La contrarrevolución como empresa privada. El apoyo norteamericano a los Contras
Nueva Sociedad 89 / Mayo - Junio 1987
Contra el olvido de los asombrosos eventos ocurridos en Washington a fines de 1986, el presente artículo describe la red de ayuda no oficial norteamericana a la contrarrevolución nicaragüense. Hasta las devastadoras revelaciones del mes de noviembre sobre traspasos ilegales de armas a los contras, el gobierno de Reagan - desafiando la prohibición del Congreso y violando otras leyes del país - estaba arrogantemente resuelto a salirse con la suya respecto de Nicaragua Washington no sólo había retirado los obstáculos para cualquier individuo o grupo que quisiese ayudar a los rebeldes antisandinistas, sino que orquestó y administró estas actividades a través de la CIA y del Consejo Nacional de Seguridad. Los esfuerzos de ciudadanos particulares pueden dividirse en las siguientes categorías: 1) grupos de presión política o cabildeos y propaganda; 2) recolección de fondos; 3) ayuda no mortífera y 4) armamento y entrenamiento. Empero, la asistencia privada ha sido más importante en lo político que en lo militar. Esta funciona como una señal de estímulo para los contras, un obsequio para la Nueva Derecha nacional y un mensaje para el Congreso y la prensa en el sentido que el pueblo norteamericano respalda los esfuerzos de Reagan para derribar a los sandinistas. Y lo más importante, sirve de cortina de humo para el envío por parte de la CIA de armas y material de guerra hacia los contras y oculta lo más fundamental que es la ayuda financiada por aliados de EEUU.
A comienzos de octubre del año pasado, el ejército sandinista destruyó en pleno vuelo un avión de carga C-123k, muriendo tres miembros de la tripulación, incluso dos ciudadanos norteamericanos. La captura del cuarto miembro de la tripulación, el sobrecargo Eugene Hasenfus y su posterior confesión, dejaron al descubierto una red de suministros a los contras de vastos alcances con vinculaciones hasta la misma cima del gobierno. Los sujetos comprometidos claramente están infringiendo la ley norteamericana y más aún, el avión llevaba fusiles de asalto, municiones y granadas. Si el gobierno estaba ayudando en el suministro de ayuda mortífera a los rebeldes antisandinistas o contras, flagrantemente violó la prohibición del Congreso de transferir armamento a los contras durante dos años.
La historia se conoció a través de los documentos hallados en el avión –un sorprendente y descuidado rastro de papel– más las propias confesiones de Hasenfus. Esto reveló una red logística contra de funcionarios oficiales de la Casa Blanca, la vieja mano de la CIA y ciudadanos particulares. Aunque la evidencia indica que varias leyes del país han sido infringidas, el gobierno de Reagan –no es sorprendente– ha rehusado admitir ninguna responsabilidad.
Lejos de temer consecuencias políticas adversas, los funcionarios norteamericanos se jactan que ningún intento se ha hecho para detener las acciones “particulares” de individuos como Eugene Hasenfus, el sobrecargo sobreviviente del C-123k. El subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Elliot Abrams, le pidió a Dios que bendijera la tripulación y funcionarios del gobierno; se refirió a ellos como “luchadores por la libertad”, “patriotas” y “héroes”. Abrams se refirió a un aspecto local señalando “algunos miembros del Congreso nos acusan de aprobar (la ayuda privada) con un guiño cómplice, ¡al diablo con el guiño cómplice!, bufó, nosotros creemos que todo está perfecto” (1).
Red ilegal de ayuda a los contras
El abatimiento del avión norteamericano en 1986 no fue el primer incidente que suministró evidencia sobre la colusión de Washington con una red ilegal de ayuda a los contras. Dos años antes, en septiembre de 1984, el ejército sandinista derribó un helicóptero en Nicaragua durante una incursión aérea de los rebeldes antisandinistas. Dos miembros de un grupo paramilitar denominado Asistencia Cívico-Militar (CMA) con base en Alabama, murieron al estrellarse. Una vez más, las leyes del país habían sido infringidas, incluyendo el Acta de Neutralidad de EEUU de 1794. Esto habilita el enjuiciamiento de cualquier ciudadano que apoye el ataque a un gobierno con el cual EEUU está en paz. No obstante, un asistente de la Casa Blanca, en respuesta al escándalo dijo “si los norteamericanos otorgan apoyo indirecto a los contras, más poder para ellos”. “Pero, agregó, preferimos que no participen en combates dentro de Nicaragua” (2). El presidente Reagan demostró su propio desprecio por el Acta de Neutralidad cuando aseveró un mes más tarde que los esfuerzos privados en apoyo a la política del gobierno en América Central “estaban muy en línea con lo que ha sido una tradición establecida en nuestro país”. Agregó que “me inclinaría por no interferir con ella”. Defendiendo la legalidad de esta supuesta tradición, el Departamento de Justicia dictaminó que la recolección de ayuda humanitaria por parte de ciudadanos particulares no infringía las leyes federales (3).
