran velocidad y hoy cuenta con una abigarrada suma de instancias y acuerdos de integración. El artículo sostiene que ello no significa que la integración en el Este asiático esté generando un bloque comercial excluyente, ya que la conexión transpacífica aún constituye un vínculo de la mayor importancia: de hecho, China se ha afianzado como un socio comercial fundamental para la gran mayoría de los países de América Latina.

Asian noodle bowl: la integración económica en el Este asiático y sus implicaciones para América Latina

A principios de los 90, los países del Este de Asia mostraban una enorme reticencia a sumarse a la fiebre de Tratados de Libre Comercio (TLC) que recorría Europa y las Américas. Esta posición defensiva sufrió una radical transformación en la presente década. Mientras que en 2000 solo estaban vigentes tres TLC firmados por los países del Este asiático, a mediados de 2009 la región había firmado ya 46 acuerdos de libre comercio y 63 más estaban en proceso de negociación. Esta cifra incluye tratados multilaterales y bilaterales, así como acuerdos intrarregionales y extrarregionales, entre los cuales destacan los TLC con las Américas. No sin razón, los observadores de los procesos de regionalización han denominado a esta red «spaghetti bowl» o, más a tono con la gastronomía regional, «Asian noodle bowl».

El presente artículo analiza la naturaleza, el alcance y las implicaciones para América Latina de la regionalización en Asia. El concepto de regionalización se define aquí como una situación en la que un grupo de países comercian más entre sí que con el resto del mundo. Mi hipótesis es que la integración formal e informal en el Este asiático no supondrá, al menos en el mediano plazo, un proceso de regionalismo cerrado. Estados Unidos y los países latinoamericanos siguen siendo vitales para las exportaciones asiáticas (especialmente de China), y una cuarta parte de los acuerdos de libre comercio suscritos por los países del Este asiático tienen por contraparte a Estados americanos. No existe, por lo tanto, una razón significativa para crear una «fortaleza comercial» asiática.

Para evitar equívocos conceptuales, la primera sección del documento ofrece definiciones de Asia, Este asiático y Cuenca del Pacífico, y descarta enseguida que los actuales procesos de integración incluyan a los 48 países de Pan-Asia. La antigua «Ruta de la Seda», que corría desde China hasta Europa a través de Asia Central, difícilmente podría recrearse. La segunda sección explica el rezago de la integración en el Este asiático en los años 90, mientras que la tercera analiza el auge que este proceso adquirió en la primera década del siglo XXI. La cuarta y quinta partes estudian, respectivamente, las características de la integración formal y la integración de facto en el Este asiático. La sexta sección analiza hasta qué punto China, como actor central de la regionalización en el Este asiático, busca o no crear un «bloque del yuan» cerrado. La última parte profundiza en esta discusión, describe algunos TLC suscritos entre países del Este asiático y de América Latina, analiza los crecientes contactos comerciales de ambas regiones y discute en qué medida el regionalismo en Asia supondrá la exclusión de las Américas.

Asia, el Este asiático y la Cuenca del Pacífico: las regiones económicas y la imposible integración de Pan-Asia

Todas las regiones son constructos, y Asia no escapa a esta realidad. Por ello, convendría proponer primero algunas definiciones operativas. En este artículo, el concepto «Asia» o «Pan-Asia» comprende los 48 países al este de los Urales que pertenecen al Banco Asiático de Desarrollo (ADB, por sus siglas en inglés). Esto implica la suma de cinco regiones: Australasia (principalmente Australia y Nueva Zelanda), Asia Central (conformada sobre todo por las repúblicas ex-soviéticas de Asia), el Noreste asiático (es decir, la Gran China, Japón y las Coreas), el Sudeste asiático (los diez miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, ASEAN por sus siglas en inglés), y el Sur de Asia (India, Bangladesh y Pakistán). Por «Este asiático», entiendo la suma geográfica del Noreste asiático, el Sudeste asiático, Australasia y la India, cada vez más presente en la integración regional. El término «Transpacífico» o «Cuenca del Pacífico» abarca tanto a los ya mencionados países del Este de Asia como a los países del Pacífico en las Américas, es decir, las 21 economías que conforman el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC).

¿En cuál o cuáles de estas regiones es posible hablar de un proceso de integración económica? Mucho se ha hablado de la posible reconstrucción de la antigua Ruta de la Seda, como una forma de integrar a la totalidad de las naciones de Asia. Como se recordará, hasta el siglo XIII era la vía comercial más importante del mundo, ya que conectaba no solo las distintas regiones de la inmensa Asia, sino también esta con el norte de África y Europa. Para sustentar la tesis –o el deseo– de una integración panasiática, se invoca una realidad incontestable: el sistema tributario sinocéntrico, que alcanzó su apogeo en la Dinastía Ming (1368-1644). En efecto, China era el imperio del centro, con reinos circundantes en estrechas relaciones políticas y económicas con ese país. En los últimos cuatro siglos, sin embargo, los países de Asia Central actuaron mucho más en la órbita de influencia ruso-soviética que en la china. El vacío de poder creado tras la caída de la Unión Soviética (URSS) y la desaparición del socialismo real disminuyó la influencia rusa en esa zona, pero no la eliminó por completo.

La reconstitución de la Ruta de la Seda se dificulta por tres razones adicionales: en primer lugar, la infraestructura para comunicar Asia Central con China y otras regiones de Asia es aún muy deficiente1; en segundo término, y en estrecha vinculación con lo anterior, ninguno de los países de Asia Central tiene como principal socio comercial a China o la India, sino a Europa, Rusia y la propia Asia Central; en tercer término, no existen TLC que vinculen de manera significativa a Asia Central con el Este asiático. Es cierto que, desde su fundación oficial en 2001, la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS, integrada por China, Kazajstán, Kirguistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán) prevé acuerdos de cooperación multidimensional. Sin embargo, la OCS está fuertemente concentrada en el tema energético y dista mucho de constituir un TLC. Por el momento, entonces, parece difícil que el dinamismo asiático pueda derivar en la creación de un sistema integrador que incluya todas las regiones de Asia. La Ruta de la Seda, pues, deberá esperar mejores tiempos.

  • 1. Biswa N. Battacharyay y Prabir De: «Restoring the Asian Silk Route: Toward an Integrated Asia» en adbi Working Paper Series No 40, Asia Development Bank Institute, junio de 2009.