Tema central

Apogeo y declive de la intelligentsia rusa. Entre el trabajo intelectual y el deber moral

Desde su surgimiento en el siglo XIX, la intelligentsia rusa se caracterizó por ser un grupo que se ocupaba del trabajo intelectual, aunque comprometido con un deber moral: ser la conciencia social de Rusia. Si bien la revolución de 1917 se presentó como la materialización de muchos de sus anhelos, pronto el régimen soviético echó por tierra sus ilusiones y esperanzas y desarticuló su existencia desde el estalinismo hasta su caída. Hoy, cuando el capitalismo se consolida en Rusia, la revitalización de la intelligentsia es vital y solo será viable en la medida en que pueda conectar con los intereses de las clases oprimidas.

Apogeo y declive de la intelligentsia rusa. Entre el trabajo intelectual y el deber moral

«El poeta tiene el deber de presentarse a sus lectores con sus sentimientos, sus pensamientos y sus actos en la palma de la mano. Para tener el privilegio de expresar la verdad de los demás, debe pagar el precio: entregarse sin compromiso en su verdad. Engañar le está prohibido». Estas palabras las escribió Evgeny Evtushenko (1932) en 19631. Con ellas estaba resumiendo el componente básico de la intelligentsia rusa: el compromiso moral de ser la conciencia social de su país. Por la fecha en que las escribe, el poeta siberiano estaba también reafirmando y revitalizando esa cualidad en un contexto en el cual, luego de décadas de represión estalinista, parecía revivirse el proyecto comunista dentro de la Unión Soviética y la intelligentsia parecía finalmente conectar con unas masas nuevamente oprimidas. Tal vez fue el último momento con posibilidades reales de llevarlo a cabo; su fracaso no solo selló su futuro, sino también el del proyecto revolucionario. El régimen soviético finalizó, el capitalismo se impuso en Rusia y la intelligentsia se alejó de las masas y se entregó mansamente al conformismo. La revisión y la revitalización de este grupo se presentan entonces como tareas tan urgentes como necesarias.

¿Qué es la intelligentsia rusa?

El interrogante «¿Qué es la intelligentsia?» pertenece a la serie de preguntas malditas (prokliatie voprosy) que formaron parte del imaginario social y político ruso, junto con otras como «¿Qué hacer?» o «¿Quién detenta el poder en Rusia?». Los historiadores y los sociólogos, entre otros, han intentado responder esta cuestión a lo largo de las décadas, como también lo pretendieron los propios miembros de la intelligentsia. Sin embargo, no siempre ha habido acuerdo (y de allí su rasgo maldito), a punto tal que se creó una situación en la cual, como lo plantea Boris Kolonitski, «los participantes de las numerosas discusiones sobre la intelligentsia recuerdan a un juego en el que cada jugador establece sus propias reglas»2. En este sentido, cada «jugador» estaba siempre en su derecho a tener razón en sus conclusiones (de acuerdo con las reglas previamente definidas) y a no estar necesariamente de acuerdo con el resto, de modo que su propuesta se aseguraba el éxito desde el principio. En consecuencia, los sujetos, los enfoques y las condiciones en las cuales se estudió y se explicó este fenómeno engendraron los más diversos resultados, vinculados muchas veces a las posiciones políticas e ideológicas desde las cuales se escribía.