Washington no sólo ha retirado los obstáculos para cualquier individuo o grupo que desee ayudar a los contras, el gobierno de Reagan activamente se ha empeñado en coordinar semejante apoyo. Por lo menos los últimos tres años, el gobierno ha aprovechado la existencia de una coalición informal de grupos conservadores y de la Nueva Derecha, preocupados ya por el avance del comunismo en América Central, para formar una red efectiva de apoyo de terceros para una guerra de peones contra Nicaragua. Bajo la administración de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y del Consejo Nacional de Seguridad (NSC) la red incluye asistencia de parte de aliados de EEUU, principalmente en el suministro y transferencia de armamento y equipos militares para los contras.
Excepto en tiempo de guerra, las contribuciones de ciudadanos norteamericanos particulares a causas extranjeras nunca antes habían recibido el sello oficial del gobierno. Más aún, cuando se trata de armas, semejantes contribuciones están prohibidas por el Acta de Neutralidad de EEUU de 1794. Pero los esfuerzos por acusar constitucionalmente al gobierno por violación del Acta de Neutralidad no han llegado a ninguna parte. La querella contra el gobierno por corrupción de la política exterior es un acto político y Reagan es un maestro en definir los términos del debate político.
En la realidad, como lo ha percibido el presidente, la ayuda privada a los contras ha sido más importante política que materialmente. El gobierno siempre ha reconocido que las cantidades de dinero suficiente para la continuación de la guerra podrían solamente ser provistas por el Congreso. Pero la ayuda privada envía cierto número de mensajes políticos, como ser, reasegura a los contras la voluntad de EEUU al tiempo que apunta claramente a intimidar a los sandinistas. El mensaje hacia ambos lados es que, al margen del Congreso, Washington tiene la voluntad de continuar la guerra. Jack Wheeler, jefe de la Fundación de Investigaciones para la Paz (FRF) lo explicó en el The Wall Street Journal, “ya que el Congreso se negó a otorgar (la ayuda) el apoyo debe ahora venir del pueblo norteamericano... el presidente debe ser meridianamente claro, el pueblo norteamericano no permitirá que el Congreso se salga con la suya” (4). A la vez envió una advertencia a URSS, “el poder de permanente apoyo de EEUU a las fuerzas de la resistencia anticomunista”, Donald Fortier, segundo consejero nacional sobre asuntos de seguridad dijo, “es el elemento más importante para demostrar a los soviéticos que las soluciones baratas no están disponibles... que tienen que vérselas con nosotros” (5).
El apoyo del gobierno a los esfuerzos de asistencia privada, nacionalmente envía un conjunto diferente de mensajes. Le ofrece al Congreso el fantasma de una política exterior sujeta a sufragio si no aprueba la solicitud del gobierno de una ayuda oficial administrada por la CIA. A la Nueva Derecha norteamericana, una política de estímulo para la recolección de fondos y campañas de ayuda directa a los contras, lo cual sirve para congregar a este electorado bajo la bandera del Partido Republicano, en un momento en que sus variantes secular y religiosa se sienten defraudadas por el incumplimiento de sus programas sociales. Más allá de eso, la colaboración del sector privado ayuda a moldear y cementar un consenso público sobre la política del gobierno en América Central y las metas de la Doctrina Reagan de hacer retroceder a los “regímenes patrocinados por los soviéticos” en el Tercer Mundo. Resulta obvio que las cantidades –calculadas entre 20 y 30 millones de dólares– no ganarán la guerra pero la pueden mantener a flote y con ella el apoyo activo de los grupos ciudadanos.
Estos objetivos explican la desinhibida exhibición de ayuda privada a los contras como también el gran número de “filtraciones” que rodean la guerra “encubierta”. Aunque no todo ha sido intencional, por ejemplo, el minado de puertos nicaragüenses por parte de la CIA y el manual de la Agencia sobre terrorismo distribuido a los rebeldes, resultaron altamente embarazosos. Pero, aun en estos casos, los principales actores del gobierno en la red de asistencia privada –notoriamente, Oliver North del NSC y William Casey de la CIA– mantienen una confianza ilimitada en que el presidente tiene la habilidad para ganar la mente y el corazón del pueblo norteamericano.
