Aunque le gustaba autodefinirse como un «marxista burdo» y como «anarquista», James C. Scott era, sencillamente, un pensador romántico que combinaba ideas radicales y conservadoras. El multifacético pensador estadounidense se animó a pensar las formas de resistencia de los dominados y a desmontar los prejuicios de una parte de la tradición de izquierda sobre el campesinado y el mundo rural.