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Make America blanca otra vez


Nueva Sociedad 318 / Junio - Julio 2025

El actual movimiento Make America Great Again (MAGA) recupera varias ideas del paleoconservador Patrick Buchanan. Muchos leen el trumpismo a través del prisma de «Hacer Estados Unidos blanco de nuevo». Esta derecha, artífice de una batalla cultural reaccionaria, lucha hoy, en el nuevo mandato de Donald Trump, por conquistar el alma estadounidense.

<p><em>Make America</em> blanca otra vez</p>

La propuesta de Donald Trump de volver a un «pasado glorioso» plantea interrogantes sobre a qué periodo histórico se refiere exactamente. ¿Será el siglo xix, cuando la esclavitud y la opresión sobre las personas negras predominaban en Estados Unidos? ¿Se referirá a los tiempos de la Confederación? ¿O acaso a la era de las leyes de Jim Crow1? ¿O estará aludiendo a la propuesta para eeuu del aviador Charles Lindbergh, la cara del movimiento America First [eeuu primero], que sostenía que «es hora de volver a levantar nuestras blancas murallas», porque «la alianza con las razas extranjeras solo nos traerá muerte»? 

El movimiento America First representó una manifestación pública del sentimiento a favor del fascismo en eeuu durante las décadas de 1920 y 1930, cuando figuras como Lindbergh promovían una postura antiinmigración, en especial hacia los no europeos. Cabe recordar que America First repudiaba las ideas que hoy se llamarían progresistas o woke, porque, según Lindbergh, conducían a la contaminación de la «sangre pura». La Ley de Inmigración de 1924 restringió severamente la entrada de personas no blancas y judías, al mismo tiempo que favorecía a los europeos del norte y oeste. Cuando Trump rescató este lema en 2016, lo hizo con el propósito de evocar un «eeuu grande otra vez». El nacionalismo cristiano, la alt-right y el propio Partido Republicano se perciben a sí mismos como herederos de un legado ario que consideran que deben proteger frente a una supuesta invasión planificada en un complot global. «America First» es el actual eslogan de la presidencia de Donald Trump. 

Este panorama tiene una extensa sombra en el pasado. Un ejemplo de ello ocurrió en 1956, cuando una joven afroestadounidense de 15 años, Dorothy Counts-Scoggins, se convirtió en una de las primeras estudiantes negras en ser admitidas en una escuela para blancos en el país, concretamente en Carolina del Norte. Este hecho, que se dio en un momento clave para los derechos civiles, fue una muestra de los desafíos a los que se enfrentaron quienes lucharon contra la segregación racial. El primer día en que asistió al colegio, y cada vez que lo hizo hasta que tuvo que abandonarlo cuatro días después, fue recibida con una ola de acoso, violencia y hostilidad. Los insultos y las agresiones físicas no solo provinieron de sus compañeros, sino que fueron alentados por figuras vinculadas a movimientos supremacistas dentro de la propia comunidad. La familia de Dorothy tuvo que retirarla por su propia seguridad, después de recibir todo tipo de amenazas y acosos, incluso en su propio hogar. ¿Qué refleja esta situación, que ocurrió no hace tanto tiempo en la historia? Que la segregación racial (racista), aunque declarada inconstitucional, seguía profundamente arraigada en la sociedad, y que el miedo y el odio a la integración se manifestaban de manera brutal. La experiencia de Dorothy marcó un hito en la lucha por la igualdad y contra el racismo. Hoy también es una lucha en defensa de los inmigrantes, otro de los «demonios» que la nueva derecha está expulsando de sus respectivos países. De hecho, según reportes de la Liga Antidifamación, el número de asesinatos ligados al extremismo ha sido al menos tres veces más alto en los últimos diez años que en cualquier otra década desde 1970. Más de 80% de los homicidios vinculados al extremismo en eeuu fue perpetrado por el movimiento del supremacismo blanco. 