El valor material de la ayuda privada a los contras radica en su provisión de apoyo logístico. Desde fines de 1983, cuando los profesionales de la CIA consideraron a los rebeldes incapaces de triunfar sobre los sandinistas, uno de los principales objetivos de EEUU ha sido impedir que sean derrotados. Ambos, la CIA y el Pentágono, cada vez consideraron más a los contras como la rama militar de una guerra de baja intensidad y de desgaste (6). La necesidad de suministros no mortíferos para mantener vivas las fuerzas, con aquel propósito, creció en la misma medida. Tales pertrechos podrían fácilmente ser suministrados por instituciones privadas y permitir así a la CIA concentrar el resto de la partida de dinero en armas y municiones. Desde el corte de la ayuda oficial en mayo de 1984, sólo un tercio de todas las contribuciones privadas se ha destinado a armas y municiones, ya que “el problema más grande es mantenerse” (7). Puesto que una parte para impedir la derrota radica en contar en la operación con nuevos reclutas, la asistencia también está diseñada para atraer sangre nueva de la población de refugiados en Honduras o del empobrecido norte nicaragüense.
La Casa Blanca mantiene su fe en la victoria de los contras. Esta ayuda no oficial permite al gobierno continuar proveyendo a los rebeldes a un nivel modesto durante los períodos de corte de ayuda impuestos por el Congreso. Los sistemas de transporte se mantienen y se establecen otros nuevos, listos para suministrar servicio completo cuando Washington esté en condiciones de “abrir las llaves de nuevo”. Aun después que 27 millones de dólares en ayuda “humanitaria” se votaran en 1985, el presidente Reagan y los dirigentes contras declararon que la ayuda privada era todavía necesaria, ya que los “atrasos y limitaciones de la ayuda gubernamental la hacen insuficiente para el crecimiento planeado de los contras y nuevas ofensivas” (8). Finalmente, la publicidad que rodea la ayuda privada, suministra una cobertura útil para una asistencia militar más práctica ofrecida a los rebeldes por gobiernos de terceros países.
Grupos de presión política
Los orígenes del apoyo ciudadano a la guerra de los contras radican en la proliferación de las organizaciones de derecha de Washington y los grupos de presión política que han florecido en la era de Reagan. Un obscuro grupo, que desde entonces pasó a segundo plano, lanzó la idea en 1982. En septiembre de ese año, Charles Moser, secretario-tesorero de la Fundación para una Educación y un Congreso Libres (FCEF), propuso la creación de nuevos comités siguiendo el modelo de los actuales Comité pro Afganistán Libre y Comité Angola Libre para apoyar la lucha anticomunista en Nicaragua. En este comité había representantes de cuatro antiguas instituciones derechistas de investigación, como son: Francisco Enrique Rueda, de la FCEF; Dan Fefferman, de la Fundación de Líderes para la Libertad (FLF); Reed Irvine, fundador de Veracidad en los Medios (AM) y Lynne Francis Bouchey, entonces vicepresidente ejecutivo del Consejo Interamericano de Seguridad (CIAS) (9).
Sin embargo, para 1984, el concepto original se había desarrollado mucho más allá de la asociación informal de grupos con base en Washington hasta alcanzar un abanico de organizaciones derechistas que existen a través de todo el país. La red abarca docenas de organizaciones grandes y pequeñas que trabajan estrechamente en una jerarquía que termina en la Casa Blanca.
Existe una escala aproximada de importancia en la ubicación de los grupos dentro de esta red, la cual se basa en su número de miembros, relación con el gobierno y su nivel de contribución a la guerra de los contras. En su mayor parte, aquellos que sostienen aportar las mayores cantidades en apoyo a los rebeldes, son los que tienen vínculos más estrechos con Washington. El escalón más alto de la red es un tejido de directorios interconectados. Los funcionarios ejecutivos tienden a figurar en las juntas directivas de cada cual o se reúnen a menudo en la sede de otras organizaciones. La extensión de este entrecruzamiento administrativo en torno a un solo problema de política exterior ayuda a consolidar la red y facilita su integración dentro de la estrategia oficial.
