Opinión

Actuar ahora, de común acuerdo y de manera diferente con el medio ambiente.

La mayor parte de los países latinoamericanos carecen de la capacidad financiera, técnica y logística para manejar el riesgo climático. Según las estimaciones del BM, los costos de mitigación de los impactos del cambio climático en los países en desarrollo sumarán entre US$ 140.000 millones y US$ 175.000 millones, pero la cantidad actual disponible para la adaptación en estos países es menos de US$ 1.000 millones, cifra insignificante en comparación con lo que se requiere. Por ello, es necesario un acuerdo mundial sobre el clima utilizando mecanismos como la Declaración de París sobre la Eficacia de la Ayuda al Desarrollo, que permitan identificar las prioridades y la ruta operativa a los países de América Latina, a fin de canalizar inversiones económicas y recursos financieros; identificar servicios ambientales y esfuerzos técnicos; fomentar políticas públicas y la coordinación con la comunidad internacional, los organismos de la cooperación técnica, la sociedad civil e instituciones nacionales, basándose en un enfoque de creación de capacidades y gestión del riesgo.

Actuar ahora, de común acuerdo y de manera diferente con el medio ambiente.

En la década de 1950 comenzó a escucharse con más frecuencia la expresión “contaminación ambiental”, y de esa forma se iniciaron los estudios acerca de los efectos negativos de la actividad del ser humano sobre el medio ambiente. En los años 60 esta preocupación se trasladó de los científicos a la gente común, que empezó a sufrir las consecuencias en su vida diaria. En 1972, se realizó en Estocolmo la Primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, donde se recomendaron 196 medidas que deberían tomar en cuenta los países y los organismos internacionales para detener la contaminación del suelo, las aguas, los bosques y el aire, con miras a hacer más profunda la conciencia universal acerca de la necesidad de proteger y mejorar los recursos naturales. Después de Estocolmo/72, se han realizado una multiplicidad de cumbres, acuerdos y encuentros como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 1992; la Cumbre de Río; el Protocolo de Kyoto para reducir en 5% la emisión de gases de efecto invernadero; la Declaración del Milenio; la Cumbre de Johannesburgo y, recientemente, la Cumbre Mundial de Cambio Climático COP-15, reunida en Copenhague, Dinamarca, en diciembre de 2009. Si bien este último encuentro mundial convocó a líderes de gobierno de 192 países, no arrojó mayores propuestas, compromisos políticos ni acciones concretas para la adaptación y mitigación del cambio climático. No obstante, permitió generar una movilización internacional y evidenciar una creciente conciencia colectiva sobre la urgencia que reviste la protección de los recursos naturales, junto con una preocupación por los efectos asociados a este fenómeno: el aumento de los desastres naturales y las variaciones climáticas adversas para el futuro de la humanidad. En marzo de este año, se anunciaba públicamente el último informe sobre el Desarrollo Mundial 2010 del Banco Mundial (BM), dedicado al cambio climático. En ese informe, se manifiesta que a la fecha una cuarta parte de la población continúa viviendo con menos de US$1,25 al día. Unos 1.000 millones de personas carecen de agua potable; 1.600 millones, de electricidad y 3.000 millones, de servicios de saneamiento adecuados. La cuarta parte de todos los niños de países en desarrollo están malnutridos y más de 1.100 millones de personas viven en estado de pobreza y hambre. En América Latina se contabilizan más de 53 millones de personas que sufren inseguridad alimentaria. Los pulmones verdes se debilitan El informe del BM denuncia también la irreversible desaparición de los glaciares tropicales de los Andes, lo cual está generando un desbalance hídrico, cambios en los calendarios del agua y estrés hídrico en varios países de América del Sur, lo que impacta sobre unos 77 millones de personas. Por otra parte, se hace énfasis en el calentamiento y la acidificación de los océanos, fenómenos que afectarán los arrecifes de coral en el Caribe. Además, los daños en los humedales del Golfo de México aumentarán el grado de vulnerabilidad de esta costa frente a los huracanes. Sin