Coyuntura

América Latina en el comercio internacional

El aumento de la demanda internacional de materias primas generada por el irresistible ascenso de China modificó los términos de intercambio y benefició claramente a América Latina. Sin embargo, pese a lo que sostienen las miradas más optimistas, el comercio entre el gigante asiático y nuestra región está lejos de constituir un ejemplo de cooperación Sur-Sur. Por el contrario, reproduce el típico esquema Norte-Sur desarrollado por Gran Bretaña durante el siglo XIX y consolida la dependencia y la primarización de las economías latinoamericanas. Los ejemplos de Argentina, Brasil y Chile demuestran que las políticas económicas de cada país pueden alterar esta situación o profundizarla.

América Latina en el comercio internacional

En los últimos años, el relanzamiento de la demanda internacional, motorizado en especial por la fuerte demanda china, contribuyó al crecimiento de la economía latinoamericana y a la mejora de los términos del intercambio. Esta situación suele generar grandes expectativas en la región. Sin embargo, sus alcances deben relativizarse a la luz de ciertos factores decisivos. En algunos países, el aumento de la demanda externa, aun cuando provocó un incremento de las exportaciones, no derivó en tasas de crecimiento elevadas o proporcionales a la expansión del mercado. Además, la mejora de los términos del intercambio, en los países en los que se verificó, no se debe a la sustitución de importaciones primarias por producción industrial interna, sino a la mejora de los precios de los bienes primarios. Ese aumento determina, a su vez, un esquema de precios relativos que promueve el sostenimiento o la profundización de la primarización de las economías. El papel de China en todo este proceso es determinante: el país asiático demanda bienes primarios, invierte en el exterior en función de la extracción y el transporte de esos bienes y avanza en su propia sustitución de importaciones y de exportaciones, amenazando producciones sustitutivas latinoamericanas. En este artículo se sostiene que la relación económica Latinoamérica-China no es, como suele afirmarse, una relación Sur-Sur, sino que reproduce el esquema comercial Norte-Sur y el patrón inversor británico del siglo XIX.

Latinoamérica, en mejores términos

Entre 2002 y 2005, los términos del intercambio mejoraron un 9% para Latinoamérica, fundamentalmente por el aumento de los precios de commodities demandados por China. Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad, por sus siglas en inglés), los precios de los commodities aumentaron 44,8% entre 2002 y 2005 en dólares corrientes, excluyendo el petróleo. Las bebidas tropicales –café, cacao y té– aumentaron 42%, el arroz 50%, el poroto de soja 29%, el caucho 96% y los minerales y metales, 100%. En ese periodo, el petróleo crudo aumentó 114%. Al mismo tiempo, los precios de las manufacturas de los países desarrollados aumentaron 20% por debajo de los precios citados. Debido a esta relación de precios, los términos del intercambio de los países exportadores especializados en productos primarios mejoraron. El índice de términos del intercambio por grupos de productos de la Unctad muestra cuatro situaciones diferentes: un fuerte aumento de los términos de los exportadores petroleros a partir de 2003 (60% de aumento desde 2002 y 50% desde 2000); un aumento menor en los términos de los exportadores mineros (20% desde 2003); una declinación de los exportadores agrícolas, cuyos términos se encuentran en 2005 algo por debajo de los de 2000; y una caída aún mayor en los términos de intercambio de exportadores de manufacturas (10% desde 2000). En Latinoamérica, la evolución de los precios afectó en forma diferente a cada país según su patrón de producción y exportación. Para aquellos que exportan manufacturas y commodities, como Brasil y México, los cambios fueron poco significativos. Para los productores agropecuarios la situación es muy variada: los términos mejoraron para los exportadores de café, pero empeoraron para los exportadores de soja, como Argentina y Uruguay. Si se compara a América Latina con otras regiones, el impacto del intercambio sobre el ingreso fue relativamente menor. La Unctad calcula que, entre 2003 y 2005, la mejora de los términos del intercambio explicó un aumento de 1,4% del ingreso de América Latina, contra 2,1% en África y 5,9% en Asia Occidental, regiones beneficiadas por una mayor presencia de países petroleros. La primera conclusión, entonces, es que la bonanza de los precios de los productos primarios y la consiguiente mejora en los términos del intercambio tuvieron, en el trienio considerado, un impacto modesto en la región. Esto, además, refuerza la tradicional vulnerabilidad comercial ante los ciclos de los productos primarios. El ciclo de alza de los precios genera beneficios innegables, pero también crea una peligrosa dependencia de bienes cuyos precios están muy atados a la situación económica de los países centrales y, por lo tanto, sufren fluctuaciones más profundas que los precios de los productos industriales que la región importa. Como señala la Comisión Económica para América Latina (Cepal), repitiendo conceptos que tienen décadas de vigencia (y de desatención),

los responsables de la política económica en América Latina no han prestado suficiente atención a las posibilidades que ofrecen los recursos naturales para la generación de eslabonamientos, innovación tecnológica y otras externalidades. Las actividades basadas en los recursos naturales tienen tanto potencial como la industria manufacturera para originar alto crecimiento de la productividad, desbordamientos tecnológicos y eslabonamientos hacia delante y atrás, como han demostrado las experiencias de países como Australia, Canadá, Finlandia, Estados Unidos y Suecia.

A cada uno su suerte

El aumento de la demanda mundial estimula el hábito de la generalización en las evaluaciones económicas. Sin embargo, la evolución del mercado influyó en forma diferente en las economías de la región. En el periodo 2003-2005, los precios unitarios de exportación de Chile aumentaron sustancialmente más que los de Argentina y Brasil, debido a la mayor participación de las exportaciones mineras. Pero el aumento de las exportaciones chilenas en relación con el aumento de los precios unitarios fue menor que el de los otros dos países. Esto indica que el dinamismo exportador no depende solo de los precios externos, que son un factor necesario pero no suficiente. La reacción de los términos del intercambio en relación con el aumento de los precios de exportación fue también diferente para cada país. En Chile, la mejora en los precios de exportación produjo una mejora mayor de los términos del intercambio por su concentración en la producción de primarios. En Brasil, con una mayor proporción de exportaciones manufactureras, la mejora de los precios de exportación influyó mucho menos. Argentina se ubica en un lugar intermedio. Un aspecto decisivo de la situación que se analiza es la relación entre la evolución de los términos del intercambio y las exportaciones y el PIB. Una aproximación intuitiva podría concluir que una mejora en las exportaciones y en los términos del intercambio debería determinar un aumento en el PIB. Ese efecto se produjo, pero en forma muy desigual: en el periodo 2003-2005, en los tres países aumentaron los términos del intercambio, las exportaciones y el PIB. Sin embargo, el PIB de Argentina creció más que el de los otros dos países. Además, el aumento del PIB argentino en relación con el aumento de las exportaciones fue mayor que en Chile y Brasil: las exportaciones brasileñas crecieron más que las argentinas, pero Argentina creció más que Brasil. Por otro lado, el PIB argentino y el de Brasil crecieron más que sus términos de intercambio y en una proporción similar (3,75% y 4,0%, respectivamente), mientras que en Chile el PIB aumentó menos que los términos del intercambio (17% el PIB y 36% los términos de intercambio).