En la cima de la jerarquía está el Consejo Norteamericano por la Libertad en el Mundo (USCWF), sección norteamericana de la Liga Anticomunista Mundial (WACL). En el mes de septiembre de 1985, Dallas, Texas, fue la sede de la XVIII Convención Anual de la WACL. Ellen Garwood, asistiendo a la “Cena de los Luchadores por la Libertad” en el suntuoso Salón de Bailes Cristal del Hotel Regency, se levantó para recibir un águila de bronce en premio por haber entregado a los contras, entre otras cosas, un helicóptero. Dirigiéndose al general de ejército jubilado y fanático anticomunista John K. Singlaub, presidente del USCWF y del WACL, la octogenaria anfitriona dijo “creo, sin lugar a dudas, que él fue enviado por Dios Todopoderoso para ayudar a salvar la libertad y a Estados Unidos del totalitarismo ruso. Nuestro gobierno aún no se lo aprueba, pero si al general Singlaub se le da la orden, por Dios y el presidente Reagan que la libertad en nuestro país podría sobrevivir... El general Singlaub no recibe salario alguno. Su único salario es la bendición de Dios. Todos debemos ayudarlo a mantener viva la libertad en Centroamérica. Denle al Consejo (USCWF) del general Singlaub todo lo que pida. Se descontarán impuestos, Uds. dormirán mejor por las noches, y serán benditos...” (10).
La WACL, fundada en 1967, tiene una desagradable historia saturada por vinculaciones con fascistas europeos, nazis y escuadrones de la muerte latinoamericanos (11). Su preeminencia dentro de la red está asegurada mediante su participación en todas las categorías del trabajo de apoyo, por el papel de coordinadora que realiza con otros grupos privados y sus vínculos oficiales que llegan hasta la misma oficina del presidente. En abril de 1984, el presidente Reagan y su consejero sobre seguridad nacional, Robert McFarlane, decidieron coordinar toda la ayuda privada para los contras y muy pronto colocaron a Singlaub como jefe de finanzas (12). Desde entonces, Singlaub ha sido la principal figura en la orquestación de las campañas de ayuda privada en EEUU y en el exterior. Mantiene profusos contactos con corporaciones de EEUU, las cuales han contribuido a los programas de “socorro a los refugiados” en la frontera entre Nicaragua y Honduras. A través de la WACL, que tiene secciones en 36 países, también mantiene amplios contactos internacionales.
En la medida que el gobierno se hizo cargo de la coordinación y expansión de las contribuciones privadas para la guerra, Singlaub se convirtió en la mano derecha del teniente coronel Oliver North*, entonces subdirector de asuntos político-militares en el NSC. Cuando expiró la autorización del Congreso al gobierno para ayudar a los contras a mediados de 1984 y la CIA quedaba impedida de mayor participación, el NSC fue preparado para evadir la disposición del Congreso. A North, como enlace entre la Casa Blanca y el NSC, se le entregó la “cuenta de los contras” y el encargo de organizar una red de ayuda no oficial (13).
Aunque Singlaub sostiene que él no está en la nómina de la CIA, la institución aprueba sus actividades; “yo trato de comunicarme a veces por teléfono (con Washington) –dice él– para informarles: esto es lo que estoy por hacer, si Uds. tienen objeciones, háganmelo saber”. Singlaub sostiene que hasta ahora no ha habido contraórdenes, y se jactó que en el período 1984-1985 reunió un promedio de 500 mil dólares por mes, los que se gastaron –sugiere– en armas y ayuda no mortífera para los contras... (14).
Las funciones de la red privada se pueden dividir en cuatro categorías generales: 1) grupos de presión política y propaganda; 2) recolección de fondos; 3) suministro de asistencia no mortífera y 4) adquisición de armamento y entrenamiento. Estas funciones a veces se funden en una sola actividad de organización. Por ejemplo, la recolección de fondos puede ser el resultado de un contrato con un proveedor privado de armas, como también con un remitido en el The New York Times en apoyo a los luchadores por la libertad de Nicaragua. La publicidad sirve para recabar fondos y los recolectores de fondos hacen publicidad. Por esta razón, los fondos para la ayuda no mortífera (o como al gobierno le gusta llamarla: “humanitaria”) son flexibles, liberan dineros para la adquisición de armas o más directamente, sirven para comprar vehículos u otros equipos que pueden prestar utilidad militar. No obstante, para los efectos analíticos es útil establecer las categorías sobre la base de los propósitos declarados de la organización y su función primaria dentro de la red.
Una verdadera sopa de letras de grupos de presión política de derecha y grupos de propaganda, muchos con miembros de doble militancia, normalmente se alínean con la Doctrina Reagan y la causa de los contras. Estos grupos hacen presión en el Congreso entre bastidores y tratan de conseguir apoyo público a través de una variedad de campañas publicitarias. Un éxito destacado fue el que obtuvo Andy Messing, director ejecutivo del Consejo Nacional de Defensa (NDC), al persuadir al Congreso para que pasara la enmienda Denton legalizando el transporte militar de la ayuda humanitaria privada (15).