embargo, el impacto ambiental más penoso para la región podría ser la extinción del bosque amazónico y su transformación en grandes extensiones de sabana. Diferentes instituciones, especialistas y organismos han insistido en esta última advertencia sobre la disminución de los bosques. Entre ellos, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que elaboró en 2007 el informe regional Cambio climático 2007 (publicado en octubre de 2008) sobre la evaluación de impactos del cambio climático en América Latina. En ese documento de trabajo, se manifiesta que “siete de los 25 sitios más críticos del mundo, que poseen elevada concentración de especies endémicas, están en Latinoamérica y están sobrellevando una pérdida de hábitat. En la región entre 1990 y 2000 se perdieron 46,7 millones de hectáreas de selvas y bosques, de las cuales 17,2 millones de hectáreas correspondían a la Amazonía”. A escala mundial, se estima que la superficie existente de bosques es de 3.800 millones de hectáreas, de los cuales 95% son bosques naturales y 5% son plantaciones forestales. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la superficie boscosa ha venido disminuyendo: durante cada año del decenio de 1990 se deforestó 0,38% de los bosques mundiales. En los últimos 45 años, 1.200 millones de tierras de cultivo han sido degradadas. Los bosques tropicales constituyen el hábitat del 50% de las especies vegetales y animales, que están amenazadas por el cambio del clima. Los países de la región con más altas tasas de deforestación son Brasil, México, Perú, Argentina y Ecuador. Las causas principales de deforestación son la expansión de la frontera agrícola y ganadera; las obras de infraestructura para la construcción de represas generadoras de energía; la expansión de cultivos ilegales; la construcción de vías; la quema, la tala y la venta de productos maderables provenientes de bosques nativos. La conservación de los bosques implica la preservación de la biodiversidad, la fijación de carbono y la producción de oxígeno, lo que contribuye directamente a la reducción de los problemas causados por los gases de efecto invernadero, la regulación de los recursos hídricos y la recuperación de los recursos edáficos, y la aparición de alternativas a las actividades productivas y de generación de empleo en las zonas rurales y urbanas. Agua y calentamiento De acuerdo con el informe del BM, una actitud responsable y comprometida de los gobiernos, la comunidad internacional y los ciudadanos nos debería llevar a un aumento de la temperatura en 2º C, mientras que un cambio climático incontrolado, como el que actualmente se presenta, podría provocar un calentamiento en este siglo de 5º C. Un cambio de estas características provocaría perturbaciones en todos los ecosistemas, entre 100 millones y 400 millones más de personas correrían el riesgo de padecer hambre y entre 1.000 y 2.000 millones de personas podrían no tener agua suficiente para atender sus necesidades. En América Latina, 13,9% de la población no tiene acceso al suministro de agua potable. De ellos, 63% (unos 45 millones) vive en las zonas rurales y no tiene acceso al suministro de agua. Gran parte de las comunidades rurales dependen de los escasos recursos de agua dulce y otras, del abastecimiento del agua de lluvia. De acuerdo con el IPCC, en varias zonas de la región (este de Centroamérica, en Guatemala, el Salvador, Costa Rica, Chile y Perú) se esperan severos déficits de agua, lo que afectará el suministro para consumo humano, industrial y agrícola. La agricultura consume 70% de la extracción del agua del mundo. El cambio climático agudizará la escasez de este recurso y aumentará la demanda de irrigación en las regiones tropicales. La actividad agrícola es la responsable de 14% de las emisiones de gases de efecto invernadero, pero cuenta a la vez con un gran potencial para contribuir a la solución, a través de la mitigación y la eliminación de una parte importante de las emisiones globales. La FAO asegura que la producción alimentaria deberá incrementarse en un 70% para alimentar a 2.300 millones de personas más en 2050. El cambio climático amenaza la producción agrícola por el alza de temperaturas y los cambios en la pauta de lluvias, así como por el incremento de la concurrencia de