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Actos partidarios y clientelismo político en América Latina

Si bien el intercambio de favores por votos es una antigua pero efectiva forma de conseguir apoyo electoral, la distribución de bienes en aras de fomentar la participación en actos políticos podría resultar sorprendente. ¿Por qué habría que pagar por una asistencia que no se traduce necesariamente en votos? El artículo postula que los líderes políticos utilizan las convocatorias a actos partidarios para disciplinar a sus representantes y a la vez enviar señales claras del nivel de apoyo político del que goza el partido. De este modo, el uso del clientelismo sirve para disuadir de la creación de una oposición política organizada y contribuye a consolidar el poder de las maquinarias políticas locales.

Actos partidarios y clientelismo político en América Latina

La distribución de bolsas de comida, colchones, lavarropas, planes sociales y empleo público es una antigua, pero no por ello menos efectiva, forma de comprar apoyo electoral; esta distribución de favores a cambio de votos se define como «clientelismo» o uso de estrategias clientelares. Pagar a votantes a cambio de su apoyo político es algo que tiene sentido durante las elecciones, cuando los beneficios se trasladan –si los cálculos no fallan– a votos para el partido, pero también se observa el uso de clientelismo político en eventos partidarios que tienen lugar antes, durante y después de las elecciones. De hecho, en los actos políticos se llevan a cabo las mismas prácticas que se utilizan el día de la elección (como proveer de transporte, comida y bolsas con productos a los votantes). Si bien el intercambio de favores por votos tiene sentido durante las elecciones, cuando la compra de participación se traduce en compra de votos, ¿por qué pagar por una asistencia a actos políticos que no se traduce necesariamente en adhesión electoral? ¿Por qué los candidatos políticos gastan tiempo y recursos en movilizar a los votantes para que participen en actos políticos, cuando intuitivamente parece correcto asumir que les convendría guardar esos recursos para repartirlos justo antes de los comicios?

Este estudio analiza los efectos políticos de los actos partidarios para responder a estas preguntas. Sostengo aquí que los candidatos utilizan la compra de participación política en actos partidarios para demostrar su capacidad de movilización de votantes, y así avanzar en sus carreras políticas. En ese sentido, el uso del clientelismo en actos partidarios se explica por cuestiones de organización interna de los partidos políticos. Este trabajo muestra que cuando los líderes de los partidos evalúan a los candidatos teniendo en cuenta únicamente su capacidad para movilizar votantes, los que compiten por el apoyo político de los votantes pobres tienen incentivos para usar estrategias clientelares.

Los candidatos que buscan movilizar a los votantes más pobres conocen la mayor eficacia de las estrategias clientelares con respecto a estrategias no clientelares, y optan, por lo tanto, por utilizar tácticas de clientelismo político para movilizar a la mayor cantidad posible de electores. Como resultado, quienes están interesados en avanzar en sus carreras políticas y compiten por el apoyo de los votantes de bajos ingresos buscan comprar la participación política de estos en actos partidarios. Esta estructura de incentivos, que induce a los candidatos a emplear estrategias clientelares, se explica por la necesidad que tienen los líderes políticos de obtener información sobre sus representantes locales, así como también de dar testimonio hacia dentro y hacia fuera del partido acerca de su propia capacidad de convocatoria y movilización.

Por un lado, los líderes políticos necesitan saber si sus representantes locales están distribuyendo los bienes a los votantes y ayudándolos a resolver sus problemas diarios. Pero esto puede ser más complicado de lo que parece. Veamos un ejemplo: en una municipalidad del partido de José C. Paz, en la provincia argentina de Buenos Aires, dos candidatos peronistas, Juan y Domingo, competían en la movilización de votantes a un acto político. Dado que ambos representaban barrios similares, los dos recibieron la misma cantidad de colchones, materiales de construcción y bolsas de comida una semana antes del evento. Juan distribuyó todos los bienes entre sus seguidores, mientras que Domingo solo repartió las bolsas de comida y vendió el resto. El día del acto, Domingo logró movilizar más votantes que Juan, puesto que los vecinos de su barrio apoyaban al candidato peronista y estaban dispuestos a asistir al acto sin recibir nada a cambio, más allá del transporte y la comida gratis por el día. Los votantes del barrio de Juan no estaban dispuestos a asistir al acto solo por la comida, y los vecinos que recibieron cosas y asistieron eran menos que los del barrio de Domingo.

Cuando carecen de información sobre las preferencias políticas de los votantes, los líderes políticos no tienen posibilidad de distinguir entre candidatos confiables, como Juan, que reparten bienes materiales entre los votantes, y candidatos no confiables, como Domingo, que usan los bienes del partido para su propio enriquecimiento1. Y puesto que las maquinarias políticas necesitan candidatos locales como Domingo y Juan para repartir bienes entre los votantes, corren el riesgo de que los candidatos decidan quedarse con esos bienes para enriquecerse o para construir e incrementar su propio poder político. En los casos en que los electores participan en los actos y votan por el partido independientemente de si reciben o no beneficios a cambio, las acciones de los candidatos están expuestas a lo que los economistas llaman «riesgo moral» (en este caso, el riesgo derivado de la imposibilidad de conocer las verdaderas intenciones de los candidatos).

Para disminuir el riesgo moral, los líderes políticos buscan que los candidatos demuestren su capacidad para movilizar votantes en actos partidarios. En países como Argentina, Perú y Brasil, los actos partidarios se diferencian de las elecciones porque la asistencia a ellos es meramente voluntaria, mientras que la participación en elecciones es obligatoria. Por ese motivo, la disposición de los votantes para participar en actos partidarios y las capacidades de cada candidato para movilizarlos determinan la asistencia. Los votantes que deciden participar voluntariamente en los actos pueden distinguirse con facilidad de los votantes movilizados (aquellos que han sido acarreados al acto): los asistentes voluntarios no suelen usar ninguna clase de accesorios, como gorros o camisetas del candidato, que los identifiquen como simpatizantes movilizados por el partido.

Por otro lado, los actos partidarios obligan a los votantes a elegir un candidato con el cual asistir, y así sus decisiones resultan públicas, lo que permite a los líderes del partido evitar errores de cálculo. Más importante aún: los actos permiten a los líderes políticos ajustar la distribución de bienes antes de una elección. Al observar la cantidad de votantes que cada candidato moviliza, pueden cambiar sus decisiones distributivas para beneficiar a aquellos confiables en distritos con niveles históricos de baja participación.

  • 1. M. Szwarcberg: «Uncertainty, Political Clientelism, and Voter Turnout in Latin America: Why Parties Conduct Rallies in Argentina» en Comparative Politics, en prensa.