Algunas veces la nota viene dentro de la digna presentación de un documento académico o un libro editado por la Fundación Heritage. En otras ocasiones se trata de una especulación de 30 segundos de duración en la TV o en un remitido en un periódico. Singlaub, en una posición casi de celebridad, vende con regularidad la causa de los contras en el circuito de programas de noticias y comentarios. El mensaje también es transmitido por los mismos dirigentes contras en intervenciones públicas patrocinadas por grupos como el Consejo de Seguridad Norteamericano (ASC) y el Consejo para la Seguridad Interamericana (CIAS). En abril de 1986, el CIAS promovió una gira con intervenciones públicas a través del país por los “escuadrones de la verdad” de los contras (16).
La campaña de los grupos de presión política también incluyó ataques contra aquellos que defienden a los sandinistas. Una reciente carta circular del CIAS es particularmente alarmista: “EEUU se enfrenta a una nueva y grave amenaza a nuestra seguridad nacional. La amenaza viene de algunos de nuestros propios ciudadanos. Justamente ahora, amigo mío, existen ciudadanos norteamericanos luchando con los comunistas en Nicaragua contra Estados Unidos”. El blanco de esta violenta y biliosa manifestación, firmada por L. Francis Bouchey, eran los ciudadanos norteamericanos voluntarios a la cosecha del café en Nicaragua (17).
Recolección de fondos
Las organizaciones que legítimamente pertenecen a la categoría financiera reúnen dinero públicamente para los contras, transfiriéndolo luego directamente a ellos o a través de otros conductos rebeldes. Entre estos grupos está el de los Ciudadanos Preocupados por la Democracia (CCD) con sede en Miami, dirigido por miembros americano-cubanos del Partido Republicano, está el periódico The Washington Times que montó una organización ad hoc recolectora de fondos en abril de 1985 y, por supuesto, la WACL.
No obstante, recolectar dinero a través de apelaciones generales al público ha resultado manifiestamente poco exitoso. Las cantidades no son grandes, los gastos generales extraordinariamente altos y los esfuerzos están propensos a sufrir mermas. Los recolectores sostienen que “nuestros esfuerzos financieros han resultado más provechosos con ex-funcionarios de gobierno que ahora están en corporaciones comprometidas con contratos para la defensa”. John Singlaub, de la WACL, con regularidad recurre a estos contactos como también a elementos y organizaciones de derecha por contribuciones. Se dice que tejanos ricos, como el petrolero Burt Hurlbut y la heredera Ellen Garwood aportan entre el 35 y el 50 por ciento del dinero recolectado por la WACL (18).
Los esfuerzos del gobierno a favor de los recolectores de dinero se realizan a través de la organización nacional del Partido Republicano. En una grotesca parodia de las campañas “Salven a los Niños” para llevar auxilio a las familias de los países subdesarrollados, el Comité Nacional de Universitarios Republicanos (CRNC) distribuyó afiches en todos los centros universitarios del país con el título “Salven a los Contras”. El bono solicitaba que las donaciones fueran dirigidas a la sede del Comité Nacional de Universitarios Republicanos.
Casi todos los grupos privados de apoyo sostienen que la ayuda que ellos consiguen y coordinan desde EEUU es de carácter “humanitario”. Pero existen subagrupaciones dentro de la red que se concentran sólo en el suministro de alimentos, medicinas, ropa y otros elementos y equipos no militares. Estos grupos han creado un sistema que, aseguran, provee de “apoyo humanitario a los refugiados nicaragüenses”. En los hechos, entrega ayuda no mortífera a los contras.
Ambas agrupaciones dentro de esta categoría son religiosas, por ejemplo, la Operación Bendición está dirigida por la Red de Radiodifusión Cristiana (CBN), desde Virginia, y Visión del Mundo, con base en California, más grupos seculares, destacándose, entre ellos, Americares en Connecticut y los Amigos de las Américas (FOA) en Louisiana. En Detroit, está el Socorro Médico Mundial (WMR), el cual se especializa en equipos médicos y transporta el grueso de sus suministros a través de una organización conocida como la Asociación Comandos del Aire (ACA).
La zona cerca de la frontera de Nicaragua y Honduras es profusa en agencias de socorro religiosas y seculares. David Befus, funcionario del Socorro Mundial que trabaja en la zona observó lo siguiente: “ahora existen por lo menos 20 grupos trabajando en la zona, una gran cantidad de grupos extraños. No hablan español ni nada. Pareciera que aquí cada día hay un grupo nuevo. Ud. no creería las cosas que hacen. Dejan caer caramelos desde un avión. Se puede herir a los niños dejando caer caramelos sobre ellos desde una altura de 200 pies. Y creen estar haciendo por Dios algo grandioso” (19).