sequías, inundaciones, nuevas plagas, emergencias y desastres naturales. La Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) informó que en el periodo 2000-2007 más de 230 millones de personas fueron afectadas anualmente por los desastres; aproximadamente 98% de dichas emergencias se generaron por efectos climáticos, predominantemente tormentas, ciclones, inundaciones y sequías. El grupo poblacional más vulnerable ante las catástrofes naturales pertenece a las comunidades rurales. Seguridad alimentaria Los análisis de los impactos del cambio climático en la seguridad alimentaria se han centrado principalmente en las consecuencias del fenómeno en la producción mundial de alimentos, mientras que las investigaciones sobre la estabilidad, la utilización y el acceso –otros componentes de la seguridad alimentaria– han sido limitados, de acuerdo con la opinión de los especialistas. Entre los grandes desafíos que deberán afrontar los países de la región para garantizar la seguridad alimentaria y la nutrición en el contexto del cambio climático se encuentran: 1. Disponibilidad de alimentos: el impacto más directo del cambio climático en la seguridad alimentaria consistirá en los cambios en la producción de alimentos. Aunque la FAO manifiesta que América Latina tiene un superávit alimentario y es exportadora de alimentos, la desigualdad en la distribución de ingresos significa un acceso precario a productos alimenticios para muchas familias. 2. Estabilidad: tiempos extremos y la variabilidad del clima son las principales amenazas para la producción de alimentos; también la inestabilidad de las cosechas y de los mercados agroalimentarios. 3. Utilización: los aumentos en el riesgo de inundación de los asentamientos humanos, especialmente en las zonas costeras, incidirán en la utilización de los alimentos para salvaguardar la seguridad alimentaria. Asimismo, habrá cambios en los hábitos alimenticios, nutricionales y variaciones de las dietas locales. 4. Acceso: el acceso a los alimentos será otro de los aspectos más vulnerables ligados al cambio climático, condicionado por los conflictos sociales, las catástrofes, la pobreza rural, la migración y fenómenos como el alza de los precios de los alimentos. Para garantizar el suministro y aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, los alimentos, la salud y la nutrición, los países de la región deberán velar por un sistema de comercio adecuado; promover al acceso a los mercados; mejorar las inversiones en infraestructuras, vías y medios de transporte; mejorar los sistemas de información y toma de decisiones para las instituciones y los productores agropecuarios sobre las variaciones del clima; garantizar el suministro y consumo de alimentos locales, sanos e inocuos. Además, instaurar marcos normativos y políticas públicas a fin de mejorar la capacidad de resiliencia de los países. Costos de la adaptación y mitigación Los países y sociedades más vulnerables ante el cambio climático pertenecen al grupo de los países en desarrollo. En ese sentido, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) preparó en el año 2009 un documento sobre el impacto del cambio climático en las economías latinoamericanas, La economía del cambio climático en América Latina y el Caribe, donde se manifiesta que de no haber un acuerdo internacional para mitigar los efectos del cambio climático, para 2100 el costo para América Latina y el Caribe podría equivaler a incluso 137% del PIB regional actual. Las estimaciones se basan en cálculos de 15 países de la región y recalcan que los costos económicos son muy heterogéneos entre países y regiones, y tendrán un comportamiento poco predecible a lo largo del actual siglo. La variabilidad climática y los eventos extremos pueden hacer que hacia 2100 el costo de los desastres climáticos pase de un promedio anual para el periodo 2000-2008 de casi US$ 8.600 millones a un máximo posible de US$ 250.000 millones. En este contexto, el informe de la Cepal destaca que es fundamental que los países de la región diseñen una estrategia de política pública que permita reducir los impactos más graves del cambio climático, basada entre otras cosas en: preservar la biodiversidad y los recursos naturales para las generaciones futuras; reconocer la necesidad de revisar los estilos