Opinión

20 años de democracia en Sudáfrica: un país en crisis

Veinticinco años después de haber finalizado el apartheid, Sudáfrica está con la espalda contra la pared en los ámbitos económico, social y político. ¿Cambiará algo luego de las elecciones del 7 de mayo?

20 años de democracia en Sudáfrica: un país en crisis

Veinticinco años después de haber finalizado el apartheid, Sudáfrica está con la espalda contra la pared, tanto en lo económico como en lo social, lo político y lo moral. Las cifras de desempleo son las más elevadas entre los países emergentes, el crecimiento de la economía es demasiado bajo y las negligencias en política educativa empeoran la situación. La industria no ha experimentado una diversificación real: las materias primas siguen siendo los factores económicos más importantes. Al mismo tiempo, las empresas medianas y pequeñas se quejan de la burocracia, de la falta de inversiones y de la carencia de mano de obra especializada. Los complejos problemas de redistribución y participación de la época del apartheid están lejos de haber sido solucionados. Las consecuencias de la política racial siguen teniendo efecto. Por lo tanto, la diferencia entre ricos y pobres sigue ampliándose. La escalada más reciente es la que están protagonizando los obreros que trabajan en las minas y en las haciendas bajo un sistema abusivo de trabajadores migrantes, que están hace meses en huelga permanente. En las tres minas de platino más grandes rige desde enero un cese ininterrumpido de actividades. En 2012, las masivas huelgas de los mineros terminaron en una masacre: más de 30 trabajadores murieron a manos de la policía, algunos de ellos baleados por la espalda. La comisión investigadora que actuó en ese caso está acusada de encubrir la responsabilidad del gobierno. El incidente se está transformando en un trauma y recuerda la masacre de Sharpeville, en la que el régimen del apartheid mató a balazos a más de 69 estudiantes universitarios y escolares que hacían una manifestación pacífica en Township. Además, prácticamente se ha desvanecido el respeto que despertaban a escala mundial Sudáfrica y la dirigencia política que venció pacíficamente el apartheid. Tanto en el contexto internacional como en el regional, Sudáfrica frustra una y otra vez las expectativas en materia de derechos humanos, multilateralismo y desarrollo cifradas en un poder civil. CNA: de partido de la liberación a partido de la crisis Hasta ahora, Jacob Zuma, jefe del Congreso Nacional Africano (CNA), presidente de la República y nuevamente candidato a la Presidencia, gozaba de popularidad especialmente entre los partidarios del CNA provenientes de las zonas rurales. Las fuerzas de izquierda, especialmente los sindicatos, lo habían llevado en 2009 a la Presidencia. Pero las encuestas actuales pronostica una pérdida de hasta 5% de los votos para el CNA en las elecciones del 7 de mayo. Si obtiene aproximadamente el 60% que se presume, este sería –por lejos– su peor resultado electoral desde 1994. Como consecuencia de las fuertes disputas entre partidarios y oponentes al presidente Zuma dentro de la central sindical COSATU, el NUMSA, el mayor sindicato metalúrgico y que cuenta con 350.000 afiliados, ha anunciado finalmente que no apoyará al CNA. Esto es una novedad: hasta ahora, los sindicatos que integran la central sindical más importante siempre cerraron filas en apoyo al CNA y conformaban un importante factor de movilización. Los responsables de la pérdida de votos prevista son los actuales dirigentes del gobierno y del CNA, en especial Zuma, de 72 años. Ya antes de asumir el cargo, en 2009, pesaban sobre él acusaciones de violación y corrupción. Ambos procesos fueron suspendidos antes de que entrara en funciones. Sin embargo, durante su mandato de cinco años siguieron los escándalos. Mientras que durante las presidencias de Nelson Mandela y Thabo Mbeki la mentalidad de enriquecimiento propio se limitaba a unos pocos políticos que, merced a sus contactos políticos, se transformaron en ricos empresarios, esta mentalidad se expandió a todos los niveles del gobierno durante el mandato de Zuma. Todos los días se descubren nuevos escándalos. El nepotismo, la corrupción y la mala gestión en la administración pública afectan especialmente a la población mayoritariamente negra, que no puede recurrir a los servicios privados. Los escándalos alcanzaron su cenit en el llamado “Nkandlagate”, un episodio en que 25 millones de euros provenientes del erario público que se invirtieron en la mansión privada del presidente. Una investigación independiente realizada a instancias de la oposición dio como resultado que el presidente y su familia se habían beneficiado de estas inversiones y que los costos fueron inflados por mala gestión. El presidente no obedeció la exhortación a devolver los fondos públicos. Algunos representantes gubernamentales del entorno de Zuma, especialmente el aparato de seguridad, están intentando en cambio desacreditar a la ombudsman responsable del informe a través de una campaña de difamación. Ciertos analistas ven en estos acontecimientos un síntoma del extendido problema de las elites políticas que, surgidas de un movimiento de liberación y después de un largo período de opresión a causa de la colonización y el apartheid, usan ahora el poder como medio para acumular rápidamente riqueza. Hasta ahora, a Zuma lo protegían sus altos índices de popularidad entre el electorado mayoritariamente negro. Dentro de su partido, está protegido por sus seguidores, a los que otorgó posiciones claves en el gobierno y la administración. Pero la acumulación de escándalos y las brutales reacciones del aparato de seguridad contra las protestas generan dudas incluso entre sus principales acólitos. Esto se evidenció en particular en las pompas fúnebres de Mandela, que tuvieron transmisión internacional. Mientras que el presidente estadounidense Barack Obama fue aclamado, Zuma recibió abucheos delante de todo el mundo. Esa es una de las causas por las que el presidente está siendo objeto de