Las cifras exactas sobre la ayuda a los refugiados nicaragüenses son difíciles de desglosar de la ayuda total para refugiados en Centroamérica (20) y, al igual que en la recolección de fondos, existe por lo menos mala administración. Asimismo, el codirector de FOA, “Woody” Jenkins, dijo en 1985 que el grupo había enviado un millón y medio de dólares en ayuda médica para los refugiados en Honduras, sin embargo, un funcionario de socorros estimó que la FOA estaba gastando sólo 6 mil dólares por mes durante 1985. “No gastan casi nada. Esto, sencillamente, no cuadra. Mi oficina no recibe el otro dinero y no sé adónde se está yendo” (21).
Los recortes por concepto de “gastos administrativos” son cosa común entre estos grupos y deben ser tomados en cuenta al apreciar el valor de la ayuda a los rebeldes. Las cantidades que realmente reciben los contras sugieren que podría haber un alto grado de mermas o acomodo de las cuentas entre los grupos de ayuda. También existe una creciente evidencia que, a través de una contabilidad imaginativa, los dirigentes del FDN se han embolsado sumas considerables (22). La Oficina Contable del Gobierno (GAO) realizó recientemente una auditoría a la Oficina de Asistencia Humanitaria a Nicaragua (NHAO), establecida por el gobierno para distribuir los 27 millones de dólares en ayuda humanitaria concedidos por el Congreso; pues bien, GAO no fue capaz de verificar la suerte final de más de 13 millones de dólares en ayuda, lo cual provocó una investigación de las cuentas bancarias de los contras por parte del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Aún no se da cuenta del dinero faltante, pero el recientemente elegido Senado demócrata investigará ésta y otras cuestiones que permanecen sin respuestas relacionadas con las ilegales operaciones de abastecimiento a los contras.
Provisión de armas y entrenamiento
Finalmente, ciudadanos norteamericanos y organizaciones privadas proveen de ayuda mortífera a los contras en forma de armas y entrenamiento. En circunstancias que la mayor parte de la ayuda militar no oficial a los contras viene de terceros países o de la CIA a través de éstos, el apoyo militar norteamericano no es insignificante. Este último adquiere la forma de recolección de fondos para la adquisición de armas y la provisión de servicios mercenarios. Declaraciones de John Singlaub indican que una parte considerable de los fondos que él consigue es depositada en cuentas bancarias del FDN en el exterior, desde donde se gira para las adquisiciones de armas. Cálculos de la ayuda total de la WACL (10 a 12 millones de dólares) sugieren que los esfuerzos de Singlaub bien podrían suministrar el grueso de la ayuda mortífera que llega desde organizaciones privadas nacionales (23). Otros dos grupos, el Soldier of Fortune (Aventurero), el cual publica una revista del mismo nombre, y el CMA, Asistencia Cívico-Militar, han aportado mercenarios –como instructores y combatientes– y armamento para los contras.
La prosecución de la guerra de peones por parte del gobierno de Reagan ha abierto un manantial de cultura norteamericana: la tradición mesiánica de fuerte individualismo y justicia sumaria. No lejos de la superficie de la sociedad norteamericana, existe hoy en día un exceso de tipos Rambo –rebeldes solitarios, duros alguaciles “rápidos con el gatillo y listos para la provocación”, llenos de odio por Unión Soviética y el comunismo– que, luego del dolor y la frustración de Vietnam, están ansiosos de arreglar cuentas. El conflicto nicaragüense les ofrece una segunda oportunidad. Con toda su bravuconería, los ciudadanos soldados no han rendido mucho servicio concreto a los contras.
Los suministros donados no se comparan con los de otros grupos. Argentina y, probablemente Israel, han provisto más profesionalismo militar durante el curso de la guerra. Existe una especie infantil de jugar a los soldados en el entusiasmo de los militantes del CMA. Su ruidoso alarde de duros fanfarrones de cervecería de pueblo chico contrasta con el duro filo del fascismo de los graduados de los escuadrones de la muerte argentinos, quienes entrenaron primero a los contras. Como dice James Adair, de 36 años de edad, natural de Houston y miembro del CMA: “el CMA no es más que un lote de buenos muchachos de Alabama, no muy dados al análisis político en profundidad... ¿Por qué no decimos sencillamente que lo hacemos por la aventura? Lo pasamos bien”. Adair y otros cuatro fueron en misión para volar un puente en Nicaragua, pero lo pensaron dos veces cuando descubrieron que había unos 300 sandinistas custodiando el objetivo (24).