de vida y promover un cambio cultural; promover la innovación tecnológica para un desarrollo sostenible; transitar hacia economías con baja intensidad de emisiones de carbono y búsqueda de fuentes alternativas de energía. Sobre este último aspecto, es necesario mencionar que los altos precios del petróleo han llevado a varios países de América Latina a incrementar el uso de fuentes renovables de energía, incluida la bioenergía o energía derivada de fuentes biológicas como los cultivos, los árboles y desechos. Como lo expresa el documento La bioenergía y la seguridad alimentaria en América Latina y el Caribe de la FAO, “la expansión de sistemas modernos de bioenergía contribuirá a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, promover la seguridad energética, generar oportunidades de ingresos en las zonas rurales y mejorar el acceso de los pobres a la energía. Sin embargo, el aumento de la producción de bioenergía dará lugar a demandas considerables de la base de los recursos naturales, con posibles consecuencias de índole ambiental, alimentario y social”. Actuar ahora, concertar e innovar La mayor parte de los países latinoamericanos carecen de la capacidad financiera, técnica y logística para manejar el riesgo climático. Según las estimaciones del BM, los costos de mitigación de los impactos del cambio climático en los países en desarrollo sumarán entre US$ 140.000 millones y US$ 175.000 millones, pero la cantidad actual disponible para la adaptación en estos países es menos de US$ 1.000 millones, cifra insignificante en comparación con lo que se requiere. Por ello, es necesario un acuerdo mundial sobre el clima utilizando mecanismos como la Declaración de París sobre la Eficacia de la Ayuda al Desarrollo, que permitan identificar las prioridades y la ruta operativa a los países de América Latina, a fin de canalizar inversiones económicas y recursos financieros; identificar servicios ambientales y esfuerzos técnicos; fomentar políticas públicas y la coordinación con la comunidad internacional, los organismos de la cooperación técnica, la sociedad civil e instituciones nacionales, basándose en un enfoque de creación de capacidades y gestión del riesgo. Para enfrentar la realidad del cambio climático, nuestros países también necesitarán invertir en investigación y desarrollar tecnologías con bajos niveles de emisión de carbono; construir las obras de infraestructura de modo tal que soporten nuevas condiciones extremas; minimizar los impactos en los ecosistemas; preservar la diversidad biológica, los bosques y los recursos naturales que aún nos quedan. Asimismo, se debe incrementar la productividad agrícola y la eficiencia en el uso del agua, a fin de garantizar la alimentación y la salud para todos y todas. El reto más complejo que presenta el cambio climático tiene relación con los cambios en los comportamientos y la necesidad de transformar hábitos y tipos de consumo de las instituciones y de cada habitante de este planeta. En este esfuerzo, el sector académico y los medios de comunicación también pueden aportar grandes esfuerzos mediante el desarrollo de informaciones educativas y el fomento del diálogo; recoger la información más relevante y actualizada sobre las vulnerabilidades en los escenarios estratégicos para cada país y aplicarla en la cotidianidad, mediante mensajes claros y sencillos, orientados a generar algún grado de conciencia, movilidad social, acción e incidencia en los niveles individual, familiar, regional, nacional y global.

Para finalizar, quiero resaltar los tres temas ejes y columnas transversales del Informe Mundial del Clima del BM: inercia, equidad e inventiva. “La inercia es la característica distintiva del cambio climático: es la razón por la que tenemos que intervenir de inmediato. La equidad es la clave para llegar a un acuerdo mundial eficaz, para generar la confianza necesaria para encontrar una solución eficiente a esta tragedia de los bienes comunes: es la razón por la que tenemos que actuar de común acuerdo. Y la inventiva es la única respuesta posible a un problema política y científicamente complejo, la cualidad que nos permitiría actuar de distinta manera como lo hemos hecho en el pasado”.Escribe aqui el texto del articulo

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