Sin embargo, es posible distinguir desde mediados del siglo XIX a un grupo identificado como intelligentsia. ¿A qué hacemos referencia con ello? Producto del contacto con la tradición ilustrada de Europa, la intelligentsia se edificó como un agrupamiento dentro de la sociedad rusa que intentó influir de manera decidida en el destino de su nación. Su rasgo distintivo no radicaba solo en su ocupación en el trabajo intelectual sino, sobre todo, en la condición de ser la conciencia social de Rusia. En este sentido, lo que terminaba por definir la integración de los sujetos dentro de la intelligentsia era la realización de una actividad intelectual que tuviera al mismo tiempo un profundo sentido práctico y comprometido. El desarrollo de las ideas solo tenía para estos intelligenty razón de ser en la medida en que se pusieran al servicio de la solución de los problemas del país. Sus escritos, sus intervenciones en las «revistas gruesas»3 de la época e incluso sus obras de arte estaban impregnados de una profunda dimensión práctica y realista, en el sentido de estar cargados con un objetivo extra, vinculado al fomento del debate cultural y político que sacase a Rusia de su situación de opresión y atraso relativo. La intelligentsia se definía así por la adquisición de un sentido crítico en sus actividades intelectuales y por utilizar el pensamiento como arma de lucha en un territorio donde las posibilidades de participación política eran nulas. De este modo, la defensa de los intereses de los oprimidos y de determinados principios morales era lo que permitía unificar a todos sus miembros, más allá de sus orígenes sociales o tendencias políticas4. De allí se deriva el hecho de que la intelligentsia fuese la primera en orientarse hacia el socialismo, como la forma más consistente del movimiento democrático. Por esos ideales, muchos de sus miembros fueron perseguidos y encarcelados hasta quebrarse física y espiritualmente, como fue el caso del escritor Nikolái Chernishevski (1828-1889), autor de una obra que tuvo mucha influencia en el movimiento socialista, ¿Qué hacer? Relatos sobre los hombres nuevos5, escrita durante su encarcelamiento en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo en 18626. Por las condiciones culturales y políticas en que surge, la intelligentsia estuvo históricamente cruzada por una doble alienación: por arriba y por debajo. Al embarcarse desde el siglo XVIII en el proceso de occidentalización, el zarismo envió a varios de los jóvenes miembros de la elite a viajar y estudiar por Europa. Empero, el regreso de muchos de ellos, ya educados en los valores de la Ilustración, los puso en la vereda opuesta de un zarismo que buscaba una modernización económica pero no cultural, y menos aún política. Los jóvenes intelectuales pronto se dieron cuenta de que la autoridad del zar sostenía unos valores muy diferentes de los aprendidos durante el periplo europeo, además de vislumbrar que no iban a ser tenidos en cuenta en la administración del país. De esta manera, la intelligentsia quedó aislada, por arriba, de la autoridad política, ya que sus ideas cada vez más progresistas no coincidían con la ideología y las prácticas del poder autoritario del zarismo. Pero por otro lado, a causa precisamente del estudio y la preparación recibidos, quedó aislada por debajo, ya que sus miembros nunca pudieron tejer lazos duraderos con el pueblo. Existía una amplia brecha que separaba sus universos culturales y que les impedía una conexión mucho más efectiva. Aquí se pone de manifiesto, entonces, otro rasgo fundamental de su existencia: la condición trágica. La tragedia de la intelligentsia residía en el hecho de haber llegado demasiado temprano y en que, dadas las condiciones históricas desfavorables en las que había nacido, no podía conectar ni por arriba ni por debajo en la escala social. Había sido educada bajo los preceptos liberadores de la Ilustración y veía que, por un lado, había una autoridad que prescindía de ellos y, por el otro, una clase baja oprimida que sufría pero que no podía entender su mensaje, y por lo tanto dedicó todos sus esfuerzos a marcar las contradicciones de la sociedad rusa y a entregarse al trabajo intelectual utilitario. De esta manera, como sostiene Boris Kagarlitski, «la crítica del orden establecido llegó a ser el contenido principal del arte ruso» y «la totalidad de la cultura espiritual llegó a politizarse y orientarse hacia la revolución»7.

  • 1. Martín Baña: doctor en Historia por la Universidad de Buenos Aires (uba). Actualmente se desempeña como docente de la cátedra de Historia de Rusia de la carrera de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras (uba) y como becario posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Argentina. Palabras claves: intelligentsia, trabajo intelectual, Vladímir Putin, Rusia, Unión Soviética.. E. Evtushenko: Autobiografía precoz, Ediciones Era, México, df, 1969, p. 7.
  • 2. B. Kolonitski: «Les identités de l’intelligentsia russe et l’anti-intellectualisme. Fin du xixe-début du xxe siècle» en Cahiers du Monde Russe vol. 43 No 4, 2002, p. 601.
  • 3. Las revistas literarias eran conocidas habitualmente con el nombre de «revistas gruesas» [tolstie zhurnaly], ya que solían superar ampliamente las 200 páginas por número. Allí se publicaban novelas, cuentos y poemas, además de ensayos y otros artículos, antes de que aparecieran en el formato de libro. Incluso podían encontrarse artículos referidos a la biología o la medicina, pero todos apuntaban al mismo objetivo liberalizador sostenido por la intelligentsia. Ver Robert Belknap: «Survey of Russian Journals, 1840-1880» en Deborah Martinsen (ed.): Literary Journals in Imperial Russia, Cambridge University Press, Cambridge, 2010, pp. 91-116.
  • 4. Boris Uspenskii: «Russkaia intelligentsia kak spetsificheskii fenomen russkoi kul’tury» en B. Uspenskii (ed.): Etiudy o russkoi istorii, Azbuka, San Petersburgo, 2002, pp. 344-345.
  • 5. Existe edición en español: N. Chernishevski: ¿Qué hacer? Gente Nueva, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, s./f.
  • 6. Entre las personas que fueron influenciadas por Chernishevski se encuentra el propio Lenin (1870-1924), quien en 1902 escribió un libro inspirado en la obra del escritor que tituló del mismo modo, ¿Qué hacer? En él abordaba la cuestión de la organización y la estrategia que debía adoptar un partido revolucionario.
  • 7. B. Kagarlitski: Los intelectuales y el Estado soviético. De 1917 al presente, Prometeo, Buenos Aires, 2006, p. 33.