Si la contribución de grupos como el CMA ha sido pequeña, a nivel político han sido más efectivos, especialmente al levantar la imagen del presidente con la extrema derecha. Además, el elemento mercenario en la guerra ha sido útil como arma psicológica en la batalla de Reagan con el Congreso. El golpe por la participación del CMA en Nicaragua ocurrió poco después que el Congreso obligó a la CIA a rebajar su perfil en la guerra. Un funcionario superior de seguridad nacional en ese momento comentó ominosamente “la CIA no controla a estos tipos, en verdad no puede seguirles la pista, de manera que resultan una bala loca que podría causar a todos graves problemas” (25). Los instructores mercenarios que acompañan a sus alumnos en las batallas más que la otra ayuda privada, representan para el Congreso la perspectiva de una política exterior norteamericana desviándose fuera de control, a menos que éste encargue a la CIA definitivamente.
Conclusión
La principal contribución de la red de ayuda privada norteamericana ha sido la de permitir al gobierno e incluso a la CIA proseguir financiando y administrando la logística de los contras. A este respecto, la red ha servido como una cortina de humo para un apoyo más substancial que la CIA canaliza hacia los contras por vía de terceros países. Luego del derribamiento del C-123k en octubre de 1986, el gobierno declaró que se trataba de una operación privada y negó categóricamente la participación de Washington. Sin embargo, los detalles que luego surgieron revelaron una operación que iba más allá del alcance de los medios privados y una amplia vinculación con la CIA. En los hechos, la ayuda privada ha disminuido durante el año pasado. Fuentes rebeldes aseveraron que, a pesar que el apoyo privado de EEUU ha sido importante, éste no ha igualado la ayuda desde fuentes extranjeras (26). Adolfo Calero, dirigente del FDN, refiriéndose a las donaciones privadas norteamericanas, dijo: “esto es una bagatela. Necesitamos mucha más ayuda”. Otro personero del FDN, dijo: “hemos buscado financiamiento privado, pero no hay el suficiente. Necesitamos un gobierno” (27).
La asistencia de gobiernos extranjeros es difícil de medir debido a la imposibilidad de desglosar los incrementos de la ayuda económica y militar de EEUU a esos países o los pagos encubiertos de la CIA que podrían estar incluidos en un acuerdo triangular. Cálculos de 1985 dan una cifra en el mismo rango de los 20 a 30 millones de dólares de la ayuda privada nacional. No obstante, revelaciones en torno a la conexión EEUU-Irán-contras, sugieren cantidades mucho mayores. El solo financiamiento de Arabia Saudita –producto de un sobreprecio en el contrato de 8 mil millones de dólares por aviones AWACS* con EEUU– podría duplicar los cálculos originales de toda la ayuda proveniente de terceros países (28).
La facilidad y la rapidez con que grandes cantidades de dinero o pertrechos pueden ser transferidos cuando hay gobiernos involucrados fue dramáticamente destacada por los sucesos de octubre-noviembre de 1986. En una sola transacción, quizás hasta 30 millones de dólares de ganancia por la venta de armas a Irán fueron transferidos a cuentas bancarias de los contras en Suiza. Y esto sólo fue la última evidencia del lavado de embarques de armas para los contras por parte de EEUU y sus aliados. Además, debido a que la ayuda de terceros países ha sido casi enteramente en forma de armas, municiones, equipamiento militar e instructores, ésta ha tenido un mayor impacto directo en la conducción de la guerra.
Dentro de los planes de contingencia del gobierno para la continuación de la guerra, en el caso de una suspensión de la ayuda por parte del Congreso, está un sistema internacional de apoyo que daría un adecuado respaldo a la red nacional. Porque hay una cosa, las cantidades de ayuda que se necesitan para mantener la guerra gravan mucho menos las arcas de otro gobierno –aunque sea pobre– que las carteras de los ciudadanos norteamericanos. Además, estos gobiernos pueden hacer grandes embarques de ayuda militar directa, lo cual es más difícil –si no ilegal– para los grupos nacionales. Y lo más importante, el gobierno de EEUU puede continuar financiando la guerra en forma encubierta sepultando las remesas en paquetes de ayuda bilateral al exterior para cualquier país que esté actuando como proveedor delegado de los rebeldes. Las fuentes principales de apoyo de terceros países han sido Argentina, la cual entregó los primeros entrenamientos; Israel, que sancionó los embarques; y Arabia Saudita, la cual aparentemente ha actuado como agente crediticio. Honduras ha sido utilizada para traficar armas desde EEUU y terceros países como Israel. Junto a Costa Rica y El Salvador, los tres países han servido como conductos para las armas, como centros de distribución y como depósitos transitorios (29).
