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Alcances y limitaciones para su consolidación

La integración económica latinoamericana muestra algunos avances pero también enormes limitaciones. El artículo repasa los orígenes teóricos de la integración, analiza el exitoso proceso europeo y, finalmente, la sinuosa evolución de la integración en la región. Se argumenta que, en momentos en que comienzan a sentirse los efectos de la crisis económica global, la integración es, para América Latina, una alternativa viable para ganar independencia económica respecto del centro de la economía mundial, ya que permite una utilización más eficiente de los capitales externos, mejora el intercambio de bienes y servicios, contribuye a equilibrar las asimetrías entre países vecinos y, además, beneficia la seguridad regional al profundizar la confianza mutua entre los Estados.

Alcances y limitaciones para su consolidación

Problematización

En el último tiempo se ha comenzado a discutir, sobre todo en medios académicos y políticos, acerca de los costos económicos y sociales de la crisis económica global. Las comparaciones son inevitables en tiempos en que la contracción económica se vuelve palpable y preocupante, y al trasladar dichos costos a la ciudadanía deja al descubierto el desamparo social en que se encuentran algunas regiones, incluida América Latina. El presidente del Banco Mundial (BM), Robert B. Zoellick, sostuvo que «mientras gran parte del mundo pone el acento en los rescates de bancos y paquetes de reactivación económica, no hay que olvidar que los habitantes pobres de los países en desarrollo corren muchos más riesgos cuando sus economías tambalean»1.

Las proyecciones económicas no son alentadoras, pues las tasas de crecimiento mundial están deprimiéndose y los Estados nacionales deben fortalecer y reforzar sus políticas sociales para equilibrar el panorama. En ese clima de incertidumbre mundial, América Latina no está a salvo de los vaivenes económicos internacionales, aunque algunos países se consideren «blindados» a los efectos inmediatos de la especulación financiera.

La Comisión Económica para América Latina (Cepal) señaló –inicialmente– que durante 2009 la región alcanzará niveles de crecimiento que no sobrepasarán el 1,9%. Sin embargo, con el transcurso del tiempo la tasa prevista fue en caída, el pesimismo económico se expandió entre los especialistas y las estimaciones de crecimiento para fines del presente año solo bordean el 0,4%, con diferencias según el país (ver gráfico).

Por su parte la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estimó que se perderán entre 1,5 y 2,4 millones de empleos en la región como resultado de la crisis internacional. Esto implica un horizonte económico y social preocupante, sobre todo en economías como las latinoamericanas, monoexportadoras y dependientes de los grandes centros comerciales globales. Este punto es crucial a la hora de definir y clarificar las decisiones correctas para contener la onda expansiva de la crisis internacional.

En este panorama de incertidumbre y preocupación, la integración económica es, para América Latina, una alternativa viable para ganar independencia económica respecto del centro de la economía mundial, ya que permite una utilización más eficiente de los capitales externos, mejora el intercambio de bienes y servicios, contribuye a equilibrar las diferencias económicas entre los países vecinos y, además, beneficia la seguridad regional, al profundizar la confianza mutua entre los Estados.

Hacia un entendimiento de la integración económica

Fue durante la primera mitad de los años 50 cuando la integracióneconómica se transformó en una disciplina de estudio profundo y detallado. «En el año 1954, el Premio Nobel de Economía Jan Tinbergen publica un libro titulado Integración económica internacional, identificando a la integración económica internacional con el libre comercio mundial en productos tanto industriales como agropecuarios.»2

A partir de esta publicación, teóricos de la integración económica como Ramón Tamames comenzaron a argumentar que esta puede ser considerada como un «proceso mediante el cual dos o más mercados nacionales previamente separados y de dimensiones unitarias poco adecuadas, se unen para formar un solo mercado de una dimensión más conveniente»3. Para Bela Balassa, la integración económica sería un «estado de cosas basado en la falta de discriminación entre las unidades económicas del área integrada»4. Otra definición interesante de integración económica fue desarrollada por Hilda Puerta Rodríguez y Sarah Rodríguez Torres, quienes sostienen que esta sería «un proceso de creciente intervinculación de las economías nacionales, que tiene lugar a partir de la reducción o eliminación de los obstáculos que impiden el desarrollo de los vínculos mutuos, con el propósito de obtener beneficios conjuntos en función de los intereses de los agentes económicos dominantes»5. En general, entonces, la integración económica apuntaría a alcanzar el desarrollo armónico y equilibrado de todos los países signatarios del acuerdo o tratado de integración.

Finalmente, para César Peñaranda la integración económica genera «mayor eficiencia en la asignación de los recursos, permite avanzar con eficiencia en el proceso de sustitución de importaciones, incrementa la interdependencia económica y comercial de sus miembros y de esta manera permite a la región alcanzar una mayor autonomía económica»6. Los beneficios de la integración económica son mucho más llamativos cuando los Estados impulsan voluntariamente su ejecución, sin olvidar, además, que «la integración regional permite a los países mejorar su capacidad de adaptación a los requerimientos de una economía de mercado globalizada. Además, puede contribuir a la estabilización de las políticas exteriores y a la consolidación democrática»7.

El proyecto de integración económica latinoamericana no es reciente; por el contrario, es un anhelo de larga data que tiene como objetivo mejorar la presencia de América Latina en el escenario mundial y contrarrestar la influencia de Estados Unidos. Pero ¿en qué consiste la integración económica latinoamericana? Los cambios económicos mundiales de las últimas décadas han influido (positiva o negativamente) en una reestructuración de los métodos de vinculación externa, determinado cada vez más por las imposiciones políticas provenientes de Washington, lo que ha redefinido los procesos de integración.

En este marco, el proceso de integración económica latinoamericana adquiere una urgencia política estratégica y una dimensión globalizante superior. Al considerar que dicho proceso potencia a la región y la ubica de manera más sólida y competitiva en el orden global, se reforzaría la propuesta de «regionalismo abierto» conceptualizada por la Cepal. Sin embargo, el diálogo político es perentorio para el logro de estos planteamientos, ya que impacta en un desarrollo económico más equitativo, profundiza la solidaridad entre los pueblos y fomenta el respeto a la integridad territorial latinoamericana.

  • 1. Según las estimaciones económicas del bm, cerca de 53 millones de personas podrían caer bajo la línea de la pobreza como resultado directo de la crisis financiera.
  • 2. Eduardo Conesa: «Conceptos fundamentales de la integración económica» en Integración Latinoamericana. Revista del Intal 8/1982, p. 3.
  • 3. Citado en Sara Herrera y Jaime Londoño: «Coordinación de políticas económicas en los procesos de Integración» en Ecos de Economía No 17, 10/2003, p. 133, disponible en www.eafit.edu.co/NR/rdonlyres/D56301F9-4C2D-4013-9997-40270777C041/109/17Art993.PDF; fecha de consulta: marzo de 2009.
  • 4. Citado en E. Conesa: ob. cit.
  • 5. «Una propuesta para el debate acerca de la integración latinoamericana», Centro de Investigaciones de Economía Internacional, La Habana, 2004, pp. 8-9.
  • 6. «Estrategia para la integración económica en América Latina» en Integración Latinoamericana. Revista del Intal, 3/1984, p. 22.
  • 7. Christian Von Haldenwang: «Integración regional en América Latina. La perspectiva de la gobernabilidad» en Nueva Sociedad No 195, 1-2/2006, p. 26, disponible en www.nuso.org/upload/articulos/3237_1.pdf.