Opinión

¿Descubrieron los socialistas españoles la piedra filosofal?

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se ha fortalecido durante el gobierno de Pedro Sánchez. Puede que los socialistas españoles no hayan descubierto la piedra filosofal con la que mantenerse en el gobierno, sino que se estén limitando a aplicar la fórmula que convirtió hace años a la socialdemocracia en la primera fuerza política europea: fidelidad a los propios principios, europeísmo, prioridad a la a las políticas igualdad y sensatez a la hora de explicarlas.

¿Descubrieron los socialistas españoles la piedra filosofal?

De cumplirse las encuestas, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que hasta ahora tiene una intención de voto que va del 28,5 al 31,5 %, ganará las elecciones generales que tendrán lugar en España el 28 de abril. Así, estará en condiciones de formar gobierno.

Menos de doce meses después de la moción de censura que llevó a su secretario general, Pedro Sánchez, a La Moncloa (sede de la Presidencia del Gobierno), los españoles pueden convertirse en los únicos miembros de la familia socialdemócrata que ganan las elecciones en uno de los grandes países de la eurozona desde hace muchos años.

Algo que coincidirá, por cierto, con los triunfos socialistas en otros países de la Unión Europea (UE) registrados en los últimos meses, como Suecia y Finlandia (con la expectativa de que lo mismo ocurra también en Dinamarca próximamente). Solo el tiempo dirá si asistimos a un cierto cambio de tendencia política de ámbito continental.

La victoria socialista se producirá tras años de cambios continuos en el panorama político español, que habrá pasado del bipartidismo hegemónico entre 1977 y 2015 a un parlamento con seis grandes partidos de ámbito nacional, a los que habría que sumar las formaciones nacionalistas de Cataluña y el País Vasco.

A la ruptura del bipartidismo registrada en las elecciones generales de 2015 y 2016 y provocada en buena medida por el desgaste sufrido por el PSOE y el Partido Popular (PP) en la gestión de la crisis económica, hay que añadir ahora el surgimiento por primera vez tras la recuperación de la democracia de un partido de extrema derecha (VOX) que previsiblemente alcanzará una presencia parlamentaria relevante.

La aparición de VOX está directamente relacionada con el fracasado intento independentista en Cataluña, que ha radicalizado a buena parte de los antiguos electores del Partido Popular (PP) y de Ciudadanos, hasta el punto de hacerles abrazar los postulados de aquel partido, centrados en un nacionalismo rancio que entronca con el llamado «franquismo sociológico».

Ante la imposibilidad de una mayoría absoluta en el Congreso (que sí podría conseguir en el Senado), el PSOE optaría por un gobierno en minoría con acuerdos parlamentarios puntuales para cada proyecto de ley o por un gobierno de coalición con Podemos (izquierda no socialista) o Ciudadanos (centroderecha) que sumara 176 escaños o más de un total de 350. Una variante del acuerdo con Podemos sería alcanzar esos 176 escaños añadiendo el voto de los diputados nacionalistas vascos y/o catalanes.

No obstante, conviene tener en cuenta que Ciudadanos ha prometido no votar en ningún caso la investidura de Sánchez, decantándose por buscar un acuerdo de gobierno «a la andaluza» (PP+Ciudadanos con el apoyo de Vox).

En realidad, una de las novedades de estas elecciones es que mientras el centroderecha (PP y Ciudadanos) se presenta como un bloque de gobierno virulentamente antisocialista, el PSOE mantiene un discurso sosegado y una posición abierta tanto al centro como a la izquierda. La consecuencia es que está consiguiendo atraer tanto a electores moderados que no comparten la dureza del líder de Ciudadanos como a votantes de Podemos desencantados con sus fracturas internas y tentados por el voto útil al PSOE frente a la amenaza que representa VOX.

En otras palabras, los socialistas han recuperado su credibilidad de partido de gobierno (tras casi un año en el que sus decisiones han tenido un nítido perfil progresista de contenido social) y su perfil de fuerza centrada, que no centrista, dando estabilidad al país tras varios años de crisis política e institucional, a pesar de contar únicamente con 84 escaños en el Congreso y estar también en franca minoría en el Senado.

Las elecciones generales tendrán una «segunda vuelta» el 26 de mayo, fecha en la que se celebrarán simultáneamente los comicios locales en todos los municipios del país, los autonómicos en doce de sus 17 comunidades autónomas (Andalucía, Cataluña, Galicia y País Vasco tienen su calendario propio y el País Valenciano votará el 28 de abril) y europeos. Eso significa que difícilmente el PSOE desvele claramente sus intenciones de gobierno para España antes de esa fecha.

Si lo socialistas permanecen en el Ejecutivo, tendrán por delante el apasionante reto de seguir gobernando para lo que denominan la «España cabal», esto es, la que cree que más allá del desafío independentista en Cataluña (frente al que el PSOE es un firme defensor de la unidad nacional, del pleno respeto a la Constitución y del desarrollo del estado autonómico) hay muchas cosas por hacer, empezando por culminar la salida de la crisis con más igualdad y sostenibilidad.

A tenor de los sondeos, una mayoría relativa del electorado comparte esa opinión, aplaude la moderación del discurso socialista y censura el extremismo de la oposición, encerrada en el círculo vicioso de competir por quien dice la frase más fuerte contra Pedro Sánchez.

Puede que los socialistas españoles no hayan descubierto la piedra filosofal con la que mantenerse en el gobierno, sino que se estén limitando a aplicar la fórmula que convirtió hace años a la socialdemocracia en la primera fuerza política europea: fidelidad a los propios principios, europeísmo, prioridad a la a las políticas igualdad y sensatez a la hora de explicarlas.

Es decir, ser el partido representativo de una mayoría ciudadana más allá de sus fronteras ideológicas sin renunciar a actuar como una fuerza de izquierda moderada. De conseguirlo, la contribución de los socialistas españoles a una Unión Europea acechada por el populismo y la extrema derecha será notable.


Fuente: https://www.ipg-journal.de/rubriken/soziale-demokratie/artikel/sommer-sonne-sozialdemokraten-3421/