El Congreso norteamericano actualmente investiga la maraña de fraudes en la administración de la guerra de peones del gobierno de Reagan. La credibilidad de la presidencia y de la política exterior de EEUU jamás estuvo en semejante peligro desde el escándalo de Watergate en 1974. En la medida que la política norteamericana en Centroamérica se convierta en una batalla por la verdad, toda la penosa madeja busca desenmarañar y denunciar la desgastada razón de una guerra tanto brutal como inútil.
Notas
* Partes de este artículo originalmente aparecieron en “Sembrando dientes de dragón: la guerra de EEUU contra Nicaragua”, NACLA Report on the Americas, julio-agosto, 1986.
(1) The New York Times, octubre 9, 11 y 12, 1986.
(2) Time, septiembre 17, 1984, diciembre 24, 1984; Newsweek, septiembre 17, 1984.
(3) The New York Times, diciembre 26, 1984.
(4) The Wall Street Journal, abril 26, 1985.
(5) The Washington Post, marzo 9, 1986.
(6) The Washington Post, noviembre 23, 1983; The Miami Herald, noviembre 26, 1983. Ver también Miles, Sara: “La Verdadera Guerra”, NACLA Informe sobre las Américas, abril-mayo, 1986.
(7) Newsweek, agosto 26, 1985; The Washington Post, mayo 7, 1985.
(8) The Miami Herald, junio 16, 1985.
(9) Clarkson, Fred: “La Privatización de la Guerra”, Covert Action Information Bulletin, Nº 22 (otoño de 1984).
(10) ¿Quién conduce la guerra? Martin Smith, productor que apareció en el programa de la Public Broadcasting System “Frontline”, en la ciudad de Nueva York el 18 de marzo de 1986.
(11) Ver Lee Anderson, Jon y Anderson, Scott: “Dentro de la Liga”, Dodd, Mead & Co., New York, 1986.
(12) The Washington Post, octubre 8, 1985.
(13) The New York Times, agosto 10 y 13, 1985.
(14) Time, mayo 27, 1985; The Miami Herald, junio 16, 1985; Brigadista Bulletin, junio, 1985.
* Oliver North fue despedido por el presidente Reagan el 25 de noviembre de 1986 por su papel en el contrato para la provisión de armamento entre EEUU e Irán, y el subsiguiente escándalo de la transferencia ilegal de armas a los contras nicaragüenses.
(15) Dillon, John y Lee Anderson, Jon: “¿Quién está detrás de la ayuda a los contras?”, The Nation, octubre 6, 1984.
(16) NACLA, entrevista telefónica con un miembro de la redacción de Covert Action Information Bulletin, Nueva York, mayo 29, 1986.
(17) Ver “En los Registros”, NACLA Informe sobre las Américas, junio, 1986.
(18) Denison, Dave: “Estruendos en la Extrema Derecha”, The Texas Observer, septiembre 27, 1985; The Washington Post, mayo 3, 1985.
(19) Entrevista por Deb Preusch del Centro de Recursos, Albuquerque, Nuevo México, diciembre 16, 1985.
(20) Ver, por ejemplo, The Miami Herald, septiembre 9, 1984; The Nation, octubre 6, 1984; Metro Times (Detroit), octubre 9 y 15, 1985.
(21) Kemper, Vicki: “En nombre del socorro”, Sojourners, octubre, 1985, p. 11; The New York Times, abril 19, 1985.
(22) The Boston Globe, de abril 11, 1986; abril 24, 1986; The Washington Post, mayo 9, 1986; The Christian Science Monitor, abril 11, 1986.
(23) ¿Quién conduce esta guerra?, Time, diciembre 24, 1984; mayo 27, 1985; The Miami Herald, junio 16, 1985; The Washington Post, mayo 3, 1985.
(24) The Wall Street Journal, julio 14, 1985.
(25) The New York Times, diciembre 13, 1984.
(26) The Miami Herald, septiembre 9, 1984.
(27) The Los Angeles Times, abril 16, 1984 y noviembre 23, 1984.
(28) San Francisco Examiner, octubre 21, 1986; The Miami Herald, octubre 28, 1986; The New York Times, noviembre 30, 1986. Obtener información sobre el contrato Secord-Saudi del archivo Has (o 3er c.).
* AWACS: Airborne warning and command systems (Sistemas aéreos de alarma y comando). N. del T.
(29) Ver “El franqueo de la agresión” de Robert Matthew, NACLA Informe sobre las Américas, julio-agosto, 1986, pp. 35-38.