En su obra autobiográfica Mi historia, Rosa Parks relata el día en que fue arrestada por negarse a ceder su asiento en un autobús segregado en Montgomery (Alabama), un acto que desencadenó el boicot a los autobuses de la ciudad y marcó un hito que definió el movimiento por los derechos civiles en eeuu. En sus palabras, Parks explica:

La gente dice que no dejé mi asiento porque estaba cansada, pero no es verdad, no estaba cansada físicamente, o no más de lo que solía estar al final de una jornada laboral. No era vieja, aunque se tenía una imagen de mí entonces como la de una anciana. Tenía cuarenta y dos años. No, estaba cansada de ceder. Estaba harta de que me relegaran.2

Con este acto de resistencia frente a la segregación racista, Rosa Parks catalizó un exitoso boicot a los autobuses en Montgomery. Su negativa a ceder su asiento a un pasajero blanco el 1 de diciembre de 1955 la llevó a ser arrestada y declarada culpable de «alterar el orden público», pero su valentía inspiró una lucha colectiva que marcó el inicio de un cambio trascendental en la historia de eeuu

En la década de 1960, comenzó a difundirse un renovado enfoque hacia la igualdad, desplazando poco a poco la era de la abierta supremacía blanca y dando paso a una expansión significativa de los derechos democráticos y humanos. Entre julio de 1964 y octubre de 1965, el presidente Lyndon Johnson promulgó tres leyes claves: la Ley de Derechos Civiles, la Ley de Derechos de Voto y la Ley de Inmigración y Nacionalidad. Estas leyes antidiscriminatorias revolucionaron el país. 

La primera de estas leyes puso fin a la segregación en casi todos los ámbitos de la vida estadounidense, desde las escuelas hasta los espacios públicos y laborales, y fortaleció la promesa de la 4° enmienda de la Constitución al erradicar la discriminación por raza, color, religión, sexo y origen nacional. La segunda suprimió las pruebas de alfabetización y los impuestos de votación, así como otros métodos opresivos que habían perpetuado la segregación racista en el Sur durante casi un siglo, garantizando que millones de personas negras pudieran ejercer su derecho al voto. La tercera ley, aprobada en 1965, abrió las puertas del país, asegurando que nadie fuera discriminado en el proceso de obtención de una visa de inmigrante por su color de piel, género o nacionalidad. Este conjunto de leyes amplió los derechos de ciudadanía que habían sido postergados durante mucho tiempo, no solo para personas negras, sino también para otras comunidades que habían sido discriminadas. Este cambio desencadenó un proceso de transformaciones en eeuu que movilizó a una ola de conservadores y supremacistas blancos enfurecidos. 

Hoy, el presidente Trump organiza redadas dando inicio a la deportación masiva de millones de inmigrantes en eeuu. Mientras tanto, Kristi Noem, secretaria de Seguridad de Trump –quien confesó en sus memorias que asesinó de un disparo a una de sus mascotas porque era imposible adiestrarla, y que también fue oradora estrella en el Freedom Fest, un festival que se celebra anualmente en Las Vegas, organizado por distintas fundaciones libertarias, paleolibertarias, de derecha y conservadoras–, se mostró a finales de enero de 2025 disfrazada de policía en las calles de Nueva York, sosteniendo que estaba «sacando la basura de las calles», en referencia a los inmigrantes. 

En 1995, el candidato presidencial republicano Patrick Buchanan, cuyos ídolos de la infancia fueron Francisco Franco y el senador Joseph McCarthy, y quien influyó en la política conservadora de Richard Nixon (presidente que sentó las bases para las encarcelaciones masivas de personas negras –ciudadanos estadounidenses– y cuya «mayoría silenciosa» es actualmente invocada por Trump), advirtió que «si las tendencias actuales se mantienen, los estadounidenses blancos serán una minoría para 2050». Propuso la construcción de la «Buchanan fence» [valla Buchanan] para impedir que los inmigrantes cruzaran la frontera con México y la modificación de la decimocuarta enmienda para negar la ciudadanía a los niños nacidos en eeuu de padres indocumentados (algo que retoma Trump). La organización judía estadounidense Liga Antidifamación (adl, por sus siglas en inglés) lo define así:

Como autor, figura mediática y comentarista político, Patrick Buchanan defiende públicamente opiniones racistas, antisemitas, antiisraelíes y antiinmigrantes. Buchanan, que en su momento fue un influyente miembro del personal de las administraciones de Nixon y Reagan, ha escrito varios libros y artículos que se centran en el declive de la civilización occidental debido a lo que él llama la «invasión» de inmigrantes no europeos en eeuu y Europa. Sus libros, junto con sus apariciones semanales en [el programa] The McLaughlin Group, de la nbc, le han dado una importante exposición en los medios de comunicación. Buchanan se ha afiliado a extremistas en eeuu y en el extranjero, incluido el fallecido racista Sam Francis [1947-2005] y los líderes del Vlaams Belang, un partido político xenófobo y racista de Bélgica.3

Considerado uno de los precursores más influyentes y sombríos del movimiento maga, Buchanan anticipó, alimentó y festejó los aspectos más alarmantes que observamos actualmente en este culto político al abogar por un «nuevo nacionalismo» y proponer la construcción de un muro fronterizo desde el pasado siglo xx. Fue él quien popularizó el lema «eeuu primero», y su estilo, marcado por el escándalo y el espectáculo, sentó las bases de una nueva dinámica en la derecha estadounidense. Según el análisis de John Ganz en When the Clock Broke: Con Men, Conspiracists, and How America Cracked Up in the Early 1990s [Cuando se rompió el reloj. Estafadores, conspiracionistas y cómo eeuu se desmoronó a principios de los 90] (2024), Buchanan encarnó la transición de la derecha tradicional hacia una política de masas más radical y conspiracionista, en un momento en que los pilares que definían el movimiento conservador (desde el intervencionismo de la Guerra Fría hasta la influencia de las elites empresariales) comenzaban a desmoronarse. Aunque su candidatura presidencial de 1966 fue fallida, los temas claves de su campaña se reflejaron por completo en la insurgente campaña de Trump, y ahora el Partido Republicano es una especie de «partido de Patrick Buchanan». 

Su objetivo lo resumían los eslóganes «Make America first again» (usado ya en una convención republicana en Cleveland en 2016) y «Make America great again», que reciclaba la frase del eslogan de campaña de 1980 de Ronald Reagan, su antiguo jefe (de quien fue asesor sénior), «Let’s make America great again». Buchanan también es quien popularizó la idea de la «guerra cultural» (culture war) en su discurso ante la Convención Nacional Republicana de 1992, donde describió que tal batalla era una «lucha por el alma de eeuu». Según Buchanan, «si los políticos no defienden el orden moral arraigado en el Antiguo y el Nuevo Testamento y el derecho natural, la sociedad se enfrentará a una caída libre permanente». Esto dijo Buchanan sobre Hitler, otro dictador que según Trump «hizo algunas cosas buenas», el 25 de agosto de 1977:

¡Hitler también era un individuo de gran coraje, un soldado de soldados en la Gran Guerra, un líder empapado en la historia de Europa, que poseía poderes oratorios que podían asombrar incluso a quienes lo despreciaban! Pero el éxito de Hitler no se basó solo en sus extraordinarios dones. Su genio era un sentido intuitivo de la sensiblería, los defectos de carácter, la debilidad disfrazada de moralidad que había en los corazones de los estadistas que se interpusieron en su camino.4

En 1990, Buchanan dijo: «A finales de los años 1940 y 1950 (…) la raza nunca fue una preocupación para nosotros, rara vez pensábamos en ella (…). No había políticas que nos polarizaran entonces, que magnificaran cada desaire. Los ‘negros’ de Washington tenían sus escuelas públicas, restaurantes, bares, cines, parques infantiles e iglesias; y nosotros teníamos los nuestros». En 2007 expresó lo siguiente sobre la inmigración en eeuu:

¿Cómo se está suicidando eeuu? De todas las maneras posibles. La mayoría estadounidense no se está reproduciendo. Su tasa de natalidad ha estado por debajo del nivel de reemplazo durante décadas. Cuarenta y cinco millones de sus jóvenes han sido destruidos en el útero desde el caso Roe vs. Wade, ya que los niños asiáticos, africanos y latinoamericanos vienen a heredar el patrimonio que la generación perdida de niños estadounidenses nunca llegó a ver. Nuestra población minoritaria aumentó en 2,4 millones para superar los 100 millones. Los hispanos, 1% de la población estadounidense en 1950, son ahora 14,4%. Desde 2000, su número se ha disparado 25%, hasta los 45 millones. La población asiática estadounidense creció 24% desde 2000, mientras que el número de niños blancos en edad escolar cayó 4%. La mitad de los niños de cinco años o menos hoy son niños de minorías (...) La población anglosajona de California ha bajado a 43%, y está cayendo rápidamente. Los blancos son ahora una minoría en Texas y Nuevo México. En Arizona, los hispanos representan más de la mitad de la población menor de 20 años.5

Sobre la «superioridad» y «excepcionalidad» del pueblo estadounidense, Buchanan sostuvo lo siguiente:

Lo que hay que señalar aquí es desagradable para la modernidad, pero es fundamental reconocerlo: se puede decir que eeuu, la mayor república desde Roma y el Imperio británico, el mayor imperio desde Roma, [es un país que] surgió de ese fuerte de tres esquinas que los colonos de Jamestown comenzaron a construir el día que llegaron. Pero esa república y ese imperio no surgieron porque los colonos y quienes los siguieron creyeran en la diversidad, la igualdad y la democracia, sino porque rechazaron la diversidad, la igualdad y la democracia. Los ingleses, los virginianos, los estadounidenses eran todos gente del tipo «nosotros o ellos». Creían en la superioridad de su fe cristiana y de su cultura y civilización inglesas. Y trasplantaron esa fe, cultura y civilización únicas al suelo fértil de eeuu (...) Esta era nuestra tierra, no la de nadie más. Pero, hoy, eeuu y Gran Bretaña han adoptado ideas sobre la igualdad innata de todas las culturas, civilizaciones, idiomas (...) y sobre la mezcla de todas las tribus, razas y pueblos, que no solo son ahistóricas, sino suicidas para eeuu y Occidente.6

Sobre las mujeres y la homosexualidad, expresó en diversas ocasiones: «El ascenso de las mujeres al poder en una civilización es muy a menudo el signo de su decadencia»; «En resumen, el ascenso del feminismo significa la muerte de la nación y el fin de Occidente»; y «La homosexualidad no es liberación, es esclavitud. No es un estilo de vida, es un estilo de muerte». 

El 25 de febrero de 1984, sostuvo sobre la enseñanza cristiana en las escuelas: «La cruzada de oración en las escuelas es, entonces, la primera gran contraofensiva de una comunidad cristiana duramente derrotada para recuperar sus escuelas públicas ocupadas y restablecer sus creencias como el fundamento moral legítimo de la sociedad estadounidense». 

Con este lenguaje tan cargado de urgencia, el paleoconservador y ex-asesor de los presidentes Richard Nixon, Gerald Ford y Ronald Reagan trataba de enfatizar la importancia del conflicto y de la batalla cultural. La historia de eeuu, en palabras de Andrew Hartman en su libro A War for the Soul of America [La batalla por el alma de eeuu]7, es principalmente, para bien o para mal, una historia de debates sobre la propia idea de «eeuu». La década de 1960, por un lado, dio nacimiento a un nuevo eeuu, una nación más abierta a nuevos pueblos, normas, ideas y articulaciones de lo que significaba «ser estadounidense». Este hecho, más que cualquier otro, ayuda a explicar por qué, tras los años 60, la cultura nacional se dividió más que en cualquier otro momento desde la Guerra Civil. 

En A War for the Soul of America, Hartman indica que los estadounidenses se enfrentaron por cómo interpretar esta nueva idea de «eeuu»:

Durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, que abarcaron casi dos décadas hasta el asesinato de John F. Kennedy, un conjunto de normas conservadoras dominó la cultura estadounidense. Estas normas culturales pueden describirse con la expresión «América normativa», un concepto que utilizo para referirme a un grupo de suposiciones y aspiraciones compartidas por millones de estadounidenses en esos años. Los estadounidenses normativos valoraban el trabajo duro, la responsabilidad personal, el mérito individual, la gratificación diferida, la movilidad social y otros valores que los blancos de clase media reconocían como propios. Vivían bajo estrictas expectativas sexuales: el sexo, ya fuera para la procreación o la recreación, debía darse dentro del matrimonio heterosexual. Además, seguían roles de género tradicionales: dentro del matrimonio, los hombres trabajaban fuera del hogar y las mujeres se encargaban del cuidado de los hijos. Creían que su nación era la mejor de la historia humana, y aquellos aspectos negativos de la historia estadounidense, como la esclavitud, se ignoraban o explicaban como aberraciones. Muchos asumían que el patrimonio cristiano del país iluminaba su carácter único: los Estados Unidos de América realmente eran una «ciudad sobre una colina» (...). El nuevo eeuu nacido en los años 60 –más pluralista, más secular y más feminista– se construyó sobre los escombros de este eeuu normativo (...). Si la liberación gay representaba el auge de la liberación en los años 60 para algunos, para otros señalaba el declive de la civilización occidental (...). Para los conservadores como Nixon y [Newt] Gingrich, el eeuu que amaban estaba en crisis. Regresar a los valores que animaron a la nación en los años 50 era la única forma de salvarlo (...). Los conservadores luchaban por su definición de la buena sociedad, por su eeuu tradicional y normativo.8

Los residuos del esclavismo y racismo sistemático, así como sus consecuencias, siguen vigentes en la sociedad. El documento «Proyecto 2025», elaborado en 2024 por el think tank estadounidense Heritage Foundation y respaldado por más de 100 organizaciones conservadoras, detalla un plan estratégico para este segundo mandato de Trump. Este documento prioriza la reversión de derechos reproductivos, la politización del Departamento de Justicia y la implementación de políticas migratorias y discriminatorias, entre otras cuestiones. Además, moviliza una red de 10.000 activistas para imponer una ideología religiosa por encima del pluralismo democrático9

Esa es la visión de eeuu que esos sectores desean «hacer grande otra vez», impulsada por una noción tramposa de «libertad religiosa» que busca aplicar una religión dominante, al mismo tiempo que descalifica como «intolerantes» o «canceladores» a quienes se resisten a ser discriminados. Como señala Judith Butler en ¿Quién le teme al género?, la defensa de la libertad de discriminar se presenta como un compromiso con la libertad religiosa, bajo la premisa de que garantizar esa libertad es esencial para proteger los valores religiosos. Sin embargo, argumenta Butler, «esta conclusión solo sería válida si la libertad religiosa fuera un valor superior a la igualdad social que la ley antidiscriminación pretende garantizar», pues «el derecho a discriminar se defiende como una libertad consagrada, y el cristianismo se afianza más firmemente como la religión cuyas libertades deben protegerse frente a las pretensiones de igualdad»10.

Nota: este artículo es un extracto del capítulo «La sangre pura» del libro La nueva derecha. Qué es, qué defiende y por qué representa una amenaza para nuestras democracias (Ariel, Buenos Aires, 2025).

  • 1.

    Leyes promulgadas en el siglo XIX por legislaturas de los estados sureños, dominadas por los demócratas, para mantener las jerarquías raciales y la segregación, y frenar las disposiciones en favor de la igualdad tras el fin de la Guerra Civil [N. del E.].

  • 2.

    R. Parks: Mi historia [1992], Plataforma, Barcelona, 2019.

  • 3.

    «Pat Buchanan: In His Own Words», en ADL, 1/2/2013, disponible en www.adl.org/resources/profile/pat-buchanan-his-own-words.

  • 4.

    Ibíd.

  • 5.

    P. Buchanan: «Path to National Suicide» en Pat Buchanan Official Website, 22/5/2017.

  • 6.

    «Pat Buchanan: In His Own Words», cit.

  • 7.

    University of Chicago Press, Chicago, 2016.

  • 8.

    Ibíd.

  • 9.

    Para un análisis crítico de ese proyecto, que ya Trump ha puesto en práctica, v. Simon Pierce: Project 2025: A Mandate for Authoritarian Leadership, edición del autor, 2024.

  • 10.

    J. Butler: ¿Quién le teme al género?, Paidós, Buenos Aires, 2024.

Este artículo es copia fiel del publicado en la revista
ISSN: 0251-3552
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