controversias también dentro de su partido. A pesar de que la dirigencia del CNA sigue ofreciendo hacia fuera una imagen de unidad, detrás de bambalinas ya se está debatiendo acaloradamente sobre la posible sucesión. ¿Acaso la oposición puede hacerlo mejor? A la oposición, sin embargo, no necesariamente le está yendo mejor. El partido que la lidera, la Alianza Democrática (DA), que gobierna desde 2009 la provincia de Westernkap, no es aún una opción electoral para muchos tradicionales seguidores del CNA. Esta agrupación se esfuerza por liberarse de la imagen de partido de la minoría blanca promoviendo a cada vez más jóvenes negros a cargos partidarios. No obstante, solo es una alternativa política para una reducida, joven y nueva clase media negra, especialmente en Gauteng, la provincia económicamente más poderosa. Hay también otros partidos que tienen por delante enormes desafíos, como los que se han formado en 2013 en parte por un desprendimiento del CNA o como el partido Agang, creado el año pasado por un ícono de la lucha por la liberación y ex Managing Director del Banco Mundial. Estas agrupaciones carecen no sólo de una amplia base partidaria sino también de un programa alternativo y convincente. El desencanto producido por el CNA podría ser aprovechado especialmente por los Luchadores por la Libertad Económica (EEF, por sus siglas en inglés), agrupación creada por el expulsado líder de la juventud del CNA. Los EEF podrían obtener sobre todo los votos de los varones jóvenes sin perspectivas profesionales y de algunas fracciones de la población rural hartas de la corrupción y la pésima administración comunal de los mandatarios del CNA. Pero es poco el convencimiento que estas alternativas podrían generar en la mayoría de los electores. Además, Julius Malema, el muy carismático líder de los EEF, es conocido por su lujoso estilo de vida y está acusado de fraude fiscal y corrupción. Por lo demás, se espera una escasa participación ciudadana en las elecciones. Muchos, especialmente los electores jóvenes, ni siquiera se han registrado. Otros adherirán a la campaña de “Vote No” de los ex-líderes del CNA que exigen una renovación moral del partido y apelan a un voto de protesta contra Zuma y sus compañeros de armas. Una polémica política de gobierno El gobierno liderado por el CNA es completamente consciente de los problemas del país. Pero un gobierno convincente es otra cosa. El plan de desarrollo decidido en 2013 generaría para el año 2030 millones de puestos de trabajo y profundas mejoras en educación, viviendas y salud. El ambicioso plan se basa en un amplio análisis de la crítica situación social de Sudáfrica. Sin embargo, la fe en que se implemente exitosamente es escasa. El núcleo de política económica es particularmente controvertido. Según sea el color político, algunos temen un intervencionismo estatal y otros, demasiado poco Estado. Es sobre todo la izquierda la que critica la óptica esencialmente neoliberal, que persigue como meta principal el crecimiento económico y la estabilidad financiera y, con ello, vuelve a enfocarse en primer término en los intereses de la economía y de los inversores. Y esto, a pesar de que la rígida política antiinflacionaria y presupuestaria de Sudáfrica no ha dado hasta el momento los resultados esperados. Mientras que en 1994 Sudáfrica tenía aún una oportunidad de encarar los problemas estructurales mediante una amplia política de infraestructura e industria que tendiera a la diversificación y la modernización, las condiciones actuales son, en virtud de la veloz evolución global, claramente peores. La decisión del gobierno de Mandela de pasar de una política de redistribución a un rumbo económico en última instancia liberal se mantuvo también bajo el gobierno de Zuma, a pesar de todos los reclamos sindicales. Tampoco se espera que el CNA haga un viraje en el futuro. Los intereses políticos han formado un entramado demasiado ceñido –también en el nivel de las personas– con los intereses económicos. Falta la base de confianza para el necesario, y tantas veces invocado, pacto social. A pesar de todo, triunfa el CNA Sin embargo, el CNA podría volver a ganar las elecciones. El motivo: para la mayoría de la población sigue sin aparecer una alternativa política. En todas las elecciones desde el inicio de la democracia la población le ha dado fielmente su voto al CNA y ha conseguido, así, que este partido gobierne desde hace 20 años con una cómoda mayoría, a veces incluso con los dos tercios, tanto en el ámbito nacional como en el de las provincias. Pero el apoyo tiene buenas razones. La mayoría negra tiene algunas cosas que agradecerle a la alianza que gobierna desde 1994, compuesta por el CAN, la COSATU y el Partido Comunista Sudafricano (SACP). El CNA no solamente le ha dado a la mayoría de la población la libertad política sino que también le ha suministrado energía eléctrica, agua y viviendas. Además, la pobreza extrema fue exitosamente combatida mediante un amplio sistema de transferencias sociales. El gobierno está a punto de introducir un completo sistema de seguro de salud. Desde que Zuma asumió su cargo, la tasa de contagio y de mortalidad por VIH/sida se redujo drásticamente. El 30% de la población que depende de las prestaciones del Estado no cree que estas prestaciones sociales continúen bajo otro gobierno. Y quienes llevan adelante las campañas electorales para el CNA fomentan esos miedos. No hay una alternativa política elegible a la izquierda del CNA. Así las cosas, la mayoría podría volver a elegir al ex-movimiento de liberación, a pesar de los escándalos y de los deslices políticos que se les imputan al CNA y a su actual elite dirigente.

* Renate Tenbusch dirige desde octubre de 2013 la oficina de la Fundación Friedrich Ebert en Johannesburgo, Sudáfrica. Trabaja en cuestiones relacionadas con el desarrollo social y económico en países emergentes. Estudió Ciencias Políticas, Germanística y Anglística en la Universidad de Colonia.

Traducción: Carlos Díaz Rocca

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